jueves, 23 de mayo de 2019

El vi fa sang de Salvador Balcells

Una novel·la força negra
Els avis ja ho deien tot bevent a galet vi negre del porró “el vi fa sang” i poc que ho deien pas amb intenció gore: associar el color vermell vellutat i que de tant fosc sembla negre amb el color de la sang visualment es justifica amb escreix i de passada recolza aixecar el colze. Quanta més sang més salut.

En aquesta novel·la negra, com el vi negre, el sentit que se li dona es literal i efectivament coses del vi porten a fer sang i poca salut hi ha en això. Més aviat gens.

Emili Espinosa, es un valencià casat i amb dues filles adolescents amb tendències antisistema, contraries a les forces de repressió i inclinacions independentistes que viu a Catalunya des que va deixar la Guardia Civil i va entrar als Mossos on ara es sotsinspector.

En aquesta segona novel·la de la sèrie (la primera fou La taca negra) l’Emili ha de fer front a un assassinat, d’algú no massa estimat, i a un suïcidi, d’algú que podria tenir enemics ocults.

La primera víctima, un espavilat tractant de cavalls, entre altres negocis, i la segona un professor de la Universitat Rovira i Virgili acarnissat defensor del medi ambient que, amb tres amics més, llança una campanya a favor de la viticultura sostenible que l’enfronta a poderoses empreses del sector petroquímic.

El vi fa sang es una novel·la força negre, potent i ben estructurada, com un mimat vi negre de justa graduació, acidesa ben equilibrada, esplèndid en nas i el regust de llarga durada.

Salvador Balcells
En Salvador Balcells parla de la terra que coneix, dels neguits de la gent que coneix i del difícil equilibri entre el dolent, el bo i el millor que ens sacseja en cada una de les feines que es fan. Arreu hi ha la temptació de fer diners fàcils i sovint contravé les normes més elementals de l’ètica, tan professional com personal.

I l’amor. L’amor que fa que la família de l’Espinosa tiri endavant malgrat les diferencies, que hi ha, com a tota bona família. Un amor que no es exclusiu de la família Espinosa i que també sacseja a la resta del món.

L’autor aconsegueix maridar el bon vi de la Conca de Barberà amb la bona novel·la negra, tot i que l’Espinosa es més de cervesa. I es quelcom que vostès també haurien de provar. Ni un ni l’altra els defraudarà.

Jo friso per seguir llegint tot el que em falta de l’Emili Espinosa que, per sort, es força.

La novel·la fou publicada al 2010 i el seu títol serviria al 2015 per engegar el primer Festival Internacional de Novel·la Criminal en Català d’Espluga de Francolí (al que algun cop hi hauré d'anar), de la que en Salvador Balcells es comissari, i que aquest abril passat ha arribat ja a la 5a edició.

Alço la copa i ... salut!

domingo, 19 de mayo de 2019

Carretera de plata de Stina Jackson

En la oscuridad la carretera, iluminada
por los faros del coche,
parece un hilo de plata.

Un cadáver significa que una persona ha muerto. Alguien que ya no está, alguien a quien llorar y añorar.

Una desaparición significa angustia, desesperación y rabia. Alguien que ya no está, alguien a quien llorar y añorar y también alguien a quien buscar y desear encontrar. Con vida.

Lina, la única y adolescente hija de Lelle y Annette desapareció hace tres años. Desde entonces ni una pista, ni una señal. Nadie la ha olvidado pero solo Lelle, un padre con el remordimiento de la culpa por no aguardar unos minutos aquel día y con el resentimiento hacia sí mismo por la impotencia de no poder encontrarla, la sigue buscando incansablemente.

Recorre carreteras, caminos, senderos. Se interna en bosques, desafía peligros y mientras más busca más se hunde en el propio abandono.

A la zona llegan Meja y su madre dispuestas a emprender, otra vez, una nueva vida. Cada nueva relación de su madre es una tarjeta de embarque con destino a una nueva vida. Y que haya habido muchas significa que el avión no despega nunca.

La trama va a ir desarrollando en paralelo y alternativamente la vida de Lelle y su prioridad y la de Meja y la suya; ambos buscan y ambos parecen condenados a vivir desraizados y solos.

Si lo importante de la vida no es como la vives sino con quien, la novela es un claro ejemplo de que todo el mundo necesita a alguien. De que la soledad es una enfermedad que solo se cura con compañía, pero no toda compañía es buena: hay la que en lugar de sanar puede exacerbar los síntomas.

Y lo que está claro es de que todos tienen algo que perder; lo importante es saber a que precio.

Stina Jackson
Carretera de plata es una road novel donde todos los personajes buscan algo. Es una novela negra escandinava pero podría perfectamente ser country noir de la América sureña y es que los paisajes, los personajes y las situaciones que en ella transcurren no son patrimonio de nadie y paradigma de todos. Y es que la maldad no tiene patria ni bandera.

Stina Jackson ensaya diversos modos de vivir la angustia e insta al lector a meterse en la piel del personaje que elija para así vivir la suya propia.

Angustiarse por motivos de peso es una manera de sanar las trivialidades de la vida cotidiana convertidas en montañas difíciles de escalar por un egocentrismo mal educado.


domingo, 12 de mayo de 2019

El misterio de la guía de ferrocarriles, serie TV

En una Inglaterra recelosa ante la presencia extranjera,
un prestigioso detective belga resulta cuestionado.

El misterio de la guía de ferrocarriles, The ABC murders título original, es una novela de Agatha Christie. Publicada en 1936 cuenta con el aval unánime de la crítica que la considera una de las mejores tramas policíacas de las desarrolladas por su autora por su habilidad en el juego del despiste y por su inclusión de la figura del asesino en serie.

La adaptación de la obra a mini serie de televisión, tres episodios, ha sido a cargo de Sara Phelps (la tercera que hace en poco tiempo de novelas de Agatha Christie), las tres, cuidadas, producciones de la BBC y dirigida por Alex Gabassi (El Hipnotizador, The Frankestein Chronicles).

Si no se ha leído la novela, la serie, todo y que podría dar más de si, resulta convincente, misteriosa e interesante. John Malkovich borda el papel de un detective anciano y cansado que lleva cierto tiempo alejado de su oficio y que arrastra un ominoso pasado que de vez en cuando le asalta y le tortura.

Un asesino que firma A.B.C. y que elige sus víctimas
con un peculiar método.
El detective, Hércules Poirot, recibe un anónimo advirtiéndole de un próximo asesinato que efectivamente tiene lugar: una especie de juego mortal a partir de la utilización del alfabeto de una forma muy meticulosa. El detective debe entender el modo de pensar del asesino a fin de anticiparse a sus actos y evitar más muertes.

Se inicia un macabro juego entre un asesino en serie despiadado y el detective en el que el primero tiene ventaja y no la desaprovecha. Una investigación que requiere de minuciosidad en los detalles tiene enfrente una actuación policial que adolece de indolencia y desprecio por todo aquello y aquel que no sea del cuerpo, aun a riesgo de que la soberbia les desvíe del camino correcto.

Pero cuando se tiene en cuenta que se está ante una adaptación de una muy buena novela policiaca es inevitable la comparación con el original y por supuesto es inevitable sorprenderse ante los cambios, innecesarios e improductivos, aunque puedan ser curiosos incluso interesantes, que no justifican ese revisionismo.

Dos de ellos son sumamente notorios: el primero se refiere a James Japp, el inspector de Scotland Yard que compartiera casos con Poirot y el otro se refiere al pasado del propio Poirot, tienen la virtud de provocar perplejidad y vergüenza ajena por la irrespetuosidad sobre la obra de Agatha Christie. El primero por interrumpir la secuencia temporal y el segundo por querer profundizar con total invención en algo que no lo requeriría. Y no se puede entrar en detalles para no caer en spoiler.

¿Y Hastings? Vale que Hastings suele aportar poco en las investigaciones pero su condición terrenal es imprescindible como contrapunto a las veleidades de Poirot y su presencia, bien instrumentalizada, aporta notas de humor ingenuo que conviene intercalar para conseguir, precisamente, realzar los momentos de tensión.

Una de las primeras traducciones de la obra
Claro está que en el giro argumental que se le ha dado a la novela original no tenía cabida su presencia, habida cuenta que siempre va asociada a una narración en primera persona que en este caso no se deseaba para poder aportar ese punto de vista distante y retrospectivo.

El preciosismo de los planos destaca la estética del conjunto pero satura los sentidos como un perfume excesivo y mal equilibrado. Si hay quien se satisface escuchándose a sí mismo cuando habla, también debe haber quien lo consigue recreándose visionando largamente la imagen que ha concebido.

Más que un homenaje o un reconocimiento a una de las mejores novelas de la Gran Dama del Crimen parece un ajuste cuentas, ¿era necesario incidir tanto en los aspectos más sórdidos de la pensión?, ¿recurrir a esa xenofobia primaria e ignorante? ¿era necesario humillar a Poirot no una sino varias veces, no solo por su oficio sino también por su origen? ¿era necesario inventarse un pasado ominoso? Si su creadora lo hubiera querido así lo hubiera plasmado así. Y no lo hizo.

Mal asunto cuando quien adapta pretende saber más que quien escribió el original y recrea unos hechos que suscitan no solo incredulidad sino rechazo frontal para quienes conocen y valoran en su justa medida la obra de la autora.

Así se pierde por ejemplo el personalísimo tratamiento que le da Agatha Christie a la figura del asesino en serie. Con el que le da un giro al estereotipo y como busca con ello, y lo consigue, sorprender al lector.

Un Poirot distinto en lo físico y en comportamiento.
John Malkovich, brillante, pero tan alejado del Poirot original que no lo es. ¿Dónde está su negro cabello y su tinte capilar? ¿Dónde su preciado bigote? ¿Dónde su ironía? ¿Dónde su cinismo? ¿Dónde su brillo en la mirada, relamiéndose como un gato satisfecho, ante un indicio? ¿Por qué se le destaca un comportamiento emocional cuando siempre ha sido cerebral?

La adaptación sostiene la línea argumental original pero la trata de forma apática, no hay ni pizca de tensión, ni tan solo los asesinatos permiten asombrarse o escandalizarse. No hay urgencia, y el tema la merece y la necesita: ¡se están cometiendo asesinatos!

Y la realización, tan relamida y pagada de sí misma, tan lenta y tan poco explícita dificulta la comprensión del argumento, incluso para quienes hayan leído la novela. Una vez más una adaptación con ínfulas de creación. Una vez más se desperdicia una obra pulida y ajustada para que encajara a la perfección. Una pena.

Si no la conocen tienen dos opciones: o leer la novela o ver la serie. Pero no las mezclen.


domingo, 5 de mayo de 2019

El primer gran caso de Yaiza Cabrera de Javier Holmes

Una novela negra gamberra.

Mucho antes, los peques, según sexo, de mayores querían ser bomberos, astronautas o maquinistas de tren; princesas, enfermeras o azafatas de vuelo. Hoy, según un estudio de 2017, se decantan por ser futbolistas, policías o youtubers; profesoras, doctoras o veterinarias.

Resulta pues cuando menos curioso que Yaiza Cabrera, cuyos estudios de económicas y su recién estrenado trabajo en ese campo tuviese ya otras inclinaciones. Claro que dejarlo todo para convertirse en una detective privado seguro que no entraba en sus planes inmediatos.

Números, balances, debe y haber, asientos contables son indicios para una buena analista y resultan pruebas para una buena investigadora. Un número es tan valioso como una huella. Todo depende del fin que se persiga y del sentido que se le dé al hallazgo.

El primer gran caso de Yaiza Cabrera es una novela negra gamberra, con giros sorpresivos en la trama, con ironía y mucho humor. Su protagonista es de un pronto que espanta, malhablada, exigente, brusca y en la intimidad inmisericorde dominatrix. Se enfrenta a lo que venga, de frente, aunque se acojone, ¿y quién no? Y piensa que a la hija de su madre no la va a chulear nadie por que sí.

En esta novela, la primera de una serie que ya tiene la segunda Procelosos lodazales publicada, Yaiza se ve envuelta en el asesinato de su ayudante cuando están trabajando en la auditoría de las cuentas de un partido político de ultraderecha que aspira a una subvención de fondos europeos.

El crimen, cometido en su propia oficina, presenta una vertiente sádica con la presencia de un vibrador, en marcha, en el esfínter de la víctima, inconveniencia que, por circunstancias particulares, convierte a Yaiza en principal sospechosa y sus dotes detectivescas despiertan ante la necesidad de demostrar su inocencia.

Bajo la batuta de Yaiza como directora de orquesta, variopintos y muy logrados personajes van entrando y saliendo de pintorescos lugares y estrafalarios ambientes lo que añade colorido a una obra que ensalza el calificativo de novela negra.

Javier Holmes
Javier Holmes es un escritor que tiene en su haber una importante cantidad de obras noir publicadas y que con este personaje abre paso a una serie en la que le da una vuelta a los tópicos del género: da rienda suelta a una protagonista que a pesar de su bisoñez en el oficio demuestra desparpajo y habilidad en exceso y exceso también en unos arranques que poco se justifican salvo que quien los libere carezca de todo sentido de la oportunidad.

Las escenas de sexo, femdom en su mayoría, sorprenden al principio pero tienden a repetirse con poco o nulo aporte a la trama aunque en conjunto no sobren, ya que se suceden en momentos en los que liberar la tensión queda plenamente justificado.

Es una novela que divierte y cuya trama, que aglutina aspectos políticos y mafiosos, está conjuntada de forma precisa y presenta un final bien resuelto.

miércoles, 1 de mayo de 2019

La paradoja del bibliotecario ciego de Ana Ballabriga y David Zaplana

Cuando la paradoja es una moraleja.

Es esta una novela de largo nombre e ilustrado significado que resalta la imposibilidad de ver aquello que tenemos ante nosotros.

Los personajes que la transitan viven, desde una óptica miope cuando no ciega completamente, una vida que no les satisface en absoluto. Ni a los que parecen tenerlo todo ni los que creen que lo tienen ni los que lo querrían tener.

Los fuertes tienen en esa aparente fortaleza su talón de Aquiles y los débiles desconocen que en ella, su debilidad, radica precisamente su fuerza. Todo es cuestión de equilibrios.

Y para eso, para equilibrar, nada mejor que la larga mano del destino. Aunque su concepto de equilibrio resulte desequilibrante. He ahí otra acepción del título de esta negra novela que rasca los resentimientos y los prejuicios hasta sangrar.

Una paradoja que es una moraleja. Un argumento que va desgranando las vivencias de los miembros de una misma familia, más separada que unida, y que a partir de un hecho fortuito como es el descubrimiento de una desconocida llave va encadenando, precipitando más bien, una suerte de acontecimientos que tienden a un final catártico y absolutamente devastador.

La paradoja del bibliotecario ciego es un plato de entremés que tiene un poco de todo de lo que supone carne de cañón para una novela negra de pura denuncia social: maltrato, violación, acoso escolar, dominación, racismo y que, como un plato de ingredientes de calidad, presenta momentos estelares.

Ana Ballabriga y David Zaplana
Ana Ballabriga y David Zaplana firman una novela que va alternando capítulos dando voz a los protagonistas principales y como líneas convergentes buscan los nexos adecuados y los momentos oportunos para unir las sub-tramas y elaborar ya una gran y única trama que culmina en uno de los posibles finales que a buen seguro barajaron antes de decidirse (podría, debería, haber sido más radical).

Hay personajes emblemáticos cargados de simbolismo, está también la alargada sombra del gran Borges, y sobre todo esa percepción de que toda vida puede cambiar de dirección: solo hace falta un golpe de volante.

En la vida si luchas puedes perder pero si no luchas estás perdido. Esta es la moraleja de la paradoja.

jueves, 25 de abril de 2019

Nostalgia de la sangre de Dario Correnti

Alfileres en un cuerpo.

“¿Qué es más reconfortante para el espíritu, sufrir los golpes y dardos de la insultante fortuna o alzar las armas contra el piélago de calamidades y haciéndoles frente acabar con ellas?” Hamlet, William Shakespeare.

¿Qué es más insultante para un periodista, sufrir al incompetente jefe, al compañero trepa y al poderoso insidioso o anteponer la ética al comercio capcioso y defendiendo la verdad y la honestidad imponer los principios del oficio?

El periodismo de investigación, el de verdad, más parecido al de antes que al de ahora; el periodismo de sucesos, el de verdad, el que busca la verdad de los hechos por encima de intereses de terceros, el que procura la objetividad dando voz a todas las partes, el que preserva la humanidad de los afectados y el que es capaz de asumir responsabilidades y hacer autocrítica ante errores, ese periodismo está desapareciendo.

El sensacionalismo impera y la audiencia ya no manda, decide directamente: si no hay ventas no hay anunciantes, si no hay lectores o televidentes o seguidores, si no hay cartas de felicitación o likes, no hay futuro y el oficio es una vocación pero también un medio de subsistencia.

Marco Besana es un periodista a la antigua usanza, a los que antes se denominaba de raza, es un periodista a quien la crisis y los criterios de la Corporación a la que pertenece el periódico le aboca a ver, si se escribieran, si hubiere un apartado de bajas al lado de las necrológicas, impresa su prejubilación.

Por contra Ilaria Piatti es una periodista joven, de hecho solo una becaria pero tiene olfato, tenacidad y el desprecio de sus compañeros, la ignorancia de sus jefes y el desprecio de la Corporación a la que pertenece el periódico; si hubiere un apartado de rescisiones al lado del de bajas al lado del de necrológicas, se habría anunciado su cese.

¡Vaya pareja! Pero en cambio vaya par de profesionales, uno con experiencia y aptitud, otra con imaginación y actitud; sumando sus capacidades, sus virtudes y sus defectos forman un equipo en el que cuando uno decae la otra anima, cuando una se hunde el otro estimula.

Las circunstancias, bueno las circunstancias y la mano asesina de una mente perversa con inclinaciones caníbales les une en una investigación que aun siendo periodística tiene mucho de policial y es que la investigación no es sino el arte de aplicar el intelecto, a través de un conjunto de métodos y reglas, para indagar sobre un asunto con la finalidad de discernir su naturaleza. Y en eso se equipara todo tipo de investigación.

Marco Besana ve su fin profesional cerca y siente Nostalgia de la sangre, la misma que parece sentir el asesino que descuartiza y devora a sus víctimas. Ilaria Piatti ve su despegue profesional cerca y no hay fatiga ni obstáculo que le impida trabajar cada hipótesis y cada nueva teoría que le acerque a su objetivo. Un objetivo que tiene mucho de rémora en su catarsis personal. Y es el que el pasado nos alcanza a todos y cada cual tiene el suyo, algunas más negro que otros.

Dario Correnti, al parecer seudónimo de alguien anónimo (léase en singular y en plural, masculino y femenino, para cubrir toda eventualidad), ha escrito un thriller protagonizado por periodistas; la historia de un asesino cuyo modus operandi parece emular al del quien fuera considerado el primer asesino en serie italiano.

Lo ha hecho con una redacción fresca, mucho diálogo apoyado en relaciones y lenguaje coloquiales, ambientando la proximidad y huyendo de clichés.

Su narrativa aporta mucha ironía, sobre el oficio de periodista y sobre las relaciones de pareja, y trapichea con todo tipo de toques idiosincráticos de la cultura italiana, gastronomía incluida, y de propósito general tanto sociales, como políticos y económicos y cuando ha de ilustrar episodios psicopatológicos sean de teoría o describiendo actores, léase asesinos, rituales y víctimas lo hace con gran habilidad conformándolos como fruto de la investigación del caso por lo que ninguna fisura viene a fastidiar el conjunto.

El resultado es un thriller distinto e interesante y de lectura dinámica; tiene de todo y no cansa en nada, satisface la curiosidad, mantiene el enigma y entona un réquiem al periodismo, el de verdad, el de antes, brindando con pinot noir esperando apreciar alguna luz al final del túnel.

domingo, 21 de abril de 2019

John Harper: fuego de J. E. Álamo

Una novela negra que dispara contra
el totalitarismo, la discriminación
y la corrupción.

En Ciudad Capital conviven elementales con naturales o mejor dicho, los naturales aceptan convivir con elementales mientras no haya otra opción, ya que la que desean algunos, muchos, la exterminación total o la esclavitud sin límites, no tiene mayoría legislativa.

Y es que siempre a alguien distinto, y más con inexplicable poder, se le ve como una amenaza cuando no directamente un peligro. Y los elementales son muy distintos: su alteración genética, una triple hélice cromosómica, les faculta el dominio, con distinto nivel de capacidad e intensidad, de alguno de los cuatro elementos elementales: aire, agua, fuego y tierra.

Los naturales, eufemismo de normales, los de doble hélice, consideran esa anomalía, aberración más bien, razón suficiente para marginar con leyes y con actuaciones a estos seres y confinarlos a una vida de esclavitud durante su vida productiva y a un destierro durante su jubilación, bien reduciendo su capacidad de actuación social o bien físicamente aislándolos en Groenlandia y aun allí con restricciones de comportamiento y de aparejamiento.

John Harper es un elemental de fuego, ahora apagado, pero no extinto, pues su jubilación le impide, so pena de muerte o de algo peor, emplear su poder. John Harper es un investigador privado, algo común en elementales con ganas de seguir sintiéndose vivos y por relaciones establecidas ya que la mayoría ha ejercido en las fuerzas policiales.

A John y gracias, unas gracias envenenadas, a un ex-compañero del cuerpo, le cae un caso que no puede rechazar. Un caso envenenado: investigar la muerte de Scott, un elemental ex-policía, por encargo de su hija Megan bajo la protección de un abuelo natural muy poderoso.

A través de la investigación se va descubriendo el funcionamiento de esa peculiar sociedad, donde al fin y al cabo, habitada como está por seres de carne y hueso y mortales, poco se diferencia de cualquier otra. Ciudad Capital, como otra ciudad y otra capital, también tiene sus avenidas y sus callejones, sus zonas residenciales y sus reductos marginales. Y entre sus gentes hay aglutinadores, tolerantes y ultras. Vamos como en todo barrio.

Y la investigación va a tener que lidiar con todo eso y más en un no parar.

J. E. Álamo
J. E. Álamo, quien nos descubriera que hay vida más allá de los clichés de la novela negra, con una serie protagonizada por un no muerto: Tom Z. Stone, experimente ahora, de nuevo en los cambios de registro, esa felizmente descarada reivindicación pulp, para seguir manteniendo la esencia del género sin hacerle ascos a injertos que le aporten nuevas virtudes y, por qué no, nuevos defectos.

Mezclar hard boiled con fantasía urbana es arriesgado pero gratificante. Abre puertas a subtramas generosas y ambivalentes y ventanas a submundos estimulantes de transposición social.

El autor escribe con ligereza y mucha habilidad una novela pulp de calidad, como si fuera fácil, y mechar géneros y mantener el sabor de cada cual y potenciar el de ambos, no lo es. Describir ambientes típicos de género, bares y club de jazz, sin caer en tópicos tampoco. Y conseguir que empaticemos al segundo de conocerlo con ese malcarado y sarcástico encendedor ambulante que es Harper también requiere habilidad para describir personajes.

Una novela negra que emplea la ironía y la diferencia genética para criticar los totalitarismos y los prejuicios. Una investigación policial que muestra que la corrupción es un cáncer social para el que aún no se ha encontrado remedio eficaz ni hay vacuna en desarrollo.

Todo un logro de este autorazo. Apúntenla para Sant Jordi. Hoy en día que en las paradas callejeras no solo lucen rosas rojas, sino otros especímenes híbridos, también hay que otorgarle el valor que merecen las novelas negras trufadas.

Y recuerden sus otras novelas reseñadas en este blog:

02. Let it be (la segunda de Tom Z. Stone)






miércoles, 17 de abril de 2019

Clandestina de Cristina Redondo

Señor, cuídame de mis amigos
que de mis enemigos me encargo yo.
Es tan fácil erigir un líder de un partido político como abatirlo. Y darse de cuenta de este hecho supedita la opinión, la valoración y la credibilidad que se tiene de los políticos y de los partidos.

En política, la manida frase de nadie es lo que parece, toma su verdadera dimensión, hasta el infinito y más allá. ¿Es todo postureo? Probablemente no, algo de ideales y ética queda pero para la mayoría es un empleo más, uno en el que quizás el nivel de exigencia, responsabilidad y productividad sea más relajado que en otros ámbitos y es, también, la forma de ganarse amistades y dejar atado el futuro. El propio, el de la familia y allegados; todo depende del tiempo en que se ejerza el cargo, el nivel de poder que conlleve y el precio que se le ponga.

No hi ha un pam de net y es que el ser humano es voluble y prefiere satisfacer bajos instintos que grandes ideales. Y es veleta alocada, aun cuando no sople el viento, que nunca señala el norte: para eso ya están las brújulas.

Clandestina es un thriller político protagonizado por mujeres y un alto grado de psicopatía. Es un thriller de pseudoespionaje que a pesar de ser protagonizada por un elenco coral tiene a Irina Paulova como principal protagonista. Poco se sabe de ella pero se le conoce su atractivo físico, su capacidad camaleónica y su siempre insatisfecho deseo de matar.

Irina es una fría asesina empleada en una agencia de incierta ocupación ya que tanto parece servir para una campaña de desacreditación como para un asesinato. Y el cambio de registro es tan natural que da pavor. Se avienen a los deseos de sus clientes, no se sabe muy bien cómo les contactan ni cómo mantienen el anonimato, unos y otros, y los resuelven con una rapidez y una eficiencia que ya querría cualquier otra empresa, sea del ramo que sea.

Cristina Redondo
Cristina Redondo es la joven autora de esta novela corta y aborda un tema de trapicheo político, zancadilleo y corrupción que con mayor número de páginas tendría el recorrido necesario para dar todo lo que el tema y la autora pueden dar de sí.

Y es que en estas fechas, a pocos días de unas nuevas elecciones generales, la evidencia de que las cloacas no son solo privilegio de los gobiernos sino que también lo son de los partidos resulta muy esclarecedor.

La brevedad es buena para escribir cosas breves pero mala como recurso para sintetizar una novela que debería ser larga. Si algo tiene el thriller es que nadie le afea su grosor ya que es bien sabido que el aporte de la información obtenida de la información consultada es pieza clave para consolidar la verosimilitud de lo que se cuente. Y la psicología de las protagonistas precisa así mismo de su tempo para que la descripción cale y no solo moje.

La autora termina esta novela corta con un final cerrado para esta trama pero abierto para que el argumento, la agencia, sus exclusivos servicios y sus miembros tenga continuidad en otras tramas resolviendo otros casos que deseamos resulten una lectura estimulante.

jueves, 11 de abril de 2019

El largo invierno Saharaui de Teodoro L. Basterra

Esperando el referéndum prometido.

El pueblo Saharaui es un pueblo guadiana para los medios de comunicación y en consecuencia del mundo informado: tan pronto ocupa portadas como se pierde en el ostracismo.

Y es que hay temas que son una espina clavada en la humanidad de la humanidad y si se puede se mira para otro lado. Para los saharauis la vida es sufrimiento y no solo por malvivir en un hábitat desagradecido sino, y mucho más, por ser el único grano de arena del gran desierto que los marroquíes no pueden soportar en su zapato. Y eso se traduce en un permanente estado de sitio.

Esther Baquero, a quien conocimos en La primera víctima, (un thriller sobre el 11-M y los atentados de falsa bandera) trabaja ahora en Barcelona, alejada de su padre y de sus recuerdos, pero la placidez va por barrios y a ella parece que la vida, que le hado otras virtudes, no la contempla en ese reparto.

Quien fuera un novio suyo musulmán y saharaui aparece muerto en el Tibidabo barcelonés y todo apunta a un escarmiento, a una venganza, a un aviso. Podría tratarse de un acto terrorista o de la supresión de un traidor. A ella, a pesar de su relación, y precisamente por esa motivación, le toca descubrirlo.

El viaje de Esther Baquero, como miembro de una ONG, de Barcelona a Al-Aaiun, la capital no oficial del Sahara Occidental, lo es tanto física como emocionalmente y lo que van a vivir en un pequeño enclave del norte de África los va a marcar para siempre. Y los lectores tampoco van a salir de rositas.

El largo invierno saharaui es como se conoce al período de espera entre el prometido, y aún no realizado, referéndum de autoderterminación, por allá 1975 cuando España desconectó su proceso de colonización y Marruecos empezó el suyo sobre el territorio del Sahara Occidental.

Un invierno que amenaza con convertirse en glaciación ante la inacción de la ONU que solo consiguió un alto el fuego entre el Frente Polisario y Marruecos en 1991; pero la próxima ronda de negociaciones formales no está prevista hasta 2028, lo que hace que la inestabilidad, las escaramuzas, la represión y la violencia militar tengan una sorda y constante presencia en la zona. El sueño por conseguir crear un Estado independiente, la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) sigue vivo en el pueblo saharaui aunque haya quien quiera enterrarlo bajo toneladas de arena.

El largo invierno saharaui es un thriller concienzudo en cuanto a documentación que ficciona la realidad para hacerla creíble y hace verosímil la ficción; que conforma una historia repleta de investigación policial, crímenes y peores delitos, en un clima de tensión social y de emoción personal para los protagonistas meros peones de grandes intereses corporativos y pequeñas ambiciones personales.

Teodoro L. Basterra
Teodoro L. Basterra ha conformado un argumento sólido y una trama dinámica y tensa que cuanto más se enmaraña más cerca está de desvelarse. Ha conformado un denso, y poblado bosque para explicar un árbol.

Y es que la forma de cubrir una noticia se adecua en cada lugar y momento a los intereses de quienes deciden y que para nada es el periodismo quien tiene las riendas.

El autor demuestra estar dotado para este género, algo que muchos intentan pero que solo pocos consiguen habida cuenta de la dificultad que comporta y es que un thriller ha de ser capaz de informar, ilustrar, emocionar y hacer vibrar y no de forma forzada por exigencias del guion, sino solo con su propia razón argumental.

La novela ha sido seleccionada este año para la XXXII edición de la Semana Negra de Gijón, el referente más importante en cuanto a certámenes noir de este país.

domingo, 7 de abril de 2019

El último barco de Domingo Villar

Una novela negra a ritmo de ría.

Probablemente sea esta la novela negra que en los últimos tiempos ha despertado mayor expectación por ser el autor aclamado deudor de la entrega; largo tiempo esperada se está vendiendo como un i-Phone en los mejores tiempos. Y se vende a ciegas y se compra en igualdad de condiciones.

El último barco es una novela policiaca a la gallega: encontrada en medio de una escalera, no se sabe si sube o si baja.

El Vigo actual, su ría y las localidades, como Moaña, que mojan sus pies en ella, añora el Vigo que fue en una novela cargada de tristeza. Toda ella es una oda a la tristeza. El último barco es una novela triste.

Si cada persona es un paisaje en un cuadro en esta novela hay muchos pero todos tienen en común ser naturalezas muertas o cuando menos agonizantes. Aunque no todos los desahuciados acaben bajo una cruz de piedra y algunos puedan resurgir y con ello revivir.

El paisaje y el ambiente de cada uno de los lugares que se evocan se apodera del argumento cuya trama criminal queda empequeñecida ante la carga emocional que destilan las palabras que arman las páginas.

Mónica Andrade, una mujer treintañera independiente y entregada a su vocación de ceramista, puede haber desaparecido según la denuncia presentada por su padre, un eminente cirujano que la echa en falta en su ausencia cuando nunca la ha considerado en su presencia.

Leo Caldas, reticente a investigar la desaparición de un adulto, acaba entregado al caso, forzado por su comisario, lo que le sirve a él y al narrador omnisciente para ilustrar una parte de la historia de Vigo y una parte de la vida de sus habitantes interpretados por unos personajes varados en dique seco. Un homenaje pagado de sí mismo y que se apodera de la trama criminal.

Al inspector Leo Caldas los años le han pasado factura y el tiempo pasado le pesa, ciertamente 711 páginas pesan lo suyo, y desarrolla una investigación poco rigurosa, sustentada en conjeturas basadas en hipótesis elaboradas a partir de intuiciones y esto no siempre funciona y suele ser tan improductivo como levantar una jarra de arcilla a partir de una pella descentrada.

Cualquier lector avezado podría ir enmendándole la plana, el propio escritor se encarga de facilitar las claves, como hicieran las novelas del siglo de oro policiaco, para tomar las decisiones correctas y, lo que es peor para Caldas, poder resolver el caso en el primer tercio del relato.

Entonces ¿es una novela fallida? En absoluto. Caldas es humano, tal vez demasiado y por ello imperfecto. Y con él, los demás. Y esto no es un defecto es una condición inherente de quienes piensan y sienten y la novela apuesta por esta vía y emplea la trama criminal casi como excusa para desarrollarla aunque hacia el final retome la esencia y solucione el caso.

Domingo Villar
Domingo Villar ha publicado una novela negra que se despereza a ritmo de ría y como tal sufre con los cambios de marea. Una novela negra y también social, introspectiva para quien la protagoniza y para Vigo; una evocación al folletín criminal francés de primeros del siglo pasado convenientemente actualizado.

El último barco, un título ambivalente puesto que tanto puede referirse al último transbordador nocturno que une Vigo con Moaña como también al barco que toda persona tiene la oportunidad de embarcar si es capaz de tomar la decisión, es una gran novela, costumbrismo criminal, pero quizás el compás de espera la ha penalizado, no en ventas, y si respecto a expectativas. Hay quien añorará no haber podido leer Cruces de piedra y hay quien, como bien decía Paco Camarasa, huirá ante el grosor de la obra.

Lecturas del todo imprescindibles, en especial la segunda, son las dos primeras entregas de Leo (por Léo Ferré) Caldas, la segunda está reseñada en este blog:

01. Ojos de agua




lunes, 1 de abril de 2019

El cuarto mono de J. D. Barker

"No hagas el mal".

Infinidad de veces y en modo gráfico o escultórico se ha visto la representación de los tres monos, o los tres monos sabios como también se apodan, del templo japonés de Nikko.

A su postura, al estar el primero, Mizaru (見猿) tapándose los ojos, el segundo Kikazaru (聞か猿) los oídos y el tercero, Iwazaru (言わ猿) la boca se le asigna el significado de «no ver, no oír, no decir» y por extensión se ha entendido como «No ver el Mal, no escuchar el Mal y no decir el Mal»

Hace cinco años que en Chicago campa un cuarto mono encarnado en un serial killer de naturaleza psicópata que, por sus actos, es conocido y temido por igual por toda una sociedad angustiada.

Su modus operandi consistente en secuestrar y realizar tres envíos por correo a las familias con partes de su víctima en blancas cajitas, en la primera una oreja, en la segunda los ojos y con el envío de la tercera la lengua, lo que significa que la muerte ya ha sido certificada. Tres envíos evocando a Los tres monos.

El calificativo, Cuarto Mono, asociado a “No hacer el mal”, se lo asigna el detective de homicidios del cuerpo de policía de Chicago Sam Porter, incansable perseguidor, por datos relacionados con la investigación y la morbosa relación que se acaba estableciendo después de tanto desgaste y tiempo dedicado a este asesino.

Los tres monos de Nikko
Y ahora se halla un cadáver atropellado por un autobús que podría ser el de este escurridizo genio del mal. Y al ser portador de una cajita blanca con una oreja, primer mono, todo hace presagiar que hay una víctima aún con vida y la prioridad es su rescate.

Y en este principio, cuando otra novela debería acabar, es cuando en realidad todo empieza. Búsqueda de pistas y datos que permitan averiguar su personalidad y que expliquen sus actos y el criterio de elección de sus víctimas para descubrir con vida a la propietaria de ese apéndice humano.

Y a lo largo de la trama giros y más giros que no dejan ni un respiro.

J. D. Barker ha escrito un thriller que presenta una trama terriblemente adictiva a pesar de no presentar nada que lo diferencie en demasía de tantos otros publicados. Los tópicos actúan a modo de Glutamato monosódico, ese polémico aditivo que nos hace repetir las lecturas aún a sabiendas que es él y no el argumento el que atrapa.

¿Puede un psicópata ser un justiciero? Si lo es ¿sigue siendo psicópata?

J. D. Barker
La novela alterna la narración omnisciente con la transcripción de un diario, de contenido espeluznante, perteneciente al asesino, donde pretende justificar sus actos por su condición, a su vez, de víctima. Ese cambio de voz, que, salvando las distancias, tiene cierto regusto a “El Coleccionista” acentúa el comportamiento psicópata y la elevada inteligencia de una mente privilegiada que ha elegido matar.

El resultado es notable y relevante presentando una trama más compleja que la media de este género y un equilibrio entre la parte procedimental y las secuencias de acción, que se reparten adecuadamente empleando tensión y suspense cada vez que conviene y cada vez que un nuevo giro lo requiere.

La cadena CBS ha comprado los derechos y pronto en pantalla dirigida, si no cambia nada, por Marc Webb. Y en EEUU ya se ha publicado la segunda novela de lo que promete ser una serie best-seller.

miércoles, 27 de marzo de 2019

Talión de Santiago Díaz

La novela que se convertirá en
serie televisiva de gran éxito.

Que tire la primera piedra quien nunca haya oído, o pronunciado, la sentencia ojo por ojo, diente por diente. Pero cuidado con darle a alguien ya que en virtud de esa sentencia la piedra volverá con idéntico propósito.

Es la ley de Talión recogida en las sagradas escrituras y no hay que ser creyente, en Dios, para apropiarsela; basta con ser creyente, en la propia capacidad de aplicar justicia, para materializarla. ¿Venganza o justicia? Pero ¿qué es la justicia sino una suerte de venganza oficializada?

Marta Aguilera, una prometedora periodista de sucesos, por una trágica, inesperada e indeseada circunstancia acaba encarnando a Talión.

Ante una inminente muerte programada y teniendo a favor la inmunidad, a ojos de todo Dios, que eso supone se deja arrastrar por sus impulsos, amplificados por los primeros síntomas de su enfermedad, y no duda en hacer de superheroína justiciera aunque no emplee mallas de fluorescentes colores, ni capa ni tenga superpoderes, pero a potra, visto como resuelve los escollos, no le gana nadie.

El argumento se sostiene a partir del dilema ético que supone elegir entre irse de este mundo postrada en cama o callejeando para librarlo de seres indeseables a los que la justicia, con sus retorcidos vericuetos, no ha podido alcanzar. Y Marta Aguilera lo tiene a huevo.

Como fácil lo tienen también los espectadores, perdón, lectores, ya que el autor ha elegido aquellos temas que más inciden en la piel y manipula con habilidad los sentimientos para buscar una respuesta que no puede ser otra que la absolución.

El argumento es sucinto y en su desarrollo el autor allana el camino para facilitar una línea recta de actuación, unida por varios puntos de intersección, que no resulta verosímil por la excesiva facilidad con que se ejecuta. Un ajustado mecanismo de precisión relojera que por ese motivo, su tecnicidad, no da lugar a errores y eso en humanos es demasiado pedir.

Santiago Díaz Cortés
A Santiago Díaz Cortés le ha podido el oficio y al escritor le ha traicionado el guionista, así pues la novela Talión acaba siendo la novelización de un guión de serie televisiva.

Y es que los puntos fuertes que muestra como guión son los puntos débiles que evidencia como novela. Incluso el final, más peliculero que literario y dulzón hasta el empalague, evidencia su verdadera naturaleza mass media abriendo puertas a una continuación o a claros spin-off.

Este thriller tiene la audiencia rendida de antemano y tanto da si sus lectores son de género o no ya que en cualquier caso todo el mundo lleva un justiciero dentro que no podría evitar despertarse ante la forma estentórea en cómo es invocado.

Talión acaba de ganar el Premio Tuber Melanosporum, otorgado por el certamen Morella Negra Como la Trufa, a la mejor novela negra escrita por un escritor novel durante el año lectivo 2017-18 y la productora audiovisual La Caña Brothers ya ha adquirido sus derechos para llevarla a la pequeña pantalla (o no tan pequeña, que hay quien tiene en casa lo que había en los cine-club de antaño) y el guión es tan bueno que le auguro, y deseo, mucho éxito.