domingo, 29 de noviembre de 2020

Los solitarios de Álvaro Arbina

La novela no esconde la intención de homenajear al clásico de la novela policiaca que es Diez Negritos de la gran Agatha Christie y por eso hay alguna similitud pero son más las diferencias hasta el punto que incluso se podría obviar la referencia. Pero cara a la venta, todo vale.

Personas desconocidas entre si coinciden, por invitación, en una casa aislada con respecto a cualquier atisbo de vida y también por acceso casi impracticable salvo por avioneta. Una vivienda de diseño funcional y elementos pensados para un biosostenimiento autosuficiente ante naturalezas adversas que no tuvo en cuenta la naturaleza humana. La más adversa y perversa de todas.

En Maryland, en invierno y con unas condiciones climáticas muy duras, en esa casa, se ha encontrado a todos sus temporales inquilinos, cadáveres.

Descubrir que ocurrió, quien, cómo y por qué, al más estricto ideario de novela policiaca clásica, es la tarea de la pareja investigadora Emeli Urquiza, una vasca lesbiana en EEUU, y de Francis Thurmond, un afroamericano que sufre su condición de rechazo y que se han desplazado a ese recóndito lugar para dar cobertura a la policía local.

Tanto el perfil elegido para la pareja protagonista, para las víctimas y otros personajes sospechosos, a cual más peculiar y con pasado más pintoresco, anticipa que estamos ante una búsqueda de notoriedad que puede acabar entorpeciendo la trama. Y a partir de aquí, cuando todo debería empezar a mostrarse interesante, empieza a torcerse. Incluida la trama, como era de prever.

A la novela se le pueden achacar más peros que pros: historias personales en analepsis demasiado prolijas para el desarrollo y ritmo del argumento; y más expectativas que realidades, cuando intenta ser psicológica a base de mezclar pensamientos y emociones y cae en el error de buscarlo empleando tópicos.

A nivel narrativo, Álvaro Arbina emplea lenguaje demasiado barroco para una novela de género que aspira a romper moldes y solo consigue rasparlos y si acaso alguna pequeña grieta.

La novela, como viene siendo demasiado habitual, emplea el recurso de desarrollarse de forma simultánea en dos tiempos, pasado y presente. Y, como es obvio, el pasado permite conocer todo lo que pasó y el presente lo que se va descubriendo.

Los Solitarios es una novela de misterio que no acaba encontrando la atmósfera adecuada para envolver de suspense la lectura.

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