viernes, 27 de septiembre de 2019

La danza de los tulipanes de Ibon Martín

Un thriller policial costumbrista
de gran calado.
Tal vez los tulipanes dancen al son del viento, pero en atmósfera controlada bajo techo no ha lugar. La danza de los tulipanes es un eufemismo para explicar una ilusión óptica suscitada por una experiencia hipnótica resultante de fijar la vista en esas flores.

Ane Cestero comanda en Euskadi la recién creada Unidad Especial de Homicidios de Impacto, o sea aquellos que por su interés mediático precisan ser resueltos con prontitud y tratar con tacto los medios de comunicación. Para lo primero, Ane es ideal: buena profesional que no escatima ni un minuto ni un esfuerzo en pro de la investigación. Para lo segundo, lo del tacto, ya es otro cantar.

En un brutal inicio de novela, de gran impacto visual y emocional, una mujer pierde la vida mientras tiene plena consciencia de ello. La víctima sostiene un rojo tulipán entre sus dedos. Nada es casual y pronto habrá más tulipanes y por consiguiente más víctimas.

La danza de los tulipanes es un vertiginoso viaje criminal, quince días intensos durante los que vamos a conocer geografía ambiental y humana. Con brillantes momentos puntuales como el avance por un mercado o las conversaciones de bar, entre un sinfín más: surf, convento, actuación musical, enfrentamiento familiar… y no es que existan esos lugares para que pasen cosas sino que pasan cosas porqué existen esos lugares.

Cuando un autor consigue esto poco más se puede pedir. Conseguir que armonicen de tal modo personajes y escenarios como para que nada chirríe y permita al lector entrar de pleno en la historia olvidando que está ante una representación resulta una experiencia maravillosa.

Ibon Martín va entretejiendo diálogos profesionales y personales con pensamientos, descripciones de espacios abiertos con atmósfera de cerrados, intenciones con acciones. Acelera en las rectas, cuando la trama lo necesita, y reduce en las curvas cuando es aconsejable. Aparca en línea o en batería según convenga y sabe, en todo momento, gestionar el ritmo y adecuar el suspense.

El autor escoge los elementos de cada género que le convienen en cada momento y el resultado de combinar los referentes de la novela policiaca (lista cerrada de sospechosos a cual lo es más), novela negra (denuncia varios temas tristemente presentes en nuestra sociedad y con gran repercusión) y novela de suspense (la voz de quien asesina avanza detalles que la investigación desconoce y mantiene la lectura en vilo) es un híbrido tan acertado como complejo y como lo es el cuidado que requiere la hibridación de tulipanes.

En fin, estamos ante un thriller policial costumbrista en toda regla. Un best seller de calidad internacional que si no acaba reflejándose en la pantalla sería un error.

Ibon Martín
Es un caramelo dulzón pero que no empalaga y que deja un buen sabor de boca y ganas de más. La composición del dulce, bien medida y mejor ensamblada, es adictiva y satisface a cualquier paladar. Solo los exigentes le reprocharan al autor que se apoye en sabores conocidos y de solvencia contrastable; que no arriesgue, que se conforme con una voltereta cuando podría dar un salto mortal.

No puede no gustar a quienes tengan en los thrillers best seller su referente en lectura de evasión y entretenimiento. Y estarán de suerte ya que todo apunta a que va haber más casos que investigar para la Unidad Especial de Homicidios de Impacto comandada por Ane Cestero.

Ah! Y felicidades a la editorial y al equipo diseñador por tan magnífica cubierta y contracubierta que dice mucho y transmite una sensación que quienes lean entenderán. Y el efecto lluvia: chapeau! Y la delicatesen de las guardas. Hacía tiempo que no me encontraba con un producto literario tan bien presentado: gracias.

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