miércoles, 26 de noviembre de 2025

Bacon de Annika Brunke

El género criminal se resiste, cada vez más, a ser encasillado en su propia definición y gusta de explorar nuevas relaciones como hace tiempo experimento la cocina: mezcló sabores y texturas, a priori inadecuadas, para conseguir nuevas sensaciones.

La novela Bacon es un ejemplo de mézclum de realidad criminal y fantasía existencial. La realidad en lo que sucede y se describe en tercera persona, y la fantasía en lo que sucede en la mente de quien interpela al lector desde la primera persona.  

Definición e interpretación. Crueldad sanguínea y dulzura pastelera. El caso criminal empieza con el tropiezo de un brazo en un contenedor, con tatuaje original irrepetible, que lo idéntica como la pareja de una joven repostera que había denunciado su desaparición.

Una joven que por su volumetría ha vivido en permanente rechazo y que por fin parecía haber encontrado su media naranja, ve de repente como su felicidad se fragmenta como el azúcar quemado de una crema catalana se agrieta ante golpes repetidos de cuchara.

Nada es eterno, todo es efímero, como la vida, como la ingesta de un dulce: placer momentáneo, sentimiento de culpa, deseo de más.

La jueza Mara Ramírez, recién llegada, y el inspector Aitor Ibarra, llegado hace ya algunos años, van a llevar a cabo una minuciosa reconstrucción de los andares de la victima hasta su desaparición para poder resolver el misterio.

Annika Brunke se atreve a combinar el Bacon, por principio salado, con ingredientes dulces para conseguir atrevidos postres. Claro que no los cocina ella, lo pone en manos de la repostera Betty Mantecas que además tiene la atención de darnos las recetas.

Betty es un gran personaje, y como los dulces que elabora, presenta ingredientes variados que resultan sabores distintos según que momento y su estado de ánimo. Es una persona vulnerable pero resolutiva y resiliente hasta la insensibilidad. Es imperfecta, contradictoria, enamoradiza y soñadora. Es un must de personaje.

Cada vez que aparece se come la pantalla y hace que la novela sin ella no sea más que un montón sinsentido de páginas impresas.

Sobre una base de hojaldre, Annika Brunke ha repartido trama criminal, le ha añadido una capa rellena de crítica contra el bullyng y la xenofobia y la ha coronado con lágrimas de humor negro, porque el humor negro tiene la capacidad de hacer reir a la vez que llorar.

El resultado es distinto a cualquier lectura convencional de género policiaco, y al final deja un sabor agridulce que consigue satisfacer e incomodar a la vez, por tener que tomar partido.

Ambientada en Las Palmas de Gran Canaria, de donde es oriundo Alexis Ravelo, el gran escritor de novela negra, acaba de conseguir la edición 2025 del premio que lleva su nombre. Alexis la hubiera degustado.

viernes, 21 de noviembre de 2025

Cadáveres en canapés de Jean-Pierre Ferrière

Es ésta la quinta novela de la serie protagonizada por las hermanas Blanche i Berthe Bodin, de un total de siete títulos.

En esta ocasión Berta y Blanca deben lidiar con el mal carácter y desfachatez de su empleada doméstica, Rosa Papier. Con lo que ha costado encontrar una no van a despedirla sin más, aunque esto sea lo que les pide el cuerpo y les ordena la razón; al tiempo que su doméstica cotidianeidad se ve alterada por la incorporación a su convivencia de la joven de 16 años Dafne Feuillas, hija de un primo.

No solo deben darle techo y comida, sino que deben tutelar su rebelde adolescencia que para nada se corresponde con la que ellas vivieron, hace ya muchos años, y para la que no están preparadas, aunque muestren comprensión y tolerancia.

Y por si fuera poco, ahora hay una invitada puntual, la joven parisina de 28 años, Corinne, prometida del doctor Favier, quien ha solicitado le concedan hospitalidad durante los preparativos de la boda.

A este sobredimensionamiento de habitantes en el piso de Orleans, hay que añadir las constantes visitas de Gabriela Piqué, conocida como La Coronela, y su señorita de compañía, Angélica Roussillon.

Y una vez todo el elenco presentado se produce el crimen y el cadáver, de una de las mencionadas, es encontrado tumbado en el canapé, y las hermanas Bodin tienen ocasión, una vez más, de poner en práctica su capacidad deductiva y lucirse ante un confuso y sorprendido Jerónimo Leduc, inspector de policía recién llegado de Niza por lo que ni conoce a las hermanas ni las costumbres de la localidad, que asocia con la tristeza por la frecuencia con la que la lluvia visita Orleans.

Jean-Pierre Ferrière es un guionista, escritor y dialoguista francés que no solo escribe novela policiaca, pero que en esta demuestra toda su capacidad para construir historias y personajes con un estilo narrativo muy propio, con el que consigue inquietar sin aterrorizar, y esto se debe a la inclusión de constantes cuñas cómicas y muestras de humor negro.

Cadáveres en canapés es de 1958 y contiene una trama policial, claro homenaje académico a los argumentos que hicieron famoso al género, que, de manera irónica cuando no mordaz, aprovecha para criticar los comportamientos hipócritas de las distintas clases sociales representados por comportamientos de marioneta: mucha apariencia y nada de cerebro.

Cadáveres en canapés es suspense policial, humor negro, crítica social y personajes entrañables.

Una novela de otros tiempos del género policiaco, cuando los clichés no uniformaban y cuya revisión actual permite apreciar, con perspectiva, la dirección que el género ha tomado desde entonces, y uno no puede por menos que lamentarse de ello.

jueves, 13 de noviembre de 2025

El señor Bowling compra el periódico de Donald Henderson

El señor Bowling compra el periódico es una de esas novelas que parece que el inconsciente colectivo esté esperando a que sean publicadas, aun sin conocer si se están gestando o si su existencia es factible; y es así porqué una vez leídas generan tal cantidad de ruido que no se entiende como el mundo ha podido existir antes de su aparición.

No es ni una novela policiaca ni negra según los cánones, aspira a la marginalidad y la logra. Quiere diferenciarse del resto de publicaciones tópicas del género y lo consigue. Pretende demostrar que las reglas son para romperse y cumple.

La novela va de la soledad; de la soledad de los vivos, pero también de quien se siente muerto estando vivo. Y es que el señor Bowling, inteligente y educado, se siente tan muerto en su vida, por falta de alicientes y de satisfacciones, que busca compañeros de viaje, acompañantes y se dedica a matar para conseguirlos. Lo que sucede es que las muertes tampoco consiguen ser un acicate para seguir vivo y confía en la habilidad policial para que en cualquier momento se produzca su arresto y por fin se acabe su viaje a ninguna parte.

Es eso lo que tiene en común con la psicología del asesino en serie: en el fondo busca ser detenido.

Donald Henderson (1905-1947) tuvo corta vida tal vez por cruzarse con el señor Bowling, pero tuvo tiempo de dejarnos esta novela, adaptada con éxito al teatro y en televisión, brillante ejercicio de narración inversa. De esas que conocemos al asesino y la resolución se centra en saber si será o no detenido, cómo y porqué, aunque lo importante sea el viaje y no el destino.

El señor Bowling compra el periódico buscando la noticia de su detención, una paradoja habida cuenta que está cómodamente sentado leyéndolo, pero ahí está la esencia de la novela.

Una novela que, publicada en 1943, hay que encuadrarla en la corriente literaria del absurdo. Es abiertamente existencialista, cuestiona la sociedad y la relación del ser humano con su entorno y la contradicción interna que le supone.

Y lo presenta a través de un prisma humorístico, soportado por la incoherencia de los actos del personaje, que son puro disparate. Y para acentuar la irracionalidad de los hechos los incorpora a la irracionalidad que supone el bombardeo indiscriminado de una guerra, que, por si misma, ya es irracional.

Cuando la lean sepan que van a encontrarse un texto nada habitual en el género, pero repleto de literatura: Una lectura que incita a la reflexión: a ver si la razón de la vida solo va a ser la muerte.

viernes, 7 de noviembre de 2025

La señal de la cruz de Margot Douaihy

La cruz, que no el crucifijo, es, para Sor Holiday un sustento que le permite seguir hacia adelante, a donde sea que crea que deba ir.

En espera de convertirse en monja de facto, aún es novicia, Sor Holiday está en un presente que aún es mucho pasado. Demasiado vivido, demasiado amado, demasiado sufrido, como para borrarlo solo con unos votos.

Y de ese tiempo pretérito rescata una actitud de investigadora que la lleva a inmiscuirse en una investigación policial sobre un incendio en el que ha muerto un amigo y dos jóvenes han quedado malheridos. Y es que no cree que la policía esté haciendo todo lo que puede. Y además el incendio se ha producido en el complejo de su convento. Y además alguien podría querer incriminarla.

Este comportamiento díscolo, que se ha ido fraguando desde su infancia, no le granjea simpatías ni entre sus compañeras de orden, ni entre sus alumnos de música, ni en la brigada de bomberos que investiga las causas del incendio ni entre la policía que debe dilucidar si existe delito y si la muerte ha sido accidente, suicidio o asesinato.

Una premisa nada novedosa pero tampoco desdeñable. Lo malo viene cuando la autora, Margot Douaihy, ha querido vestir a su monja protagonista no solo con la ropa negra que ostenta la orden de Las Hermanas de la Sangre Sublime, sino que la hace deslenguada y fumadora viciada; además la autodefine como queer, aunque en la práctica sea lesbiana; la tatúa de arriba abajo, aunque no nos muestre los tatuajes, ni sepamos la razón de cada uno; la hace pertenecer a una familia en la que la madre fue monja hasta que acudió a la dispensa, su padre policía y su hermano es gay; y en esa vida seglar fue guitarrista de un grupo antisistema.

Demasiados clichés que buscan definir una personalidad que diferencie al personaje de lo que se le pueda suponer por su condición actual de sierva religiosa, pero que acaban convirtiéndola casi en una caricatura.

Nueva Orleans, donde transcurre la acción, aunque su vida anterior transcurriera en la costa este, se queda en decorado empalagoso por la humedad y no transmite la vida que se le presupone dibujado en un pentagrama.

Como muchas primeras novelas tiende a la exuberancia y busca en la reiteración de adjetivos grabar imágenes en el lector cuando lo que debería es buscar descripciones que le permitieran creárselas a sí mismo.

Una segunda novela tendría ocasión de demostrar si va por buen camino; aunque ya se sabe que los caminos del señor son inescrutables.

domingo, 2 de noviembre de 2025

El misterio Hannah Larson de Alexandre Escrivà

Patrick Howard se suicida a lo grande, en plan estrella, en un directo del late night con mayor audiencia. En el escenario y en las casas, los espectadores se echan para atrás en el momento del disparo.

Y eso es solo el inicio. Un inicio potente que hace temer que la trama no aguante el envite y se venga abajo, lo que, por suerte, no solo no es así, sino que a base de giros y dobleces sobre si misma, se va conformando una figura que ni por asomo podíamos imaginar al empezar la lectura.

Un inicio en media res cuya explicación es el motivo del argumento, por lo que no se conocerá hasta el final. Saber porque Howard se ha suicidado en un momento dulce de su carrera como periodista y director de un programa True Crime de televisión, es la primera misión de la joven inspectora Alison Hess, detective novata en el Grupo de Homicidios.

Un personaje tan humano como sus errores, sus intuiciones, sus decisiones, su ambición y sus dudas.

Y por qué Homicidios investiga lo que a todas luces es un claro suicidio, obnubila aún más al lector que a partir de ese punto de la lectura ya se espera cualquier cosa como si asistiera a un espectáculo de mago con chistera.

Y es que en realidad estamos ante una investigación que investiga sobre lo que investigaba la víctima sobre una antigua investigación de asesinato. Una técnica narrativa propia de las cajas chinas, con una historia dentro de una historia, dentro…

Es un thriller de investigación criminal, que se aleja del ritmo frenético de sus congéneres pero que sin embargo mantiene un ritmo sostenido generado a partir de emplear diversos escenarios temporales y visiones complementarias según la voz que narra la historia.

Y es que Alexandre Escrivà no solo ha urdido una trama compleja y llena de sorpresas con hilos de distinto calibre y color, sino que la ha armado sobre un bastidor técnico similar al de un estudio de grabación televisivo en el que el realizador va pinchando distintas cámaras según el punto de vista que desea mostrar, lo que favorece una inmersión lectora equiparable a participar en la investigación.

El autor bucea en la metaliteratura incorporando capítulos de un manuscrito de esos que se denominan malditos si al final no se materializan como libro.

Por todo ello no cabe duda de que novela es un alarde técnico, pero también literario y no solo por su argumento, que ya merecería el calificativo, sino además por una redacción precisa, pulida y detallista que hace que el placer por la lectura no sea solo un deseo sino una realidad.

El misterio Hannah Larson es una lectura obligada, no por obligación sino por devoción al género.