jueves, 13 de octubre de 2016

El enigma de la calle Arcos de Sauli Lostal

Ante todo precisar que con El enigma de la calle Arcos nos encontramos ante la que está considerada primera gran novela de género policial en Argentina; lo segundo que no está clara su paternidad ya que el nombre de su autor parece ser claramente un seudónimo y lo tercero es saber que se publicó seriada por el diario Crítica a finales de 1932 y como volumen en 1933.

Es curioso como la novela ha acaparado más páginas de opinión y discusión centradas en su paternidad (entre las distintas posibilidades la que tiene más encendido debate es si fue escrita o no por Jorge Luis Borges) que no por su estructura narrativa y su argumento que en eso hay mayor coincidencia entre lectores y crítica en considerarla, incomprensiblemente, mediocre.

Y ni tanto ni tan calvo. En contexto la novela presenta los mismos tics para lo bueno que para lo malo que muchas otras obras europeas de su mismo estilo folletinesco de aquella época y no se debe juzgar con exigencia docta lo que solo es un entretenimiento. Y en eso cumple a la perfección.

El enigma de la calle Arcos lo constituye el descubrimiento del cuerpo muerto de Elsa Avilés, esposa de Juan Carlos Galván, en su habitación cerrada por dentro con un cerrojo y el autor no solo no esconde su pasión por la novela El misterio del cuarto amarillo de Gaston Leroux sino que emulándola (en ambas el protagonismo se lo lleva un periodista) pretende superarla y de ahí que el título conlleve directamente la palabra enigma como la otra llevaba misterio para que nadie se llame a engaño de lo que contiene en su interior.

Remite también, buscando paralelismos cercanos a su contemporaneidad a El doble asesinato de la Rue Morgue de Edgar Allan Poe con Auguste Dupin y a La cinta moteada de Arthur Conan Doyle con Sherlock Holmes.

El joven periodista Horacio Suárez Lerna del diario Ahora ejerce de investigador apasionado buscando colmar la necesidad de saber de todo periodista que se precie y sosteniendo que no ha sido suicidio sino asesinato se lanzará a una carrera detectivesca paralela a la del inspector César Bramajo a quien se le ha asignado el caso.

Una intriga que mantiene en suspense hasta el final y que entremezcla amores, amantes, juego clandestino, fidelidad perruna, rivalidad periodística y lucimiento policial. Que interesa tanto como novela de costumbres sociales y de comportamiento de los medios de comunicación como por el detalle de su investigación policial.

No estamos pues ante una obra que pretenda reconocimiento literario (el hecho de haber sido escrita con seudónimo no parece un intento de aumentar el interés sino que da una idea más encaminada, aunque cueste entender, de querer pasar desapercibida) sino ante un acertijo estructurado en forma de novela.

Sauli Lostal, sea quien sea, ha escrito la novela en ese formato popular de quien tiene una charla coloquial en un café y se refiere a una historia que le sucedió a alguien y que así se la contaron y lo combina con el redactado propio de una entusiasta crónica periodística.

Tan popular es el tono empleado que requiere que cada tanto se vuelva a llenar el vaso mientras el rapsoda va avanzando en el esclarecimiento de los hechos ante una concurrencia con la boca abierta.

¿Dónde estaría hoy la novela policiaca y la novela negra sin estos magníficos y atrevidos folletines?

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