lunes, 11 de mayo de 2015

El Mentalista final: 7 temporada y última

Patrick Jane y su taza de té dice adiós
Al morir John el Rojo murió una parte de Patrick Jane y con ello la serie El Mentalista que ya estaba tocada por tardar tanto en resolver el misterio del asesino en serie anónimo más interesante de los últimos tiempos televisivos ha acabado hundiéndose. Y los productores han decidido acabarla de la forma más ñoña posible.

Es lo que tiene alargar las series más allá de su ciclo de vida natural. Que luego hay que acabarlas por la vía rápida y lo que piense la audiencia ya es lo de menos pues la decisión no puede volverse atrás.

El Mentalista tuvo un inicio fulgurante, un protagonista bueno carismático, un falso médium al que la vida golpea con fuerza y que ha de reconvertirse en honrado como catarsis a su sentimiento de culpa. Sale de las candilejas y entra en la oscuridad de la que no saldrá hasta que no culmine su venganza.

El protagonista malo, John el Rojo, es anónimo y lo conocemos por sus actos y con su presencia invisible pero notoria en los escenarios de crimen llena la pantalla precisamente por su ausencia carnal.

Una primera temporada de serie policial que aunaba a un asesor amateur con los policías profesionales (como suele ser habitual en otras series, entre las más conocidas: Castle, Perception y Miénteme) y como contrapunto ofrecía un asesino despiadado y sanguinario.

Una temporada a la que siguieron otras y a pesar de sus inevitables altibajos consiguieron atrapar la atención y entretener de forma amable. Aunque en general los episodios fueran de planteamiento simple y poco exigentes para con la audiencia.

Pero pronto el procedimiento policial, en la resolución del caso, quedó al margen y cuando Patrick tenía prisa, porque por ejemplo había una pista de John el Rojo que seguir, resolvía el caso en un plís plás con dos frases lapidarias y cuando no había prisa, alargaba la resolución hasta el final del episodio.

Eso sí, siempre con golpes de efecto de súper poderes, lo que acabó con la seriedad de la serie que pasó a ser una bufonada. Una actuación de Patrick en un escenario abierto en lugar de un teatro. Y mientras la serie se hundía irremediablemente.

Lorelei Martins
En esta séptima temporada ha habido algún intento de retornar a los orígenes. Es algo recurrente en las series cuando ven su fin cerca. Es un inútil canto del cisne porque lo que queda en las retinas y en la mente de los espectadores es lo que se está viendo y nadie recuerda ya episodios pasados; si acaso algunas escenas concretas.

Y se recuerda sobre todo a Lorelei Martins y Erica Flynn.

Lorelei que con su magnetismo, su decidida voluntad y su osada valentía nos hizo añorarla como protagonista de su propia serie. Lorelei nos hizo sentir vivos.

Erica Flynn
Y Erica de la que la duda sobre el fondo en la intencionalidad de sus actos nos acompañará siempre junto con su sonrisa de doble filo.

Igual como en este final Vega nos acompañó con su entusiasmo; Wiley con su perfeccionismo; Cho y su, aparente, inmutabilidad; Van Peel y su cariñosa ingenuidad; Rigsby y su ternura; Lisbon con su abnegación y Abbott encarnando la comprensión.

Del mismo modo que Patrick Jane ha acabado siendo, lamentablemente, una parodia de sí mismo y ha acabado representando la egolatría reconvenida, la espontaneidad planificada y la excentricidad impostada.

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4 comentarios:

  1. La he seguido hasta el final, y tienes razón: una vez muerto John el Rojo se acabó lo que se daba... Ya lo decía Hitchcock, un buen malo es la mejor baza.
    Saludos

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    1. Hablando de Hitchcock, en Catalunya tenemos un canal que repone sus episodios 'Presenta' y hay alguno que sigue siendo una breve obra maestra.
      Saludos!

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  2. Un resumen perfecto de lo que era una buena idea con un buen protagonista pero que ha ido perdiendo gas alarmantemente con el paso de las temporadas. No recuerdo si has puesto algo de la serie 'Luther', pero te la recomiendo bastante.
    Un placer como siempre, Jordi.

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    1. Luther la empecé y no conseguí engancharme però la tengo en la nevera. Gracias por recordármelo!

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