Estamos ante una nueva obra Cozy Mystery y Chic-Lit ideal para el verano. Y no solo por su tono ligero y casi festivo sino porqué transcurre en un resort de lujo en una isla del Caribe.
Un misterio a descifrar, asesinatos que resolver, un escenario de ensueño, amor, sexo y comida y bebida exquisitas, ¿qué más se le puede pedir a una lectura veraniega?
Envidia sana nos produce leer las aventuras de
Mia Crawford en ese entorno donde el paisaje, el edificio principal, los bares,
las comidas, las cabañas donde alojarse, los senderos iluminados, la vegetación
exuberante y flores y pájaros singulares, rinconcitos y las playas de aguas transparentes se conjugan para
ofrecer la imagen terrestre más cercana a lo que solemos considerar un paraíso.
Mia Crawford es el patito feo en esa comunidad.
No es famosa ni rica, ni actriz, y su estancia es un regalo de su empresa,
donde trabaja como contable de inversiones; tampoco vive en una mansión, sino
con su abuela y dos gatos y ahorra para su jubilación.
No encaja en St. Claire pero no pretende
socializar sino pasar el rato tomando el sol y leyendo, en espera de que un
socorrista o un masajista o un animador sexi que además de guapo, tenga un
cuerpo escultural y una habilidad multifunción en sus dedos, se fije en ella y
se decida a proporcionarle placer sin límites.
Pero cuando se entera de que una huésped, sola
como ella, ha desaparecido sin dejar rastro justo antes de su llegada, su mente
analítica por un lado y fantasiosa por otro lado imbuida de la ficción de
tantas novelas leídas, se dedica a actuar como detective aficionada para
averiguar que ha podido suceder, lo que le supone entrar de lleno en la vida
del resort.
Y cuando topa con una novela que ofrece entre líneas, literalmente, una segunda lectura, ya no va a poder parar y es cuando su vida va a correr peligro de verdad.
A partir de aquí el idílico resort se ve
agitado por asesinatos, investigaciones y huéspedes sospechosos, y sacudido por
tórridos romances y orgasmos que hacen replantear la escala de Ritcher.
Allison Brennan no ha
elaborado un guion complejo porque su intención es facilitar una lectura
relajante con un punto de misterio que mantenga el interés y un punto picante
que mantenga la curiosidad.
Así que ya saben, Crímenes y lecturas de
verano es una lectura para tomársela como coctel con sombrillita y disfrutarla entre
chapuzón y chapuzón.
Por cierto, ¿cómo ven Crímenes y lecturas de verano como nombre para una librería?


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