miércoles, 3 de junio de 2026

Colmillos de metal de Fernando Figueroa Saavedra

La novela negra, como instrumento de reflejo y crítica social, suele circunscribir su denuncia a lo acaecido a la víctima. Una visión reducida de su potencial que solo amplía el consabido víctima + culpable + investigación de la novela policiaca clásica.

Colmillos de metal va más allá de esa ecuación de primer grado. Estamos ante un híbrido resultante de trenzar una crítica social de barrio, asesinatos y elementos sobrenaturales y, lo mejor, lo hace con tal naturalidad y aplomo que silencia cualquier posible cuestión sobre su lógica argumental.

La crítica social de barrio se muestra en la vida diaria de los distintos protagonistas, una vida de esfuerzo, mucho trabajo y poca recompensa en un barrio donde conviven personas honradas y camellos aprovechados de la desesperación para vender un poco de ilusión efímera y ficticia.

El autor nos radiografía esas vidas a las que accedemos con facilidad por hacerlas próximas, con sus comportamientos y su lenguaje corporal y su habla repleta de localismos, no solo del lugar, sino también propios de la edad y especialmente de la época en la que transcurre la novela.

Los ’80 muestran un Madrid desequilibrado socialmente, unos barrios donde la movida se mide en decibelios y lux de color y luce diseños rompedores y estimulantes; y otros barrios donde de la movida no llega ni el eco y los vatios de las bombillas alumbran miseria y penuria.

Los ’80 en Madrid, trajeron una epidemia de heroína que se cebó especialmente en los barrios de clase obrera, provocando miles de muertes y expandiendo un VIH, por aquel entonces un virus recién identificado, con consecuencias a largo plazo. La muerte de un yonqui es algo que lamentablemente se normaliza en la época y nada de tiempo policial se destina a esclarecerla.

Es la gran plaga; es el castigo divino para desviados y gentuza y sus muertes necesarias para limpiar el mundo de indeseables.

La novela transforma esas muertes en asesinatos lo que permite una investigación que encabeza El Trallla, un empleado de un establecimiento de productos Metal, batería en los ratos libres y seguidor y creyente de fuerzas sobrenaturales y seres de luz y de oscuridad.

La investigación es un deambular por zonas desahuciadas y entre gentes de poco perder por un barrio en épocas marginado y en otras marginal, que a medida que retrata la realidad social de la época y la zona, va acercándonos a un desenlace de serie B que es lo que ha pedido la novela a gritos desde que nos ha mostrado sus cartas sobrenaturales y ya no hay vuelta atrás.

Fernando Figueroa Saavedra, de quien este blog ha reseñado sus novelas de la serie divertida, alocada, erótica y criminal protagonizada por Harry Maesnow y Molly Grapes, se adentra en esta ocasión en una época más próxima, y en un lugar que conoce sobradamente, para ofrecer un entretenimiento no exento de impotencia por aquellos que cayeron.

La portada elegida para esta edición "es un guiño conceptual a las publicaciones de parapsicología de los ochenta" y es la puerta de entrada a una obra que apuesta por el mestizaje de géneros como acicate para explorar otras posibilidades literarias. Y también a una obra que en sus tripas dice más de lo que se lee. Lean y vean.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Ojo por ojo de Jeffrey Archer

No se puede hablar de Jeffrey Archer sin repetirse y es que se trata de uno de los mejores escritores de thriller ligero que se puede leer desde hace ya bastante tiempo. Su imparable imaginación y su ágil narrativa hacen de cada nueva obra una garantía de éxito.

Ojo por ojo, la séptima entrega de la serie de misterio policial protagonizada por William Warwick, es una sucesión de giros sorpresivos que, para deleite del lector, parece no tener fin. Clara continuación de las anteriores, aunque todas mantengan su individualidad para poder ser leídas de forma independiente.

El título no sólo hace referencia a la cita bíblica, venganza en forma de justicia, sino también que hace alusión a la atracción London Eye. Ya lo leerán.

Mientras a Simon Hartley se le encarga una misión diplomática y comercial en Oriente Medio de enorme trascendencia política y económica, en Londres un genio del mal (sobradamente conocido por los lectores fieles a la serie) está maquinando, desde la cárcel, una particular venganza contra su Némesis, el superintendente jefe William Warwick, que prevé alcance también a su mujer Beth, directora del Museo de Arte Fitzmolean.

A su vez el inspector Ross Hogan, que acaba de regresar de unas vacaciones familiares, recibe el encargo de solucionar un conflicto que tiene a un compatriota en prisión, de país extranjero, acusado de asesinato.

Los distintos casos van a ir entrelazándose hasta conformar uno único cuya solución se antoja casi imposible y aquí sale de nuevo el genio de la lámpara que guarda el autor para que con un gesto deje maravillada a la audiencia.

Así personal del gobierno de su majestad, personas de la nobleza, incluida la realeza, investigadores policiales, figuras relevantes de Oriente Medio, y personajes representantes de diversos tipos de delitos y crímenes, entran y salen como en un vodevil trágico y criminal, que es la especialidad de Jeffrey Archer, para converger en un final que siempre satisface, pero deja con ganas de más.

Y por si fuera poco hay falsificaciones de obras de arte y de documentos comprometedores, hay maletines repletos de dinero e incluso un reloj tiene su protagonismo.

Y hablando de reloj, habrá que esperar a la próxima entrega para seguir deleitándose con estos argumentos de precisión relojera.

Si no conocen la serie, mejor empiecen por la primera y así tendrán la oportunidad de admirar su capacidad para construir argumentos, y si ya la conocen disponen de una nueva oportunidad de viajar en esa montaña rusa que son las obras de Archer protagonizadas por Warwick.

Prepárense para un largo rato de entretenimiento sin cortapisas.

Utilicen el buscador de este blog para reseñas anteriores del mismo autor y de la misma serie.

miércoles, 20 de mayo de 2026

Tierra roja de Pepe Müller

Una copa de vino contiene más que zumo de uva elaborado, es un microuniverso donde cabe de todo, bueno y malo. El vino es motivo de placer, pero también de envidias, rencores y venganzas.

Cristina Castillo es periodista y directora del diario La Rioja, pero también es hija de Fernando Castillo, sumiller y después miembro catador del equipo comandado por el crítico de vinos Robert Parker, mundialmente conocido por su guía que asume el riesgo de cualificar bimestralmente la calidad de vinos de todo el mundo.

El día a día de la vida de Cristina transcurre en distancias cortas hasta que recibe una citación notarial para una reunión en Burdeos, la capital del vino en Francia y, para muchos, la capital mundial de este néctar que los dioses han concedido a los humanos que, como religión, tiene devotos, acólitos y seguidores.

Cristina va a descubrir que entre bucólicos campos de vides se dan cita el amor y la muerte. Y que ni ella está exenta de poder llegar a ser víctima y sospechosa.

Tierra roja es un thriller que tiene a las grandes bodegas y sus grandes vinos como invitados de lujo a una mesa en la que se encuentra un asesino sin escrúpulos.

De Logroño a Burdeos. De Grans Crus bordeleses a Reservas riojanos. De asesinatos a descorches. De bistrós a bares de pinchos. La novela es una ida y vuelta que aúna misterio y emoción.

Pepe Müller, ese ingeniero químico místico del vino, ofrece en esta segunda novela, todo un recital del arte vinícola, desde la viticultura y la vinicultura hasta la cata y degustación, pasando por lecciones de terroir, que incitan a beber a la vez que ilustran.

Y por si fuera poco lo entremezcla, en perfecto maridaje, con un asunto criminal que mantiene en vilo a lo largo de toda la lectura. Donde abundan los sospechosos pero también las coartadas que los exculpan.

Si en su novela anterior, El vino del alquimista, priorizaba la aventura con componente esotérico, en esta prioriza la investigación de asesinato y demuestra que, si a la anterior le faltaba reposo, o botella, la actual está en su momento òptimo.

Retoma personajes principales de la trama anterior que aquí actúan como figurantes, en un guiño de continuidad de un hilo conductor que lo agradece.

El resultado es una novela que, como un buen vino, sabe mal que se acabe.

Y no olviden que El Mussol Maltès tiene un fascículo dedicado a la enología noir, donde pueden degustar otras novelas del género maridadas con buenos vinos.

Degústenlo en castellano, en Ivoox https://go.ivoox.com/rf/120776602 o en Spotify https://podcasters.spotify.com/pod/show/jordi-valero-sanchez/episodes/El-Mussol-Malts-14--In-vino-crimen-est-I-e2d078i

 I en català a Ivoox https://www.ivoox.com/mussol-maltes-14-8211-in-vino-crimen-audios-mp3_rf_120728924_1.html o a Spotify https://open.spotify.com/episode/3yxnpoEPXfjK8QR74MTMPD 


jueves, 14 de mayo de 2026

Aquí todos somos culpables de Karin Slaughter

Aquí todos somos culpables es un título estremecedor porque infiere que no solo al autor material del delito lo es, sino que quienes conviven directa o indirectamente con él, quienes investigan y quienes comparten actividades tienen su parte de culpa por no haber visto ninguna señal o por no haberla sabido interpretar correctamente.

Pocas veces, desafortunadamente, se encuentran argumentos de temática criminal con tantos compuestos como en esta novela. 

El caso criminal, la desaparición de dos adolescentes, Cheyenne y Madison, en la celebración del 4 de julio, que en otras obras caería en los tópicos habituales del género, muestra aquí otra dimensión y el hecho de poder seguir la investigación desde el primer minuto, con sus avances y sus retrocesos, sus aciertos y sus fallos, sus preguntas y tan pocas respuestas consigue que sintamos como nuestras las distintas emociones de todos los implicados.

Unas emociones cuya intensidad desborda el propio crimen, y es que algunas se remontan a tiempos anteriores, a errores de comportamiento, a palabras mal medidas, a acciones impetuosas e irresponsables, a delitos no delatados, a traiciones y a mentiras.

Y se muestran capa a capa ofreciendo nuevas sorpresas a cada avance, a un ritmo que nunca se detiene.

North Falls es el lugar; los Clifton la familia hegemónica, desordenada y cautivadora; Emmy Lou Clifton, la ayudante del sheriff, y también hija suya, la protagonista absoluta. Una comunidad donde casi todos se conocen, una familia que goza de respeto y popularidad y una protagonista tan contradictoriamente humana como para ser tan débil que está a punto de renunciar como tan fuerte como para no desfallecer ni aunque el cuerpo y el cerebro pidan a gritos un descanso.

Cheyenne y Madison desaparecen y la investigación se centra en pederastas fichados y en su entorno más cercano. Lentamente va a ir avanzando y la lista de sospechosos empieza a escribirse. Las estadísticas dan poca esperanza de encontrarlas con vida más allá de las primeras 24 horas, por lo que todo el mundo está volcado en su localización.

Mientras el argumento va desplegándose, la autora, con un dominio absoluto del tempo narrativo y una gran capacidad para identificar los comportamientos humanos, muestra los altibajos emocionales de la adolescencia, las complejas relaciones de parejas, los estragos familiares ante la aparición de enfermedades irreversibles y terminales y como los hechos del pasado siempre condicionan el presente.

Un mosaico de dibujo complejo donde cada pieza es en sí misma el inicio de uno nuevo.

Con cualquier otra autora cabría la duda de saber si después de esta primera entrega, que sitúa el arranque a un alto nivel, podría no solo mantenerlo sino aumentarlo, pero tratándose de Karin Slaughter no cabe la menor duda de que lo conseguirá.

Que suerte leer esta novela, porque significa conocer la serie North Falls desde su origen conociendo al elenco que presumiblemente se mantendrá constante a lo largo de esta gran saga que supone la calidoscópica familia Clifton.

No se la pierdan. Y si el desenlace les sorprenderá, el final los asombrará. Y lo mejor: la segunda entrega ya está publicada en versión original, por lo que confiamos no tener que esperar mucho para poderla gozar.

lunes, 11 de mayo de 2026

Strange Houses 2 de Uketsu y Kyo Ayano

No puede, no debe, leerse esta segunda entrega de Casas Extrañas sin antes haber leído la primera. Pincha aquí para leer la reseña sin spoiler

Y es que no es una segunda parte independiente sino una única obra que por razones de funcionalidad se ha dividido en dos volúmenes.

En la entrega anterior partimos de dos casas identificadas. Dos supuestos escenarios criminales. Dos interacciones. Y ahora llega la tercera casa. Se puede observar desde fuera, se puede penetrar en su interior, se puede ver lo que muestra, pero para entender su significado hay que encontrar lo que esconde.

Uketsu, el autor real de la obra y el protagonista en la ficción, con la compañía de Yuzuki Katabuchi y la imprescindible colaboración de Kurihara, se adentra en el último acto de lo que puede suponer acceder a donde habita el mal.

Un relato que progresa como una investigación de misterio real, en la que personajes y lectores avanzan al mismo tiempo. Es por ese motivo por el que consigue crear una atmósfera tan siniestra, con crímenes que, ante su ausencia visual, y solo presentes como proyecciones en la imaginación del lector, resultan aún más perturbadores.

La prosa, basada en diálogos, es abrumadora en su contenido y simple en su forma con total ausencia de literatura, suplida satisfactoriamente con el dibujo en beneficio del lenguaje visual.

Así se perciben silencios largos, se pasea por espacios vacíos, se escuchan sonidos mínimos y se avanza en el desarrollo de trama con una sensación de incomodidad creciente

Los personajes son meros instrumentos de una trama urdida para el lucimiento de las casas que son las verdaderas protagonistas, albergando una niebla que desdibuja los contornos hasta que, nítidamente, aparece una tradición familiar ancestral, como una luz al final del túnel.

Las sorpresas se suceden al tiempo que las piezas van encajando para llegar a un final que da cumplida solución al misterio para quien crea en la bondad de las respuestas pero que inquietará a quien las convierta en preguntas.

El terror japonés da más importancia a la atmosfera inquietante y a la sensación de fatalidad que a la violencia explicita, algo que el dibujante Kyo Ayano domina a la perfección generando esa sensación que supone que lo sobrenatural invada silenciosamente la vida diaria en espacios cotidianos.

Tienen antes ustedes una obra mayúscula del manga que se disfruta mucho mejor en segunda lectura y que no deben perderse bajo ningún concepto.