lunes, 4 de junio de 2018

Perros y lobos de Hervé Le Corre

El hombre es un lobo para el hombre.
Decía Plauto en su obra Asinaria que “El hombre es un lobo para el hombre”. 1500 años después Thomas Hobbes popularizaría la frase en El Leviatán y ahora, con 350 años más, Hervé Le Corre le da pleno significado.

El ser humano es el único animal que mata por egoísmo, avaricia, aburrimiento, desidia, envidia, diversión, celos y otros motivos completamente ajenos al que empuja a los otros animales depredadores a hacerlo y no es otro que mera supervivencia.

Franck acaba de salir de la cárcel donde ha pasado los últimos cinco años por un atraco cometido con su hermano Fabien.

Solo lo trincaron a él pero ha sido leal y mantenido el silencio cómplice y ahora espera rehacer su vida con su parte del botín.

Pero Fabien está en España ultimando un trapicheo de droga y Franck debe alojarse con la familia de la novia de su hermano, cinco miembros a cual más raro, mientras consume la espera, esperando que esta no lo consuma a él.

El lugar, aislado y rural, está tan contaminado como las personas que lo habitan y es que el medio no resuelve los problemas de los marginados sociales, si acaso lo disimula, pero mal. Perros cuando están en un hogar, lobos cuando se alejan de él. Perros y lobos.

Es verano y hace mucho calor y el calor es el principal activador de pasiones. Y hay mucha pasión llegando al punto de ebullición. Y cuando algo hierve sin control rebosa los bordes y afecta todo lo que está a su alrededor.

Hevé Le Corre plantea una novela negra lejos de los tópicos maniqueistas de buenos y malos, del bien y del mal; expone al sol, un sol tórrido cuyo calor acompaña toda la novela, a unos seres humanos tan asilvestrados que solo piensan en sí mismos y poco nada les importan los demás, aunque sean de su propia sangre. No hay buenos y malos, si acaso malos y menos malos, o malos y peores, según se mire.

Todos como lobos solitarios, excluidos de la manada, de la sociedad, y que buscan cubrir sus necesidades a cualquier precio anteponiéndolas a las de los demás.

Hervé Le Corre
El autor evoluciona la trama lentamente y va desnudando, al mismo ritmo, en un macabro y siniestro striptease, las pasiones y los sentimientos y las intenciones de los protagonistas hasta que lo que se muestra ya es solo la verdad.

Y la verdad muestra el grado de deshumanización de las personas. El horror que se muestra ante los ojos contrasta con una mirada aún expectante, aún ingenua y aún cargada de esperanza de una niña, a pesar de la coraza en la que está imbuida para protegerse y que la hace distante de todo y todos.

Una mirada que es un final y también un principio.

Desgarradora novela, tensa, abrasadora en esa línea que David Woodrell acuñó hace tiempo ya como country noir, y cuya principal particularidad es extraer la maldad y la negrura que todo ser tiene en su lado salvaje.

Lectura obligatoria. Sin excusas.

2 comentarios:

  1. No me van mucho este tipo de novelas. La vida ya es bastante amarga de por sí (al menos de vez en cuando) como para llevarla también a mi sofa a través de un libro, pero tu reseña me ha llamado mucho la atención porque expresa exactamente cómo veo el mundo en este punto de mi existencia. Igual este título, a pesar de los pesares, cae ;-)

    ¡Genial reseña!

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  2. Gracias Ana. Efectivamente no es del tipo de novelas con las que sueles disfrutar, más bien al contrario, pero de vez en cuando salir de la zona de confort te da otra perspectiva, ni mejor ni peor, suficiente para ver otros colores y tal vez valorar más justamente lo conocido. Ánimo!

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