lunes, 20 de abril de 2026

El secreto de Victor Black de Alexandre Escrivà

Los asesinos en serie son tan peculiares que no abundan, afortunadamente, pero su campo magnético tiene tal alcance que ni quienes escriben ni quienes leen pueden sustraerse a su influjo.

Por eso son fuente inagotable de argumentos asfixiantes.

El inspector William Parker no sabe si el caso que tiene entre manos es obra de un asesino serial, pero sí que su modus operandi se corresponde con el empleado por un asesino en serie, Victor Black, que hace años acabó su carrera criminal al ser atrapado, encarcelado y que está esperando que se cumpla su sentencia de muerte en el penal de San Quintín, en la ciudad costera americana de San Francisco.

El inspector se enfrentaría entonces ante un dilema: ¿el detenido es inocente y el verdadero asesino está aún en la calle?

Parker va a tener que lidiar solo con esto, aunque reciba puntuales ayudas de compañeros como Harris, Alfred Chambers y Laura Crawford, que cada cual a su manera y en el momento preciso resultan decisorios.

El secreto de Victor Black es ese tipo de novela policiaca que a medida que avanza te va corroyendo porque quieres saber más, aunque eso suponga adentrarse en una mente enferma y rabiosamente peligrosa.

Alexandre Escrivà, por si alguien aún lo dudaba, escribe de maravilla y demuestra estar bien empapado del género negro como para ajustarse a su tempo y adecuar el relato a las necesidades del argumento.

En esta ocasión el autor ha recurrido a argumentos de obras de gran proyección para entresacar aspectos de acá y allá y reescribirlos a su estilo.

Y siendo su redacción impecable, su tempo ajustado y su construcción de calidad innegable, acaba ofreciendo una historia que no sorprende lo que podría, y que si el lector es versado anticipará lo que va a ir sucediendo con lo que su curiosidad irá menguando. Y a cada constatación disminuye la ilusión.

Sus dos novelas anteriores han puesto el listón muy alto y es lógico pensar que se haya tomado un respiro. Ha demostrado imaginación para construir y no necesita recrear. Puede ser original y no precisa ser un copycat de nadie.

Por lo demás estamos ante un thriller policial al que hay que agradecer que cumpla con las expectativas y que tiene todo para agradar a gran cantidad de lectoras y lectores.

viernes, 17 de abril de 2026

El puente de los delitos de Venecia de Matteo Strukul

Segunda entrega de esta serie que promete longevidad, protagonizada por Giovanni Antonio Canal, conocido popularmente como Canaletto, un pintor que se ve envuelto en casos criminales de extraña naturaleza.

Aunque sean obras distintas, es más que recomendable el leerlas por orden, así antes de abordar la presente, El puente de los delitos de Venecia, hay que empezar por El Cementerio de Venecia, la primera entrega.

En el Puente de las Agujas ha aparecido un cadáver y no es el de un noctambulo cualquiera, sino que se trata del secretario de la Cancillería de la Serenísima República de Venecia, por lo que no se descarta premeditación, y en su pecho tiene clavada una nota con una sola palabra: Canaletto.

Alguien está desafiando al pintor; alguien que lo conoce y que espera su fracaso en este duelo que ya ha empezado sin previo aviso ni notificación formal.

Canaletto y McSwiney, amigo, marchante y compañero de investigación, con la ayuda del médico judío Isaac Lieberman, se enfrentan a un misterioso asesino cuya agresividad y modus operandi los tiene completamente desconcertados.

El Puente de los Delitos de Venecia es un thriller histórico de temática criminal, si, pero también es costumbrista y extraordinario pues incluye temática que se aparta de toda normalidad.

Venecia no se recorre, se vive, y Matteo Strukul, exquisitamente documentado, nos lleva por un escenario inédito, puesto que la Venecia que nos presenta es la de 1729 y son miles de veces las que el acqua alta ha subido desde entonces.

Personajes de la historia real, intrigas palaciegas y espionaje se unen al caso criminal para tejer un entramado ajustado y a juego con las callejuelas de Venecia, algunas tan estrechas que hay que avanzar de lado.

El autor destaca a Hugo Pratt, el trascendental dibujante veneciano de adopción y padre de Corto Maltès, como fuente de inspiración para dotar a la novela de un ritmo y secuencia de aventuras que emocionen y entretengan y cuyo interés por conocer el desenlace de la trama no solo no decaiga, sino que vaya en aumento.

El autor promete continuidad y es una buena noticia.

miércoles, 15 de abril de 2026

Muerte entre libros de Amie Schaumberg

El arte pictórico tiene la capacidad de atraer la atención. Aunque no se entienda su intención, aunque no se comparta su sintáctica. Pero si para profanos es solo un estímulo visual, para eruditos es una puerta que franquea el paso a un mundo alternativo.

Un erudito en arte, no solo vive su pasión en el plano mental, sino que ansía también formar parte de él. Tener asiento en las primeras filas de las páginas de la historia. Por eso atrae a asesinos en serie.

Cuanto más brillante es la mente más cerca está la persona de confundir la realidad y, como Ícaro, más lejos está de advertir que la soberbia conlleva debilidad.

El cuerpo de una joven aparece semicubierto de agua en un abrevadero en una granja abandonada. Pero no está al descuido, sino que forma parta de una performance que incluye su vestuario, su posición, su ubicación y el decorado pintado en la pared. Se diría que representa a Ofelia, quien fuera considerada la prometida de Hamlet.

Sin duda es obra de un asesino que se cree artista. La puesta en escena tiene representación gráfica y también origen literario. A una mente así hay que temerla, porque no solo muestra que su capacidad intelectual supera la del resto de mortales sino porque explica, sin palabras, que habrá más.

Un museo no se aguanta con una sola obra, pero se construye a partir de ella.

Ian Carter y su compañero Mike Kellogg son los encargados de la investigación, a la que se añade como una suerte de consultora, la profesora de literatura Emma Reilly.

Los primeros van a proceder policialmente analizando las pistas, las pruebas y comprobando coartadas del elenco de sospechosos que van a ir identificando. La segunda aporta información sobre el sentimiento que puede mover al asesino a recrear obras de arte con notas a pie de página.

Muerte entre libros es un recorrido por un museo a ritmo de thriller. Es una novela policiaca erudita pero no pedante. Elige frases de clásicos y pinturas prerrafaelitas como pistas más trascendentes que huellas de pisadas o colillas de cigarrillos, porque ansía mostrar la relación creativa que pueden compartir un artista y un criminal conocedor de dicho artista. Al considerar que ambas figuras suelen vivir en una realidad distinta a la que comparte el resto de la humanidad.

Amie Schaumberg vuelca su pasión por la lectura y su profesión de profesora de literatura para moldear a Emma Reilly, su alter ego, y conducirnos, como entusiasta cicerone, a recorrer momentos determinantes en la historia del arte en una atmósfera criminal, que bordea el terror.

Una obra en lo que lo relevante no es el cómo: tiene poco recorrido; ni lo importante es el quien: la autora no consigue esconder su identidad; sino que lo realmente interesante es el porqué: cuál es el clic que activa la parte oscura de la mente, que lleva a un ser humano a creerse un dios, y poder disponer de vidas humanas como meros instrumentos para alcanzar la gloria.

lunes, 6 de abril de 2026

El prisionero de la planta 15 de Salvador Perpiñá

Cuando se busca algo o alguien, con esfuerzo, perseverancia y voluntad, incluso cuando el estado físico y mental aconseja desistir, se corre el riesgo de encontrarlo. Incluso de encontrar lo que no se busca, porqué ni se sabía que existía.

En Mateo, 7: 7-8 se lee: "El que busca encuentra" y visto lo visto, está claro que Víctor Cano, no solo no es religioso, sino que desconoce el dicho, ya que, de conocerlo, tal vez hubiera rechazado el encargo.

Una mujer que una vez fue el amor de su vida le pide que busque a su hija desaparecida y Víctor por ser ella quien es y por ser él, detective privado, acepta el caso sin imaginar que le va a suponer voltear su vida y tener que volver a socializar.

Lleva tiempo siendo prisionero de sí mismo en un apartamento del Edificio España. Es el prisionero de la planta 15. Preso y carcelero a la vez; aislado del mundo por diversas razones y ahora ha llegado el momento de salir a la calle y enfrentarse a una realidad que, literalmente, le resulta desconocida.

De su tránsito por la División Azul y su reclusión en un gulag soviético volvió con amnesia consecuencia de una grave herida, solo la morfina le ayuda a continuar, y ahora debe superar sus miedos, sus traumas y sus olvidos para hacer lo que sabe que sabe hacer: investigar.

Estamos en el Madrid de 1966, la dictadura está en su apogeo y las estancias de la Dirección General de Seguridad son claramente un centro legalizado de tortura. La ciudad se expande en suburbios marginales poblados de miseria y tribus urbanas. La construcción de viviendas de baja calidad supone el enriquecimiento rápido de unos pocos, disfrazado de ayuda para los más desprotegidos que ahora lo seguirán siendo per con un techo y un montón de letras de cambio con vencimiento mensual.

El prisionero de la planta 15 es una novela negra que te lanza al mar, de noche, en lugar desconocido y sin salvavidas. Sálvese quien pueda.

Salvador Perpiñá es de los pocos guionistas que no se le nota el oficio y que es capaz de aparcar las características inherentes a la escritura de guiones y enfrentarse a un reto literario y salir airoso. Es el único de toda la novela que lo consigue, los demás, todos sin excepción, han tenido su peaje.

El prisionero de la planta 15 es una negra novela que se gana a pulso su epíteto; se pinta a sí misma de novela negra con un enfoque tan existencialista que obliga a leer despacio porque lo importante no es tanto lo que pasa sino por qué sucede.

La evolución de la trama les sorprenderá, su final les angustiará. Su recuerdo perdurará.

martes, 31 de marzo de 2026

Frankfurt Blues de Bodo Kirchhoff

Viajando en primera clase de un vuelo puede suceder algo que puede cambiar tu vida. A la llegada al aeropuerto puede suceder algo que puede cambiar tu vida. ¿Dos veces? Si. Y si no se lo creen, prueben a ponerse en lugar de Willem Hold y verán como no solo le cambia su vida dos veces, sino que ahí no acaba todo.

Willem Hold regresa a Alemania, a Frankfurt, a pesar de la orden de búsqueda y captura que pesa sobre él, por un robo fallido que dejó un muerto.

Ha vuelto por negocios. Le han contratado para matar a un empresario. Es un asesino a sueldo y ha vuelto para cometer un asesinato. Sin más aspavientos, como se contrata a un jardinero para podar un árbol.

Lo que no se imagina Hold es que su vida va a entrar en una espiral donde el peligro y el amor van a aliarse para complicarle la existencia hasta el punto de amenazar su supervivencia.

Traumas infantiles con tremendas repercusiones físicas, la desaparición de un Picasso, una acompañante de lujo, hombres turbios de negocios aún más turbios, una presentadora de noticias, una escritora de un manual de sexo, policías indecisos, un patrón de barca y más conforman un elenco variopinto de caracteres que entran y salen como en un vodevil.

Frankfurt Blues es una novela policíaca centrada en el comportamiento humano como enigma en sí mismo, un experimento paródico de la novela negra clásica americana de la que ofrece todo un muestrario de personajes y extrañas relaciones.

Vehicula la trama con una suerte de femme fatale a la que redime con el amor como camino de reconciliación entre sexualidad y traición.

Bodo Kirchhoff (1948) pedagogo, psicólogo y escritor alemán de narrativa, con mucha obra publicada desde 1979 y diversos premios obtenidos, ofrece en Frankfurt Blues una muestra de su versatilidad creativa en un género que no es su preferido, y aprovecha para incorporar reflexiones políticas y ubicaciones y escenarios que le son queridos.

La lectura entretiene, pero no emociona, sin duda porque su intención paródica se muestra en una trama donde todo tiene cabida, lo que supone que a cada giro hace que se espere que el siguiente sea aún más exagerado.

Aceptando esta condición no ha lugar a desengaño.