miércoles, 2 de diciembre de 2015

Catarsis de Erik Axl Sund

Catarsis libera traumas que
a lo mejor deberían permanecer
encerrados
Catarsis cierra de una forma muy particular la Trilogía Los Rostros de Victoria Bergman, que se iniciara con la novela titulada Persona y luego siguiera con Trauma.

Es esta la novela más introspectiva de la serie, la de más calado psicológico y por tanto menos dinámica y en donde menos cosas suceden, motivo por el que resulta más densa y precisa de una lectura más concentrada y buena memoria, si hace tiempo que se leyeron las otras, para establecer correctas relaciones.

Victoria Bergman está tomando el control de sus múltiples rostros, de sus diversas personalidades para fundirlas en una sola y el ejercicio resulta complejo y doloroso, pero sabe que solo siendo ella misma podrá seguir con su vida y por ello su empeño en conseguirlo no se detendrá ante nada.

La Catarsis del título hace referencia al inevitable proceso al que someter cada personalidad para exorcizar falsos recuerdos y recuerdos traumáticos, emociones bloqueadas y sentimientos reprimidos, por muy doloroso que sea ya que es el único modo de purificarse y conseguir que aflore un nuevo yo, de hecho hacer resurgir el verdadero yo que lleva años protegiendose.

Después del horror de ser víctima y verdugo, de padecer abusos y ser abusador y de multiplicar por diez y en otros la propia sangre derramada Victoria cree que una nueva vida puede ser posible.

Mientras esa Catarsis sucede Jeanette Kilhberg, la policía encargada de los casos y en exitoso proceso de superación de su ruptura matrimonial, se ayuda de la psicoterapeuta Sofia Zetterlund en lo profesional y en lo personal para encauzar la investigación y a la vez su vida.

La novela en si aporta pocas sorpresas, ahonda en lo que se ha ido conociendo en los dos volúmenes anteriores tanto para lo bueno como para lo malo y hace hincapié en la figura de Madeleine, hija de Victoria, como elemento de expiación de cuanto acontece.

Es el volumen que ayuda a ensamblar lo que había podido quedar sin explicación, todo lo que pareciera inconexo. En este sentido esta tercera parte es necesaria para entender los casos de asesinato de los adolescentes de la primera parte y para comprender los asesinatos perpetrados por venganza de la segunda, pero por ese motivo pierde interés al no generar entidad propia y al no componer una nueva trama que diera el giro imprescindible que toda buena historia, y más una trilogía, debe tener en su tramo final.

Los rostros de Victoria Bergman
El trastorno de identidad disociativa que padece la protagonista ha contagiado al argumento presentando dificultad de comprensión en diversas partes de la narración motivado a su vez por la indisoluble relación de las tres novelas, en realidad una sola partida en tres volúmenes, que imposibilitaría una lectura por separado y por ello requiere aptitudes nemotécnicas.

De hecho sería aconsejable una relectura, ahora que hemos puesto luz a las zonas oscuras, para entender la intención global de la obra ya que en su final no se encuentran todas las respuestas, pero dudo que nadie sea capaz de llevarla a cabo.

El dúo de escritores Erik Axl Sund han planificado un final para nada acorde con las expectativas generadas en el primer volumen y sobre todo en el segundo donde los hechos parecían abonar el terreno para un desenlace más trepidante y un más que interesante y deseado enfrentamiento entre protagonistas. Da la sensación de que los autores han llegado a el tan cansados como los lectores y la conclusión es agridulce.

Recuerden las reseñas de las dos novelas anteriores de esta trilogía:

  1. Persona
  2. Trauma


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