martes, 19 de enero de 2016

Margen de error de Berna González Harbour

El superávit en el balance económico de las empresas suele acompañarse de una dosis de deshumanización en el trato con los subalternos, generalmente delegado en personas contratadas con dedicación exclusiva a este fin y que suelen ser reemplazadas al cabo de poco tiempo. Si todo ha ido bien los resultados no se hacen esperar y si el clima laboral se enrarece siempre habrá a quien echar la culpa evitando que la cúpula se salpique.

La trama de Margen de error parte de una noticia real como son los 35 suicidios acaecidos entre 2008 y 2009 en la empresa France Télécom para mostrar el submundo de la corrupción empresarial donde los cargos blindados derrochan en gastos con tarjeta de empresa mientras se despide a asalariados para reducir gastos fijos sin tener en cuenta que están incidiendo claramente en su vida personal ya que no se trata solo de empleados sino que ante todo son personas.

Los mercados responden empujando hacia arriba el valor de la acción cuando las empresas reducen costes recurrentes. Nadie se acuerda de los despedidos.

Han pasado unos meses desde que finalizara el caso narrado en Verano en rojo y todo, lenta y progresivamente, va volviendo a la normalidad. Tanto en la vida personal y profesional de la comisario María Ruíz como en la realidad criminal del país.

Periodismo, encarnado en el veterano Javier Luna, e investigación policial, con la comisario María Ruíz, Carlos y Tomás, el informático, de nuevo en colaboración para resolver unos sucesos que se inician con un suicidio en el Parque del Retiro de Madrid; un caso con unas consecuencias que afectarán a María Ruíz más de lo que pueda siquiera imaginar.

Unos sucesos que tienen tres tramas, llevadas en paralelo, que descubren puntos débiles en las investigaciones y en las declaraciones de los interrogados y en la que surgen varios incidentes que tal vez guarden estrecha relación.

Berna González Harbour denuncia en esta novela la codicia ilimitada de quien atesorando poder siempre cree que necesita más y quiere más. La miopía inducida de los gobiernos forzada por las prevendas con las multinacionales y la impotencia de los indignados que no encuentran oídos para sus justas reivindicaciones.

Consolida en esta segunda entrega el personaje de la comisaria María Ruíz a la que pretende dotar de un perfil tan independiente y actual que se le va un poco la mano y el resultado presenta altibajos como si aún no tuviera claro hacia dónde encaminarla; en cualquier caso la dota de la capacidad de lucha imprescindible para posicionarse en ese mundo de hombres que aun recela de las mujeres inteligentes.

La trama en si sigue su propia evolución como si se deslizara por una superficie suave y sin rozamiento. Los protagonistas parecen jugadores de curling limpiando el camino sin mucho mayor protagonismo. Se apoya demasiado en el peso que otorga sustentarla en un hecho real y no acaba de desarrollar con suficiente interés la parte de ficción para que sorprenda y tenga cuerpo propio más allá de parasitar la realidad.

Lean en este mismo blog la reseña de la primera novela de la serie de la Comisaria Ruíz titulada Verano en rojo

Berna González Harbour estará en BCNegra 2016, consulten el programa para saber dónde y cuando.




domingo, 17 de enero de 2016

VOID 01 de Herik Hanna y Sean Phillips

Cubierta de VOID 01
VOID 01 es un cómic negro de ciencia ficción que transcurre en la nave espacial Goliath 01 en órbita y sin conexión con el exterior por avería y con un asesino psicópata en su interior.

El coronel Mercer parece haber enloquecido a raíz de una lluvia de meteoritos que ha zarandeado la nave y ha inutilizado parte de su fuselaje y sistemas de control de la infraestructura principal.

Cree que la tripulación está maniobrando a sus espaldas para abandonar la nave en las lanzaderas de emergencia y dejarlo a él también encerrado a la deriva.

Y ha decidido dar el primer paso y está matando a la tripulación y a los pasajeros, prisioneros en realidad, de la nave Goliath 01 y algo tiene que hacer John para detenerlo ya que si no lo destruye acabará matándole también a él.

El Goliath 01 es un transportador espacial que hace las veces de centro penitenciario. Sus celdas albergan a ladrones convictos de bajo nivel de peligrosidad: ladrones y corruptos.

Página interior de VOID 01: hay situaciones
que la mente humana no puede racionalizar y
solo toca vivirlas
Ahora las celdas están vacías, con las puertas abiertas y los pasillos llenos de cadáveres y John sabe que enfrentarse a Mercer es solo cuestión de tiempo y vencerlo cuestión de suerte.

Cierto es, como decía el reclamo de Alien, que en el espacio nadie oye tus gritos y es que en este comic los gritos sordos configuran su banda sonora. Gritos de dolor, de terror y de desesperación.

Mercer ha sumado a su inestabilidad psíquica un desequilibrio emocional que le produce alucinaciones, una especie de dejà vu de otro dejà vu lo que lo hace aún más impredecible.

El guión de Herik Hanna está confeccionado para comprender el efecto que producen en la mente humana situaciones que se escapan al control racional, así consigue un argumento lleno de angustia y tensión ante la inminencia de que la muerte puede asaltar en cualquier instante.

VOID 01: la soledad en el espacio
es doblemente tangible
Sean Phillips lo aborda con un dibujo realista en rostros, expresiones y fondos. El hecho de que esté poco pulido tiene sus detractores pero en este caso tiene también la virtud de ayudar a percibir lo que supone que las personas actúen sin control y de forma puramente instintiva: a impulsos.

Los colores oscuros de Hubert son los que se espera encontrar en una nave que funciona con pocos medios y donde todo elemento proyecta su propia sombra. La oscuridad conforma el rostro del miedo.

El resultado da un cómic entretenido que mantiene el suspense y cuyo final sorpresa solicita una segunda lectura.. 

jueves, 14 de enero de 2016

Programa BCNegra 2016

BCNegra 2016
Programa en Castellano de
 BCNegra 2016

29 enero, viernes

19:00
Inauguración exposición ‘En primera línea: la foto. Periodismo de vanguardia’ en Biblioteca Jaume Fuster, Pl. de Lesseps 20.

19:30
Mesa redonda ‘Los periodistas: objetivo detrás del objetivo’ homenaje a José Couso y Paco Elvira. Con Javier Bauluz, Jordi Borrás, Pepe Encinas, Javier Couso y Andrea Elvira. Modera Joaquim Noguero. En Biblioteca Jaume Fuster, Pl. de Lesseps 20

30 enero, sábado

11:00
Mesa redonda ‘Barcelona capital catalana y europea del crimen (literario, naturalmente) con Lluís Llort, Rafa Melero, Graziella Moreno, Marc Moreno y Aro Sáinz de la Maza. Modera Miguel Ángel Díaz Ortega. En Sala de Actos Oriol Bohigas del Ateneu Barcelonés, Canuda 6.

12:30
Mesa redonda ‘SigloXIX, El siglo de la luz, es, en Barcelona, el siglo de la oscuridad donde se esconden los asesinos’ con Toni Arençon, Jordi Llobregat y Daniel Sánchez Pardos. Modera Sergi Doria. En Sala de Actos Oriol Bohigas del Ateneu Barcelonés, Canuda 6.

18:00
Proyección del filme ‘El testamento del Dr. Mabuse’ en Museo Nacional de Arte de Catalunya, Palacio Nacional, Parque de Montjuic

31 enero, domingo

12:00
Mesa redonda ‘Los genios del mal: en celuloide y en papel’ con Josep Mª Bunyol y Paco Camarasa. Modera Josep Miquel Faura. En Museo Nacional de Arte de Catalunya, Palacio Nacional, Parque de Montjuic

1 febrero, lunes

16:30
Charla ‘Desde Francia nuevos matices del noir eterno’ con Michel Bussi, Bernard Minier y Toni Marín. En Auditori del Conservatori del Liceu, Nou de la Rambla 88.

17:45
Mesa redonda ‘El bouquet del crimen: color de vino, color de sangre’ con Julio César Cano, Daniel García Giménez y Xabier Gutierrez. Modera Joan C. Martín. En Auditori del Conservatori del Liceu, Nou de la Rambla 88.

19:15
Charla ‘Crimen contra la humanidad’ con Alberto Vázquez-Figueroa y Antonio G. Iturbe. En Auditori del Conservatori del Liceu, Nou de la Rambla 88.

2 febrero, martes

12:30
Charla homenaje al periodista Xavier Vinader ‘El periodismo contra la guerra sucia’ con Bru Rovira, José Martí Gómez, Eduardo Martín de Pozuelo y Xavier Montanyà. Modera Jordi Bordas. En Auditorio de la Facultad de la Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna en la Universidad Ramon Llull, Valldonzella 12.

16:30
Mesa redonda ‘Antropología y novela negra’ con Dolores Juliano y María Oruña. Modera Verena Stolcke. En Auditori del Conservatori del Liceu, Nou de la Rambla 88

18:00
Mesa redonda ‘Tiempos de esperanza, tiempos de ilusión’ con Nacho Abad, Carmen Conde, Edmundo Díaz, Gema García-Teresa y Elena Torres. Modera Nacho Cabana. En Auditori del Conservatori del Liceu, Nou de la Rambla 88

19:30
Mesa redonda ‘Cuando el crimen deviene psicológico’ con Belinda Bauer, Ruben Eliassen, Mari Jungstedt y Lars Kepler. Modera Pilar Argudo. En Auditori del Conservatori del Liceu, Nou de la Rambla 88.

3 febrero, miércoles

16:00
Mesa redonda ‘No se mueren, las asesinan. Las queremos vivas’ con Joana Gallego, Denise Mina, Alba Orteu y Anna Choy. Modera Fàtima Llambrich. En Auditori del Conservatori del Liceu, Nou de la Rambla 88.

17:15
Mesa redonda ‘Homenaje a Rafael Chirbes’ con Xabier Aliaga, Juanjo Braulio, Esperança Camp, y Joanjo García. Modera David Fernández. En Auditori del Conservatori del Liceu, Nou de la Rambla 88

18:45
Charla ‘Abril a Lyon’ con Hélène Fischbach y Paco Camarasa. En Auditori del Conservatori del Liceu, Nou de la Rambla 88.

19:30
Charla ‘Camille Verhoeven, la intución tozuda, la tozudez intuitiva’ con Pierre Lemaitre y Álvaro Colomer. En Auditori del Conservatori del Liceu, Nou de la Rambla 88.

4 febrero, jueves

12:30
Mesa redonda ‘Catalunya, un país lleno de crímenes literarios’ con Miquel Aguirre, Lluís Bosch, David Marín, Mireia Llinàs y Rafael Vallbona. Modera Lluís Llort. En Auditorio de la Facultad de la Comunicación y Relaciones Internacionales Blanquerna en la Universidad Ramon Llull, Valldonzella 12.

16:00
Mesa redonda ‘Crímenes con sonrisa’ con Rafa Calatayud, Carlos Salem y Teresa Solana. Modera Marc Balcells. En Auditori del Conservatori del Liceu, Nou de la Rambla 88.

17:00
Mesa redonda ‘Glasgow: las islas y los prados verdes’ con Peter May, Denise Mina y Louise Welsh. Modera Antonio Lozano. En Auditori del Conservatori del Liceu, Nou de la Rambla 88.

19:00
Entrega del XI Premio Pepe Carvalho a Donna Leon en el Saló de Cent de l’Ajuntament de Barcelona, Pl. de Sant Jaume 1

5 febrero, viernes

12:00
Mesa redonda ‘El lado oscuro de la red’ con Pere Cervantes, Antonia Huertas, Manel Medina y Mercè Molist. Modera Carles Quilez. En Sala de Actos del Colegio de Periodistas de Catalunya, Rbla. de Catalunya 10.

16:00
Mesa redonda ‘Juego sucio: bancos y servicios secretos’ con Sergio Salgado y Albert Villaró. Modera Pere Rusiñol. En Sala Barts, Av del Paral·lel 62

17:00
Mesa redonda ‘El mal camino de la conspiración de los mediocres mientras sigamos jóvenes’ con José Luis Correa, Ernesto Mallo y Mikel Santiago. Modera Rosa Ribas. En Sala Barts, Av del Paral·lel 62.

18:30
Charla ‘Martin Beck ya ha cumplido 50’ con Maj Sjöwall y Pedro G. Cuartango. Sala Barts, Av del Paral·lel 62.

19:30
Charla ‘Venecia: ciudad o decorado’ con Donna Leon, Rosa Mora y Paco Camarasa. Sala Barts, Av del Paral·lel 62

6 febrero, sábado

11:00
Mesa redonda ‘La cosecha en castellano’ con Juan Bas, Segi Doria, Francisco José Jurado, David Llorente y Berna González Harbour. Modera Jesús Lens Espinosa de los Monteros. En Sala de Actos Oriol Bohigas del Ateneu Barcelonés, Canuda 6.

12:30
Charla ‘Dos Hammett por favor, agitados no mezclados’ con Andreu Martín y Carlos Zanón. Modera Matías Néspolo. En Sala de Actos Oriol Bohigas del Ateneu Barcelonés, Canuda 6.


Durante estos días habrá proyecciones de Films de Hitchcock en La Filmoteca Nacional de Catalunya, así como emisiones de radio en la SER relacionadas.

Consulten aquí todo el detalle http://lameva.barcelona.cat/bcnegra/programa/6-de-febrer

Feliz BCNegra 2016!

domingo, 10 de enero de 2016

Agatha Raisin y el veterinario cruel de M. C. Beaton

¿Dos gatos mejor que uno?
Esta segunda entrega de la serie protagonizada por esta cincuentona inglesa que abandonó el éxito como relaciones públicas en Londres para jubilarse anticipadamente en Los Cotswolds sigue los pasos de su novela predecesora, en cuanto a estructura, pero corrige los defectos más notorios que eran la falta de ritmo y algunas descripciones vacías de interés.

Por todo ello Agatha Raisin y el veterinario cruel es más agradecida de leer, más ágil, más interesante y con un protagonismo compartido entre Agatha Raisin y el coronel James Lacey, del que Agatha está adolescentemente enamorada, cuya relación permite desarrollar más el componente humano de ambos y da pie a situaciones jocosas que mantienen la sonrisa durante toda la lectura.

Sonrisa que aflora ya desde el mismo inicio con unas esperpénticas vacaciones de Agatha en Las Bahamas hasta el mismo final entonando a voz en grito el clásico de Sinatra I did it my way.

Sonrisa que a menudo pasa a risa comedida que no expansiva pero ya se sabe que estamos ante humor británico y el juego de ironías es deporte popular.

Tan británico como que en el timbre de la entrada a Clarendon, vivienda familiar del detective Bill Wong suene Rule, Britannia y en el portarrollos de papel higiénico del mismo hogar suene The Bluebells of Scotland. Lo que no va parejo con la falta de cortesía de sus padres para con sus invitados lo que de nuevo invita a una conversación rica en despropósito acompañada de una botella de Liebfraumilch.

En Los Cotswolds se ha instalado a tiempo parcial un nuevo veterinario, Paul Bladen, joven y atractivo sobre todo para mujeres de edad madura a quienes sabe regalar el oído; un veterinario que curiosamente odia los animales domésticos.

Tras fallecer en un desafortunado accidente, Agatha Raisin encontrará razones para sospechar que tal vez todo no sea tan claro como parece y al obtener la colaboración de su soñado coronel James Lacey está ya dispuesta a demostrar que en su muerte se esconde un asesinato aunque tenga que cometerlo ella misma.

En esta nueva novela Agatha Raisin muestra su lado más humano y a su carácter indómito y contrario a seguir las reglas se contrapone su lado más tierno al adoptar otro gato y más ensoñador e ingenuo al no poder evitar enamorarse y tener celos.

La sospecha en la primera novela de la serie que Agatha Raisin podía ser una copia descolorida de la ancianita Jane Marple de Agatha Christie queda afortunada y completamente descartado, para siempre, en esta segunda.

Agatha Raisin tiene una más que evidente pasión por solucionar asesinatos pero también una personalidad tan dispareja con Jane Marple que hace que su evocacón sea solo un rendido y cariñosísimo homenaje.

M. C. Beaton una escritora prolífica
M. C. Beaton parece dominar ese estilo de novela policiaca clásica, ese whudunit basado en el descubrimiento del asesino como si fuera un juego de sobremesa y que hoy, al ser la detective una amateur seguramente sería clasificada en el subgénero denominado domestic noir.

La novela, muy corta, es de lectura ligera y entretiene y divierte a partes iguales sin ninguna otra pretensión. Muy recomendable sabiendo claramente lo que nos vamos a encontrar.

Lean aquí la reseña de la primera novela de esta serie Agatha Raisin y la quiche letal

jueves, 7 de enero de 2016

Al hilo del mundo literario de la novela negra

Tipología de la novela policiaca
En el mundo actual de la novela negra parece haberse instaurado el que si no presentas un extravagante asesino de mentalidad retorcida que actúe con denostada maldad e interprete, más que cometa, sus atrocidades como si estuviera ejecutando un triple mortal con doble tirabuzón al bies no eres nadie.

Y de eso tiene la culpa el lector y la editorial que no el autor; que bastante duro es imaginar un argumento y unos personajes que nadie haya imaginado antes (harto difícil visto el catálogo de especímenes ominosos que viven instalados en las bibliotecas de medio mundo) y escribirlo con más o menos gracia y conseguir que lo publiquen como para encima cargar en las espaldas la pesada mochila de ser un oportunista mercantil.

Y digo la editorial porqué si funciona hay que seguir y seguir y digo el lector no por su condición sinó por su indefensión ante las agresivas publicidades que mienten más que informan.

Antes se intentaba sacar panes de las piedras ahora el esfuerzo editorial se centra en sacarlos de la novela negra, novela policiaca, thriller, thriller negro, novela interrobang vamos, esa que salió del mainstream para instalarse como oriunda.

Y sacuden sus autores de primera y segunda fila como si fueran olivos y esperan que de ellos caigan novelas negras por encargo, que no aceitunas, listas para ser envasadas y promocionadas donde haya opción de venta. Aúnque sean en secciones de hipermercados justo al lado del pasillo de aceitunas y encurtidos.

Y ahora ya son los premios literarios quienes son otorgados sin ningún pudor a autores de novela negra (y no es que no se lo merezcan) a quienes hasta hace poco denostaban por ser su obra considerada indigna de formar parte del circulo virtuoso de la Cultura, con C mayúscula.

Y que se intente, lo de sacar panes, no significa que se consiga: según dicen quienes de esto entienden tanto el punto de venta, la librería de toda la vida vamos, como sobre todo el autor ven muy poca remuneración de vuelta.

Y un escritor cobra menos que un maestro de escuela. De los de antes y con los recortes también de los de ahora.

Actualmente publicar alimenta más el ego que la barriga. Llena más las arcas de la satisfacción que de dígitos la cuenta bancaria. Hay que buscar bolos, participar en eventos, hacer de jurado, lo que sea para redondear las cifras o como mínimo promocionar la obra y que a la postre también debería de incidir en el tema pecuniario.

Pero aún y así muchos son los llamados a escribir, publicar, triunfar y ganar dinero y pocos, muy pocos los que logran lo primero, algunos además lo segundo, menos muchos menos los que logran lo tercero y… ¿qué era lo cuarto? A si! ganar dinero; ganar lo que se dice ganar se gana pero no lo suficiente, el esfuerzo no es justamente recompensado, al menos no es igual que vaciar una máquina tragaperras de un casino con un puto euro y bajar una palanca como todo gesto.

Pero es que hay tal euforia con la novela negra que quien más quien menos acarrea con cedazo, sombrero y botas hasta la rodilla para encontrar esas pepitas de oro con las que el mercado editorial encandila las mentes de quien se acerca con un original. Y si no, lo tienen crudo:

-       Uy que mono, otro escritor ¿es novela negra?
-       Pues no
-       ¿Pero la podemos etiquetar así?
-       Me temo que no…
-       Vale ¿Autoayuda? ¿Recetas de cocina?
-       Tampoco...
-       Es que ahora no se vende nada más. Lo siento. Vuelva usted otro día.

Y el candidato a escritor, en la intimidad de su sancta sanctórum de escribiente, allí donde las musas suelen acariciar y estimular sus neuronas, se dispone a reescribir su ensayo revisionista sobre Una mirada al arte del siglo XX según el materialismo dialéctico de Karl Marx.

Convertirá al orondo barbudo en un joven de pelo lacio y piercing en la nariz hijo de revolucionarios convertido en un sádico asesino en serie de artistas vendidos al capitalismo, enamorado de una galerista de arte mundano, su femme fatale, que le provoca conflictos internos de lucha de clases entreverado con el alienamiento que los programas gratuitos de retoques de imágenes por PC (Personal Computer que no Partido Comunista) provocan en los asalariados.

Un policía encarnando el poder del mercantilismo anónimo le sigue los pasos, huellas con marcas de pintura reciente, mientras una gran exposición recopilatoria de arte del siglo XX está a punto de inaugurarse, ta–ta–ta-chán.

El título por supuesto se adapta a Arte asesino y con un original bajo el brazo y una vela encendida a algún santo de su devoción el candidato a escritor vuelve con renovada ilusión a convencer a la editorial.

Y más o menos así se vienen publicando novelas, que las fajas anuncian como novela negra, de consumo rápido y sabor a prefabricado: fastbook.

Los lectores de novela negra exorcizamos nuestro yo oscuro, dicen, al leer este tipo de género. Al vivirlo en la imaginación no necesitamos vivirlo en la realidad dicen. Somos, psicologicamente hablando, enfermos irredentos, dicen. Sarta de chorradas, digo.

La novela negra es y ha de ser y seguir siendo un divertimento, una ficción con su apego a la realidad si así lo desea pero cualquier otra intencionalidad puede dar lugar a obras de resultado cortoplacista que no podrán ofrecer relectura futura y eso podría tener consecuencias funestas para la supervivencia del género.

Las grandes obras del género se leen y releen sean de la época que sean.

El tiempo pondrá cada obra en su lugar y la novela negra de verdad, no la oportunista, no la hecha por encargo ahora que está de moda, exigirá y cobrará cabezas.

Si la novela negra ha acabado con librerías como Negra y Criminal ¿Qué no será capaz de hacer?

domingo, 3 de enero de 2016

El hijo de la virtud de Juan Pablo Longobardo

Thriller sociopolítico
El hijo de la virtud es un juvenil thriller sociopolítico con más crónica de realismo en sus páginas que en las de los periódicos, que incide en lo ya sabido de que en las desigualdades entre clases sociales siempre ganan los que ostentan algún tipo de poder que les permite traspasar líneas rojas sin castigo y también que ante el dinero pocos se resisten a ser corruptos.

Su lectura ha de permitir a jóvenes revolucionarios de salón, como diría Marx, o a recientes indignados de tienda de campaña, aún expuestos a la erótica del poder, reflexionar sobre el alcance que pueden tener las ideas cuando se pasan a los hechos de un modo radical e irreversible. Aquellos que hayan seguido el cómic o visto el film V de Vendetta no podrán evitar notar ciertas analogías.

A Maximilien Robespierre, entusiasta visionario y enloquecido artífice de la revolución francesa de 1789, rinde veneración el cántabro protagonista de esta novela, Emmanuel de las Casas y a quien profesa profundo respeto por considerarlo su padre ideológico.

Robespierre
Emmanuel es un profesor de filosofía que decide culminar el camino que inició Robespierre para contextualizar la República de la Virtud y como que emplear la guillotina sería anacrónico decide junto con cuatro amigos, Víctor, Ahmed, Adi y Nastia, valerse de armas modernas y sobre todo del poder mediático de internet para despertar las conciencias adormecidas y manipuladas del pueblo oprimido, aunque sea por la fuerza, mediante la reinstauración del terror.

El terrorismo entendido como medio expiatorio para liberarse de los que comprometen la virtud mediante sus malas artes con las que no solo consiguen sus viles propósitos sino que además viven instaurados en la impunidad. Por eso deben ser excluidos de la sociedad mediante un ajusticiamiento ejemplarizante.

Pero en este camino de redención autoimpuesta se van a liberar más que tensiones y Emmanuel va a tener que tomar terribles decisiones que enfrentarán su amistad más noble con su idealismo y su amor más pasional con su misión. Las tragedias no solo se viven de puertas a fuera sino que también destruyen por dentro.

Es un thriller inteligente porque pone al joven lector frente el espejo que refleja esos pensamientos tan íntimos, tanto que no se dicen y cuyo sordo eco hace contraer los músculos de la cara, sobre lo que nos gustaría hacer sino fuera por las restricciones morales y legales.

Juan Pablo Longobardo ha escrito una amena reflexión desde la erudición filosófica sin cruzar el umbral de la pretenciosidad a pesar del uso de citas y de las diatribas que proclaman los protagonistas durante sus purgas.

La escritura convence tanto en las descripciones más cruentas de las acciones punitivas como en las aproximaciones amorosas llenas de tierno romanticismo huyendo en ambos casos de lo fácil y lo trillado empleando un léxico rico y comprometiendose ante situaciones capaces de tambalear firmes convicciones dejando la dignidad en entredicho.

miércoles, 30 de diciembre de 2015

W de Whisky de Sue Grafton

Un gato bobtail, nuevo miembro
 del universo Kinsey Millhome
El Alfabeto del Crimen de Sue Grafton sigue completándose y acercándose a su final con esta nueva entrega y mantiene la cohesión geográfica y ambiental, década de 1980, que conecta toda la serie y sigue la evolución personal de los protagonistas como si fuera ayer la última vez que coincidimos.

En W de Whisky nos encontramos de entrada con dos cadáveres y un intervalo de varias semanas entre uno y otro y nada que haga sospechar la más mínima relación. Uno corresponde al de un detective privado y el otro al de un indigente no identificado.

Ambos cadáveres tienen un punto en común: Kinsey Millhome, nuestra querida detective y protagonista de toda la serie. El nombre de Kinsey aparece en un pedazo de papel en el bolsillo del cadáver del sin techo. Kinsey no lo conoce y no sabe si la buscaba para contratar sus servicios. Si conoce al detective privado, la otra víctima, con quien había coincidido tiempo atrás y mejor no haberlo hecho.

El misterio está servido y sitúa a Kinsey en el epicentro de un caso que destapará un poco más de su desconocido pasado y con el que tendrá que lidiar y lo hará como siempre mientras soluciona sus quehaceres cotidianos profesionales y personales y mientras mantiene sus relaciones con su casero y amigo Henry y William el hermano de éste, un gato como nuevo vecino y con el sobresalto hormonal que supone el regreso de un querido antiguo novio.

Esta novela es especialmente humana por el trato que dispensa a las víctimas de la marginación social, los homeless, por lo general rechazadas por propios y ajenos y por las muestras de generosidad que aún y así florecen entre ellos y en algunos miembros solidarios de la propia comunidad.

Las premisas empleadas por Sue Grafton para empezar sus novelas suelen ser situaciones prosaicas relacionadas con las obligaciones profesionales de Kinsey que hábilmente combinadas con el quehacer doméstico diario de los habituales protagonistas acaban desarrollando una trama mezcla de costumbrismo y policial, sencilla y desenfadada pero completa e interesante.

Y todo contado en ese estilo Sue Grafton que nos es tan conocido y por ello querido. Ese estilo que hace que todo vaya encajando y que avance lenta pero imparablemente hacia su objetivo, ese estilo sinuoso pero decidido como el avance de una serpiente.

Impagable resulta la subtrama lineal que desde el principio está presente y que hace referencia al coche de Kinsey.

El alfabeto del Crimen, decíamos al principio, está llegando a su fin, esta novela es la número 23 de la serie y tal vez su mayor logro sea el de mantenerse constante y fiel a su primera entrega, si bien es cierto que acusa dificultad para ser sorprendente y original.

Sue Graton en Negra y Criminal
durante su estancia en BCNegra
 A estas alturas los seguidores de la serie hace tiempo que aceptamos las reglas del juego y sabemos a que atenernos al abrir una nueva novela.

Que duda cabe que incremento del número de páginas (terrible imposición que azota a la novela negra en los últimos años) tiende a ralentizar el ritmo narrativo pero la autora lo aprovecha inteligentemente para ir insertando reflexiones de la protagonista no exentas de su peculiar sentido del humor.

Esperando la entrega con la letra X, de xilófono? de xilografía? xenofobia?  xenofilia? xerofagia?...



Lean aquí la reseña dedicada a su novela anterior titulada V de venganza y a la valoración del conjunto de su obra.



domingo, 27 de diciembre de 2015

Broadchurch temporada 2

Caratula Broadchurch 2
El acantilado del condado de Dorset que ofrece su roca desnuda a la mirada del sol y a las caricias de la brisa, cuando no, también, a los arañazos de la lluvia y a los latigazos del viento, se está desmoronando como también lo están empezando a hacer los habitantes de Broadchurch expuestos a las inclemencias del juicio al presunto asesino del pequeño Danny Latimer.

Hay desprendimientos de rocas de igual modo que se desprenden lágrimas y se liberan pensamientos negativos.

En un juicio no tiene por qué ganar la justicia pero quien siempre gana son los abogados. O bien la parte acusadora o bien la parte defensora. Uno de los dos gana. Siempre.

Y los demás, todos los demás: jurado, familiares de la víctima, familiares del acusado, amigos de unos y de otros incluso el juez pierden. Pierden algo de inocencia por el camino, pierden tranquilidad y también, y aún peor, pierden algo de humanidad.

Las reglas de un juicio, las prebendas de los abogados en sus intervenciones y las intervenciones del juez no están pensadas para apaciguar los ya de por si encendidos ánimos, solo permiten regular con normas pensadas para su indulgencia el desarrollo de un acto donde se decide sobre la futura vida de un reo y de rebote sobre el futuro de unas gentes salpicadas por el hecho luctuoso de un asesinato capaz de manchar un pueblo y de resquebrajar un acantilado.

Acantilado de Broadchurch
en el condado de Dorset
Alec Hardy el detective que resolviera este caso en Broadchurch está intranquilo porque en su caso anterior, Sandbrook, el sospechoso quedara en libertad y no desea que suceda lo mismo.

Y en paralelo y mientras transcurre el juicio, Hardy y la otrora detective Ellie Miller, el suspendido y ella reconvertida en agente de tráfico, reabren por su cuenta el caso Sandbrook y pondrán todo su empeño en encontrar donde se falló y que es lo que falta para volver a ponerlo en la senda de su resolución.

Esta segunda temporada de la serie de televisión Broadchurch no es lamentablemente como la primera, donde debería haber concluido, pero ya puestos no desmerece ni desentona en la línea iniciada en la primera, aunque con la reiteración de sus aciertos prolonga inevitablemente sus defectos y errores.

El final de Broadchurch 1 pareciera no dar pie a continuación alguna, pero los guionistas han sabido sacar petróleo de donde no había y han conseguido una historia que aunque coja permanece en pie sin tener la carga dramática que tan buena hiciera la primera.

Los episodios son de movimientos lentos, para muchos acostumbrados al ritmo americano resultarán aburridos, pero no por ello dejan de suceder cosas. El avance es notorio y cada plano responde a un motivo y con el uso de lentes de gran angular se magnifican tanto los paisajes como las emociones humanas para favorecer la comprensión y entendimiento de cada estado de ánimo, de cada racha de viento y de cada golpeteo de las olas en su agonía sobre la arena.

Casetas de baño de la playa de Broadchurch

Las dos tramas principales, el juicio y la investigación del caso anterior, se ven complementadas con otras más cortas y de distintos temas que enriquecen el conjunto al humanizar los personajes favoreciendo la empatía con cada uno de ellos. Incluso con los que se muestran como malos.

A destacar el brillante enfrentamiento entre Sharon Bishop (Marianne Jean Baptiste) abogada de la defensa y Jocelyn Knight (feliz reencuentro de Charlotte Rampling) de la acusación, que mantiene con vida el relato y demuestra lo equivocados que estamos respecto del concepto de justicia.

Es una serie interesante por el componente psicológico de buen nivel que demuestra y porqué consigue mantener la atención desde el minuto uno, eso a si a su perezoso y particular ritmo.

Se habla ya de la tercera temporada. Que cada cual tome su decisión.




miércoles, 23 de diciembre de 2015

Cuatro muertos más para el desierto de Christopher Pollinini

A pesar de que se hagan sofritos, incluso hay recetas que así lo indican, en quince o veinte minutos, quien entiende de cocina sabe que debe dedicarle no menos de dos horas para obtener ese punto almibarado en textura y sabor que diferencia la calidad de la vulgaridad.

A pesar de que se escriban y publiquen muchas novelas, quien entiende sabe que a la idea inicial hay que darle tiempo y medios para desarrollarla: hay que documentarla, hay que perfilar los personajes, hay que entrelazar diversas historias, hay que procurar elementos sorpresa, propiciar giros inesperados y sobre todo y ante todo hay que escribirla para reescribirla una y otra vez, como quien va removiendo lentamente el sofrito, para obtener ese punto de exquisitez, distinto para cada cual, que aunque nunca será definitivo si se acercará mucho a parecerlo.

Cuatro muertos más para el desierto es una novela que se lee de un tirón. Una narración que seduce ya desde las primeras líneas con una trama trepidante donde la violencia y la intriga conviven hasta el mismo punto y final.

Imagínense el resultado si en lugar de estar hecha como un sofrito de veinte minutos lo hubiera estado como uno de dos horas.

Leer Cuatro muertos más para el desierto es como entrar en un cine a oscuras con la película ya empezada a ritmo de western. Hay sangre y hay un herido de gravedad. No sabemos quién ni porqué. Y vamos viendo desfilar a los protagonistas y a unos les asignamos el rol de buenos solo por parecerlo en contraposición a los malos y no por serlo implícitamente.

Este thriller escrito de modo cliffhanger al final de cada capítulo está repleto de disparos, robos, contrabando, persecuciones y peleas armoniosamente combinados en dos épocas dispares de España como son finales de 1975, cuando la agonía de Franco abría un abismo de incertidumbre política y la época actual, cuarenta años después.

Y transcurre en dos grandes escenarios principales, Barcelona que ofrece el asfalto a la trama tanto por su zona alta como por las calles del Raval, centro de acogida de almas descarriadas y de mercachifles de género de dudosa procedencia y en donde los brillos relucen en hojas de navaja y Marruecos que ofrece la arena del desierto, sus pueblos y los convulsos últimos días de pertenencia a España del Sahara Occidental.

La familia Correa es el hilo conductor de una historia que arranca con la lucha diaria por sobrevivir a una vida empeñada en darte la espalda y que termina con la lucha por sobrevivir a una vida empeñada en cobrarse la factura por haber vivido.


A Christopher Pollinini le ha salido un sofrito resultón pero le hubiera salido exquisito con mayor ambición en la integración en la trama de los hechos históricos, más ahondamiento psicológico de los personajes, más cariño en no abandonar algunos por el camino y entendiendo el punto de cocción final adecuado antes de cerrar el fuego.

La novela es de fácil digestión y el sofrito no repite.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

Como una dama de Ingrid Noll

Novela negra y humor negro
La llegada de la vejez (¿a que edad se es viejo?) supone para muchas personas una angustiosa situación que hay que gestionar sin disponer ni de la preparación adecuada ni de las herramientas precisas por lo que cada cual la afronta como puede y con resultado dispar.

Llegar a la vejez, superarla con nota y no morir en el intento ya es de por si el argumento de una novela negra de humor negro.

Y por eso Ingrid Noll ha elegido para protagonizar su novela Como una dama a un par de amigas septuagenarias con sentido del humor que han decidido vivir juntas en esa etapa de la vida que para muchos es la antesala de la salida y para menos es la oportunidad de entusiasmarse con cada nueva situación, que tal vez pueda ser la última, ya que no conviene desaprovecharlas.

Son dos mujeres normales y corrientes, de ahí su facilidad por empatizar con los lectores, y aunque ahora están sin marido, Lore enviudó de forma natural y Anneliese tal vez ayudase a la naturaleza con un empujoncito, siguen teniendo apetitosos deseos cuando un buen galán les ronda aunque prime comportarse Como una dama.

En esta novela negra, y al parecer es común en las obras de esta autora, lo negro está en la esencia del comportamiento de sus protagonistas, preferentemente femeninas, con su propio sentido de la ética, su propio sentido del humor negro y absolutamente amorales y no por instinto sino porqué en la edad en la que se encuentran le dan valor a lo que lo tiene y se lo quitan a lo que no importa.

A pesar de este comportamiento sin asomo de culpabilidad, que podría llegar a escandalizar a muchos, la autora no trata a sus protagonistas con dureza sino todo lo contrario lo hace con ternura, cariño y complicidad. No las castiga sino que las anima a seguir viviendo en armonía con su estilo y su forma de ser y pensar. A que sigan siendo como son. Total si solo se vive una vez ¿a que tantos remilgos?

Son traviesas y pueden ser incluso malas pero no son malvadas y pueden ser irresponsables pero no catastróficas.

A partir de cierta edad todo es relativo. Y eso que hoy tal vez nos cueste asimilar si llegamos a su edad tal vez nos resulte más fácil de comprender y tal vez nos podamos permitir ciertos lujos hasta entonces vedados.

Ingrid Noll
Ingrid Noll es una atípica escritora de atípica novela negra que como sus atípicos personajes escribe lo que le parece sin entrar en disquisiciones sobre la ética del comportamiento humano y donde el tratamiento humorístico está presente en el hecho de no tomarse en serio nada de lo que sucede ni de lo que se provoca.

Por encima de la crítica y opinión sobre su obra, rinde homenaje a los de su propia edad y consigue con unos guiones de apariencia simples evidenciar que la vida, se tenga la edad que se tenga, se puede seguir viviendo y disfrutando y que los límites los marca cada uno.

Y lo escribe en negro sobre blanco con fondo negro o sea humor negro sobre argumento, aparentemente, blanco, pero de negro contenido.

Una poco habitual forma de abordar la novela negra, donde el criminal es el protagonista, lo que nos lleva a recordar el estilo de Patricia Highsmith aunque sin su angustia vital, en el que si algo brilla por su ausencia son los juicios morales sobre los actos de sus protagonistas y por extensión la inexistente aplicación de la justicia judicial.

Ingrid Noll crea adición. A su lectura y a las infusiones con, depende cuales, hierbas. Otra tacita por favor.

domingo, 13 de diciembre de 2015

La escena del crimen de Brubaker, Lark y Phillips

En la escena de un crimen hay que saber estar. Se necesita temple y autocontrol. Hay que ser capaz de mirar con distancia aunque se esté a un metro. Hay que utilizar la mitad racional del cerebro y dejar la mitad emocional bajo llave. Hay que ser sensible pero contenido. Sobretodo cuando el cadáver es de alguien que importa. Y mucho.

Jack Herriman, joven detective privado de Los Ángeles, recibe el encargo de localizar a una joven desaparecida no se sabe si por voluntad propia o si por intervención de terceros. La investigación va a ir deshaciendo capas y como si se tratara de una cebolla a cada una se suceden motivos para el lamento y las lagrimas.

Un caso de detective de novela negra clásica. Un detective con los tics propios del género: trauma infantil, juventud bordeando el lado oscuro, redención y supervivencia.

Un joven Jack Herriman que vive con unos tío harto peculiares y tiene como amigo y mentor, aunque ahora olvidado, a un sargento de policía.

La escena del crimen es una historia de personajes y cada cual tiene su historia. Es una letanía de soledades y desapegos de personajes que buscan y ansían compartir sus vidas pero que no saben como. Y si lo saben no conocen la forma de conseguirlo sin estropear nada.

Los pasados de las personas, cuando son desgraciados, suelen tener muchos puntos en común y su evocación suele ser tan dolorosa para unos como para otros. De ahí que cuando menos se hable del pasado mayor garantía de estabilidad emocional.

Lo de que el pasado marca el presente está bien claro a lo largo de todo el argumento, todos y cada uno de los personajes son lo que son debido a lo que fueron o hicieron y lo sabemos porqué el guión va soltando miguitas de pan para asegurar que entendemos lo que se nos cuenta y comprendemos el porque de sus reacciones.

Ed Brubaker, el guionista, programó La escena del crimen como un proyecto ambicioso que tenía previsto largo recorrido, donde seguramente habríamos captado el potente significado de la obra. Lamentablemente se quedó solo en una entrega titulada Un poquito de buenas noches.

La que conforma junto a la historia corta Dios y pecadores, una historia navideña de trágico final, este cómic.

Publicado a finales de los noventa se le nota las ganas de comunicar, al por entonces novel guionista, ya que introduce en las viñetas un exceso de diálogos que a veces reduce el dibujo a simple comparsa. Contextualizando la obra en la época no sorprendería pero a ojos de ahora resulta excesivo para ser un cómic.

Los dibujos de Michael Lark, de sencillo trazo realista adecuado acompañamiento al argumento, demuestran predilección para encuadrar con primer plano y plano medio potenciando el efecto cinematográfico y centrando la mirada y la atención en los personajes, con un trazo fino y seguido y poco detallista, con poco entintado sombreador, visto con visión actual, pero habitual por aquel entonces cuando se cedía la iluminación al color.

Color que a cargo de Sean Phillips podría haber sido mucho mejor si en lugar de abusar de colores planos hubiese compensado con tonalidades la falta de luz del entintado.

La escena del crimen resulta un cómic de lectura indispensable más por su trascendencia en la evolución del género y en la propia de los tres realizadores, con el tiempo todos destacados en su faceta y ampliamente aplaudidos, que no por su realización en si que, por su condición de opera prima, ha resultado superada por casi el resto de la producción posterior del equipo citado.