El inspector de policía Iván de Pablos, a quien conocimos en Las agujas de la noche, es tan adicto a las drogas, al alcohol y al sexo sin protección, que siempre está al borde de la autodestrucción.
Vive en su propio infierno, que se ha
construido a pulso, se ha encerrado en él y ha tirado la llave.
Es un yonqui que se engaña a si mismo y a los
demás, principalmente a aquellos a quienes importa, diciéndose, diciéndoles,
que esta vez sí. Que esta vez lo deja. Una y otra vez.
Y no miente en ningún caso, está convencido de
ello cuando lo verbaliza en voz alta; solo que es débil, tan débil, como para
que al milisegundo de haber expresado su firme, férrea e inamovible voluntad ya
esté metiéndose una punta de mefe, o un tiro de coca, o un vodka o pensando en
follar como si no hubiera un mañana.
Pero es bueno, sino el mejor, en su trabajo. Y
con su pareja policial, esa Júlia que si no existiera habría que inventarla,
resuelven casos criminales por muy enrevesados que sean.
Y el que trata esta novela lo es. Un caso que
destapa accidentes que son asesinatos. Un caso tan retorcido como lo es su
personaje principal; con ramificaciones, con desafíos, con muchas mentiras y
todo contado a ritmo frenético inducido por sustancias estimulantes y con tal
intensidad que falta aire entre párrafo y párrafo.
Un caso policiaco que afecta directamente a la
vida profesional, personal y familiar del inspector y por ello resulta tan
introspectivo como para que conozcamos su lado más humano y sus debilidades, no
los vicios, que los sabemos, sino su emotividad y su forma de entender y
demostrar cariño. No solo para darlo sino también para recibirlo.
Fernando Repiso ahonda, con esta segunda entrega, sobre la forma de entender la vida del colectivo gay; no siempre por elección y generalmente por imposición de leyes y prejuicios, lo que supone que su realidad se desarrolle de forma subterránea. Literalmente. Visceralmente. Analógicamente.
Manual para construir un infierno es
una novela negra que supone una reivindicación a la igualdad de género, una
denuncia a la marginación prejuiciosa y que ofrece una forma de entender el
crimen y la depravación desde el interior de las personas y no solo desde la
estructura de un argumento mecánico.


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