jueves, 15 de diciembre de 2016

No nos dejan ser niños de Pere Cervantes

Morir escuchando a Raphael
La muerte de una persona anciana por accidente doméstico o incluso suicidio es algo que en las apuestas se pagaría muy poco por su alta probabilidad.

Por tanto descubrir el cadáver de una anciana no tendría que despertar sospechas en la policía, pero un segundo cadáver ya suscita cierta alarma y hay que investigar por si hay patrón. Y si así fuera, determinar cuál y si puede ser causa de más víctimas.

No nos dejan ser niños es un título curioso para una novela negra pero tiene su razón en las infancias rotas prematuramente y que dejan sin satisfacer necesidades emotivas que permitan facilitar el paso a la madurez sin asignaturas pendientes ya que si no, se repite curso y se entra en un bucle desasosegante que se manifiesta llegando tarde a las citas y se acaba asesinando.

María Médem, una buena profiler en la época que trabajaba en homicidios, sale de su puesto rutinario asignado en su vuelta a la comisaria después de su baja por maternidad, para ponerse a las órdenes del inspector jefe Roberto Rial, llegado de la península ex profeso para esta investigación. Todo lo que sabe del oficio se lo debe a Roberto, todo lo mejor de su feminidad también.

Con Roberto Rial no hay horarios ni espacio en la mente para temas prosaicos: la investigación exige exclusividad hasta que se termina. Y eso significa que María habrá de multiplicarse en tiempo y capacidades para ser buena madre, tiene un hijo de meses; ser buena nuera, tiene una suegra que parece un ejercito de demonios; ser buena esposa, tiene un marido que solo comprende y satisface sus propias necesidades; ser buena amiga, tiene una vecina con problemas económicos… y encontrar también un poquito de tiempo para ella misma.

Y Menorca, la isla donde transcurre la acción, parece encogerse y hacerse aún más pequeña para dar cabida a la expansión que precisan sus sentimientos ante tal cúmulo de contrariedades. Ella tiene que ser buena y comprensiva con todo y todos pero ¿quién va a ser bueno con ella? ¿Quién tiene en cuenta sus necesidades?

Pere Cervantes escritor
Y así, mediante capítulos cortos y buen ritmo, la trama va desarrollándose por la isla al tiempo que va sembrando a su paso notas de humor retorcido como son los elementos encontrados junto a los cadáveres y sobre todo, y ante todo, y por si solo motivo de salida de este mundo, una canción de Raphael. Hechos que generan unas curiosas sospechas que son una nueva muestra de ese humor excéntrico.

Pere Cervantes tiene oficio como policía y oficio como escritor y esa doble vertiente se le nota al crear una ficción con visos de realidad de una forma fácil, rigurosa y amena. Al costumbrismo de la isla, gentes, comidas y paisajes, le añade unas muertes poco corrientes y unos asuntos domésticos y familiares peculiares y con mucho juego y consigue un resultado muy satisfactorio que se traduce en una lectura ávida.

La novela carga, además, con la evidente falta de gestos para que la traída y llevada conciliación laboral no sea solo una intención y denuncia la poca consideración que tiene nuestra sociedad hacia el esfuerzo que supone para la mujer sacudirse siglos de condescendencia casposa para ser tratada justamente.

Como primera novela presenta aspectos mejorables (y cual no, y quien no) pero que no descompensan al conjunto y seguro que ya se habrán detectado y aplicado en la segunda novela de la serie: La mirada de Chapman, ya en el punto de mira de este blog.


Raphael ‘No nos dejan ser niños’



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