jueves, 31 de marzo de 2016

Un crimen bretón de Jean-Luc Bannalec

Lectura sosa a pesar de la sal
En esta ocasión la excesiva pasión del autor por la Bretaña le ha traicionado hasta parecer que en lugar de una novela policíaca estamos ante un panegírico auspiciado por el Consejo para el Fomento de La Bretaña y en concreto por el Consejo Regulador de Sal de Guérande, si existieran, sin otro objetivo que atraer turismo y favorecer la proyección de la zona cultural, gastronómica y comercialmente.

La novela resulta sosa, por falta de sabor que no de sal ya que es claramente una novela cocinada a la sal; tanta que sobra.

Poco contenido policiaco, sútil y tímido intento de acercarse a la novela negra y mucho aprendizaje sobre la extracción de la famosa sal de Guérande, en cualquiera de sus formas desde gruesa a flor. Y mucho aprendizaje del golfo de clima mediterráneo de Morbihan y de toda la península de La Baule y …

Incluso el título, Un crimen bretón, es de vacío contenido. Un título igual de soso que anticipa lo que va a ofrecer que, simplificando, no es más que un enmarañado cuadrante de horarios de coartadas. Un cuadrante como el que configuran las salinas y donde las líneas que separan las celdas son caminitos embarrados de estrechez alarmante.

Es en uno de esos pasillos donde el comisario Georges Dupin es recibido a balazos lo que da pie a mojarse, y nunca mejor dicho, en agua con sal.

Al cabo de poco y con la aparición de un cadáver se inicia el caso propiamente dicho, en el que el comisario Dupin interviene un poco por azar al encontrarse fuera de su jurisdicción por lo que debe comportarse como invitado y en este sentido, el del ámbito estrictamente protagonista, hay que reconocer en honor a la verdad que su anfitriona, la comisario Rose (personaje muy interesante y que seguiría con gusto si genera su spin-off) se lo come, literariamente hablando, cocinado a la sal con mantequilla.

Comparación de Flor de sal y Sal gruesa
de las salinas de Guérande
Esta vez Jean-Luc Bannalec ha cedido a los maravillosos paisajes de unas salinas ya sean vistos a la salida del sol, al ocaso o bajo la luminosidad de una luna llena.

Una novela para el olvido y nueva ocasión para saber más de la Bretaña; esa especie de paraíso accesible donde son tan irreductibles, como Asterix y Obelix, que incluso tienen su propia bebida de cola, la Breizh Cola, con la que plantan cara ahora y siempre al imperialismo invasor.

Acompañen la lectura con un tartar de abadejo con limón y una copa de Chinon blanco frío pero sin pasarse, o casi mejor coman directamente y pasen de la lectura.

Si en cambio son absolutamente recomendables, como whudunit que busca, pretende y consigue entretenimiento, las dos primeras novelas de la serie y cuya reseña pueden leer sin salir de este mismo blog:





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