martes, 19 de enero de 2016

Margen de error de Berna González Harbour

El superávit en el balance económico de las empresas suele acompañarse de una dosis de deshumanización en el trato con los subalternos, generalmente delegado en personas contratadas con dedicación exclusiva a este fin y que suelen ser reemplazadas al cabo de poco tiempo. Si todo ha ido bien los resultados no se hacen esperar y si el clima laboral se enrarece siempre habrá a quien echar la culpa evitando que la cúpula se salpique.

La trama de Margen de error parte de una noticia real como son los 35 suicidios acaecidos entre 2008 y 2009 en la empresa France Télécom para mostrar el submundo de la corrupción empresarial donde los cargos blindados derrochan en gastos con tarjeta de empresa mientras se despide a asalariados para reducir gastos fijos sin tener en cuenta que están incidiendo claramente en su vida personal ya que no se trata solo de empleados sino que ante todo son personas.

Los mercados responden empujando hacia arriba el valor de la acción cuando las empresas reducen costes recurrentes. Nadie se acuerda de los despedidos.

Han pasado unos meses desde que finalizara el caso narrado en Verano en rojo y todo, lenta y progresivamente, va volviendo a la normalidad. Tanto en la vida personal y profesional de la comisario María Ruíz como en la realidad criminal del país.

Periodismo, encarnado en el veterano Javier Luna, e investigación policial, con la comisario María Ruíz, Carlos y Tomás, el informático, de nuevo en colaboración para resolver unos sucesos que se inician con un suicidio en el Parque del Retiro de Madrid; un caso con unas consecuencias que afectarán a María Ruíz más de lo que pueda siquiera imaginar.

Unos sucesos que tienen tres tramas, llevadas en paralelo, que descubren puntos débiles en las investigaciones y en las declaraciones de los interrogados y en la que surgen varios incidentes que tal vez guarden estrecha relación.

Berna González Harbour denuncia en esta novela la codicia ilimitada de quien atesorando poder siempre cree que necesita más y quiere más. La miopía inducida de los gobiernos forzada por las prevendas con las multinacionales y la impotencia de los indignados que no encuentran oídos para sus justas reivindicaciones.

Consolida en esta segunda entrega el personaje de la comisaria María Ruíz a la que pretende dotar de un perfil tan independiente y actual que se le va un poco la mano y el resultado presenta altibajos como si aún no tuviera claro hacia dónde encaminarla; en cualquier caso la dota de la capacidad de lucha imprescindible para posicionarse en ese mundo de hombres que aun recela de las mujeres inteligentes.

La trama en si sigue su propia evolución como si se deslizara por una superficie suave y sin rozamiento. Los protagonistas parecen jugadores de curling limpiando el camino sin mucho mayor protagonismo. Se apoya demasiado en el peso que otorga sustentarla en un hecho real y no acaba de desarrollar con suficiente interés la parte de ficción para que sorprenda y tenga cuerpo propio más allá de parasitar la realidad.

Lean en este mismo blog la reseña de la primera novela de la serie de la Comisaria Ruíz titulada Verano en rojo

Berna González Harbour estará en BCNegra 2016, consulten el programa para saber dónde y cuando.




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