Hay juegos más divertidos que otros, incluso los hay que pueden tener consecuencias más allá de lo que se entiende como juego y es que el concepto presenta tal ambigüedad, que puede convertirse en un mecanismo para encubrir una finalidad malévola.
La novela El Juego del Silencio es un
thriller psicológico en el que, a diferencia de muchos otros del género que se
ven venir, nada de lo que anticipe el lector va a cumplirse.
Demuestra que tramas complejas pueden tener
soluciones simples y que, como la Navaja de Ockham, a veces la respuesta más
obvia tiende a ser la correcta, aunque el autor lo presente en una estructura
de doble tirabuzón
Gil Pratsobrerroca recurre
a flash-back para ir explicando aspectos del presente, y así va trenzando una
historia enmarañada que muestra la realidad como un juego, el del silencio, al
que todos juegan.
Silencios que esconden secretos y que a medida
que se desvelan muestran una situación que para nada se podría sospechar que estaba
ahí, esperando a ser descubierta.
Hace poco que se han instalado huyendo de una
Barcelona que agobia, despersonaliza y tensiona por igual. Aunque huyen también
de sus decisiones que se han convertido en sombra y temor, pensando que yendo a
otro lugar se quedarán atrás.
No saben que los humanos somos la suma de lo
que hemos hecho y que todo está dentro a punto de salir a la mínima que una
espita abra la compuerta.
La vida en el campo se antoja un remanso de paz
hasta que empiezan a sucederse acontecimientos extraños sin explicación
aparente, como si hubiere algo sobrenatural en el entorno.
El Juego del Silencio es un
juego al que no deben jugar aunque les inviten o les insistan, salvo que se esté
preparado para matar o para morir.
No olviden este thriller, lo tienen en castellano y en catalán, en su lista de lecturas
previstas para este verano, especialmente si van a un pueblo de montaña y comprobarán como la maldad acecha en cualquier parte, incluso entre flores o gallinas.











