Aquí todos somos culpables es un título estremecedor porque infiere que no solo al autor material del delito lo es, sino que quienes conviven directa o indirectamente con él, quienes investigan y quienes comparten actividades tienen su parte de culpa por no haber visto ninguna señal o por no haberla sabido interpretar correctamente.
Pocas veces, desafortunadamente, se encuentran argumentos de temática criminal con tantos compuestos como en esta novela.
El
caso criminal, la desaparición de dos adolescentes, Cheyenne y Madison, en la
celebración del 4 de julio, que en otras obras caería en los tópicos habituales
del género, muestra aquí otra dimensión y el hecho de poder seguir la
investigación desde el primer minuto, con sus avances y sus retrocesos, sus
aciertos y sus fallos, sus preguntas y tan pocas respuestas consigue que sintamos
como nuestras las distintas emociones de todos los implicados.
Unas emociones cuya intensidad desborda el propio
crimen, y es que algunas se remontan a tiempos anteriores, a errores de comportamiento,
a palabras mal medidas, a acciones impetuosas e irresponsables, a delitos no
delatados, a traiciones y a mentiras.
Y se muestran capa a capa ofreciendo nuevas
sorpresas a cada avance, a un ritmo que nunca se detiene.
North Falls es el lugar; los Clifton la familia
hegemónica, desordenada y cautivadora; Emmy Lou Clifton, la ayudante del sheriff,
y también hija suya, la protagonista absoluta. Una comunidad donde casi todos
se conocen, una familia que goza de respeto y popularidad y una protagonista
tan contradictoriamente humana como para ser tan débil que está a punto de
renunciar como tan fuerte como para no desfallecer ni aunque el cuerpo y el cerebro
pidan a gritos un descanso.
Cheyenne y Madison desaparecen y la
investigación se centra en pederastas fichados y en su entorno más cercano.
Lentamente va a ir avanzando y la lista de sospechosos empieza a escribirse.
Las estadísticas dan poca esperanza de encontrarlas con vida más allá de las
primeras 24 horas, por lo que todo el mundo está volcado en su localización.
Mientras el argumento va desplegándose, la autora, con un dominio absoluto del tempo narrativo y una gran capacidad para identificar los comportamientos humanos, muestra los altibajos emocionales de la adolescencia, las complejas relaciones de parejas, los estragos familiares ante la aparición de enfermedades irreversibles y terminales y como los hechos del pasado siempre condicionan el presente.
Un mosaico de dibujo complejo donde cada pieza
es en sí misma el inicio de uno nuevo.
Con cualquier otra autora cabría la duda de
saber si después de esta primera entrega, que sitúa el arranque a un alto
nivel, podría no solo mantenerlo sino aumentarlo, pero tratándose de Karin
Slaughter no cabe la menor duda de que lo conseguirá.
Que suerte leer esta novela, porque significa
conocer la serie North Falls desde su origen conociendo al elenco que
presumiblemente se mantendrá constante a lo largo de esta gran saga que supone
la calidoscópica familia Clifton.
No se la pierdan. Y si el desenlace les
sorprenderá, el final los asombrará. Y lo mejor: la segunda entrega ya está
publicada en versión original, por lo que confiamos no tener que esperar mucho
para poderla gozar.


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