domingo, 15 de noviembre de 2020

Terrorhome de Javier Eugercio

Aquiles Entrecoz es el protagonista de esta novela y ese nombre, de semidios griego de vida azarosa y trágico final, sumado a ese apellido que resulta proclive a ser blanco de burlas, ya anticipa un desarrollo argumental incierto y sugiere la necesidad de abrirse a lo que sea que vaya a venir.

Aquiles Entrecoz presenta desde pequeño un comportamiento condicionado por ser quien y como es y por el entorno en el que está. Sometido por su posición en el hogar, entregado a funciones de segunda por el menosprecio familiar y acomplejado por su físico, y el minúsculo tamaño de su pene, resulta, sin saberlo, huésped idóneo para desarrollar una psicopatía de libro.

Su esfínter y el acto de jiñar, omnipresentes a lo largo de la trama, evidencian ese Concepto de Fijación que Freud explicaba por la gratificación placentera obtenida compensatoria de una frustración sexual. Algo que para el médico austriaco solía conducir a una disfunción mental generadora de neurosis. No superar la fase anal tiene sus consecuencias.

Aquiles Entrecoz no es Norman Bates ni unas porquerizas son un motel, pero ya se sabe que las psicopatías no entienden de latitudes ni de idiomas.

Javier Eugercio, poseído por el espíritu rural de Jim Thompson, se convierte en biógrafo de un ser angustiado deseoso de afecto, cariño y sexo compartido; un ser que si reacciona como lo hace es por puro instinto, el mismo que emplea quien mata una alimaña que amenazaría ganado, puercos o aves de corral. Sin inmutarse. Y es que los monstruos nacen y se hacen, y con el tiempo se perfeccionan.

Terrorhome se sustenta en un costumbrismo rural de un realismo exacerbado; emplea un léxico pulido y limado cuidadosamente para que encaje con precisión milimétrica de pie de rey en cada situación; destila humor negro y pretende con ese horror doméstico, ese terrorhome del título, el rechazo y a la vez la fascinación que consigue sobradamente.

Y es que aquí no se busca el quién, ni el cómo, ni tan solo el porqué. Solo vivir el terror doméstico, el peor, porqué no se le ve venir hasta que ya es tarde: ¿sociópata o psicópata?

El autor dirige con seguridad una puesta en escena de una obra en dos actos completamente distintos en forma y tratamiento pero que no se entenderían uno sin el otro. Con su narrativa consigue una fascinación hipnótica por un personaje, Aquiles Entrecoz, de cultura mundana pero de gran saber a partes iguales Y es que eso es lo que tienen las mentes brillantes, capaces de comer barro y caviar sin distinguir cual es cual, para eructar a continuación sin reparo alguno.

Pruébenla, es breve, sabor agridulce, pero satisface.

0 comentarios:

Publicar un comentario