miércoles, 10 de junio de 2020

Goliath

Goliat es esa serie de género criminal
que estaban esperando y no lo sabían.

Por si no van a leer toda esta reseña, les anticipo el final: Goliath es esa serie de género criminal que estaban esperando y no lo sabían. Goliath es esa serie que ya están tardando, y mucho, en ver y recomendar.

Goliath fue, según reza la biblia, ese gigante filisteo a quien hicieron creer que era invencible hasta que alguien, David, con más astucia que fuerza, lo derribó y decapitó. El desequilibrio de fuerzas entre uno y otro contendiente es lo lo que lleva al prepotente a despreciar a su rival.

Por eso, en la primera temporada, el gran bufete de abogados Cooperman & McBride no ve en el solitario abogado deshauciado Billy McBride un rival a quien tener en cuenta. Ni conociéndolo sobradamente, no en vano fue socio fundador de la empresa, ven en el más que un acabado y alcohólico despojo, una esquiva sombra de lo que fue.

Pero es ese desprecio hacia su persona y hacia la justicia, esa superioridad moral de quien se cree tan por encima de todo y de todos, lo que estimula a Billy a aceptar un caso en el que parece todo perdido de antemano y en el que sus oponentes no van a jugar limpio.

Y esa tónica, la de creerse ganador de antemano es la característica de la serie. El enfrentamiento de un sentido de la justicia trasnochado y romántico, el de la justicia justa, contra el nepotismo, la corrupción, la prevaricación y otros males que acechan al sistema judicial haciendo que confunda la aplicación de la justicia en un regate sobre justiprecio en un puesto de mercadillo, cuando no peor: escondiendo la bolita en uno de los tres cubiletes que reposan sobre la caja de cartón plegable de un trilero.

No es una serie sobre un  súper héroe sino sobre un humanista. Y esto en series con abogados es una novedad. Una deliciosa y agradecida sorpresa. 

En la segunda temporada se repite el patrón pero reproduce una situación completamente distinta con alto contenido político y vinculación con dinero sucio; en la tercera hay nepotismo rural y enlaza con las dos anteriores. Habilidosos guiones que sorprenden por su iniciativa en sortear expectativas y por negarse a la concesión de lo correcto.

El sistema judicial en el candelero. El cargo de juez no presupone la honestidad de quien lo ostenta. Y todo imperio millonario ha barrido alguna o más de una vez una o más vergüenzas. Y la serie se empeña en desenmascarar al primero y en levantar la alfombra al segundo.

Goliath es una serie con mucha personalidad. La que le confiere el protagonista: el abogado Billy McBride, un Billy Bob Thornton al que parece que le hayan hecho el papel a medida, probablemente una de las mejores interpretaciones que se pueda disfrutar en recientes series de género.

Billy Bob Thornton es Billy McBride

Una serie inconveniente que se aleja de cualquier otra, igual como lo hace de convencionalismos. No está hecha para esa audiencia fast-food que tiene prisa por el desenlace ni la que no sabe saborear una exquisita receta. A esta serie hay que verla dándole su tiempo. Sus silencios, muchos, estallan como mil palabras y su eco se prolonga dándole nuevos significados.

Tres temporadas de 8 episodios cada una, bastan y sobran para ofrecer un thriller judicial de gran calidad, intenso y expansivo. La serie podría haber acabado aquí y nadie podría decir nada, más que felicitar a todo el equipo que la ha hecho posible. Pero se anuncia 4ª y última temporada y esto produce una enorme expectación lo que debería preocupar al equipo por el elevado nivel de presión al que se han de ver sometidos para igualar o superar no solo las temporadas anteriores sino incluso el final de la 3ª.

Cada temporada presenta un caso judicial autoconclusivo pero a su vez mantiene una red de enlaces, como los neuronales, que permiten en todo momento recuperar personajes y aportar músculo al contenido desarrollando una trama lineal que va resolviéndose mientras seduce con sus engarces y dando sentido al conjunto.

Los secundarios, de lujo. En especial el peculiar equipo que colabora con Billy en su habitación de motel habilitada como despacho, oficina o pseudo bufete . Y también todos los papeles asignados a malos, siempre hambrientos aunque estén saciados, entresacados de una realidad que se demuestra fuente inagotable de inspiración.

Véanla, están ante una de las mejores series de género criminal, subgénero judicial. Y habrá ansiedad en la espera por la cuarta temporada. Y la espera va a ser larga y angustiosa, como los silencios de la serie.

domingo, 7 de junio de 2020

El Lagarto Clueco de Lola Quintana

El lagarto clueco es una novela negra
contada por los alisios.

Hay novelas que salen de la cabeza, otras de las entrañas y las menos flotan en el aire a la espera de ser cazadas al vuelo. El lagarto clueco es una de estas, una historia traída por los vientos, contada por los alisios, depositada con mimo en una isla de tierra quemada y protegida por los cantos afilados de fría lava milenaria.

La historia empieza en Fuerteventura, esa isla con forma de árbol, con el despiadado asesinato de tres de los cuatro miembros de una misma familia en su propio hogar sin que se averigüe el motivo: ni el de las muertes ni el porqué de todos menos uno. Y se traslada a Lanzarote, la isla negra y vecina, donde ya saben de muertes violentas e inexplicables que les atemorizan. 

Aniel, el sobreviviente de la matanza, arriba a Lanzarote de la mano de Pancho para integrarse en la familia de éste y empezar una nueva vida, algo a lo que Juana, su mujer y madre de sus tres hijas, se opone desde un principio y aprovecha la mínima para escupir palabras hirientes para reivindicar sus deseos enfrentándose a su Pancho que lo proteje por una promesa que hiciera a los padres del chico, con quienes le unió más que una amistad.

Nada es fácil para la familia con el recién llegado. Surgen recelos y envidias. Naturales deseos inconfesables afloran y emociones reprimidas pugnar por manifestarse. Nada es fácil para las gentes que habitan esa zona rural de una parte de Lanzarote recogida en sí misma, áspera y siempre a la defensiva, presta a agredir. Nada es fácil para nadie ante el temor por si crece el número de cadáveres y el nulo avance en la investigación por parte de unos agentes que odian la isla y los isleños.

Una Lanzarote íntima y costera, nada conocida. Se agradece que la autora no eche mano de lugares y recursos explotados turísticamente y se centre en el carácter de los personajes y de la naturaleza que los arropa y repele a la vez.

Lagarto de Haría (Gallotia atlántica), Isla de Lanzarote.
Lola Quintana despliega una sobresaliente trama de novela negra que recae sobre sus personajes, dibujados con tanto mimo y con tantos relieves y aristas como lo hace con la inhóspita orografía de la isla. Perfiles afilados como cuchillos.

Un gran surtido literario donde los diálogos, musicados por localismos, serían imposibles en otra ubicación ya que tienen mucho que ver por como los canarios se relacionan con su entorno más inmediato y con el mundo exterior.

Noir psicológico de gran calado que transmite perfectamente la angustia de un protagonista vendido a la incertidumbre de su futuro, ilusionado por enamorarse por primera vez y vencido por el temor de ser un asesino.

Muy recomendable.


lunes, 1 de junio de 2020

Un asunto demasiado familiar de Rosa Ribas

Un asunto familiar es una novela negra
que se apoya en los secretos en casa de
una familia de detectives para contar una
historia de corte intimista y emocional.

Un asunto demasiado familiar relata el día a día en el trabajo y en el hogar de una familia de detectives privados en un barrio poco conocido de la gran Barcelona.

En esta novela la autora sorprende imbricando sus dos géneros preferidos, de momento, la novela policial y el realismo social. No estamos ante una novela negra al uso, más bien una suerte de spin-off del género que se centra más en la forma de ser y la manera de hacer de las personas, las que investigan y las que delinquen, que en los delitos.

El que los miembros de la familia protagonista sean detectives privados es meramente coyuntural, y sirve para desarrollar la vertiente policiaca del argumento, ya que bien podrían ser ferreteros y ser el negocio familiar una ferretería en lugar de una agencia de investigación: en ambos casos hay que entender a la clientela y ayudarles a resolver su problema con la herramienta adecuada.

Lo que le interesa a la autora es esa otra vertiente, la vida familiar y la de cada uno de sus miembros. Todos cargando, a la espalda, una cruz tallada a base de secretos y todos creyéndola esconder cuando a la vista está que sobresale por los lados de unos cuerpos cada vez más encorvados por su peso.

Un peso que los desquicia hasta tal punto que la armonía solo se puntúa en escasos momentos y la tirantez, los reproches callados y las respuestas envenenadas ponen la música de fondo a una relación que, a pesar de todo, nadie desea que se hunda y todos quieren mantener a flote.

¿Cuándo empezó el naufragio? Cada cual tendrá su hipótesis y su solución pero está claro que la salida de Nora, la hija mayor, del círculo de confianza abrió una grieta por la que llevan evacuándose los buenos sentimientos y las mejores intenciones aspirados por la malicia, el rencor y la impotencia que ocupan el espacio vaciado sin importar los destrozos que causan.

La agencia presumió del 100% de éxito en resolver desapariciones hasta que una, la más importante, la que les afecta a todos como un cuchillo clavado, el gran caso de su vida, aún se les resiste. Y a cada día que pasa el cuchillo, con vida propia, da un cuarto de giro, arrebatando con igual medida la propia vida.

Los secretos en casa de una familia de detectives son como cucharas de palo en una ferretería: algo desubicado que merece recolocarse, pero todo resulta Un asunto demasiado familiar para exponerlo fuera de la cancela. La familia debe tender su ropa lavada en casa evitando que quede a la vista. A la familia no se la investiga ni por deformación profesional ¿o quizás debería?

Rosa Ribas, escritora de prosa elegante.

Un asunto demasiado familiar es una novela de corte intimista y emocional, donde la trama criminal responde a pequeños casos a los que enfrentarse, pequeños porque el posicionamiento de la agencia no da para grandes vuelos. Casos que afectan a personas del barrio, casos que deben resolverse aplicando los métodos apropiados para cada situación. Como las herramientas de una ferretería.

Rosa Ribas emplea esa prosa tan elegante que la caracteriza para trenzar una historia, con tantos ramales, que solo está al alcance de quien sabe escribir. De esta autora todo es recomendable, aquí en el blog se han reseñado varias de sus novelas:


jueves, 28 de mayo de 2020

Morirse es de mal gusto de Francesc Marí

Morirse es de mal gusto es una
novela policiaca del subgénero enigma.

Ciertamente la fama de asesinos que arrastran los mayordomos es una condena que queda reflejada en su armilla de rayas como recordando uniformes de antiguos presidios.

Por eso cuando el asesinado es un mayordomo, la novela no puede ser más paródica del genero aunque mantenga su punto de seriedad.

Morirse es de mal gusto si no se atienen los convencionalismos sociales y el deceso se produce en medio de una reunión social en la mansión donde el finado tiene la responsabilidad de servir y por tanto no deja de ser un empleado. Que burda manera de abandonar sus obligaciones.

Y es que en la casona a modo de castillo emplazada sobre un islote y reconstruida piedra a piedra después que viajara despedazada desde Europa, el productor cinematográfico Charles Richmond ofrece, a un reducido grupo de invitados, una cena para celebrar la presentación de su nuevo film “César”.

Bernard el británico mayordomo, por modos que no por nacimiento, tiene un día particularmente torpe que culmina con su fallecimiento en medio de la sala con todos los invitados a su alrededor en un remedo de cena que provoca sonrojo en el anfitrión y desagrado en los invitados. Bernard es cadáver sin llegar a los postres.

El guionista de los Estudios Richmond, Melvin Drake, invitado junto a su novia, pondrá todo su ingenio, demostrado componiendo historias, al servicio de una investigación que pretende dilucidar si la muerte del mayordomo ha sido de origen natural o por el contrario resultado de un asesinato.

Francesc Marí
Francesc Marí se divierte y pretende divertir a los lectores con este remedo de novela enigma que contiene todas las claves para ser considerada como tal. No solo en su ambientación británica aunque transcurra en Los Ángeles, en su selecto y carismático elenco de personajes y en su tormentosa noche, por la meteorología y por los secretos aireados.

Una muerte en habitación cerrada, en casa solitaria y en islote aislado del continente, es expectante presagio de un gran misterio.

No se puede dejar de estar de acuerdo con lo que dice uno de los protagonistas al final “…añadiéndole algo más de drama y comedia…resultaría un buen guion”. Así pues se queda en un buen intento pero en una mala imitación. Si Bernard hubiera aprendido de Jeeves y Melvin hubiese leído más y mejor a Agatha Christie, hubiesen conocido el fondo y no solo la forma.

Una lectura ligera y rápida, novela corta, que consigue arrancar sonrisas y entretener manteniendo la incertidumbre del whodunit hasta el final.

domingo, 24 de mayo de 2020

Los crímenes post mortem de Marcos Nieto Pallarés

Los crímenes post mortem es una
novela negra de la que se desearía
tuviera muchas más páginas.

En la vida la muerte es el final. Y un funeral es la expresión litúrgica de ese acto final. Solo hay que asegurarse que el cuerpo que reposa dentro del ataúd, aparte de ser el correcto, sea efectivamente un cadáver, cualquier otra posibilidad supone una situación anómala y macabra y si responde a un acto forzado, catalogable de asesinato en una acción tremendamente espeluznante: un crímen post mortem.

Y eso es lo que suponen los detectives McAlister y Tolley cuando respondiendo al aviso de un sepulturero descubren marcas de arañazos en la parte interior de la cubierta de un ataúd, lo que da pie a unas pesquisas que al estar narradas en primera persona cogen más fuerza y permiten sentir en la propia piel las vicisitudes por las que pasará el decidido Alder McAlister, protagonista principal.

Chicago, 1868, es el escenario central donde se desarrolla la trama que se amplía por la población de Pulaski incluso llega a Haití. Un recorrido por zona urbana, zona rural y zona pantanosa.

Y es que el argumento desarrolla espléndidamente la novela negra cuando pisa asfalto, el thriller histórico en una zona de anchos horizontes y campos de algodón en los estados del sur con arraigo presencial del Klu-Klux-Klan y el género fantástico cercano al terror, cuando se mueve en la humedad de selvas tropicales enraizadas en ciénagas sin más vida que una fauna voraz en el reino de la hechicería y el vudú.

Como novela corta que es le falta espacio para acabar de desarrollar un argumento que parte de una original idea, dentro de lo que suele ser habitual en el género de novela negra y en especial en el thriller al que más se asemeja, y que no acaba de poder culminar en su plenitud.

La falta de páginas impide desarrollar más ampliamente a los personajes de los detectives protagonistas Alder McAlister y Buster Tolley, algo que la trama demanda a gritos. Y alargar la investigación que motivo y razones hay e incluso recrearse en detalles de las zonas y en especial de la época para vestirla con más verosimilitud.

Marcos Nieto Pallarés
Aunque todo eso sería para nota y aún y así, y dejando aparte inexplicables alteraciones gramaticales y del empleo de un léxico, como modus operandi con fines criminalísticos, cuyo uso a finales del siglo XIX resulta cuando menos curioso, consigue atrapar por su intriga, su ritmo, sus recorridos geográficos y su capacidad de mantener el suspense.

Marcos Nieto Pallarés demuestra tener ideas claras al plantear y relatar historias, capacidad de despertar interés e incluso de sorprender en un final más que inesperado. Una lectura agradable y recomendable.