Zulú es una novela desgarradoramente cruda, solo apta para lectores curtidos del género.
No cede a
convencionalismos de corrección narrativa y relata hechos con óptica
periodística de sucesos, ritmo de documental de guerra y frialdad crítica de
análisis político serio.
Caryl Férey, su
autor, bretón afincado en París, estuvo viviendo un año en Sudáfrica
documentandose de la misma realidad, para que su novela estuviera empapada de vida y
muerte por igual y sin filtros. Y el resultado es estremecedor y aterrador. Tremendamente
realista y convincente.
Zulú es la etnia de Ali
Neuman, el jefe de la policía criminal en Ciudad del Cabo, que ha conseguido el
puesto por meritocracia y no como prebenda por la ley de discriminación
positiva.
Ali, junto con sus compañeros el lugarteniente
Brian Epkeen y el sargento Dan Fletcher, los tres muy distintos pero muy
profesionales y adecuadamente complementarios y amigos, se hacen cargo de la
investigación del brutal asesinato de la joven Nicole Wiese, hija de un famoso
jugador de rugby local.
Tanta violencia descargada sobre su frágil
juventud consigue incluso descentrar a quienes tienen a la violencia
permanentemente como compañía; y no solo por su trabajo sino por experiencia
propia.
Y es que Sudáfrica es un no-país que se ha levantado desde la violencia; exuda violencia cada minuto de cada día. Antes de los boers, durante y después con un apartheid, lacra de la historia de la humanidad, que la institucionalizó y ahora, el post apartheid no puede deshacerse de ella y probablemente no lo consiga nunca.
La investigación del caso criminal es un viaje por una realidad desconocida para quien no viva allí y muestra la dificultad que hay para conseguir información incluso para la policía, un estatus que no garantiza inmunidad frente los delincuentes.
Como álbum de cromos macabro, va
mostrando el modo de entender la vida de una población que sabe que es secuela
de la humanidad, que siente que está viva porqué muerta no sentiría y para
quien la felicidad es un estado tan inalcanzable como la invisibilidad.
Un cuadro devastador de una sociedad
desestructurada de un no-país en donde las calles son una sabana salvaje con más
depredadores que víctimas por lo que no solo hay un 99,9% de posibilidades de
sufrir violencia, sino de sufrirla más de una vez.
Decir que Zulú es una novela negra es
quedarse corto.


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