La obra maestra es la
entrega 25 con Gabriel Allon, y no se nota para nada el paso del tiempo; sigue
despertando el mismo interés que la primera, sigue atrapando la atención y en
cuanto se acaba empieza la ansiosa cuenta atrás esperando para la próxima
entrega.
Lo cierto es que la serie bien se podría
dividir en dos partes, la primera abarca hasta la entrega 21 incluida donde
Gabriel es espía activo y por tanto los argumentos se corresponden con hechos
más grandilocuentes; y la segunda, de la entrega 22 hacia delante, donde el
protagonista ha cesado en su cargo y se dedica a la restauración de cuadros,
con argumentos más domésticos, lo que no lo aleja de verse mezclado en crímenes
que investiga con el celo de su etapa anterior.
Estas nuevas obras tienen esa mezcla habilidosa
de componentes que solo tienen los cócteles más selectos para conformar una
obra de arte. Por eso, paseamos por museos, pinacotecas y galerías de arte sin
olvidar sus trastiendas y recibimos masterclass a juego con la corriente
artística o el pintor que participe en la trama; se le añade misterio, delitos
y personajes carismáticos; asesinatos; deliciosa comida y bebida italiana e
internacional; viajes cortos y más largos siempre a lugares interesantes; y
sobre todo la capacidad de sorprender e interesar a partes iguales.
Glamour, seducción, lujo, el mundo del arte mueve millones, el
coleccionismo puede llegar a ser una enfermedad y a su alrededor se tejen
rencillas, envidias y venganzas. La obra maestra es un apasionante viaje
al mundo del pentimento y de sus trazos subyacentes, esas pinturas que
aparecen ocultas a la vista tapadas por otra pintura distinta.
Eso es lo que puede haber descubierto una joven
con un contrato en prácticas al limpiar un cuadro. Podría ser que debajo de la
pintura actual, de poco valor, se esconda una obra maestra cuyo descubrimiento
sacudiría el mundo del arte como un terremoto. Una posibilidad no imposible,
pero si improbable, que puede atraer un interés desmesurado y Gabriel Allon,
como no podía ser de otra manera, se va a ver envuelto en un entramado tan
ajustado que ríete de la trama de un lienzo y todo sucede a ritmo vivace y
con la técnica del sfumato.
Daniel Silva no esconde ases en la manga, da al lector la posibilidad de ir anticipando lo que va a suceder y aun así sorprende. Es como si un mago les enseñara los trucos que va a hacer y luego en el espectáculo y sin salirse del guion consiguiera que se vieran como si fuera la primera vez.
Tener su nueva novela en las manos es lo más
parecido a la noche de reyes magos. Mezcla de ilusión, excitación y deseo que
no se acabe. Vuelvan a sentir esa magia durante el rato de puro entretenimiento
que dura la lectura. Se lo recomiendo y si van a leerla de noche asegúrense de
que el día siguiente sea festivo.
Hay otras novelas de esta serie reseñadas en el blog, utilicen el buscador en la columna de la derecha para poder leerlas.


No hay comentarios:
Publicar un comentario