Thriller perteneciente al nordic noir que no
concede respiro y que vuelve a submergirnos a profundidades tanto físicas, hay que
bajar al subsuelo de espacios claustrofóbicos, como mentales ya que nos pone
enfrente a personajes malignos y además malvados que, en la trama, son
asesinos, y fuera de la ficción, para el lector, son causantes de desasosiego e
insomnio.
Como ven, mucha tensión psicológica, perfectamente
pautada y amparada por unos escenarios forestales, oscuros, con construcciones
residuales y controvertidas que crean una atmósfera tan angustiosa que, una vez
visitado el lugar, nos resistimos a repetir.
A la Unidad de Casos Perdidos ha llegado el
expediente de un caso ocurrido hace ya años, no es casualidad ni un regalo, es
una trampa para desacreditar aún más al grupo, incluso para provocar división
interna. Pero la inspectora Leo Asker se lo toma como un reto y una motivación
para levantar ánimos y cohesionar más y mejor a sus subalternos y consigue una
total implicación a riesgo incluso de perder la vida.
Anders de la Motte sabe como capturar la atención y como ir soltando cuerda de forma lenta pero constante para tensar en el momento adecuado.
Los crímenes del bosque
es una novela tan tenebrosa y angustiante que crea dependencia y no permite
dilatar la lectura. Sería pecado.
Repetimos personajes, que ya nos son
familiares, y vamos profundizando en sus peculiaridades y en su psicología. Están
los de la comisaria, los de arriba, literal por jerarquía y ubicación en el
edificio y los de abajo, también literal; y los familiares de Leo, grupo
numeroso, y en esa biodiversidad y en su forma de relacionarse y evitarse entre
sí y de cómo se afrontan e impactan las tramas criminales, se encuentra el
mérito de que está serie siga encandilando.
Si aún no la conocen, empiecen por la primera,
si ya son fans disfruten de la presente y sepan que la cuarta está en camino.


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