La persona que constela expone un conflicto emocional
y busca identificar su origen con el fin de comprenderlo y normalizarlo para
recuperar un equilibrio psicológico alterado.
Es un método paracientífico que mediante un
psicodrama busca una catarsis sanadora, cuando no redentora.
Candela se encuentra un folleto publicitario
que le incita a participar en una constelación familiar donde pueda encontrar respuesta
a la desaparición de su hija Alba, de la que no sabe nada desde la pandemia de
COVID, hace ya cinco años, cuando se marchó con su novio, eligiendolo antes que a ella.
Teme que el patrón familiar de matrimonios
desgraciados se repita en la relación de Alba y su pareja Zacarías, y se
culpabiliza de no haber sabido gestionar los sentimientos de su hija,
comprendiéndola como amiga en lugar de intentar imponerse como madre.
Necesita recuperarla para pedirle perdón y
renovar el vínculo roto por un exceso de orgullo i un bajón de autoestima.
La sesión va a revelar mucho más de lo esperado
y con un contenido totalmente inesperado que va dibujando un escenario
aterrador para desesperación de Candela.
Sònia Guillén juega con explicar la historia a partir de las diversas voces de los protagonistas y la constelación permite ir enlazando las distintas vivencias personales a la vez que favorece el avance de una trama trufada de giros sorpresivos, esos plot twist tan identificativos del thriller.
Y es que La consteladora es un thriller
de suspense y misterio psicológico que incide en cómo afectan a nivel
psicosomático decisiones tomadas sin meditar y cuyas consecuencias reconcomen
por ser irreversibles, y más si por medio actúa un asesino.
La consteladora es una
road movie emocional, que recorre distintos estados de la conciencia, mostrando
la vulnerabilidad del ser humano que suele ser esclavo de sus sentimientos y emociones, dejando el aspecto racional en segundo plano. Algo que afecta a todos los participantes de la constelación familiar a la que asisten.
El aspecto criminal de la trama, latente en
todo momento y asomando tenuemente cada vez que necesita acentuar la tensión,
se muestra abiertamente al final para ofrecer un desenlace que para nada se
puede suponer hasta que no se lee.
Está disponible en castellano y en català.
De Sònia Guillén ya se ha reseñado en
este blog su anterior novela El principio de incertidumbre.








