Quien con fuego juega, se quema. Eso dice el refrán; habría que matizar qué se entiende por jugar y que no.
Eugenio Zubieta, un anciano asocial que vive en
Ulzurrun desde hace más de 20 años, un pequeño pueblo del Valle de Ollo de
Navarra, cerca de Pamplona, ha sido encontrado muerto en su casa.
El caso es investigado por el inspector Faustino,
Faus, Villatuerta, en su primera misión desde su reingreso después de
una larga y penosa baja laboral, acompañado por su hija Nerea, a quien el
comisario ha colocado en el equipo para que aprenda y de paso eche un ojo a la
adaptación de su padre, y por el subinspector Javier Erro, ex novio de Nerea y
cuya relación acabó tan mal como para que las rencillas pasaran de lo personal
a lo profesional.
El caso ofrece más sombras que luces y es
difícil encontrar un hilo del que tirar, pero la profesionalidad del equipo lo
acabará recogiendo hasta conseguir el ovillo.
El relato de la investigación en tiempo presente se va alternando con el de la represión criminal de los vencedores franquistas con asesinatos en plena noche, el periodo post-bélico.
Pastores reconvertidos en guerrilleros, en
maquis, más por salvar la vida que por convicción, nos evocan aquellos tiempos de venganza y
barbarie que además de venganza esconde el propósito de apropiación de casas y tierras.
El doble relato, combina adecuadamente la
práctica del procedimiento de una investigación criminal con el costumbrismo
histórico, y, aunque así se pueda deducir casi desde el principio la causa de la
muerte, no por ello pierde interés.
El doble recorrido en presente de Ulzurrun,
pueblo, a Pamplona, ciudad, y de ciudad a pueblo, revisando las pistas del crimen una y
otra vez; y en pasado con una huida desalentadora, mantiene el ritmo y alienta
las descripciones geográficas que son evocadoras de realidad; algo de lo que
flaquean los diálogos.
Carlos Ollo ha creado una buena novela policíaca y unos personajes que tienen aún mucho que dar. Esta es su primera aparición y hay dos títulos más publicados.
Sus personajes tienen personalidad y muestran
carácter, pero lo mejor es que están a rebosar de humanidad, lo que le confiere
a la trama un valor que últimamente se echa en falta ante tanto personaje
robótico o super especialista en algo.
¿Quién con fuego? es una
novela policiaca que no excluye el trato personal, sino que, al contrario, lo
anima a participar y es que investigar una muerte nunca puede ser cómo analizar en un laboratorio aséptico, ya que el cadáver antes estaba impregnado de vida.


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