lunes, 25 de noviembre de 2013

Smoke City de Benjamin Carré y Mathieu Mariolle

Smoke City es un cómic en dos tomos, dos partes separadas claramente por el enfoque argumental de cada una que configuran una sola narración.

En la primera todo un alarde de género policial clásico y en la segunda aporte de fantasía sobrenatural que sorprende por lo inesperado de su irrupción y despista en su comprensión precisando de una segunda y minuciosa relectura para apreciar toda su magnificencia.

El primer álbum salió en 2007 y el segundo tardaría bastante, hasta el 2011, y es ya el momento de comentar esta grandiosa obra que ha dibujado Benjamin Carré sobre un guión de él mismo y de Mathieu Mariolle.

Tras unos años desperdigados por una traición, una banda de ladrones de guante blanco es convencida por un poderoso cliente para volverse a reunir y perpetrar un robo perfecto en un importante museo, en la ciudad de Smoke City “fascinante ciudad donde, de tanta oscuridad, la misma sombra se vuelve luz”.

Y Carmen es la encargada de volver a componer la banda, tarea que no resulta nada fácil y que requiere gran parte del primer tomo. Lo que demuestra que el viaje, y su disfrute, empiezan en la salida y en su recorrido y que no hay que esperar a llegar al destino.

Y aunque ni el punto de salida del argumento ni el mismo, ni la selección ni presentación de los personajes sea muy original, el conjunto de todo no se queda en tópico y se crece a medida que pasan las viñetas y el resultado da más que la suma de los elementos.


Vivimos las situaciones y sentimos las sensaciones sin caer en guiños artificiosos y esto nos sumerge de lleno en la historia que tiene todo lo que hay que tener pero sin hacerlo previsible: femme fatale, policías corruptos, samuráis, enemigos poderosos y un protagonista, Cole, (¿no veis en él a Michael Madsen?) que arrastra sus sentimientos confrontados entre efluvios de alcohol y humo de cigarrillos mientras decide su futuro.

El inicio ya apunta maneras de cine negro de años cuarenta con voz en off del protagonista: “Había que reconocerlo. Montamos un buen follón y ahora íbamos a tener que repararlo. ¿Cómo llegamos a eso?, para entenderlo debo empezar desde el principio, hace apenas dos semanas, la tarde en que volví a encontrarme a Carmen…”

Benjamin Carré lo ha construido a imagen y semejanza del clásico cine negro pero en color, el cómic se muestra en un estilo de dibujo a medio camino entre lo fotográfico y lo etéreo propio de los bocetos con interesante tratamiento del color, aunque el exceso de difuminado pueda acabar pareciendo incapacidad en el trazo.

Hay valentía en arriesgar con los encuadres como refuerzo de imágenes silenciosas para que hablen por si mismas. Hay maestría en los edificios, muebles, enseres y exteriores; más que cuando representa movimiento, rostros y sobre todo cuando dibuja manos, que precisan de más atención.

El guión de Mathieu Mariolle sobre un argumento a medias con Benjamin Carré es demoledor y los protagonistas encarnan las habilidades imprescindibles para componer una banda de maestros, y ni falta ni sobra ninguno de acuerdo al código más toópico posible pero aún y así resultan carismáticos y muy interesantes.

Las imágenes eclipsan por momentos la parte argumental, más compleja, pero no así los diálogos que no dicen lo obvio y lo fácil sino que las voces resultan inteligentes y casi se aprecian los matices y las inflexiones de los tonos de los diferentes protagonistas.


Hay persecución policial, hay habilidad informática, hay traición, hay artes marciales, hay honor, hay pasión, hay componenda sobrenatural y hay viñetas sencillamente maravillosas. No deben perdérselo. Es una obra de cómic que merece especial atención y en cada relectura se aprecian nuevos detalles del dibujo y del argumento.

Atrévanse: van sobre seguro.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Una verdad delicada de John le Carré

No es que John le Carré haya vuelto, es que no se había ido. Con la sorprendente noticia del espionaje sufrido por mandatarios europeos por los servicios de inteligencia americanos se demuestra que ni el autor John le Carre ni la temática de su literatura pasarán nunca de moda. Mientras haya gobiernos siempre habrá novelas de espías.

Novelas, como Una verdad delicada, que se alimentan de los entresijos ministeriales, de asuntos secretos tratados en consulados y embajadas, de reuniones clandestinas en horas intempestivas en despachos cerrados y con las cámaras de seguridad desactivadas...

Paul Anderson, es el nombre en clave de un veterano miembro del Foreign Office sin experiencia en trabajos de campo, casado y con una hija ya mayor, doctora en medicina, elegido para desplazarse a Gibraltar e intervenir en la misión Fauna junto con Ben, un militar galés de honor y patriotismo incuestionable. Se trata de una acción relámpago sobre un objetivo terrorista.

Toby Bell, el joven e inquieto asistente de Fergus Quinn, un subsecretario trepa y sin escrúpulos, se sorprende descubriendo hechos, nunca revelados públicamente, de misiones que habiéndose realizado nunca han existido. Su sentido del deber, su ambición personal, su prometedora carrera e incluso su vida van a estar en jaque según que decisiones tome a partir de ese conocimiento.

Tres años después la casualidad y el azar ponen encima la mesa una sopera llena de dudas sazonadas con sospechas y cocinadas con hechos. Y al removerse la sopa, los pedazos sólidos que reposaban inertes y silenciosos en el fondo, suben a la superficie, como cadáveres liberados de sobrepeso.

Una verdad delicada es una novela con secretos de Estado. Con silencios. Con intereses corporativos y con intereses particulares. Con personas honestas y con un sentido de la ética y de la dignidad por encima de cualquier otro interés y también con gente peligrosa que no dudará en emplearse a fondo con tal de no perder ni un ápice de su poder ni de su posicionamiento social.

El eterno conflicto entre la ética y el poder. Dilema moral cuando la verdad no admite término medio. La novela se presenta como el enfrentamiento de David contra Goliat: ¿con bíblico resultado o no?

No puedo decir más: quedo obligado a guardar silencio de por vida atendiendo a la Ley de Secretos Oficiales.

John le Carré (de verdadero nombre David John Moore Cornwell) más actual que nunca, agudo, irónico, que juega con estereotipos para crear unos personajes que resultan más reales que si lo fueran ¿y quién sabe si no lo son?, presenta una novela contemporánea con los mismos temas que nos deleitara al empezar a publicar allá en 1961, pero adaptándolos a los nuevos vientos.

El veterano escritor plantea un tema clásico con la soltura que confieren las tablas, y a partir de un planteamiento, a priori simple, carga su tinta con balas para lanzar una crítica feroz contra cualquier poder establecido que aún se cree habilitado con patente de corso para perpetrar todo tipo de amonestables acciones amparándose en que tienen como fin el bien de la nación, vean si no en la novela la descripción de la Operación Furia Urgente.

Y no todo es ficción, solo hay que leer las comunicaciones de WikiLeaks y más recientemente las filtradas por el ex-agente de la CIA Edward Snowden, ahora amparado en Moscú para darnos cuenta de quien mueve los hilos.

Y es que el espionaje será un tema clásico, pero nos llena de inquietud.



miércoles, 13 de noviembre de 2013

Bangkok 8 de John Burdett y Ensalada de papaya pok pok

Bangkok 8 es la primera novela de un total, hasta ahora, de cinco de una serie que presentan al detective de policia Sonchai Jitpleecheep como protagonista.

La capital Bangkok, en especial su Barrio Rojo, y localidades de los alrededores son los lugares por donde transcurre la trama que tiene como eje central la investigación de la muerte de forma harto terrorífica de William Bradley un sargento de la marina estadounidense adscrito a la embajada; un negro alto y fuerte como una columna, a quien los detectives de la policia del distrito 8 de Bangkok, Sonchai Jitpleecheep y su compañero Pichai Apiradee, estaban siguiendo. De ahí que, para acabar el trabajo, Sonchai sea el encargado de esclarecer lo sucedido y ver que hay tras esa muerte.

Sonchai es un mestizo, hijo de un farang, probablemente militar estadounidense ya que no sabe nada de él, y de una tailandesa. Pero además de su condición racial que lo hace distinto, y por haber acompañado a su madre en diversos viajes ha adquirido una cultura y un conocimiento de idiomas que le hace destacar aún más entre los otros agentes. Y el adquirido modo occidental de ir al grano en los asuntos y no dar mil y un rodeos tampoco favorece su popularidad en el cuerpo.

Aúnque también es posible que influya su distinción étnica: su altura, muy superior a la media étnica local, su nariz aguileña y su pelo color paja.

Y también lo hace peculiar el hecho de practicar constantemente el arte de la meditación, visualizar reencarnaciones (la suya más anterior la ha ubicado en Egipto), ser integro y no aceptar sobornos, algo tan natural como respirar en su oficio (cada policia es un recolector que abastece el sistema financiero estructurado como una industria moderna), lo que lo acerca a un ser arhat: alguien que trasciende para realizarse espiritualmente.

La novela adereza la investigación con reflexiones conceptuales sobre las diferencias de pensamiento y obra entre occidente y oriente. Sobre como el dharma explica que todo es transitorio y por tanto no tiene sentido aferrarse a nada material, ni tan solo la a propia vida. Y sobre como el karma tiene su razón y su evolución en las reencarnaciones.

Sobre como conciben los tailandeses la vida y la muerte, su espiritualidad, sus creencias religiosas, sus prácticas de meditación, sus reencarnaciones, su sentido del humor y sobretodo su sentido del placer. Son ante todo hedonistas. Y como no podía ser de otra manera, el placer se capta por los sentidos, y por supuesto el cuerpo y el sexo son medios aptos para conseguirlo, así su percepción de la prostitución es como de un oficio cualquiera y para el que no todos son aptos.

La práctica lucrativa del sexo se ve como un empleo bien remunerado que requiere poco esfuerzo y que no solo beneficia económicamente a quien lo realiza sino también a la comunidad por redundar en beneficios sociales y en la enorme cantidad de divisas que genera.

El sexo es algo agradable, natural, divertido, necesario y gratificante, y si encima se puede ganar dinero con ello ¿por qué renunciar?

Muchos de los visitantes, millones de turistas, que acuden cada año a Tailandia y a su capital Bangkok (Krung Thep en idioma nativo) acaban respondiendo a la llamada imperiosa del sexo de alguno de los modos en que se presenta.

El desorden del pensamiento occidental, su confusión sobre lo ético, su sentido religioso del pecado y la moralidad castradora de inclinaciones naturales, derivan a buscar placer con servicios inusuales, acciones sádicas o masoquistas, y sobre todo sodomitas, es algo que se convierte en objeto de debate a lo largo de la novela. Los tailandeses consideran enfermiza esa forma de vida. Algunas de esas reflexiones son particularmente interesantes aunque en su mayoría no vengan al caso, al caso policial, y nunca mejor dicho.

Y así entre prostitutas y transexuales, sadomasoquismo y seducción, entre marchantes de arte, sobre todo de jade antiguo, y exportadores ilegales, entre corrupción y droga, y meditación, mucha meditación, el caso policial avanza sinuoso y lento como una serpiente adormecida, puesto que la presencia amenazante del karma negativo ayuda a calmar el ansia incontrolada.

La novela de este escritor, John Burdett, que vivió y trabajó en Hong Kong como abogado hasta que decidió centrarse como novelista, es como un compendio turístico y social de Tailandia ya que trata de caricaturismo localista, antropología, sociología (de como se elaboran, deciden y bendicen los apellidos por ejemplo), sexología y budismo. Incluso de la depresión de los cocodrilos y como tratarla.

Si precisan algún otro elemento además de la lectura para imbuirse de lleno en el país pueden acompañarse de la ingesta de un ensalada de papaya, como la que toman Sonchai y su jefe, el coronel Vikorn, en el Princess Club, y refrescarse la boca y el paladar con tragos de cerveza Kloster (un buen acompañamiento para los chiles) que hacen que cada trago después de un bocado, dicen, sea como ingerir lava fresca.

Ensalada de Papaya Pok Pokmezcla oriental de dulce, salado y picante y de aromas y sabores dispares; despierta el apetito y hace segregar suficiente jugo gástrico para anticipar los platos posteriores.

Ingredientes para 4 personas (los chiles van al gusto):

450 gr. de papaya que no esté muy madura
3 dientes de ajo picados
3 chiles tailandeses verdes (prik khee noo)
2 tomates, cortados en gajos
1/2 taza de judías verdes cocidas, cortadas en longitudes de 5 cm
2 cucharadas de salsa de anchoas o de camarones desecados.
1/2 cucharadita de salsa tailandesa de pescado
1 cucharada de cacahuetes tostados y picados
2 cucharadas de de jugo de limón
1 cucharada de azúcar moreno

Preparación:

1. Machacar el ajo, los chiles y la salsa de anchoas o los camarones secos con un mortero (el pok pok al golpear es el sobrenombre que recibe la ensalada, ya que se prepara al momento e incluso en chiringuitos de la calle y el sonido acompaña a los transeúntes en todo momento).

2. Pelar la papaya y enjuagar para eliminar su ácido natural. Abrirla por la mitad, extraer con una cuchara las semillas, y cortar el fruto en juliana fina.

Coloque la papaya en un recipiente y añada la mezcla de ajo, chile y camarones secos y mezcle. A continuación, añada el jugo de limón, el azúcar y la salsa de pescado y de nuevo mezcle bien.

3. Coloque los tomates, cacahuetes en un bol grande y agregue por encima la mezcla de papaya anterior y revuelva.

Fácil y rápida: ya puede disfrutar de su experiencia tailandesa: lectura y comida.

Sepan que esta ensalada es solo el entrante de una exuberante comida disfrutada por nuestros protagonistas que se completa con:  sopa tom-yun picante, pollo estofado con salsa de ostras, lubina frita son salsa de chiles y paté de pescado, sapo crudo con cebolletas y chiles y por último caracoles grandes cocinados en su jugo. Para todo acompañamiento arroz blanco, que tanto sirve como pan (haciendo bolitas para mojar en las salsas) como para dar reposo a las papilas gustativas que parecen fuego vivo que se intentara apagar rociando con gasolina encendida.

Waia


viernes, 8 de noviembre de 2013

Muerte entre los viñedos de Jean Pierre Alaux y Nöel Balen

Una mañana de diciembre Louis y Léonie Lacombe, matrimonio septuagenario, aparecen dormidos, juntos, en su cama, en ese particular sueño del que ya no se despierta. Y por los visibles signos de estrangulamiento en ambos queda claro que su paso al sueño eterno ha sido inducido.

En primavera habían celebrado sus bodas de oro (lo que explica el título original: Noces d’or a Yquem) y en el pueblo nadie entiende que les haya pasado algo así, ni sospechan quien ni por que puede haberlo hecho.

La estimada pareja solo tiene a Léa por todo familiar, su nieta, ahora mayor y alejada, que cuando tenía solo dos años le dejaron su hijo Pierre y su mujer Françoise el día que decidieron suicidarse por no poder afrontar su catástrofe financiera.

Treinta años trabajando para el señor conde. En Yquem. Treinta años doblando el espinazo en el Sauternais donde se vendimia recogiendo grano a grano: pepitas de oro en forma de uvas. 

Treinta años llenos de recuerdos que los identificaban como vendimiadores de élite.

Treinta cosechas de Château d’Yquem. Esa peculiar bodega cuyos vinos, sobre todo los que tienen antigüedad de varias generaciones, son considerados obras de arte y cuyos precios pueden alcanzar las nubes.

Benjamin Cooker, es un prestigioso enólogo británico que pasa más tiempo en Burdeos que en el nebuloso Londres, es el autor de la Guía Cooker de vinos, y usa, para sus anotaciones, una pluma estilográfica Parker (todo un guiño) regalo de su hija Margaux (otro más).

Tiene además del vino, la comida y los puros una morbosa afición por inmiscuirse en intrigas policiales de casos delictivos, por lo que al enterarse del suceso del matrimonio Lacombe y con la ayuda de su joven aprendiz y también enólogo Virgile Lanssien no pierde un instante en investigar el asunto.

Cuenta con el consentimiento tácito del comisario Barbaroux, amigo y contertuliano, y el caso lo lleva a regresar, con gran placer, a una de sus zonas vinícolas preferidas.

La novela habla del Sauternais y de como se alían la niebla y el sol para ir provocando esa sublime podredumbre tan imprescindible para que el milagro se produzca y de unos simples granos de uva, convenientemente mimados y algo de misterio, se acabe obteniendo un zumo denso de increíble y delicioso aroma. Oro liquido. Otrora clara respuesta a la búsqueda incesante de los alquimistas.

La novela habla de los procesos de transformación y crianza, de los graduales cambios perfectamente supervisados, de los aromas vegetales primero a los frutales después para acabar dando paso a unos ligeros especiados suaves. Y de como las añadas ofrecen sutiles variaciones en su sabor y en la presencia de mayor o menor contenido aromático incluso de maderas.

Lamentablemente la novela olvida rápidamente la trama policial que queda en un segundo plano y que va resolviéndose casi por si sola, relegada, ante esos pesos pesados, como si fuera un simple vino de mesa.

Se espera más de una primera novela policíaca de lo que ésta ofrece. A lo mejor es una cepa recién plantada y hay que esperar aún un tiempo a que evolucione y nos de frutos. En esta primera cepa, la poda se ha hecho mal, la recolección a destiempo, el despalillado sin pulcritud, la barrica demasiado usada y el tiempo en botella insuficiente. El resultado es un vino, perdón, una novela sin los aromas ni el sabor que hubiera tenido con un tratamiento más criminal.

Como sea que esta novela interesará más por su contenido enológico que policial (es una de esas novelas ideal para ser bebida más que leída), se recogen aquí la mayoría de referencias vinícolas citadas (no olviden que en Francia tiene más importancia la bodega y el terroir, que el propio nombre del vino, de ahí que cuando se hable de ellos se cite indistintamente uno u otro): Lillet, Château Rieussec, Cahors, Château de Rayne Vigneau, Saussignac, Châteu de France, Mas Amiel y por supuestísimo Château d’Yquem.

La novela es un canto al vino Sauternes. Páginas y páginas enteras elogiando y describiendo el paisaje de la región, sus colinas, su climatología, esos bancos de niebla tan pronto densa como deshilachada, sus cultivos, cuidados, recolección y proceso de fermentación y como no las notorias sensaciones en vista, nariz y boca y el proceso de cata para su degustación y disfrute.

Por lo que si son de la opinión, como yo, de que un buen Sauternes es uno de los mejores vinos que se puede y se debe beber, esta es su novela. Para leer policial hay que buscar en otras partes.

Para Benjamin Cooker, el enólogo detective protagonista de esta novela Muerte entre los viñedos, y de toda la serie: “la verdad está al fondo de la copa”. Es su opinión y la comparto, claro que siempre que sea yo quien la haya vaciado.

Más de veinte novelas escritas por Jean Pierre Alaux y Nöel Balen y protagonizadas por este cincuentón barrigudo y sus correspondientes adaptaciones televisivas ‘Le sang de la vigne’ lo han convertido en una suerte de nuevo Maigret para los franceses. Sus razones tendrán. Aquí les dejo un enlace para conocer más sobre ello. 

Que ustedes lo beban bien.


Tengo en el botellero la segunda novela de la serie esperando ser descorchada: La misteriosa botella de Petrus; ya les contaré a que sabe. El Petrus no, la novela. Mi presupuesto solo alcanza para el papel. El de la etiqueta quería decir.

lunes, 4 de noviembre de 2013

El guardián invisible de Dolores Redondo y los txantxigorri

El guardián invisible es una novela que revela una vida rural, llena de leyendas y recuerdos infantiles donde la naturaleza es un juguete más con el jugar. Pero no todo lo vivido en esa época son nubes de algodón azucarado los hay también dolorosos y tremendos; y los exorcismos, para que funcionen, deben realizarse allí donde se fraguó el mal que los creo.

Por eso este retorno a la naturaleza, a su pueblo, a su hogar resulta para la inspectora Amaia Salazar algo más que la investigación de un caso de asesinato, es, para bien y para mal, el enfrentamiento a sus miedos y a su dolor.

Novela negra rural que transcurre en Elizondo y a orillas del Baztán y nos presenta sus ambos lados: el ecosistema forestal salvaje y agreste, habitado por peculiares inquilinos, como un basajaun huidizo; y el ecosistema rural civilizado y domestico habitado por envidiosos vecinos, como una comadre omnipresente.

Al primer asesinato le sucede otro y la secuencia tiene aspecto de no detenerse por voluntad propia sino media la voluntad policial y en eso están la inspectora Amaia Salazar, el subinspector Jonan Etxaide, el inspector Fermín Montes y el doctor Jorge San Martín, siempre con actitud docente, y otros policías adscritos al caso, dispuestos a detener a esa mano capaz de arrancar la vida a niñas que aún no han empezado a vivirla.

La intriga no abandona la lectura, pero la tensión no dispara pulsaciones ya que se presenta demasiado relajada para la temática que supone y pasa a segundo plano más veces de las que desearíamos ante la necesidad infructuosa de consolidar el personaje de Amaia.

El argumento se acompaña del misterio de lo sobrenatural y también tienen su presencia seres mitológicos que están para enseñar que no hay que temer a lo desconocido y si en cambio a los conocidos, a modo de fábula pero sin profundizar dándole un toque pueril en lugar de antropólogico.

En El guardián invisible se intenta ensamblar una investigación criminal con un ejercicio de superación personal y con mitología de gran calado y terminada la lectura tal vez la idea fuera buena pero el resultado podría haber sido aún mejor.

La redacción de Dolores Redondo presenta una prosa pausada, sensible en las descripciones tanto de los rincones boscosos como de las macabras sorpresas que encierran, pero concisa y rigurosa en los términos criminalísticos, aunque a veces emplee un tono conferenciante que distorsiona el ritmo narrativo o un registro de trascripción enciclopédica que chirría.

Veremos como ha evolucionado la autora y el Baztán en la segunda novela de esta trilogía, anunciada para mediados de este noviembre. Y veremos también si el aspecto mitológico va a más ya que ahí puede residir un hecho claramente diferencial con otros autores y la mezcla de fantasía y novela negra puede enganchar algunos lectores y alejar a otros.

Los txantxigorri (y no txatxingorri como erróneamente aparece escrito en la novela; y no es la única palabra) es un pastelito típico de Navarra que tiene gran relevancia en el transcurso de la novela. Por si se atreven a cocinarlo a continuación tienen la receta.

Ingredientes:

2 cucharadas de mantequilla
350 gr. de harina
2 huevos
125 gr. de azúcar
200 gr. de chicharrones
Levadura
Ralladura de medio limón

Elaboración:

Tamizar la harina sobre la superficie de trabajo y agruparla en forma de nido de volcán que contenga los huevos, el azúcar, la mantequilla, la ralladura del medio limón, la levadura y los chicharrones previamente picados finamente.

Trabajar la mezcla con las manos hasta conseguir una masa moldeable y dejarla reposar durante 5’ tapada con un paño de cocina limpio.

Coger bolas pequeñas y formar tortitas redondas y delgadas del diámetro de un vaso y ponerlas en una bandeja de horno previamente engrasada.

Introducir la bandeja en el horno dispuesto ya a una temperatura de 180º y hornear durante unos 25’ hasta que queden doradas.

Se sirven frías.


Como frío me he quedado, con el post ya a punto de subir, con lo descubierto en El blog asustado (con ese nombre que se podía esperar!), a propósito de unos párrafos de la redacción de esta novela. Esto no es bueno para nadie. Pinchen aquí, lean y juzguen.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Crimen en el paraíso, temporada 2

Una plantación con casa colonial, familia enfrentada y trabajadores nativos; una clínica de cirugía estética y sus ricos pacientes; un convento y sus religiosas; un campamento en la selva con buscadores de tesoros de piratas; un barco espectáculo y las envidias entre cantantes; una casa alquilada por vacaciones y el riesgo de tomar el sol en exceso; una estación meteorológica, sus estudiantes y el aviso de un huracán y por último una fiesta recaudadora de fondos en la que se recauda un cadáver.

Estos son los escenarios donde transcurren los 8 capítulos de la 2ª temporada de Crimen en el paraíso.

Escenarios en los que se suceden los crímenes que investigan el cuerpo policial de Saint Marie, formado por el inspector Richard Poole, la subinspectora Camile Bordey, y los oficiales Dwayne Myers y Fidel Best. Un Fidel más puesto que la anterior temporada y que por cierto se pasa la serie sacando tiempo de sueño para preparar su examen de subinspector.

De nuevo una tanda de episodios whodunit, ya saben ese género policial de novela enigma encumbrada en la conocida edad de oro británica, donde lo más importante es saber quien lo hizo, como y porqué, como si no fuera más que un problema de lógica a resolver por el razonamiento deductivo a partir de la observación y el despeje de incógnitas.

Crimen en el paraíso nos sumerge de nuevo en la atmósfera colonial y el clima caribeño de la isla de Saint Marie. De nuevo el ritmo cadencioso, el colorido y la sensualidad. De nuevo la sensación de eternas vacaciones para todos menos para uno que sigue añorando otra atmósfera, otro clima, otro ritmo, otra vestimenta, aunque se mantenga fiel al look british de la city, y otra manera de relacionarse menos familiar.

El inspector Richard Poole no acaba de adaptarse a su nuevo habitat y ya se sabe que adaptarse es sinónimo de poder continuar viviendo, por lo que para este británico encerrado en si mismo, que se esfuerza para no desentonar aunque no lo consiga, su vida es el infierno en la tierra. Y no solo por el calor, que también.

Por suerte para él, y para la buena armonía de su equipo, su rigor profesional, su método científico y su vocación por el servicio están por encima de toda necesidad y vanidad personal y el estímulo que cada caso obra en su vitalidad mantiene su vigor existencial hasta el punto que a veces hasta parece que esté próximo a sonreír a pesar de su caracter huraño, su sentido del decoro y urbanidad y su prácticamente inexistente sentido del humor.

Los casos y los episodios finalizan siempre con un momento de camaradería y relax en los que el inspector Richard Poole mantiene su inalterable pose a pesar de las directas interpelaciones e indirectas y sensuales sugerencias de la subinspectora Camile Bordey que desearía de él más que una compañía laboral y que ya no sabe como hacérselo entender. O tal vez Richard entiende más de lo que parece y no quiere darse por aludido.

Sea como fuere se llega al último episodio de la segunda temporada con un viaje de final incierto que obliga a esperar hasta el último mínuto para conocer el desenlace.


La serie mantiene la línea marcada en la primera temporada y mantiene también sus expectativas que no son más que ofrecer un rato de entretenimiento y diversión envueltos en un entorno amable amenizado por música bailonga.

8 episodios de una serie policial con casos a la antigua usanza. Con un inspector a la antigua usanza. Una serie para relajarse, desconectar y soñar con unas vacaciones en el paraíso. Con o sin crímenes.

Recuerden pinchando aquí la reseña de la 1ª temporada.

Y pinchando aquí la reseña de la 3ª temporada con muchas novedades y para no ser menos la 4ª temporada aún con más novedades. Y la 5ª temporada.