domingo, 26 de marzo de 2017

Los amigos del crimen perfecto de Andrés Trapiello

La novela ganó el Premio Nadal 2003.
Un escritor de bolsilibros policíacos, un grupo de aficionados al género que alrededor de una mesa de bar en un café de Madrid postulan sobre el crimen perfecto, un intento de golpe de estado fallido (23 de febrero de 1981) y una apología de la venganza es de lo que trata esta novela.

Paco Cortés, recién separado y con una hija, vive solo aunque intenta reconquistar a su esposa y sobrevive escribiendo novelas policíacas de kiosco para una editorial que lo explota y ningunea. Su suegro, Luís Álvarez, es un comisario de policía que añora el antiguo régimen y al que el intento del golpe de estado le hace soñar con un nuevo amanecer; ambos se detestan.

Sus amigos, tertulianos de método y crítica literaria y aspirantes a vivir en un libro encuadernado de negro y con páginas por escribir con sangre de ficción se recluyen en su mundo de fantasía empleando seudónimos al uso: Spade, Maigret, Simenon, Marple… que les permita evadirse por unos instantes de su realidad en la que ejercen de abogado, bancario, relojero, policía…

La novela Los amigos del crimen perfecto es un río de varios brazos por donde las corrientes avanzan en paralelo: la vida de Cortés es uno, su relación con Dora, su mujer, es otro, la relación con su suegro otro, la relación entre los tertulianos otro y el crimen es otro.

Un crimen que despierta temores, sospechas y separación entre los tertulianos: el asesino podría ser uno de ellos. Una cosa es leer sobre crímenes y otra departir con un asesino; aunque para algunos sea la ocasión de poner a prueba sus teorías y constatar si existe el crimen perfecto o es todo inoperancia policial.

La novela tiene un antes y un después del crimen; el antes es vivir en la fantasía literaria especulando sobre que motiva al criminal a matar y el después desarrolla lo que hoy se conoce como memoria histórica de la Guerra Civil y que por aquel entonces era todavía pasado más o menos cercano y heridas abiertas.

Andrés Trapiello
Andrés Trapiello pinta un retrato tópico de esa España madre de una democracia recién nacida y lo envuelve en novela policíaca (sin llegar a quajar) porqué al crimen le gusta cualquier época y se encuentra a sus anchas en cualquier contexto.

Andrés Trapiello me ha hecho consultar el diccionario como nadie hasta ahora lo había hecho y se lo agradezco; he disfrutado con sus neologismos y he conocido un montón de palabras de las que no tenía ni idea de su existencia (como tantas y tantas debe haber) y que lamento no poder retener en la memoria como él, aunque si las usara la pedantería me traicionaría.

Al disfrute final le queda el regusto de pensar que la trama hubiera podido ser aún más apasionante, razón de más para cuestionar el premio. Claro que los premios son otra historia.

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