La muerte es una vieja historia es
la primera novela de la serie, y en ella conocemos el como y el porqué de esta
particular asociación, mientras asistimos a la investigación de unas
violaciones que tienen lugar en un mausoleo del cementerio.
Todo en esta novela es original, curioso e
interesante. No solo lo son los protagonistas con su peculiar modo de hacer, de
hablar y de pensar que supone una relación muy interesante a nivel filosófico y
cotidiano.
Sino también lo es el argumento con este
particular violador en serie que tiene aterrorizadas a las chicas y
desconcertada a la policía, que por otro lado tampoco se toma el tema muy en
serio. Las violaciones y desapariciones de mujeres en Latinoamérica suelen ser
pan de cada día.
La investigación de esta peculiar pareja deberá
serpentear por lugares poco recomendables e interactuar con personas
peculiares, para poder llegar a una conclusión satisfactoria.
Antofagasta, es la población costera y
portuaria chilena donde se desarrollan los hechos. En ella tiene su oficina el investigador
privado, titulo obtenido por un curso por correspondencia, Tira Gutiérrez, con
encargos de infidelidad en los que se está especializando, y cuenta con la
ayuda de la hermana Tegualda, una joven religiosa que a pesar de sus holgados
ropajes no puede evitar derrochar sensualidad.
Hernán Rivera Letelier escribe con esa musicalidad que solo consiguen los virtuosos del lenguaje. Relata con humor irónico, que inculca a sus personajes, los entresijos de un caso criminal mientras muestra costumbres locales y no renuncia a mostrar las falsedades de los programas políticos y la desidia policial, al tiempo que denuncia la poca atención que reciben los ataques a mujeres.
La muerte es una vieja historia es
una novela detectivesca que da un giro a lo manido para mostrar que el género
no solo no está agotado, sino que todavía tiene mucho que contar y que hay
distintas maneras de hacerlo.
Esta primera entrega es suficientemente
interesante como para no perder el tiempo y acercarse a la segunda.

