domingo, 2 de septiembre de 2018

El final del hombre de Antonio Mercero

La protagonista era él.

La sociedad, ese ente generalista, está aceptando, de forma lenta y reticente, que el colectivo LGTBI tenga presencia social activa y militante.

Pero cuando el foco desciende y se circunscribe a una fracción de la sociedad con nombre y del citado colectivo se toma un sujeto con nombre y apellidos, aparecen los comportamientos al natural, mayoritariamente primarios, y la aceptación es algo cuando menos cuestionable cuando no imposible.

En esta novela la fracción de la sociedad la constituye una comisaría, y por extensión todo el cuerpo de policía y el miembro LGTBI es Carlos Luna, un inspector, de la Brigada de Homicidios, que acaba de convertirse en Sofía Luna.

Si fuera una comedia de Hollywood podría titularse perfectamente La protagonista era él y seguramente las incómodas situaciones serían tratadas de forma jocosa y aplaudidas por un público agradecido como ya hicieran con el travestismo paródico de Jack Lemmon en Con faldas y a lo loco:

-      - No podemos casarnos Osgood…. Soy un hombre!
-      - Bueno, nadie es perfecto

En la novela El final del hombre hay humor pero no a costa de ridiculizar algo tan serio como es la libertad por parte de una persona de poder vivir de acuerdo a su más íntima condición humana habiendo de estar permanentemente en un porta expuesto al ojo del microscopio por el que miran los intransigentes.

A Carlos Luna la investigación criminal mediática le llega justo en el momento en que se convierte en Sofía Luna. Sino en lo físico si en lo legal. Y aunque no quiera, ambas situaciones se solapan y así su vida se ve revolcada en lo profesional, con su jefe y sus homólogos en la comisaria y su compañera y ex-amante y ahora casi una extraña; y revolcada en lo familiar con su ex-mujer, la más comprensiva y su hijo adolescente, el más descolocado porque su padre ahora sea su segunda madre.

Eternos conflictos externos e internos. En el yo conmigo y en el yo con todos.

En las relaciones con los demás y en la relación con el propio cuerpo. En el desarrollo profesional y en el personal. En solucionar un asesinato siendo indistinto el sexo o la condición sexual de quien lo investigue y en solucionar sus inseguridades.

El hijo de un conocido escritor ha sido asesinado y Sofía ha de procurar poner sus cinco sentidos en la resolución del caso. No se trata de dar más carnaza a quienes ya la están despellejando.

El argumento de contenido policial está construido con oficio y los giros que desarrolla la trama, manejando las pistas y los sospechosos, dejan al lector a merced de las páginas finales para desvelarlo. Un misterio de novela policial clásico tratado con el trasfondo de una novela negra que tiene en el machismo y en la intolerancia sus dardos de crítica social.

Antonio Mercero
El hecho de que el caso transcurra a la par que el protagonista transexual esté recién entendiendo que ha de convivir con unas inesperadas reacciones hormonales y con una falta de empatía general hace que estemos ante una novela muy original, muy crítica y doblemente intrigante.

Antonio Mercero logra una obra muy completa e insólita. Trabaja los personajes hasta el tuétano del hueso y trata con fina ironía aspectos que son todavía una asignatura pendiente en esta sociedad y no señala ni a hombres ni mujeres sino a la propia condición humana.

Las vicisitudes de la protagonista están inspiradas en las vividas realmente por Josi, policía transexual inglesa y a quien el autor conoció personalmente.

No olviden este título como una de las novelas a leer antes no salga la segunda entrega, prevista para este setiembre con el título de El caso de las japonesas muertas.

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