miércoles, 21 de abril de 2021

El Campamento por Blue Jeans

Es esta una reseña ambivalente de dificil realización de la que espero salir airoso. Sigan leyendo y entenderán.

El Campamento es un intento de actualizar la que quizá sea una de las mejores novelas policiacas de la historia. Acercarse a un clásico infunde respeto, tan solo intentar pensar en poder actualizarlo ya es una osadía pero aún y así hacerlo, a sabiendas de donde te metes, es de una inconsciencia supina o de una valentía admirable.

El Campamento recoge el espíritu y el armazón de Diez Negritos de Agatha Christie y se lanza a reinventar para alejarse lo más posible del reflejo del espejo pero al distanciarse solo consigue una imagen borrosa que sigue recordando el original y no logra asentarse como distinta.

Para el público más leído y mucho leído ¿para qué un sucedáneo teniendo el original? Para el público menos leído todo un descubrimiento que comentar y viralizar.

Estamos viviendo tiempos donde el cortoplacismo se ha instalado con, al parecer, intención de permanecer. La gente parece querer ir deprisa en todo, incluso en la lectura, y tal vez por eso la novela no dedique páginas suficientes para ir construyendo el ambiente propicio para desarrollar la trama y vaya al grano.

Generar tensión, claustrofobia, angustia es imprescindible para que, en el relato, los asesinatos no sean un mero medio para hacer avanzar la trama.

Blue Jeans escribe para un público, en general, con sus excepciones, más acostumbrado a los mensajes breves de las redes sociales, con preferencia por el uso y disfrute de la imagen y mayoritariamente solo interesado por lo que le resulta conocido a su cultura de grupo.

Así para el argumento escoge protagonistas cuyos roles no solo sean conocidos sino incluso identificables con lenguaje afín, e incide en la química de los sentimientos opuestos: amor y desamor, fidelidad y lealtad, honestidad y mentira, en ese contexto donde la ilusión virtual a veces se confunde con la evidencia de la realidad.

Intenta humanizar el lado menos conocido de la fama: los famosos también lloran y sufren; y no se corta en denunciar el todo vale para alcanzar un posicionamiento de influencer. Pero no consigue dotar a la trama de lo necesario para que sea una novela policiaca y no solo un cúmulo de situaciones o tensiones, aunque se quede solo a un tris de conseguirlo, en un gratamente intrincado y sobresaliente argumento, al que le escuece ese final de serie televisiva.

Desaprovecha la oportunidad de mostrar las tripas de ese mundo digital, lo que hubiera sido muy revelador, pero equivaldría a morder la mano que te da de comer. Por lo que solo se pasea por la delgada línea roja que supone el entrever y el mostrar abiertamente con la sensación de que hubiera podido dar más de si. Habrá que esperar a una nueva novela completamente original para conocer realmente sus posibilidades en este género donde se estrena.

Por tanto, un público ya ducho en novela policiaca no debería leerlo so pena de entrar en comparaciones en las que Blue Jeans saldrá siempre perdedor. Y sería un error. Como comparar nueces con melones.

Pero un público no lector de género, sin referencias que condicionen la lectura y de una juventud insultante debe leer esta novela sin dudarlo ni un instante y disfrutar de esa experiencia como si no hubiera un mañana.

Hace tiempo Bob Dylan decía que los tiempos están cambiando, y tan cierto es, como que los tiempos siguen cambiando. El Campamento de Blue Jeans es un exponente de esa transición que vive la novela policiaca que la generación Z está descubriendo. Son otros tiempos. Y otras necesidades, intereses y desvelos ocupan a esa juventud incomoda ante la falta de expectativas.

El Campamento de Blue Jeans tiene su oportunidad en ese target y el tiempo la consolidará u olvidará; de momento está consiguiendo que una generación poco dada a leer, lo haga. Y si es revisitando un gran clásico mejor que mejor, ya que quizás consiga no solo hacer viral su obra sino la de quien homenajea.

La gente que mayormente sigue y lee a Blue Jeans igual no ha oído hablar en su vida de Agatha Christie, o tal vez le suene de alguna película pero casi seguro que no se pondrá a leer sus novelas de igual modo que rechaza un filme en blanco y negro, de los de antes.

Si leen El Campamento, sin tener idea de sus antecedentes, lo más seguro es que disfruten y difundan su contenido y a partir de ahí el infinito y más allá.

La cultura siempre sale ganando.

 

jueves, 15 de abril de 2021

Solo vine para que ella me mate de Charlie Becerra

La burbuja familiar de los Ocampo se resquebrajó hace tiempo y el oxígeno se escapó por las rendijas impidiendo respirar a quienes quedaron dentro.

A Víctor Ocampo solo le queda hacer algo para recomponerla, algo que a simple vista se ve casi imposible: Manuel, su hijo mayor, en prisión; Alejandro Alex, el pequeño, se fue en busca de una vida de ensueño hacia la tierra prometida, esos Estados Unidos que con el abrazo del oso hacen como que te quieren pero como te descuides te ahogan, y que acabó varado en México sin dirección conocida; y su mujer, Amalia, ausente debido a una sordera que se va agravando y su mente, a juego, solo ansía el regreso de sus niños.

Manuel no quiere salir de su encierro y Alex parece resignado a que si bien México no es lo que esperaba tampoco le va tan mal. Su voz nacida para el canto le está sacando de apuros pero le está metiendo en otros.

Y él, que de escribir canciones de amor para corridos ha pasado a los narcocorridos por encargo, debería saber mejor que nadie que esas letras no son ficción y mejor quedarse en el papel de moderno rapsoda antes que implicarse emocional y sentimentalmente.

Víctor va a contentar a su mujer y seguir los pasos de su hijo Alex de Perú hasta México para regresarlo o convivir. Lo importante es volver a juntarse. Va a reseguir las huellas de la ruta de quienes emigran, de los sin papeles, de los soñadores, de los desperados.

Solo vine para que ella me mate es un magnífico título, tanto para un narcocorrido como para esta novela, que entremezcla pasiones, ilusiones y vivencias, con dolor, sufrimiento y amor. Y es que en la vida unas no se entienden sin las otras. Relata una historia de gentes que viviendo en el cono sur ansían encontrar su norte y a veces lo confunden con el geográfico.

Alex escribe el narcocorrido como si fuera un corrido, una canción de amor y no de muerte. Solo vine para que ella me mate es el pensamiento que surge de su mente desvariada, una declaración de intenciones pero no de deseos. Lo que a veces se piensa no se corresponde con lo que se siente.

Charlie Becerra ha escrito una novela negra de las que se conoce como narcoliteratura en la que va soltando capítulos que transcurren en momentos temporales distintos. Una historia en la que las biografías de las que la componen son de por si pequeños relatos a cual más desamparado. Una obra que remueve conciencias y entrañas.

Recorre calles desvencijadas, caminos polvorientos y fachadas de calles baleadas para mostrar la otra realidad de lo que canta la letra del narcocorrido: la del perdedor.

Una lectura que golpea el estómago como un tequila en ayunas. Que desgarra como mordisco de coyote. Que desespera incluso a quienes ya de por si son desperados. No dejen de leerla.

domingo, 11 de abril de 2021

Silenciadas de Karin Slaughter

Las voces silenciadas suelen ser las que gritan más fuerte. Una voz interior que implosiona sin que atisbe alteración facial ninguna. Son voces que solo se oyen en el cerebro.

Una nueva entrega protagonizada por Will Trent y su compañera Faith Mitchell de la GBI, Oficina de Investigación de Georgia, que en esta ocasión se dirigen a la prisión del condado a investigar un asesinato durante un motín. Y de lo que suponen una reyerta más entre presos, regresan con petróleo: un convicto les ofrece la oportunidad de reabrir un antiguo caso para encontrar el verdadero culpable.

Un caso que tiene que ver con el pasado de la forense Sara Linton, actual pareja de Will. Un caso que tal vez no se enfocó con la óptica correcta o se desenfocó a propósito. Un caso que por aquello de que el destino es juguetón y malintencionado podría tener relación con otro actual. Y si fuera así todo estuvo mal y el empeoramiento podía haberse evitado.

Silenciadas es un thriller de fuegos artificiales. Esa sensación de que a cada explosión y las luces ya se ha acabado y sin embargo un nuevo fiiiiiiuuuu rasga el aire, suena el trueno, el cielo se ilumina y vuelta a empezar.

Un thriller que va dejando información y pistas a cuentagotas para dar tiempo a degustar cada nuevo avance, cada descubrimiento. Para permitir oír el inexistente ruido que hacen las piezas de un puzle al encajar.

Narrado en dos tiempos, presente y pasado, va acercando los dos relatos para converger en ese punto de no retorno que se produce cuando todo se explica.

Karin Slaughter escribe con minucioso detalle. Da igual que sea en la descripción de una herramienta, una intervención forense, el atuendo de los protagonistas, el coche con el que se circula o el suelo donde se pisa.

No importa que sea una acción, un pensamiento o un deseo. Primero disecciona y luego lo describe, el efecto es de un realismo tan cercano que resulta demoledor.

Silenciadas puede echar para atrás viendo su grosor, tiene una extensión de 600 páginas, pero sería un error. Es lo menos que debe ofrecer un thriller que se precie de serlo.

El suspense y la intriga están presentes incluso en los párrafos donde no se necesitan y aunque el argumento no ofrezca originalidad, es la forma de redactar y la capacidad para desarrollar la trama lo que acaba convenciendo.

Karin es toda una especialista, como lo acreditan sus grandes éxitos internacionales, en este tipo de literatura donde agarrarse con los dedos al borde del acantilado solo retrasa la caída.

domingo, 4 de abril de 2021

Relaciones Peligrosas de Cristina Alger

Sospechar que tu padre pueda ser un asesino solo se entiende si llevas muchos años sin tener contacto con él y los recuerdos, difusos, son de un ex-militar intransigente hasta la violencia, y quizás no solo verbal, bebedor hasta el desvanecimiento y tan empático como una columna de garaje.

Pero si además tu padre es policía, la sospecha tiende a una magnitud que puede conllevar perjuicios añadidos.

Y si además tú, su hija, eres una agente federal, y llevas a cabo una investigación no autorizada ya cualquier cosa puede pasar.

Claro que juegas con una ventaja: tu padre acaba de morir. Por lo que la verdad pueda aportar, poco o nada va a cambiar tu, inexistente, relación con él. Pero si puede ofender su memoria y salpicar a los que con él trabajaron jurando defender la ley y el orden.

Nell Flynn, agente de la Unidad de Análisis de la Conducta del FBI, convaleciente física y psíquicamente, de un reciente episodio en el que acabó herida ha regresado a su infancia, a Hampton Bays, los Hamptons en el condado de Suffolk, para despedirse de las cenizas de su padre. Martin Daniel Flynn, un incondicional de las Harley Davidson y al que un accidente le ha llevado a la muerte.

Mientras Nell gestiona su duelo, el descubrimiento de un cadáver y la petición de opinión por parte del último compañero de su padre, y con la aquiescencia del equipo con el que desarrolló su profesión, la pone de nuevo sobre el terreno y la investigación se ramifica de forma inesperada.

Su padre, de la división de Homicidios, había trabajado en un caso, aún abierto, que podría tener relación con el cuerpo recién encontrado.

La novela se anuncia como best-seller internacional y cumple con lo que la etiqueta implica. Suelen ser obras ligeras perfectas para acompañar largas esperas en salas impersonales de lugares públicos por su capacidad mimética.

Relaciones peligrosas es la novela negra adecuada para entretener en ese viaje en el que no es necesario preocuparse de nada hasta la llegada a destino. Una lectura pasa páginas de manual.

Cristina Alger ha escrito pensando en facilitar una lectura rápida y comprensible, no plantea una trama compleja pero tampoco resulta simple, y los personajes se perfilan lo suficiente como mostrar un relieve particular y no confundirlos unos con otros.

Un argumento, explotado anteriormente, y con éxito, por películas y series de televisión, que da el pego inoculando la sospecha hasta tocar hueso.

Y una protagonista que resulta convincente en sus dudas y en su comportamiento confuso ante la magnitud de la sospecha y sobre la que recae el progresivo avance de una trama que va acelerándose a medida que se van resolviendo las incógnitas y mantiene la intriga hasta la última página, como debe ser.

sábado, 27 de marzo de 2021

Hija única de Mi-Ae Seo

El K-noir, el género criminal producido en Corea, ha aportado al género frescura, originalidad, ironía, sarcasmo, sadismo, grandes dosis de crítica social y sobre todo y ante todo entretenimiento.

Lógico pues que ante la aparición de Hija única de la afamada escritora local Mi-Ae Seo, se haya disparado la expectación, generada artificialmente, o sea eso que se conoce como hype, en todos los medios y redes sociales.

Y lo cierto es que a cuanto más bombo menos platillo, o platillo con sordina, si existiera.

La trama gira alrededor de Seon-Gyeong, una psicóloga forense, apodada cariñosamente Clarice por sus alumnos, por una malinterpretación en su biografía que hace pensar que una breve estada en Quantico fue en realidad una completa formación propia de una agente federal.

Seon-Gyeong recibe una gran sorpresa cuando se le comunica que un peligroso reo, Lee Byeong-do, un asesino en serie, pide que le visite en prisión dispuesto a sincerarse. Algo que no había consentido hasta ahora al rechazar incluso las visitas de su abogado.

De nuevo entra en juego el apodo de Clarice.

Sean-Gyeong acepta dudosa de los motivos, teme alguna artimaña, pero esperanzada por el interés científico que le suscita y las posibilidades profesionales que se le pueden abrir.

Y cuanta más concentración necesita un suceso absolutamente inesperado como es la convivencia con la hija de once años de su marido, de un matrimonio anterior, viene a desequilibrar su burbuja familiar y sus rutinas.

Las relaciones no resultan fáciles y la situación la mantiene inusualmente tensa y el conjunto de emociones negativas tienen un efecto demoledor en su capacidad de análisis y raciocinio lo que le hace distraer de lo obvio que en otras circunstancias, una mente entrenada como la suya, jamás hubiese pasado por alto.

Hija única es un thriller de suspense que permite al lector ir tan por delante de la trama, una de las señas identificativas del género, pero ni tanto ni tan poco, que este puede anticipar todo lo que va a suceder y encima se cumple, con lo que la ansiada maniobra de distracción, el esperado giro sorpresivo, el susto final no se produce y deja un agridulce sabor al finalizar la lectura.

Mi-Ae Seo, ciertamente, desde el apodo de Clarice hasta otras evidencias, rinde un claro homenaje a El silencio de los corderos (o El silencio de los inocentes, si es que conocieron la primera traducción de la novela antes que la película) y tal vez ese gesto condicione en demasía la trama y sea lo que le impida mostrar más creatividad.

Y conociendo la capacidad sorpresiva del k-noir hay esperanza de poder descubrir aptitudes a esta autora que permitan disfrutar más ampliamente de su obra.

Habrá que seguirla y poderle leer una novela más propia para confirmar las expectativas.

domingo, 21 de marzo de 2021

Las reglas de la cabra de Francisco Veiga

Si hay una certeza respecto a la cabra es que no se sabe cómo reaccionará, de si saltará a un lado u al otro, si embestirá o se alejará. Salvo que esté muerta.

En Kazajistán practican un juego, dudo que se le pueda llamar deporte, cuyas reglas son que no se rige por regla alguna y que consiste en que varios jinetes se enfrenten violentamente, todos contra todos, para hacerse con un despojo de cabra, sin cabeza ni extremidades. Se juegan la vida por algo sin valor alguno.

A veces los servicios de espionaje también se juegan la vida por un despojo de cabra: por una sospecha, por una pista, por un chivatazo, por un señuelo. Pero ningún detalle puede dejarse de lado por negligencia.

Con el independentismo catalán a los servicios de inteligencia españoles les crecieron los enanos. Múltiples filtraciones apuntaban al intervencionismo de terceros países a favor o en contra. Declaraciones del presidente Puigdemont en sus intervenciones públicas tienden a suscitar apoyos y rechazo a partes iguales. Y al ser mediático comporta que cualquier gesto tenga inmediata y amplificada repercusión,

De ahí que cuando se produce el asesinato del ocupante del asiento posterior de un coche, a menudo empleado por Puigdemont, en Bruselas, se disparen todas las alarmas. ¿Un atentado? ¿Víctima equivocada? ¿Quién? ¿Un lobo solitario o una célula organizada? ¿Por qué? Y los servicios de inteligencia se cuelgan al teléfono y movilizan a sus efectivos para esclarecer el hecho y evaluar un control de riesgos.

A partir de ahí, eso solo es el comienzo, se va desplegando, con aparente desorden, una trama tan compleja como hipnótica; donde la sorpresa, por tan potente inicio, se ve superada por el desconcierto por lo que viene a continuación y por un interés, clara y hábilmente inducido por el autor, para ponernos en la piel de esos activos e introducirnos en ese mundo cabalístico donde habitan los servicios de espionaje.

La trama, perturbadora, tiene una enorme complejidad y requiere de una lectura pausada para no naufragar entre siglas, acrónimos, nombres en clave, reglamentos y protocolos. Llegar a la orilla supone una enorme satisfacción.

Si entrar en un laberinto ya resulta de por si complicado y angustioso imagínense hacerlo con los ojos vendados que es lo que nos pide el autor, aunque promete estar ahí para echarnos una mano y, eso sí, conducirnos a la salida dando conclusión y explicación, hasta donde es posible, a todas las subtramas, incluido el porqué del título, que conforman el argumento.

Las acciones de espionaje responden a la salvaguarda del bien del Estado que las impulsa. Y no todas las preguntas obtienen respuesta; hay que conformarse con obedecer las órdenes emanadas por estamentos superiores.

De ahí que tanto secretismo precise contrapesarse. Y por eso los instantes en que se da rienda a las pasiones, humanas, estas se vivan con la intensidad de lo que puediera ser la última vez. Así sucede con el amor. Las personas dedicadas al espionaje son espías y personas. Y si bien está clara la línea que separa lealtad de traición, no sucede lo mismo con la que separa un encuentro amoroso del amor.

Y en la novela se tratan esas situaciones y mucho más que no hay que revelar ya que parte del placer es irlo descubriendo en la forma que lo ha previsto su autor.

Lamentablemente su lectura exigente no la hace accesible a todos los públicos pero quienes consigan superar los recelos y avancen se encontraran con una historia con un tono narrativo tan verosímil y convincente que constantemente favorece la duda de si se está leyendo ficción o una suerte de docudrama.

Y es que Francisco Veiga, en este sentido, escribe para informar, alertar, despistar y entretener.

Estamos ante la segunda entrega, que conforma una serie que se inició con Ciudad para ser herida, ya hay una tercera en proyecto, y que hay que adscribir al género de novelas de espías realista, con ningún parecido a lo que ofrecen los canales en streaming de televisión.

  

domingo, 14 de marzo de 2021

El juego de la mariposa de Katrine Engberg

El cadáver de una mujer es hallado en una fuente pública, El Pozo de Caritas, en el centro de Copenhague. Cuando llega la policía dos aspectos aparecen claros de inmediato. Ni es la escena del crimen, ni ha habido intención alguna de ocultar el asesinato. Quien lo haya perpetrado ha querido que encontraran el cuerpo pronto para que se entendiera el mensaje.

El caso recae en el inspector Jeppe Kørner y en los seis días, de lo que va de lunes a sábado, desde el descubrimiento del cadáver hasta la resolución del caso, van a ir desvelándose aspectos relativos a la víctima que van a confluir en una corta lista de sospechosos al modo de novela policiaca más convencional.

Por el camino se van a simultanear situaciones curiosas cuando no jocosas que tendrán a su compañera, actualmente de baja por maternidad, Anette Werner de protagonista. Va a comprobar de primera mano que lidiar con un bebé puede ser más complicado que con un delincuente, aunque no se resigne a quedarse fuera de la investigación.

También aporta su granito de arena Esther De Laurenti y su relación con su compañero de piso, Gregers, y un nuevo vecino, protagonistas de una subtrama que se convierte en una buena historia que contar.

Y por si fuera poco, el inspector Jeppe también va a tener su cuota con una situación estimulantemente comprometida.

Una amalgama de cotidianeidades que se entrecruzan con una investigación de asesinato que apunta alguna relación con un centro de tratamiento para jóvenes con problemas psiquiátricos; lo que aprovecha la autora para establecer una crítica contra un sistema que aparta, a quienes presentan ese tipo de patologías, a centros particulares subvencionados sin pautar protocolos de seguimiento.

La autora Katrine Engberg se consolida en esta segunda entrega y reafirma de forma más que holgada lo que en la primera era dubitativo. Sus personajes, tendrán sus conflictos, son humanos, pero ya saben andar solos y la trama, mucho más elaborada e interesante, se muestra bien urdida y convincente. Y no es que la primera fuera obra menor, pero se notaba la bisoñez.

El asentamiento de los personajes da a pensar que estamos ante una serie que va a evolucionar para darnos horas de satisfacción. Si tienen ocasión empiecen por la primera entrega La estrategia del cocodrilo (leer la reseña aquí) para hacerse con los personajes, pero si no pueden, no se preocupen ya que la lectura se hilvana sin ayuda.

Lo que resulta curioso son las traducciones de los títulos, así la primera novela de la serie se tituló La estrategia del cocodrilo cuando su título original Krokodillevogteren podría traducirse como El cuidador de cocodrilos y esta segunda, El juego de la mariposa, Glasvinge como Alas de cristal. Está claro que la creatividad editorial va a continuar con este juego que flaco favor le hace a la obra, al reducirla a atracción de feria, cuando la traducción correcta se ajusta más al contenido del argumento. Especialmente en esta segunda aludiendo a la fragilidad que muestran las personas débiles o con problemas mentales a la hora de intentar levantar el vuelo en una sociedad que abate a quien vuela bajo.

domingo, 7 de marzo de 2021

El Hombre de Calcuta de Abir Mukherjee

La palabra Calcuta, según la edad de quien la lea o la oiga, evoca lugar lejano, exótico, aventuras y grandes superproducciones del Hollywood de cuando los extras no se generaban por ordenador.

El cine contaba, entre exuberantes escenarios naturales, una verdad romántica de la colonización pero había otra. Silenciada. Como suelen estar las verdades de los pueblos sometidos.

La colonización inglesa, aunque con té en delicadas tazas de porcelana, modales atildados y fair play en algunos aspectos, tal vez no fuera tan cruenta como otras pero no dejó de ser una colonización imperialista.

Una dominación militar, política y económica, que llevo en paralelo la imposición del idioma, las costumbres e incluso tradiciones, conformando lo que se conoció como El Raj. Una joya de la corona que distaba casi 7.000 kilómetros del Palacio de Buckingham.

En 1919, cuando transcurre la novela, ya se han sucedido algunas escaramuzas nacionalistas, de quienes aspiran a ser una nación libre, combinadas con otras independentistas, de los bengalíes que ansían regir su propio destino, y los británicos empiezan a dudar sobre sus posibilidades viendo cómo se agrieta su superioridad moral a medida que los locales afianzan sus convicciones.

En medio de ese escenario turbulento se encuentra el cuerpo, asesinado, de un alto miembro del funcionariado británico, con un papel en la boca conminando a los británicos a abandonar el país.

La muerte violenta de un blanco, un burra sahib, en un callejón, no es bueno para nadie y si puede instigar a una rebelión aun menos. Los locales temen represalias y los británicos no quieren que se les vea como víctimas accesibles, así que se impone una resolución del caso lo más rápidamente posible y se le encarga la investigación al capitán inglés Sam Wyndham, ex-militar de la recién finalizada primera guerra mundial y ex miembro de Scotland Yard recien llegado a Calcuta.

Lo bueno de la designación es que su bisoñez en el cargo, su honradez y su absoluta falta de conocimientos prácticos sobre el territorio le alejan de cualquier vicio adquirido y de cualquier prejuicio que limite sus acciones. Lo malo es precisamente que como recién llegado va a dar bandazos, por suerte de impacto minimizado por la afable colaboración del, razonable, sensato e ilustrado, sargento indio Banerjee. Lo que va a dar pie a una compenetrada pareja que permite ir dejando perlas sobre la segregación racial.

Por su entereza Wyndham es un digno protagonista y aunque arrastre sus penas e incertidumbres, que no pudo dejar al otro lado del planeta, es capaz de evolucionar sin lamentos y convertir su entusiasmo por la investigación en el más eficaz de los remedios, aunque haya que reconocer cierta aportación de Annie Grant, una joven y diligente funcionaria, que estimula la parte humana del capitán.

Y sabiamente dosificados irán entrando en juego aspectos políticos y económicos, secretos de estado y secretos de cama, envidias y cadena de mando, rivalidad entre ejército y policía imperial, entre británicos y bengalíes, racismo del lado colonizador y racismo entre los propios nativos, y que se trenzarán para formar una larga mecha al final de la cual está un enorme polvorín. Si se encendiera nadie duda de que supondría el fin del Raj.

La descripción realista que ofrece su autor, Abir Mukherjee inglés de nacimiento, criado en Escocia y de origen indio, aunque precisa, no alcanza al detalle que evidenciaría una confusa i restrictiva vida social; pero ofrece suficientes muestras para que la contextualización de la historia adquiera tintes de veracidad. En ese sentido es, pues, más novela policiaca que novela negra.

Y en esa línea la investigación avanza entre pistas e interrogatorios y las deducciones permiten una evolución del caso que, entre novela de aventuras y detectivesca, ofrece escenas de acción apasionante combinadas con puntualizaciones jocosas, del más puro humor británico, y certeros análisis que firmaría el mismísimo Sherlock Holmes en medio de una atmosfera de constante intriga y un concluyente final.

El resultado es una gozada de historia a la que no le falta nada. Y esto solo es el principio, ya que estamos ante la primera novela, traducida, de una serie que ya lleva cuatro títulos publicados y estamos ansiosos por leerlos todos y especialmente antes de que se estrene en la gran pantalla, algo que podría hacerse realidad en poco tiempo.

domingo, 28 de febrero de 2021

El oscuro adiós de Teresa Lanza de Toni Hill

No es necesario recordar que en toda novela negra existe la figura de la víctima. La víctima que a veces juega un papel colateral y otras es el epicentro de la trama. Teresa Lanza, la víctima de esta novela, es un epicentro que está generando ondas sísmicas. Teresa Lanza es un ojo de huracán: un estado central de calma rodeado de nubes oscuras y vientos capaces de levantar ciudades.

Teresa Lanza ha muerto. Suicidio inexplicado; caso cerrado. Pero ahora, que se cumple un año de su adiós, alguien desafía al poder y pregunta ¿Quién mató a Teresa Lanza? Y el huracán se pone en marcha y empieza a girar y convierte Castellverd en un gigantesco tiovivo y a sus habitantes en peonzas.

Una muerte necesita respuestas para poder descansar en paz. Una muerte permanece viva mientras no se ilumine su oscuridad. Una muerte inexplicada es incómoda para todo el mundo y el resquemor que sienten las personas por haber sido agente activo, voluntaria o involuntariamente, en tal definitivo desenlace sume al vecindario de Castelleverd en una angustia que solo se puede liberar si se abren las puertas para que salgan secretos y suspicacias.

Cinco mujeres y sus personas allegadas, son esas peonzas que en su giro van a ir salpicándose mutuamente de esos secretos y esas suspicacias ya que todas han tenido relación con Teresa Lanza y todas tienen algo que les reconcome.

Bajo la alfombra del glamour de unas vidas acomodadas se barren traumas y desgracias del mismo modo que con el maquillaje disimulan y ocultan ojeras y arrugas y muestran felicidad impostada.

Toni Hill, uno de los referentes de la novela negra y suspense actual, se toma su tiempo para ir descubriendo sus cartas, para ir dejando entrever hacia dónde va a evolucionar la trama y como finalizará ya que despliega muchas posibilidades, y elige, como mago de chistera, la menos esperada y la que mejor permite entender que incluso en los jardines más cuidados puede aparecer un brote de hiedra venenosa capaz de dañar a quien la toca.

En El oscuro adiós de Teresa Lanza hay ese componente de denuncia social, que toda novela negra ha de aportar para recibir esa categorización, al explicar lo cómodos que resultan los inmigrantes para según qué tareas y lo incómodos que se vuelven cuando intentan integrarse o mejorar sus expectativas. Aspirar a más no es algo que la religión de los ricos permita a sus pobres.

Quienes disfrutaran con las evoluciones de, por ejemplo, Big Little Lies (a punto de estrenar nueva temporada) les resultará aún más interesante este intrigante novela. No por ser, para nada, iguales pero si por su similitud. Verán que no es necesario un entorno de alto standing para fraguar masas de repostería y que en todos los hornos se cuecen sus propios bizcochos.

El autor aporta ese toque personal, someramente tangible, por lo sobrenatural, que habla de espíritus que no de fantasmas y que integra con maestría figurando que es la encarnación de la pregunta que flota en el ambiente y que impregna a todo lo que y a quien se acerca. Incluidas las personas lectoras.

Poco más se puede decir, solo recomendar su lectura y que saboreen su desasosiego.

martes, 23 de febrero de 2021

La tumba del cosmonauta de Daniel Entrialgo

El uso de la palabra carrera, para calificar la carrera espacial, no tuvo nada de eufemismo, fue realmente una carrera, de hecho fue correr una maratón tras otra intentando, en cada una, rebajar el tiempo de la anterior, que enfrentó a las dos grandes potencias del momento: la URSS y los EEUU.

La rivalidad alcanzó incluso al nombre genérico de los tripulantes que era cosmonautas para los soviéticos y astronautas para los norteamericanos (hoy en día taikonautas empieza a oírse con fuerza acorde con el avance chino).

Cada uno corría su carrera pero ambos competían en una partida donde solo podía haber un vencedor; estaba en juego su credibilidad, su capacidad tecnológica y su poderío. Un cohete no deja de ser un arma, todo depende del uso que se le dé.

Y es que en plena guerra fría el enemigo de puertas a fuera era la superpotencia opuesta, pero el verdadero enemigo estaba dentro de la cocina de cada uno. Las purgas de supuestos disidentes en casa de los soviets y los asesinatos al más puro estilo western o mafioso de celebridades políticas en casa de los estadounidenses.

Si bien la URSS sumó un triplete en la conquista del espacio: primero con la sonda Sputnik en 1957, segundo con Yuri Gagarin como primer humano en viajar al espacio y completar una órbita terrestre en 1961, y tercero con el viaje de Valentina Tereshkova, primera mujer y civil, en 1963, pronto se acabaron las ideas y EEUU contratacó apuntándose la victoria definitiva al pisar la Luna en 1969, gracias a los ingenios de Von Braun.

Pero entre el primero de los lanzamientos y el definitivo pasaron, pasaban, cosas en ambos países y de eso trata esta interesante y bien documentada novela, un thriller político y científico.

Y de todo eso y más, va La Tumba del Cosmonauta. El autor presenta una dramatización de unos hechos que si bien son someramente conocidos mediante los datos nunca reflejaron las particularidades humanas de quienes los hicieron posible. Fechas y nombres que aún hoy se recuerdan, pero cuyas interioridades se desconocen, se muestran desde otra visión para acercar la figura del héroe a la escala humana.

Y ahora Daniel Entrialgo las saca a relucir estructuradas en una suerte de thriller de suspense que pretenden interesar al lector con unos acontecimientos cuyo final es conocido y por eso, el autor debe introducir elementos de ficción que, sabiamente intercalados con hechos reales, consiguen estimular la curiosidad hasta la última página.

La tumba del cosmonauta es una lección de historia contada a través del hilo conductor de los recuerdos de un piloto que aspiró a tocar las estrellas y de las investigaciones de un joven periodista de raices españolas hijo de exiliados.

Una historia ficcionada por necesidades del guion, pero hábilmente conducida para ofrecer una visión más glasnost que la ofrecida en su momento por los medios, cuya realidad era convenientemente maquillada cuando no mutilada directamente. La censura en la publicación de imágenes, interesadamente retocadas, fue una constante durante años de férreo control.

A partir de Gagarin, en la Unión Soviética la palabra cosmonauta pasó a tener una consideración incluso superior a las altas jerarquías militares o políticas y de la realeza si hubiere habido. El orgullo patrio llegaba a las estrellas mientras en la tierra no se alcanzaba a final de mes.

La historia que aquí se cuenta tuvo el efecto de hacernos mirar al cielo con intereses distintos a los de los poetas y despertó el ansia de ser cosmonautas, astronautas, a más de una generación.


domingo, 21 de febrero de 2021

La Sombra de Yolanda Almeida

La Sombra es una breve obra de teatro de intriga en un solo acto, protagonizada por dos personajes en las pocas horas que van de la madrugada hasta el amanecer.

Miguel, con la chaqueta manchada de sangre, explica a Ariana que cree haber cometido un crimen. No sabe discernir si homicidio o asesinato, ya que tiene una recuerdo desordenado de su estado de ánimo y sus intenciones en el momento del ataque.

Tampoco recuerda en qué estado quedó el cuerpo ni si quedó fulminado o aún quedaba soplo de vida y posibilidad de ayuda.

La confesión de Miguel abre la puerta que libera un torrente de emociones a medida que cuenta cómo se han desarrollado los hechos y se atisban las razones subyacentes que han inducido a ellos.

Un dialogo entre un hombre desesperado, Miguel, con sentimientos fuera de lugar y que le incomodan y su terapeuta, Ariana, desconcertada por el delito y más interesada en una resolución políticamente correcta que en ayudar a su paciente.

La obra trata el difícil encaje social de quienes teniendo aptitudes, estudios e incluso másteres, y actitudes, predisposición y ganas de ganarse su sitio, no consiguen encajar en la vida y ven cómo sus miedos, sus dudas y sus inseguridades toman el control y se personifican mostrando las distintas caras del prisma que conforma la personalidad.

Pero ir o no de triunfador no es una opción elegible; lo es para quienes son hijos de y con ello tienen el camino allanado; para el resto, la gran mayoría, la precariedad laboral es una pistola que apunta cualquier atisbo de sueño.

No poder tomar las riendas del propio destino, no poder amar y no poder sentirse amado, sentirse injustamente tratado social y profesionalmente, sume al individuo en una incertidumbre vivencial que absorbe toda energía y le convierte en un pelele. De los dioses o de las circunstancias, pero con idénticas consecuencias.

Y Miguel se encuentra bajo ese influjo, de ahí que haya reaccionado como lo haya hecho. Su acción ha sido un grito mudo, en busca de ayuda, largo tiempo atenazado en la garganta.

Yolanda Almeida vuelve con una obra breve, como ya hiciera hace poco con la magnífica novela negra y corta La Cuarentona, aunque esta vez sea un libreto teatral, a mostrar ese aspecto más frágil de la condición humana que es su lado oscuro y desconocido que despierta sin aviso y de forma inoportuna.

En las partidas con la historia, ésta siempre juega con cartas marcadas y cada nueva generación siente que pierde de forma injusta. Y es cierto. Pero la constatación no es ningún consuelo aunque sí debería ser acicate para romper la baraja o cambiar de juego.

La juventud es el motor de los cambios sociales y la resignación solo conduce a la frustración. Yolanda explica esa confusión que suscita ese ¿Y por qué a mí?

¿Qué tal si leen La Sombra, mientras aguardan para verla representada en el teatro?

 

miércoles, 17 de febrero de 2021

Rescate gris de Cristian Perfumo

Cuando Raúl Ibáñez se despierta por la mañana se encuentra rodeado de un áspero polvo gris que tiñe la luz para que los colores se vean en blanco y negro. Dentro y fuera de su casa es igual. Aún no sabe que las corrientes de aire están trayendo las cenizas de un lejano volcán en erupción. Y tampoco sabe que su mujer, Graciela, ha sido secuestrada en la madrugada. Pero de ambas noticias toma pronto conocimiento y si la segunda va a trastornar una vida anodina y rutinaria la primera no va a facilitarle las cosas. Y todo por ser honesto, o quizás ingenuo, o seguramente tonto.

Bajo una lluvia de ceniza, una visibilidad limitada a pocos metros y un plazo excesivamente breve y exigente de los secuestradores, Raúl se mueve por el pueblo en el intento desesperado de cumplir las peticiones para salvar a su mujer.

El estado caótico en que el pueblo, Puerto Deseado, está sumido perjudica y paradójicamente también beneficia las distintas acciones que debe emprender Raúl.

La novela se desarrolla en dos tiempos, en agosto de 1991, momento en que el volcán Hudson y el secuestro se convierten en los protagonistas y en diciembre de 2018 cuando se rememoran los hechos y se entierran los recuerdos.

Cristian Perfumo tiene, con esta, escritas varias novelas ambientadas en Patagonia, que conoce muy bien, y, en su especialidad de thriller noir con componente psicológico, se desenvuelve con mucha comodidad.

Se evidencia en la facilidad para retratar los personajes, con pocas pero precisas pinceladas; en el ritmo narrativo, procurando centrarse en evitar cualquier aspecto que pudiera interferir; en la dosificación de la intriga, explicando lo que conviene saber a cada momento; y en la gestión del suspense, que supone que el lector vaya un paso por delante sabiendo lo que pasará segundos antes de que lo sepa el mismo protagonista.

Rescate gris es el relato de una desesperación; la que siente una mujer secuestrada y un marido que se siente culpable, las decisiones siempre tienen consecuencias, de la situación.

El narcotráfico y la corrupción arropan la trama como la ceniza cubre árboles, flores, calles, coches y gentes y el autor alude, con este símil, lo difícil que es limpiar todo resquicio de ambos, aunque tampoco ahonde en su crítica, se asume como pasan los días en un calendario.

Rescate gris es un thriller noir de lectura fácil y escasa compejidad, que se lee muy rápido por el interés que suscita la trama y a la que ayuda su lenguaje sencillo impreso en letra grande, sus dobles interlineados y sus cortos capítulos. Van a acabarla deseando que hubiera durado más, que hubieran sucedido más cosas, que hubiera habido giros capaces de provocar salidas de las roderas con evolución incierta.

viernes, 12 de febrero de 2021

Seis-Cuatro, 64, de Hideo Yokoyama

Al avezado lector occidental, la lectura de Seis-Cuatro, 64, le desenterrará recuerdos de una literatura existencialista con preocupaciones que hoy no ocupan pensamientos.

Imposible no evocar a Sartre, Camus y especialmente a Kafka. Hideo Yokoyama presenta una organización policial extremadamente jerarquizada, burocratizada y laberíntica que actúa como un ser vivo autónomo, en una escala supraindividual, y carga contra ella.

Denuncia como el individuo se ve superado como sujeto y la experiencia de su existencia viene determinada por su control emocional, su asunción de responsabilidad colectiva y su supeditación subordinada.

Es el eterno conflicto que enfrenta la individualidad al sentimiento de rebaño, un hecho cultural en Japón autoimpuesto por el estado como regla de relación social y empresarial y que cuesta de entender en occidente.

Y aunque Beckett sea la antítesis al realismo de Yokoyama, ambos tienen en común el tratar en primer plano los componentes esenciales de la condición humana. Y en la espera a Godot del primero se ve el reflejo, en 64, en la prevista visita del Comisionado General, el más alto cargo de la Agencia Nacional de Policía, como desencadenante de unas reflexiones que van más allá de impedir cuestionar el orden establecido.

Hideo Yokoyama proyecta esas abrumadoras disquisiciones en sus personajes y las vivimos sobretodo en la persona del comisario Yoshinobu Mikami, el otrora talentoso inspector de Investigaciones Criminales y hoy, defenestrado, Jefe de Prensa del departamento de Relaciones con los Medios. De la calle y la realidad a asuntos administrativos. De policía de verdad a burócrata de oficina.

Su función, tratar a diario con el Club de la Prensa, formado por periodistas de 13 medios, informando sobre sucesos y hechos delictivos para que la información no llegue distorsionada, por exceso de imaginación o creatividad, a la población.

Un cargo donde la tensión es el pan de cada día. Los medios de información exigen total transparencia en los hechos y en datos de filiación de las personas implicadas. Algo que el supra individuo que es la Jefatura Policial se reserva en determinadas circunstancias.

Lo que supone un tira y afloja constante y leit motiv de la novela: las luchas de poder entre un poder factico y un órgano del aparato formal del Estado.

Ya que el caso policial no resuelto, un secuestro que acabó con la víctima, Shoko, una niña de primero de primaria, muerta y el secuestrador y el dinero en paradero desconocido desde hace 14 años y que, con la visita del Comisionado General, se pretende activar; y la desaparición ahora, presuntamente voluntaria, de Ayumi la única hija del comisario Mikami, se concatenarán con un nuevo caso criminal, para formar una trinidad McGuffin sobre la que orbita esa crítica en favor de la libertad de prensa y como responde la ética individual y corporativa al envite.

La lectura de Seis-Cuatro, 64, más de 650 páginas, avanza con los circunloquios propios de la cortesía nipona lo que supone estar releyendo el mismo concepto durante varias páginas expresado de distinta manera pero con idéntica intención y significado y solo hasta el final no se despierta el caso criminal. Terminar la novela exige voluntad, tiempo y esfuerzo y no hay garantías de que al finalizar haya merecido la pena.

Si nos centráramos en su aspecto de investigación criminal, con menos de la mitad de páginas se obtendría un resultado acorde y francamente interesante, ya que en ese aspecto, como otras novelas de género negro japonesas, resulta sorprendentemente brillante en su planteamiento y resolución.

Pero el autor lo utiliza solo para bucear en la denuncia social de un asunto, que responde a un funcionamiento tan particular de la sociedad nipona, que para el lector occidental puede resultar tan curioso pero tan poco atractivo como comer carpa fermentada (Funazushi), larvas (Zaza Mushi) o peces vivos (Shirouo no Odorigui), si fuese el caso, habiendo ingredientes de la cocina japonesa más adecuados al paladar occidental.

Otorgarle el rango de novela negra a Seis-Cuatro, 64, de Hideo Yokoyama, supone que también se le conceda a El Proceso de Franz Kafka. Lo cual no desmerece la obra pero la archiva en el cajón correspondiente.

Si no conocen la novela negra o policial japonesa y quieren acercarse a ella hay opciones más asequibles y agradecidas. Empezar por esta podría suponer armarse de unos prejuicios totalmente injustificados, aunque comprensibles, que les impediría conocer verdaderas joyas.

En este blog se ha dedicado espacio a la novela negra y policiaca japonesa y aquí se encuentran enlaces a reseñas de novelas muy interesantes 

domingo, 7 de febrero de 2021

Bajo la piel de Susana Rodríguez Lezaun

Los asesinatos son los delitos por excelencia en toda novela negra, pero en muchas el modo y método, y criminal y víctima e investigación copan las páginas y a quien se encarga de las pesquisas se suele dedicarle justa atención.

Pero hay unas pocas, como es Bajo la piel, en las que es precisamente quien investiga quien copa el grueso de las páginas. Una novela negra dibujada en la piel de una mujer policía.

Y es que Marcela Pieldelobo, inspectora del Cuerpo Nacional de Policía de Pamplona, es un personaje difícil de contentar con pocas páginas y difícil de contener dentro de las mismas.

Trasciende, desborda y absorbe el protagonismo del caso hasta convertirlo en un satélite que gira alrededor de su persona, de sus actos, desmesurados y autodestructivos a veces, ilusionantes y comedidos en otras.

No es una persona trastornada; es una persona dolida. No actúa con amargura pero si con reticencia. Es vengativa y rencorosa, aunque siendo policía intenta contener sus emociones, muy humanas por lo demás, aunque no consiga hacer lo mismo con su lengua. Tozuda y obcecada no se corta en decir lo que piensa lo que, sumado a su salto de las normas, le supone asumir consecuencias administrativas. Entiende las órdenes como sugerencias y actúa desde la premisa de que el resultado justifica los medios, obsesiva del control como es.

A lo largo de una investigación que se inicia con lo que parece ser un accidente de tráfico con una persona desaparecida y el encuentro de un bebé abandonado, vamos a ir viendo cómo se desenvuelve Marcela en todas las facetas de su vida. La veremos irritada, contestona, dulce, cariñosa, sensible, dura e inflexible. Porque en la vida hay momentos para todo.

La novela es una suerte de biografía de una inspectora, que casi deja de lado la temática criminal, que sirve como carta de presentación de esa mujer que busca su lugar en la vida, después de dolorosas decepciones que tatúan su piel con dibujos en su superficie que no dejan de ser profundas cicatrices bajo la misma. Acaba de perder a su madre, le pesa una infancia truncada por un padre maltratador y un divorcio que rompió en pedazos LA felicidad a la que tenía tanto derecho y parece que la vida se empeña en arrebatarle.

El motor que la hace vivir es su profesión, ser policía fue una elección consecuente y no es lo siente como un trabajo sino como una misión autoimpuesta que persigue ayudar a quien aún sea posible y vengar a quien ya no tiene voz. Su determinación es innegociable.

Y es esa perseverancia la que la lleva a resolver el presente caso criminal, sordido y despiadado, que va cogiendo cuerpo a medida que sus suposiciones, con ayuda de complejas investigaciones y de poner su vida en peligro, van viéndose corroboradas. Y es que para desafiar al poder económico amparado bajo el paraguas del Opus Dei hay que ser o muy valiente o muy inconsciente. O ambos.

Susana Rodríguez Lezaun ha arropado a su protagonista, que pedía a gritos ser creada, con unos secundarios, de ambos bandos, con mucha presencia que cubren diversos registros y que no dejan que los focos solo sigan a Marcela, sino que reclaman el derecho a tener voz propia. Y entre ellos hay que destacar a Antón, con poca presencia pero contrapunto preciso para que una de las facetas de la inspectora Pieldelobo sea la de piel de cordero.

En Bajo la piel describe alternativamente a una mujer, a una persona y a una inspectora de policía y deja que sea ella quien actúe en todo momento como corresponda. Y lo hace escribiendo como sabe, tan lisa y llanamente que consigue que la lectura no solo no se encalle en ningún momento sino que fluya con tanta facilidad que se hace corta.

Es de esas lecturas que al acabar no dicen adiós sino hasta luego. Hasta pronto Marcela.

miércoles, 3 de febrero de 2021

La hora de las gaviotas de Ibon Martín

En Hondarribia, como en otras poblaciones costeras, hay gaviotas. Pero ahí, y a pesar que todas tienen dos patas, unas vuelan y otras no, y aunque a estas últimas se les suponga personas, no dejan de ser depredadoras tan omnívoras y peligrosas como las gaviotas.

En Hondarribia, cada 8 de septiembre se celebra el Alarde, simulado desfile militar que evoca un hecho que ensalza el espíritu y los orígenes. Alardear es hacer ostentación de algo. Generalmente de hombría. Y es que las celebraciones populares que vienen de tiempos pretéritos exigen, en nombre de la tradición, perpetuar los actos y festejos a imagen y semejanza de cómo se iniciaron. Y si hoy en día a la mujer aun le cuesta pintar algo es obvio que por aquel entonces nada de nada.

De ahí que la mayoría de anacrónicos eventos, que la historia se empecina en mantener, no tengan presencia femenina, salvo si es servil. En Hondarribia, en los últimos años, se ha abierto un resquicio a la testarudez y permiten un desfile de mujeres, separadas de los hombres y como teloneras.

Que la mujer quiera hacer cosas de hombres, desfilar o ser patrona de pesca por ejemplo, suscita el rechazo de las gentes de la localidad. Y no solo por contaminados adultos sino también jóvenes en los que ya ha germinado un machismo extremo e incluso muchas mujeres jóvenes y no tanto.

Las vecinas y vecinos oscurecen el recorrido con plásticos negros para no ver y ensordecen con pitidos para no oír. Lo que no se ve ni se oye, no existe. Brutal desprecio con el que obsequian a sus amigas, compañeras de clase, de trabajo, vecinas, por querer un derecho que no se les reconoce.

Por eso cuando se produce un asesinato en pleno desfile no sorprende a nadie: algún día tenía que pasar.

Ane Cestero y su equipo se hace cargo de la investigación. Los conocimos en otro caso policial, en la localidad de Urdaibai, bajo el título de La danza de los tulipanes y ya vimos su fuerza de carácter y su inquebrantable solidaridad para con víctimas, sean de violencia física o de violencia social, y en esta ocasión van a encontrarse con extremos inimaginables.

En un pueblo, el culpable siempre está a la vista. Pero no basta con mirar, hay que saber ver. El machismo, deleznable lacra de profundo arraigo, no siempre tiene toda la culpa ni la culpa de todo.

En su deambular por el pueblo, entrevistando y recogiendo migajas de información, se van a encontrar con ese coctel explosivo que supone mezclar odios, envidias, intolerancias y venganzas, que van a sustraer su atención, y la de las personas lectoras, y van a confundir sus premisas con aspectos que abren interesantes, y apasionantes, subtramas y que el autor se encarga de cerrar convenientemente y a satisfacción en el momento preciso.

Ibon Martín escribe con determinación, presenta un argumento tejido con muchos hilos y lo relata con prosa viva y ágil. La hora de las gaviotas es un thriller noir de potente denuncia en el que la emoción y el suspense están garantizados hasta el mismo final.

Y mejora, si cabe, su anterior entrega con Ane Cestero a quien en esta ocasión le hará vivir un episodio desgarrador y la enfrentará a una tremenda tesitura en la que nadie puede salir indemne, sea cual sea la decisión que se tome.

La hora de las gaviotas desgarra, como pico ganchudo del ave del título, las tripas de una sociedad que esconde horrendos crímenes entre idílicos paisajes.

Aúna lo mejor del thriller noir, de la novela negra y de la policiaca para poner la piel de gallina con un relato estremecedor desde el inicio y que no decae en ningún momento. Lectura obligada. Recorrerán ese rincón de la fría costa cántabra y experimentaran las emociones, que son muchas y variadas, que les va a ofrecer.

Y si oyen risas de gaviota, no se confundan no es amabilidad, es burla.


miércoles, 27 de enero de 2021

Cielos de plomo de Carlos Bassas del Rey

Las ciudades que hoy conocemos, principalmente las grandes capitales, no siempre han sido así. Como las personas, nacen, se desarrollan física y mentalmente y engrandecen sus horizontes; pero a diferencia de los seres humanos, no mueren, solo se transforman.

Las ciudades son testigos de la historia. Sus edificios con sus comercios y sus calles, otrora caminos llenos de escombros e inmundicia y verdaderos y asquerosos barrizales en días de lluvia, cuando el agua arrastra consigo vertidos humanos desechados sin miramiento, son testigos de la historia de quienes las habitan que son quienes la escriben. Las ciudades tienen arte y parte, y culpa, de lo que en ellas vive y muere.

Los cielos de plomo, lo son por el color gris de lo que escupen las grandes chimeneas, son una muestra de lo que se respira y de lo que supone vivir y morir bajo ese manto de partículas que casi no deja pasar el sol.

En 1843 Barcelona es una ciudad con vida intramuros y extramuros. Son tan distintas que se diría que no son hermanas y sin embargo así es. Ritmos distintos, colores distintos, olores distintos y distinta longevidad. En extramuros se puede morir de enfermedad, de hambre o de vejez. En intramuros también pero además se puede morir, en cualquier momento y lugar, de un navajazo en las tripas, recostado contra un muro o sobre adoquines de color del cielo: gris plomo por el material y oscurecidos adicionalmente por la suciedad.

En 1843, Barcelona, intramuros, es una ciudad muy peligrosa si no se sabe dónde se pisa ni con quien se habla. A Víctor no le ha servido nada ser experto en ambas condiciones y por eso sus intestinos sobresalen, ya fríos, y sus ojos ya no ven aunque estén aún abiertos.

Víctor pertenecía a la Tinya, esa organización donde se agrupan quienes nada han tenido y nada pueden perder, si acaso la vida, y pugnan por sobrevivir robando y comerciando con información. Jóvenes harapientos con un código de honor militar a pesar de que la Tinya no quiera ser un ejército sino una familia, que tiene ecos entre los Irreductibles de Baker Street, y la cuadrilla de Oliver Twist. Hijos de la época.

Miquel Expósito amigo de Víctor a quien este apadrinara en su entrada a la organización se siente más que obligado, si no lo hace él nadie lo hará, a investigar la muerte de su amigo y vengarlo. Conoce las calles y cree saber cómo y qué hacer para esclarecer lo sucedido, pero es más lo que no sabe y entre lo que desconoce está el que la muerte de Víctor no es un hecho aislado como pudiera creerse en un principio.

Hay todo un entramado de corrupciones que deja las corruptelas de la Tinya en un juego de párvulos.

Carlos Bassas del Rey tiene un don natural para contar historias humanas y urbanas que embelesen a quienes se presten a leerlas. En ésta, como en las otras, el relato es fácil de leer, engancha desde el inicio y no te deja soltarla hasta el final. Verdades que engendran ficciones perfectamente engarzadas con ritmo y hechuras de intrigante thriller histórico; un nuevo registro bien resuelto para quien tan bien se desenvuelve en novela negra, como en esta maravilla que tituló Justo.