domingo, 1 de diciembre de 2013

Las flores de Baudelaire de Gonzalo Garrido

Por el título ya se ve que no estamos ante una lectura ligera. El título menciona a Baudelaire y a su obra más famosa y eso de por si ya es algo a tener en cuenta. Y despierta la curiosidad por ver cual es su relación con la trama. Y a fe que la hay.

Las flores de Baudelaire empieza en mayo de 1917 y la noticia del asesinato trasciende con rapidez y sorprende y aterra por igual. Por ser la víctima quien es, por ser de la familia que es, la todopoderosa familia Krüger, y por perpetrarse en pleno día.

Todo Bilbao no puede evitar sentirse curioso y espantado a la vez y la presión social al cuerpo policial reclamando celeridad en el esclarecimiento genera enormes tensiones al estar éste completamente a disposición del poder político y por tanto sin libertad para actuar como quisiera y debiera. 

El inspector Rincón, un policía íntegro, riguroso, razonable y vocacional, aunque duro y arisco, es la cabeza visible de la investigación y sabe que se juega la suya dependiendo de como esta evolucione.


Son los tiempos del inicio de la fotografía y las placas de 16x12 están empezando a grabar para la posteridad imágenes que ya no roban el alma del fotografiado y que sirven para lucimiento de la clase acomodada que muestra sus ampliaciones enmarcadas en los salones y en los comedores.

Alfredo Maldonado es el protagonista de esta novela narrada en primera persona; es un fotógrafo que regenta una tienda donde realiza sesiones fotográficas, donde vende material fotográfico y también hace las veces de óptica, colabora en elm periódico El Noticiero y es como el fotógrafo oficial de la policía en los hechos en que es requerido.

Joan Carrillo y Mario Gonçalves son sus ayudantes tanto en la tienda, en sus desplazamientos profesionales e incluso en las investigaciones detectivescas circunstanciales que Alfredo gusta llevar a cabo como una continuación lógica a la visión de las fotografías tomadas.

Una vez fotografiado un cadáver, la curiosidad de saber más sobre la víctima y sobre como acabó de esa forma es un acicate para ejercer de detective aficionado, y Alfredo Maldonado pasa de fotógrafo a investigador con la misma rapidez como el líquido revelador saca las imágenes de una placa oscura.

Gonzalo Garrido es el escritor que construye alrededor del asesinato una novela de amplio calado costumbrista con epicentro en ese Bilbao de principios de siglo que nota como su desarrollo industrial se ve favorecido por las comandas que recibe de los países inmersos en la Gran Guerra Europea que deben abastecer con todo tipo de productos tanto a la retaguardia como a las trincheras. Una guerra que debía ser un paseo para alguien y que lleva camino de no acabar nunca.

Pero no todo es prosperidad en los negocios, los bajos sueldos y largas jornadas son semillas que germinan en movimientos sociales y reivindicaciones sindicales, con el telón de fondo que supone el enfrentamiento del sistema anglosajón, defendido por un joven orador llamado Azaña, frente al germánico.

Gastón Marcos, amigo del fotógrafo Alfredo, es quien está leyendo Las flores del mal de Baudelaire y es la única vez que se menciona esta obra en la novela aparte del título por lo que cualquiera podría pensar que no se trata más que un McGuffin.

Nada más lejos de la realidad: el contenido de ambas obras tiene concomitancia; claro que la novela de Garrido es deudora de la de Baudelaire por su edición posterior, pero el poeta maldito estaría encantado de esta adaptación a prosa narrativa en clave de novela negra de sus pensamientos poéticos.

Les fleurs du mal, es de esas obras que se estudiaban en clase de francés y no en la de literatura, ya que encajaba mejor con la practica de la dicción y se ahorraban la traducción de unos textos que en este país y por aquella época despertaban recelo y rechazo por sus acepciones.

Les fleurs du mal es un poemario de contenido claro y redundante: es una crítica a la sociedad, al mundo injusto y miserable y al hombre que no sabe escapar de la trampa que supone el vicio y es una lucha tan desesperada como inocua por encontrar salidas dignas sin encontrar otra que la muerte.

Tanto Baudelaire como Garrido emplean para la forma y estilo un discurso clasicista pero de contenido absolutamente romántico. Es por amor que Alfredo Maldonado se involucra de ese modo en la investigación.

Baudelaire define al hombre como un ser malévolo por naturaleza y en el asesinato de la novela es bien patente esta condición por la elección de la víctima y por el método empleado. Habla de que los errores se pagan y en la novela se traduce por leal actuación de un secretario que paga casi con la pérdida de la razón el error de defender una legalidad en el peor momento y ocasión.

Denuncia el asco que produce el vicio y concibe al arte como la única forma de redención: Alfredo Maldonado fotografía la muerte, la desolación pero la aísla de su realidad al concebirlo como una colección de fotografías artísticas para ver lo que quiere y no lo que es.

Relata un intento de huída del sufrimiento y del dolor por las calles de París y cuanto se asemeja con lo que esta sufriendo la señora Krüger, parisina de nacimiento y por la que pasa por la cabeza abandonar Bilbao y regresar a su ciudad natal, en un intento de huída de lo que está padeciendo.

Cuando cita el vino como el medio que Dios ha puesto en manos de los hombres para ahogar sus penas no podemos dejar de ver al señor Krüger como uno de sus más devotos y entregados practicantes.

Gonzalo Garrido ha homenajeado a Baudelaire, versionando en formato de novela negra su obra capital con gracia y con agradecimiento. A nosotros nos sobra con haber disfrutado de su lectura.

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