domingo, 14 de junio de 2026

Un espía en Moscú de James Crossland

Robert Bruce Lockhart fue un personaje poliédrico. Escocés de nacimiento y ciudadano del mundo por libre elección, desarrolló intensas carreras como contable en una compañía de caucho, diplomático al servicio de Su Majestad, espía y conspirador por convicción y ambición, periodista y escritor.

Hay quien lo califica de seductor, pero más bien fue un desgraciado siempre en busca del amor de su vida y una vez hallado vivir su pérdida en un bucle sin fin.

Lockhart vivió una época apasionante desde el punto de vista histórico, de la que no salió bien parado.

Un espía en Moscú es un relato de un contexto histórico a partir de las vicisitudes de un hombre que tuvo la oportunidad de vivirlo; y es la biografía de alguien que coincidió en un contexto histórico que lo condicionó a una vida casi sin elección.

Siempre se ha dudado de gran parte del relato histórico

puesto que suele estar escrito por los vencedores tendiendo al exceso. Las versiones del bando perdedor tampoco suelen ser objetivas por escorarse al defecto. En esta ocasión el relato es desde la óptica, con acciones y omisiones, de quien los vivió en primera persona desde una posición prácticamente neutral.

James Crossland describe, con prosa asequible, unos momentos trascendentales como son el nacimiento de la revolución rusa y su impacto en la historia de la humanidad, el inicio y fin de la Gran Guerra (aún no se sabia que habría otra tan relevante y que habría que numerarlas), el inicio y fin de la 2ª Guerra Mundial y las revoluciones internas en países principalmente del este de Europa.

Por todo ello pasa Lockhart. Más o menos activo según su ocupación en cada momento, pero siempre atento e interesado a su evolución.

A Lockhart tal vez se le conozca más por ser el autor del libro, con gran componente autobiográfico, Memoirs of a British Agent, publicado en 1932.

Un libro que tuvo tal aceptación y éxito de crítica y ventas que tuvo adaptación cinematográfica aquí titulada El agente secreto, que dramatizó en exceso pasajes de la obra y distorsionó y omitió acontecimientos trascendentales en aras de conseguir mayor dramatismo y sentimentalismo.

Lockhart es todo un personaje real, no es un espía al uso de James Bond, a pesar que coincidiera con Ian Fleming, sino alguien lleno de contradicciones que, como todos, busca su lugar en la vida sin más ambición que la de poder realizarse como persona y amar para ser amado.

Un espía en Moscú es un libro apasionante tanto en su vertiente histórica como en la biográfica y ayuda a entender y clarificar hechos relevantes que siempre han permanecido entre la bruma de los tiempos.

martes, 9 de junio de 2026

La consteladora de Sònia Guillén

Una consteladora es la persona que dinamiza un encuentro entre varias personas que mediante un ejercicio de mimetización interpretan de forma instintiva, y sin guión ni guía, a distintos personajes relacionados con la vida de la persona que ha decidido constelar.

La persona que constela expone un conflicto emocional y busca identificar su origen con el fin de comprenderlo y normalizarlo para recuperar un equilibrio psicológico alterado.

Es un método paracientífico que mediante un psicodrama busca una catarsis sanadora, cuando no redentora.

Candela se encuentra un folleto publicitario que le incita a participar en una constelación familiar donde pueda encontrar respuesta a la desaparición de su hija Alba, de la que no sabe nada desde la pandemia de COVID, hace ya cinco años, cuando se marchó con su novio, eligiendolo antes que a ella.

Teme que el patrón familiar de matrimonios desgraciados se repita en la relación de Alba y su pareja Zacarías, y se culpabiliza de no haber sabido gestionar los sentimientos de su hija, comprendiéndola como amiga en lugar de intentar imponerse como madre.

Necesita recuperarla para pedirle perdón y renovar el vínculo roto por un exceso de orgullo i un bajón de autoestima.

La sesión va a revelar mucho más de lo esperado y con un contenido totalmente inesperado que va dibujando un escenario aterrador para desesperación de Candela.

Sònia Guillén juega con explicar la historia a partir de las diversas voces de los protagonistas y la constelación permite ir enlazando las distintas vivencias personales a la vez que favorece el avance de una trama trufada de giros sorpresivos, esos plot twist tan identificativos del thriller.

Y es que La consteladora es un thriller de suspense y misterio psicológico que incide en cómo afectan a nivel psicosomático decisiones tomadas sin meditar y cuyas consecuencias reconcomen por ser irreversibles, y más si por medio actúa un asesino.

La consteladora es una road movie emocional, que recorre distintos estados de la conciencia, mostrando la vulnerabilidad del ser humano que suele ser esclavo de sus sentimientos y emociones, dejando el aspecto racional en segundo plano. Algo que afecta a todos los participantes de la constelación familiar a la que asisten.

El aspecto criminal de la trama, latente en todo momento y asomando tenuemente cada vez que necesita acentuar la tensión, se muestra abiertamente al final para ofrecer un desenlace que para nada se puede suponer hasta que no se lee.

Está disponible en castellano y en català.

De Sònia Guillén ya se ha reseñado en este blog su anterior novela El principio de incertidumbre.


sábado, 6 de junio de 2026

Manual para construir un infierno de Fernando Repiso

El inspector de policía Iván de Pablos, a quien conocimos en Las agujas de la noche, es tan adicto a las drogas, al alcohol y al sexo sin protección, que siempre está al borde de la autodestrucción.

Vive en su propio infierno, que se ha construido a pulso, se ha encerrado en él y ha tirado la llave.

Es un yonqui que se engaña a si mismo y a los demás, principalmente a aquellos a quienes importa, diciéndose, diciéndoles, que esta vez sí. Que esta vez lo deja. Una y otra vez.

Y no miente en ningún caso, está convencido de ello cuando lo verbaliza en voz alta; solo que es débil, tan débil, como para que al milisegundo de haber expresado su firme, férrea e inamovible voluntad ya esté metiéndose una punta de mefe, o un tiro de coca, o un vodka o pensando en follar como si no hubiera un mañana.

Pero es bueno, sino el mejor, en su trabajo. Y con su pareja policial, esa Júlia que si no existiera habría que inventarla, resuelven casos criminales por muy enrevesados que sean.

Y el que trata esta novela lo es. Un caso que destapa accidentes que son asesinatos. Un caso tan retorcido como lo es su personaje principal; con ramificaciones, con desafíos, con muchas mentiras y todo contado a ritmo frenético inducido por sustancias estimulantes y con tal intensidad que falta aire entre párrafo y párrafo.

Un caso policiaco que afecta directamente a la vida profesional, personal y familiar del inspector y por ello resulta tan introspectivo como para que conozcamos su lado más humano y sus debilidades, no los vicios, que los sabemos, sino su emotividad y su forma de entender y demostrar cariño. No solo para darlo sino también para recibirlo.

Fernando Repiso ahonda, con esta segunda entrega, sobre la forma de entender la vida del colectivo gay; no siempre por elección y generalmente por imposición de leyes y prejuicios, lo que supone que su realidad se desarrolle de forma subterránea. Literalmente. Visceralmente. Analógicamente.

Manual para construir un infierno es una novela negra que supone una reivindicación a la igualdad de género, una denuncia a la marginación prejuiciosa y que ofrece una forma de entender el crimen y la depravación desde el interior de las personas y no solo desde la estructura de un argumento mecánico.

miércoles, 3 de junio de 2026

Colmillos de metal de Fernando Figueroa Saavedra

La novela negra, como instrumento de reflejo y crítica social, suele circunscribir su denuncia a lo acaecido a la víctima. Una visión reducida de su potencial que solo amplía el consabido víctima + culpable + investigación de la novela policiaca clásica.

Colmillos de metal va más allá de esa ecuación de primer grado. Estamos ante un híbrido resultante de trenzar una crítica social de barrio, asesinatos y elementos sobrenaturales y, lo mejor, lo hace con tal naturalidad y aplomo que silencia cualquier posible cuestión sobre su lógica argumental.

La crítica social de barrio se muestra en la vida diaria de los distintos protagonistas, una vida de esfuerzo, mucho trabajo y poca recompensa en un barrio donde conviven personas honradas y camellos aprovechados de la desesperación para vender un poco de ilusión efímera y ficticia.

El autor nos radiografía esas vidas a las que accedemos con facilidad por hacerlas próximas, con sus comportamientos y su lenguaje corporal y su habla repleta de localismos, no solo del lugar, sino también propios de la edad y especialmente de la época en la que transcurre la novela.

Los ’80 muestran un Madrid desequilibrado socialmente, unos barrios donde la movida se mide en decibelios y lux de color y luce diseños rompedores y estimulantes; y otros barrios donde de la movida no llega ni el eco y los vatios de las bombillas alumbran miseria y penuria.

Los ’80 en Madrid, trajeron una epidemia de heroína que se cebó especialmente en los barrios de clase obrera, provocando miles de muertes y expandiendo un VIH, por aquel entonces un virus recién identificado, con consecuencias a largo plazo. La muerte de un yonqui es algo que lamentablemente se normaliza en la época y nada de tiempo policial se destina a esclarecerla.

Es la gran plaga; es el castigo divino para desviados y gentuza y sus muertes necesarias para limpiar el mundo de indeseables.

La novela transforma esas muertes en asesinatos lo que permite una investigación que encabeza El Trallla, un empleado de un establecimiento de productos Metal, batería en los ratos libres y seguidor y creyente de fuerzas sobrenaturales y seres de luz y de oscuridad.

La investigación es un deambular por zonas desahuciadas y entre gentes de poco perder por un barrio en épocas marginado y en otras marginal, que a medida que retrata la realidad social de la época y la zona, va acercándonos a un desenlace de serie B que es lo que ha pedido la novela a gritos desde que nos ha mostrado sus cartas sobrenaturales y ya no hay vuelta atrás.

Fernando Figueroa Saavedra, de quien este blog ha reseñado sus novelas de la serie divertida, alocada, erótica y criminal protagonizada por Harry Maesnow y Molly Grapes, se adentra en esta ocasión en una época más próxima, y en un lugar que conoce sobradamente, para ofrecer un entretenimiento no exento de impotencia por aquellos que cayeron.

La portada elegida para esta edición "es un guiño conceptual a las publicaciones de parapsicología de los ochenta" y es la puerta de entrada a una obra que apuesta por el mestizaje de géneros como acicate para explorar otras posibilidades literarias. Y también a una obra que en sus tripas dice más de lo que se lee. Lean y vean.

miércoles, 27 de mayo de 2026

Ojo por ojo de Jeffrey Archer

No se puede hablar de Jeffrey Archer sin repetirse y es que se trata de uno de los mejores escritores de thriller ligero que se puede leer desde hace ya bastante tiempo. Su imparable imaginación y su ágil narrativa hacen de cada nueva obra una garantía de éxito.

Ojo por ojo, la séptima entrega de la serie de misterio policial protagonizada por William Warwick, es una sucesión de giros sorpresivos que, para deleite del lector, parece no tener fin. Clara continuación de las anteriores, aunque todas mantengan su individualidad para poder ser leídas de forma independiente.

El título no sólo hace referencia a la cita bíblica, venganza en forma de justicia, sino también que hace alusión a la atracción London Eye. Ya lo leerán.

Mientras a Simon Hartley se le encarga una misión diplomática y comercial en Oriente Medio de enorme trascendencia política y económica, en Londres un genio del mal (sobradamente conocido por los lectores fieles a la serie) está maquinando, desde la cárcel, una particular venganza contra su Némesis, el superintendente jefe William Warwick, que prevé alcance también a su mujer Beth, directora del Museo de Arte Fitzmolean.

A su vez el inspector Ross Hogan, que acaba de regresar de unas vacaciones familiares, recibe el encargo de solucionar un conflicto que tiene a un compatriota en prisión, de país extranjero, acusado de asesinato.

Los distintos casos van a ir entrelazándose hasta conformar uno único cuya solución se antoja casi imposible y aquí sale de nuevo el genio de la lámpara que guarda el autor para que con un gesto deje maravillada a la audiencia.

Así personal del gobierno de su majestad, personas de la nobleza, incluida la realeza, investigadores policiales, figuras relevantes de Oriente Medio, y personajes representantes de diversos tipos de delitos y crímenes, entran y salen como en un vodevil trágico y criminal, que es la especialidad de Jeffrey Archer, para converger en un final que siempre satisface, pero deja con ganas de más.

Y por si fuera poco hay falsificaciones de obras de arte y de documentos comprometedores, hay maletines repletos de dinero e incluso un reloj tiene su protagonismo.

Y hablando de reloj, habrá que esperar a la próxima entrega para seguir deleitándose con estos argumentos de precisión relojera.

Si no conocen la serie, mejor empiecen por la primera y así tendrán la oportunidad de admirar su capacidad para construir argumentos, y si ya la conocen disponen de una nueva oportunidad de viajar en esa montaña rusa que son las obras de Archer protagonizadas por Warwick.

Prepárense para un largo rato de entretenimiento sin cortapisas.

Utilicen el buscador de este blog para reseñas anteriores del mismo autor y de la misma serie.