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jueves, 2 de julio de 2026

Cortocircuito de Wolf Haas

Franz Escher, el protagonista, no es asocial, pero si retraído, vive solo y siente una pasión por los puzles que trasciende lo razonable. Una afición que nace de una manera tan entrañable como para rememorarla agradecido como se recuerda a un salvavidas. Una vez escribió una novela, pero ahora solo las lee.

La que está leyendo en este momento aborda la vida de un mafioso italiano arrepentido que espera su liberación de la cárcel y que ansía llegar a Alemania con una nueva identidad, amparado por la ley de protección de testigos, aunque sabe que su delación jamás será perdonada y que su vida, a partir de ahora, va a ser muy distinta a la que fue.

El arrepentido, el segundo protagonista, en la celda, aprovecha para practicar alemán leyendo una novela que narra las vicisitudes de un individuo taciturno que vive solo, rodeado de puzles, porque no consigue retener a nadie a su lado. Ni tan solo en su fiesta de cumpleaños.

Cortocircuito es una novela metaliteraria, suma de dos novelas que entremezclan humor negro, crimen organizado, causalidad y casualidad, si es que esta existe.

La evolución de ambas historias y la vida de sus protagonistas, va a ir mostrándose a medida que las piezas del puzle vayan encajando, ya que cada una de ellas es una microhistoria en sí misma.

Ambos personajes actúan como los personajes de una obra de Maurits Cornelis Escher, no en vano la afición a los puzles viene de Manos dibujando y no es casualidad que el protagonista determinante tenga el mismo apellido que el artista.


Y si la obra de Escher es una fusión de arte, geometría y matemáticas para conseguir ilusiones ópticas, Wolf Haas, el autor de esta novela, fusiona el principio de identidad, una particular visión del espacio tiempo, y el sentimiento de culpa y la búsqueda de la redención para conseguir, a su vez, una ilusión mental en la que los dos protagonistas son a la vez personajes de una recursividad subyacente.

Ambos, el artista gráfico y el literato, demuestran un virtuosismo en su obra que incita al espectador del primero y al lector del segundo, a preguntarse si es el azar el que rige el comportamiento de sus personajes o si estos son víctimas del determinismo.

Estamos ante un thriller existencialista pausado, un rara avis dentro del género que suele caracterizarse por ritmo acelerado y acciones relámpago, pero es que la novela también lo es, atípica, dentro de lo que se considera estructura argumental habitual en el ámbito literario, tanto en su forma como en su contenido.

Aún y así, ese ritmo pausado es capaz de no solo de generar tensión sino de ir incrementándola y sin artificios, no hay capítulos cortos ni finales de página cliffhanger, consigue que el libro no se despegue de las manos. He tenido la oportunidad de leerlo de una tirada y de la inmersión aún me zumban las neuronas.

Nada, pero nada de nada, en el argumento es gratuito y todo encaja en algún momento, cada pieza es necesaria y especialmente las últimas, la carta y el carro de la compra, que concluyen el puzle en un final tan humano, por emotivo, como artístico, por eso mismo.

Si no leen esta novela se arrepentirán. Tal vez no hoy, ni mañana, pero habrá un momento en que recordarán esta oportunidad perdida.

 

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