jueves, 9 de agosto de 2018

El ladrón que leía a Spinoza y El ladrón que pintaba como Mondrian de Lawrence Block

El ladrón que leía a Spinoza

El ladrón que leía a Spinoza y El ladrón que pintaba como Mondrian son la 4ª y 5ª entregas, respectivamente, de la serie de novelas policiacas protagonizadas por el simpático, conquistador e inteligente ladrón de guante blanco que es Bernie Rhodenbarr.

Una serie que si por algo se caracteriza es por el suspense y el humor, por sus diálogos y sus situaciones comprometidas felizmente resueltas con mucha imaginación y dinamismo; por su habilidosa forma de acorralar a Bernie y por su forma de escurrirse por un resquicio.

Bernard Grimes Rhodenbarr, Bernie, sigue siendo un tipo afortunado a pesar de su mala suerte, ya que consigue salir indemne de sus delitos aunque a veces, o casi siempre, la situación se le vaya de las manos.

Mientras muestra al mundo una imagen de probo ciudadano propietario de una librería de viejo no deja de acudir a la llamada de sus instintos básicos, léase robos en domicilios, para complementar, mejor para llenar, su cuenta de ingresos que con los libros no da ni para pagar los taxis.

En El ladrón que leía a Spinoza el tándem formado por Bernie y su íntima amiga Carolyn Kaiser, propietaria del salón de belleza para perros La Casa del Caniche, dan un golpe que han preparado concienzudamente y que en lugar de un gran beneficio les reporta una gran complicación. A Bernie le salen los muertos como los caracoles responden a la llamada de la lluvia, y a su lado criminal profesional ha de anteponer su lado investigador aficionado para descubrir al asesino so pena de que le endilguen a él el muerto; nunca mejor dicho.

La ambición, que debería ser un pecado capital, es el peor enemigo para el delincuente y de eso los ladrones saben mucho.

Piet Mondrian - Tableau 11
Ray Kirschmann, un policía noblemente corrupto, amigo de Bernie mientras este le llene el bolsillo vuelve a representar su papel de contrapunto legal a las ilegalidades. Todo está bien si bien acaba.

En El ladrón que pintaba como Mondrian el argumento gira en torno a original y copia, al dinero y a unos asesinatos. El zafarrancho ideal para que Bernie se mueva a sus anchas y demuestre sus habilidades para robar lo que parecía imposible y consiga de nuevo estar a punto de que le endilguen un muerto.

Lawrence Block ha desarrollado una serie que tiene tanto de divertida como de emocionante. Estas novelas se pueden leer a cualquier hora y en cualquier lugar y tienen un efecto inmediato y positivo sobre el sistema nervioso parasimpático: hacen que resalte la ironía estética.

Las novelas anteriores también reseñadas en este blog:



domingo, 5 de agosto de 2018

Velvet # 2 y 3 de Ed Brubaker y Steve Epting

Velvet: La vida secreta de los muertos

Con Velvet: la vida secreta de los muertos y Velvet: el hombre que robó el mundo, segundo y tercer y último tomo de la serie culmina una brillante trama de espionaje de altos vuelos que no desmerece ni en una viñeta ni en un diálogo desde el principio hasta el fin.

Velvet Templeton se ve envuelta, casi sin querer, en una historia de agentes asesinados desde su puesto de secretaria del director de la agencia ARC-7 y pronto descubre que hacer bien su trabajo es el camino más corto para ir al otro barrio, por lo que dejar la agencia y resolver la investigación es lo único que puede salvarle la vida.

Cambiar los útiles de escritura por armas y su traje chaqueta y zapatos de tacón por un traje de camuflaje experimental y altas botas negras es lo primero que debe hacer para enfrentarse a alguien que le quiere mal. Mucho mal. Y no tiene ninguna pista para poderlo identificar más que un lapso de horas en blanco en un informe.

Nunca la estructura argumental de introducción, nudo y desenlace había cobrado tanto sentido. Los autores dedican un tomo a cada una de las partes y consiguen una coherencia de línea narrativa que obliga a contener la respiración a lo largo de la lectura que va introduciendo nuevos personajes, y consecuentemente giros de trama, casi al mismo ritmo que elimina otros.

Estamos ante una historia que no es nueva, el cine tiene bastantes, y muy buenas, muestras de ello. Una historia que aúna agencias de investigación, informes clasificados, espías, espías dobles, corrupción y mucha, muchísima acción y disparos y asesinatos.

Velvet: el hombre que robó el mundo
James Bond, Jason Bourne y Ethan Hunt son los más icónicos en el género. Por eso si esta historia de Velvet no es adaptada al cine se cometería un gravísimo error no solo porqué su argumento está al mismo nivel sino también porqué aún estamos faltos de representación femenina tan carismática como los congéneres masculinos.

Los intentos de Charlize Theron o Angelina Jolie, por citar a dos que tengan el protagonismo absoluto y no sean comparsas, requieren de mayor continuidad.

Velvet Templeton es el blanco humano de una trama que hila muy fino en términos de credibilidad para hacerla del todo pausible.

Plausible en su acepción de creíble y también en su acepción de aplaudible.

Ed Brubaker es guionista sobradamente conocido por su amplia obra relacionada con superhéroes y sobre todo con género negro de quien se ha convertido en referencia obligada cuando se habla de comic noir.

En Velvet realiza un esfuerzo monumental para escribir un guión que se convierte casi en un script informático donde encaja las voces en off en primera persona, siempre son pensamientos del protagonista que en aquel momento copa la atención, con los diálogos, escasos, breves y acerados, con las indicaciones claras pero abiertas para el dibujante y colorista.
Velvet: página interior

Steve Epting ensalza la obra con un dibujo realista y preciso, muy afinado en los detalles y en la creación de atmósferas, demostrando un dominio magistral de la figura humana y el lenguaje facial y corporal. Demuestra además una gran habilidad en el planteamiento de página con mayoría de viñetas horizontales y jugando con el tamaño y la inclinación según sea necesario acentuar los momentos de inactividad, los de transición o los de acción pura y dura.

Y Elizabeth Breitweiser hace magia con el color; unos tonos neutros con predominio de oscuros que sin embargo no oscurecen el dibujo solo ajustan la sensación visual que se precisa para distinguir personas y objetos tanto en interiores como en exteriores, bajo luces indirectas de lámparas o farolas de calle, ventanas de edificios y faros de vehículos. La acción transcurre preferentemente en espacios cerrados y después de la puesta de sol ya que es donde y como mejor se mueven los espías.

Lean aquí la reseña del número 1: Velvet: antes del gran final


lunes, 30 de julio de 2018

El crimen del ómnibus de Fortuné du Boisgobey


Un crimen en un ómnibus, o sea un vehículo para transporte público: lo que hoy vendría a ser un autobús, a partir de la sustitución de tracción animal por la mecánica, presenta la característica de ser un espacio cerrado y en movimiento. Lo que configura un entorno peculiar y particularmente difícil para cometer un asesinato tanto por evitar revuelo de la víctima que de aviso como por ocultarse a la mirada del resto de pasajeros.

Un ejercicio de audacia y de seguridad en sí mismo que indica que tipo de persona es el criminal. Un ejercicio de astucia y originalidad para un escritor en aquella época.

Se dice que pudo ser una de las fuentes de inspiración de Agatha Christie a la hora de concebir su afamada novela Asesinato en el Orient Exprés.

Cuando el pintor Paul Freneuse, un joven valor parísino, toma el ómnibus de dos pisos, el de encima descubierto, para regresar a su domicilio se encuentra con que al final del trayecto la chica sentada a su lado al parecer dormida, que amablemente sostiene en sus brazos para que no se caiga, está muerta.

Su mente creativa azuzada por la desbordante imaginación de su amigo Binos, también pintor, le llevará a sospechar que pudo tratarse de un asesinato. A partir de ese momento la curiosidad por la identidad de la víctima y las circunstancias de su muerte absorben sus días y determinan sus actos.

La acción de El crimen del ómnibus transcurre en París, en 1878, a falta de poco para inaugurarse la Exposición Universal. Los escenarios alternan el París bohemio, donde dibujantes y pintores buscan su lugar en la historia del arte conviviendo en pensiones junto a sirvientas y jornaleros, y el París noble donde la burguesía busca su encaje a remora de lo que significó la nobleza.

Un retrato costumbrista, un asunto tenebroso, un crimen malvado y malicioso, un oculto romance pero no por ello menos apasionado, unas amistades peligrosas. Un retrato social de la época que ni Paul Freneuse hubiera podido plasmar en un lienzo de mejor forma.

Fortuné du Boisgobey
Fortuné du Boisgobey (1821-1891) es un prolífico autor francés de novela policíaca y criminal, más de 70 obras le avalan, donde además de la trama y lenguaje de novela policíaca, trasciende la esencia del folletín, asentando le roman policier que entraña en sus argumentos los conceptos de crimen, aventura, romance y misterio.

La obra se reedita con una introducción de uno de los grandes especialistas de este país, sino el mejor, en literatura victoriana y en literatura de época que es Juan Mari Barasorda. Lo que supone asistir a una master class en primera fila y gratis.

Una lectura para recuperar la fe en la capacidad que tienen las palabras escritas para evadirse sintiendo y no solo leyendo. La obra de un maestro al que no le pesa el tiempo y cuya influencia en escritores posteriores es toda una evidencia.

Disfrútenla en toda su magnitud.



lunes, 23 de julio de 2018

Hawaiian Dick de B. Clay Moore y Steven Griffin

Un cómic noir tropical.

Pensar en noir y Hawai es pensar inevitablemente en Hawai 5.0 y en Magnum P.I., en sus versiones retro por supuesto: ventajas de la edad, y de ahí que nada más empezar a leer Hawaiian Dick hace que nos sintamos ante algo familiar.

Y aunque Hawaiian Dick transcurra en los ’50 los escenarios y los personajes de ficción, incluidos los sobrenaturales, son atemporales y por tanto extrapolables de las series indicadas al cómic y del cómic a las series.

Byrd es un investigador privado, antes fue militar, al que se le encarga investigar el robo de un coche; pero la cantidad de dinero que le ofrecen por tan nimio asunto hace que sospeche que haya gato encerrado. Y vaya si lo hay: un zoológico entero encerrado. Claro que no en el maletero, ya que en este se encuentra un cuerpo humano.

Como la miel a las moscas el caso atrae a mafiosos, policía, brujos y zombies donde cada cual persigue la satisfacción de sus propios intereses. Cada elemento por si solo resulta sabroso pero al mezclarlos se diluye el sabor.

Clay Moore escribe un guion con el que aúna historia y tópicos personajes de cine negro con elementos sobrenaturales, magia negra, espíritus y prácticas de vudú para conformar una aventura alocada y que por momentos parece andar como pollo sin cabeza. Cosas del vudú sin duda.

El personaje de Bird tiene una gran carga vivencial y emocional que en esta primera entrega no da tiempo a desplegar ya que queda absorvido por la historia, y nunca mejor dicho, pero que da a entender que tiene recorrido.

Hawaiian Dick página interior
Steven Griffin dibuja el cuerpo humano buscando las redondeces y difumina cuando el misterio esotérico planea por las páginas y donde realmente se luce es en el coloreado donde, a pesar de la oscuridad de la mayoría de sus viñetas, crea verdaderas atmósferas ambientales gracias a los contrastes de luz que delatan su dominio del pincel y el estilo pictórico.

Hawaiian Dick es un comic noir tropical que lo tiene todo para ser imprescindible y sin embargo no alcanza, y aunque su lectura resulta interesante no acaba entusiasmando. Y es que el peso de lo sobrenatural, que  debiera ser solo un complemento, acaba arrebatando el protagonismo al caso policial y arroja dudas sobre la intención de la historia y su desenlace.

El álbum es el primer volumen, con un arco argumental concluyente de tres números (El caso del maletero, Arrastrados y Volveremos a encontrarnos). La serie, en versión original, va ya por el cuarto volumen y parece querer continuar. En castellano solo está disponible, y actualmente seguramente solo de segunda mano, el volumen reseñado.

jueves, 19 de julio de 2018

El verano del inglés de Carme Riera

La campiña inglesa puede ser
igual de entrañable
que terrorífica.

Laura Prats es una agente inmobiliaria barcelonesa con proyección profesional limitada por su desconocimiento de inglés. Pertenece a una época en la que en España no conocer idiomas extranjeros, vehículo de ideas nocivas y pensamientos quizás impuros, era considerado una exaltación al honor patrio. Cervantes sojuzgaba a Shakespeare.

Las nuevas generaciones, sin embargo, pisan fuerte y el dominio del inglés hoy se antoja imprescindible por lo que Laura decide dedicar sus vacaciones a una inmersión lingüística en la misma Inglaterra.

Internet le oferta distintas alternativas que a poco que analiza las va descartando por otras tantas razones, hasta que encuentra en la propuesta de Mrs. Grose, una anciana profesora jubilada, el encaje a sus necesidades. Lo malo es que hay más postulantes y solo una plaza por lo que deberá cumplimentar el test de selección de forma convincente y tener suerte, algo que no le ha acompañado a lo largo de su vida precisamente.

Claro que si Laura llega a saber que la paz de la campiña inglesa, a casi 150 kilómetros de Londres, no es más que la entrada al museo de los horrores seguramente hubiera cerrado la página web sin dedicarle ni un nanosegundo.

Carme Riera despacha un episodio comúnmente frustrante de la historia de este país, un ejercicio catártico basado en una experiencia propia tanto por la dificultad de aprender tarde el idioma como por el método y lugar elegido para hacerlo, con un argumento tenebroso y enfoque tragicómico.

No consigue el suspense suficiente ya que ella misma se encarga de que desde el principio anticipemos lo peor, y al final resulta menos de lo que habíamos imaginado, porque prefiere potenciar la ironía de una situación cotidiana llevada al absurdo a imagen y semejanza de films con los que busca descaradamente su analogía y que refuerza con citas literarias que completan el conjunto.

Carme Riera
Todos esos guiños, a Rebeca, Cumbres borrascosas y Psicosis como más destacados (sin olvidar a Henry James y su Otra vuelta de tuerca) harán las delicias de quienes disfruten con la novela gótica siempre y cuando no esperen de esta lectura nada más que un divertimento que acaba siendo un conjunto desparejado y mal cosido.

Despertar en la campiña inglesa con el sol en alto puede ser la bella culminación de un dulce sueño; despertarse de madrugada con una fuerte tormenta exterior y gritos y lloros en el interior puede ser el inicio de una terrorífica pesadilla.

Al final resulta una lectura fácil y rápida, ligeramente intrigante y divertida por igual, especialmente indicada para el verano y para quienes aprovechan sus vacaciones para aprender o mejorar su inglés y que, claro está, aprecien el humor negro.

De la misma autora y en este blog: Natura quasi morta

domingo, 15 de julio de 2018

Kawagoe: la pequeña Edo de Hitoyoshi Tsuneo

Entremezcla ensoñaciones
con realidades.

Vaya por delante que estamos ante una peculiar novela negra a la japonesa. Digo a la japonesa ya que su autor, que se da una maña envidiable en crear un producto autóctono como si oriental se tratara, es Andrés Calvente e Hitoyoshi Tsuneo es el seudónimo que emplea, entre otros, cuando trata esta variante literaria.

Kawagoe: la pequeña Edo, es  una ciudad que hoy dista 30 minutos de Tokyo. En el momento en que transcurre la novela, mediados de 1950, el desplazamiento supone un largo viaje a provincias.

El sargento Kyojo Sakamura y el agente fotógrafo Noboru Yamaguchi abandonan Tokyo en tren rumbo a Kawagoe para investigar la muerte de una joven.

Este claro inicio de novela policiaca pronto adopta giros suficientes como para aturdir al lector hasta el punto de desubicar su intención primera que acaba siendo el McGuffin que permite aventurarse en una mezcolanza de géneros.

La misión y los valores personales de los dos servidores policiales se ven alterados, al igual que sus sentidos, hasta verse prisioneros de una ilusión. Como sucede con el lector.

La época, hace poco que las, odiadas, tropas invasoras americanas han abandonado el país ocupado desde el final de la II Guerra Mundial, favorece la recuperación de creencias, cultos y supersticiones que abonan el resurgir de la espiritualidad.

Esa fuerza intangible, esa fe ciega, pervierte al poder político, al religioso y al económico y en la zona todo gira alrededor de ceremonias y los representantes en la tierra de los ausentes dioses dominan voluntad y opinión pública por encima del gobierno establecido.

Kawagoe: la pequeña Edo
En los rituales, los participantes convenientemente instruidos y animados con sustancias excitantes, comulgan con lo etéreo entregados a excesos desorbitados libres de pudor en un clima de total y alegre asunción, descritos en párrafos de sexo explícito sin chirriar en el conjunto de la narración.

La pareja policial, Kyojo y Noboru, ven como su vida da un vuelco espectacular y a pesar de la manifiesta relajación en la investigación, esta retoma fuerza hacia el final.

Lo que todo apunta a dar protagonismo a la ciudad, alrededores y sus habitantes, empleando el asesinato como excusa, y a explicar la explosión que supone la recuperación de unos principios identitarios sojuzgados y pisoteados por los vencedores como sucede en toda guerra.

Hitoyoshi Tsuneo plantea una trama que entremezcla ensoñaciones con cotidianidad al ritmo cadencial de las estaciones del año. Una novela difícil de catalogar que puede resultar atractiva por su interés sociológico, leída bajo prisma folclórico, para conocer más de un país que sigue resultando muy desconocido.

lunes, 9 de julio de 2018

La ola perfecta de Sagar Forniés y Ramón de España

La ola perfecta es ese sueño que
a lo peor nunca se cumple.
La ola perfecta es esa ola que buscan todos los surfistas. La madre de todas las olas. La ola que te permite tocar el cielo, que te permite flotar en el vacío, y fundirte con el entorno. Esa ola que después de cogerla ya te puedes morir.

La ola perfecta es ese sueño que a lo peor nunca se cumple. Ese sueño de un ideal truncado al despertar. Y eso si el sueño no se convierte en pesadilla.

Pesadillas es lo que tiene Diego, policía de la unidad antidroga en Barcelona, a quien una orden ejecutada por ETA le arrancó dos tercios de sí mismo y lo destinó a cientos de kilómetros de casa. Los dos tercios que ocupaban su mujer y su hija nonata. Ahora su tercio sigue viviendo pero no se siente vivo.

Sus recuerdos se ahogan en bebida con su suegro en puntuales fines de semana en Euskadi. Su rabia la descarga, también con él, en acciones punitivas sobre víctimas abertzales propiciatorias. En esa venganza sorda busca recuperar lo que es imposible.

La rueda del destino lo tiene atado a la violencia, la sufrida y la que provoca.

Su vida va directa al precipicio. Lo sabe pero no puede ni quiere evitarlo. Todo parece escrito cuando una investigación le brinda una segunda oportunidad. De él va a depender aprovecharla o pasar de lado. Está ante su ola perfecta, por segunda vez: algo que otros no verán ni en cien vidas.

Alimentarse de odio o de amor, de pasado o de presente, de venganza o de esperanza.

Ramón de España escribe un guion afilado buscando pinchar. Una historia de novela negra que juega al gato y al ratón alternando romanticismo y violencia y que se desarrolla a la sombra de ETA, con alto contenido dramático, muy bien entendido por su dibujante, y que tiene en sus diálogos su punto fuerte.

Sagar Forniés emplea en esta ocasión, su versatilidad le permite adaptarse a cada necesidad, un trazo de dibujo desmadejado para mostrar vidas demadejadas en un país que no aúna voluntades sino disparidades.

De Sagar Forniés ya se ha reseñado en este blog:

Dimas con guion de Andreu Martín

Bajo la piel con guion de Sergi Álvarez


jueves, 5 de julio de 2018

Agatha Raisin y la boda sangrienta de M. C. Beaton

Una boda a la que se agradece
no estar invitado.
Lo primero que viene a la cabeza cuando se oye boda sangrienta es Kill Bill, pero la novela de M. C. Beaton no tiene ningún parecido con el film.

El entorno bucólico de los Cotswolds no tiene parangón con el sur de Texas. Y la novia tampoco. Y el desenlace menos. Estamos ante una novela policíaca inglesa clásica de acuerdo con el tono de esta serie.

Agatha Raisin va a casarse, finalmente, ya era hora, menos mal, con su vecino James Lacey, o mejor dicho va a ser Agatha Styles quien lo haga ya que a pesar que ha dicho a todo el mundo que es viuda de Jimmy Raisin no está segura de su muerte y prefiere no averiguarlo.

Aunque tal vez debería confirmar su condición de viuda ya que una cosa es ser acusada de bigamia y otra de asesinato. ¿Pero como se pasa de una a otra? mejor no adelantemos acontecimientos y es preferible dejarse llevar por los enredos que orbitan alrededor de Agatha Raisin.

Una nueva novela, la quinta, protagonizada por esa Miss Marple de pacotilla con indudable habilidad por la ironía y por meterse en líos que es Agatha Raisin, de mediana edad y rentista desde la venta de su negocio londinense de relaciones públicas.

De nuevo el villorrio de Carsely es capaz de albergar una trama criminal con la misma naturalidad con la que organiza un encuentro musical de damas con más voluntad que aptitud.

Agatha Styles, nombre y apellido directamente ligados con la más grande: Agatha Christie y su primera novela El misterioso caso de Styles.

El argumento tiene algunos de los mejores crímenes de la serie y se presenta como uno de los más prometedores, desafortunadamente en su desarrollo la trama no se encuentra al mismo nivel y acaba consumiendo las buenas ideas en malas descripciones y diálogos inconsistentes.

Una buena ocasión perdida de darle vuelo a una serie que a medida que avanza en número retrocede en calidad; el nivel de entretenimiento se mantiene pero ya en mínimos.

Todas las novelas anteriores reseñadas en este blog:






domingo, 1 de julio de 2018

Victoria Pruitt viene a la ciudad de Ruth Gilbert Cochran

Una pueblerina en New York.
Victoria Pruitt es una señorita de edad avanzada, su soltería y su condición de profesora jubilada acreditan ambas afirmaciones, que, recién llegada a New York por un encargo, decide alojarse en el Dolly Madison Hotel, un hotel solo para mujeres, ya que una situación accidentalmente extraña le sugiere que ese puede ser un buen lugar para aclarar lo sucedido.

La situación se complica cuando esa noche se comete un asesinato en el hotel, Miss Pruitt va a alargar su estancia hasta descubrir quién es el asesino, labor con la que colabora estrechamente con el inspector John Muldoon.

Miss Pruitt responde al prototipo de anciana curiosa, cotilla, observadora, sagaz y deductiva que fueran los rasgos que situaran a Miss Marple en el Olimpo de las detectives aficionadas.

La novela, data de la primera mitad de 1900, ofrece una trama detectivesca que enfoca una visión de la mujer y del contexto social muy patriarcal como corresponde a la época.

La investigación tampoco desarrolla ni estrategias ni argucias relevantes. Y poco o nada aporta al género aunque entretiene con cierto dulzor empalagoso.

Una lectura curiosa que cumple discretamente, como tantas otras escritas en la época, fruto del hallazgo en una librería de viejo, de esas que a veces entre hojas aparecen joyas.

jueves, 28 de junio de 2018

El beso de Tosca de Nieves Abarca y Vicente Garrido

Tosca es al melodrama lo que
El beso de Tosca  al thriller.

Todo sucede ¡mamma mia que suceso! por algo; es la ley de la causalidad y si metes la mano en un avispero y la agitas no hay que ser adivino para saber lo que va a suceder.

Marc Roselló, un prometedor barítono que acaba de triunfar en Don Giovanni, y Miguel Sanchís, un tenor amigo de Marc desde la infancia, no solo han metido la mano en uno sino que se han sumergido enteros al ayudar a escapar a una joven de su proxeneta y salir indemnes es su deseo pero no parece que vaya a ser posible.

A todo esto, dentro de poco, Marc se va a estrenar en el teatro barcelonés El Liceu, una gran oportunidad, interpretando al pérfido jefe de policía Scarpia en la ópera de Puccini,Tosca, un papel especialmente codiciado.

Y mientras, en la misma ciudad, un comando de iluminados ha decidido castigar a la sociedad capitalista que ha dado la espalda a los principios universales de recogimiento y humildad mediante un atentado.

El proxeneta y hombre con intereses diversificados en varios negocios, Berto Areces, es alguien con mucho poder y mucho dinero y ambos muchos compran silencios, favores y sicarios y permiten proyectar una imagen de triunfador y generoso mecenas, fachada que esconde truculencia ambiciosa y despiadada.

Fuera del teatro la ficción ofrece realismo, dentro verosimilitud, como no podía ser de otra manera siendo escrita por un dueto.

Estructurada como una ópera, arte al que rinde entregada pleitesía, de cuatro actos, El beso de Tosca desarrolla una trama acorde donde el melodrama se vehicula a ritmo de thriller y sale del escenario para representarse en el mundo real y narrar ante todo y sobre todo una apasionada historia de amor.

Nieves Abarca y Vicente Garrido
Nieves Abarca y Vicente Garrido, una vez más y es así desde su inicio, no pueden resistirse a seguir provocando a los puristas del género. Y, honestos como pocos, otros se aferran a repetir clichés, salen de su zona de confort y buscan un giro en su producción que sorprende y satisface por igual: Tosca es al melodrama lo que El beso de Tosca al thriller.

Al grito de los estereotipos son para los otros, retuercen un argumento de planteamiento sencillo para dotarlo de inquietud manejando a la perfección el tempo narrativo y la dosificación de la acción. Pervierten la escritura para que deje de ser medio y se convierta en un fin por sí misma, al igual que un aria deja de ser canto para mutar en sentimiento.

La belleza estética de la opera convive con argumentos perversos, de ahí su grandeza. Del mismo modo que el binomio Nieves Abarca y Vicente Garrido aúna en sus argumentos veleidades estéticas con sordideces mundanas.

Así a las escenas sublimes del teatro donde el ruin se esconde en sus artimañas les siguen otras de igual calado pero que el escenario donde transcurren es un cuadrilátero donde dos contendientes se fajan hasta no poder más en combates igual de amañados, igual que en un despacho alguien despliega su poder sin miramientos ni remordimientos.

En el melodrama todo es intenso: vivir, amar, soñar e incluso morir. De hecho así debería ser la vida.

Como sucediera en la novela anterior Los muertos viajan deprisa hay también en ésta alusión al mundo literario noir, pero a diferencia de aquella donde se ajustaban cuentas con veleidades ahora en cambio se enaltecen figuras como Zanón, bendito taxista, y Hill, reseñados también en este blog. Dos de los grandes.

Cinco novelas indispensables para entender el thriller de este país. ¿Por qué será que da la impresión de que todo es un calentamiento y que aún no han escrito su gran obra?

Todas sus novelas han sido reseñadas en este blog y deberían leerlas por orden y sin más dilación:









domingo, 24 de junio de 2018

El almirante flotante de The Detection Club

Un cadáver exquisito a la inglesa.

¿Qué pasaría si las mentes más creativas de la edad de oro de la literatura policiaca, miembros de The Detection Club, escribieran una novela conjuntamente?

El resultado se conoce como El almirante flotante. Una novela escrita a 28 manos, donde cada cabeza pensante pone toda su inventiva para mantener la coherencia en la línea argumental y a la vez destacar sus habilidades para lucir con brillo propio.

El hecho de que nadie, solo quien lo concluya, sepa el final le da un plus de interés ya que la escritura de cada capítulo no está encaminada linealmente hacia un fin sino que abre expectativas a cualquier sorpresa.

Así estableciendo unas pautas convenidas por todos, que eviten que este cadáver exquisito tenga vida propia, se escribe esta novela que recoge la muerte del almirante Penistone, cuyo cuerpo es hallado en una barca a la deriva en el río Whyn, y la investigación que debe resolver el misterio.

Como toda novela coral los capítulos son dispares aunque no en exceso, pero los estilos particulares de redacción y el tono otorgado a los diálogos transfieren el  carácter de quien escribe y se nota a autores más cómodos que a otros.

G. K. Chesterton inicia el caso con un prólogo muy esclarecedor de lo que va a suceder, y le siguen Victor L. Whitechurch, G. D. H Cole y su esposa M. I. Cole, Henry Wade, Agatha Christie, John Rhode, Milward Kennedy, Dorothy L. Sayers, Ronald A. Knox, Freeman Wills Crofts, Edgar Jepson, Clemence Dane y lo finaliza Anthony Berkeley.

Los miembros del Detection Club en uno de sus encuentros

El resultado, a pesar de su heterogeneidad, ni es tan apabullante como se esperaría de tanta ciencia infusa junta ni es insustancial como se deduciría de lo que, a priori, parece un juego. Una variante inglesa del método del cadáver exquisito.

El conjunto resulta muy digno y supone una obra muy ingeniosa que no solo entretiene, y mucho, sino que es ejemplo de estereotipo de la novela policíaca clásica.

Un experimento curioso y que merece prestarle un ratito de atención ni que solo sea por reconocimiento histórico a quienes hicieron tanto por el género.


Ol’ Man River por Paul Robeson  o Swing low, sweet chariot

domingo, 17 de junio de 2018

No soy un monstruo de Carme Chaparro

El monstruo, cuando se mira al espejo,
harto de verse cada día igual, no aprecia
ninguna anomalía y se ve normal.

Hay películas que son, y aún con generosidad, para televisión; del mismo modo que hay novelas que son, y aún, solo para matar el tiempo. Lo siguiente en progresión sería pasar el rato, luego vendría entretener y después entusiasmar y así seguiría en la escala de interés.

Y la razón de esta clasificación se sustentaría en el equilibrio entre su calidad literaria, su planteamiento argumental, su habilidad en el desarrollo de la trama, la encarnación de sus personajes, las descripciones y los diálogos.

Si No soy un monstruo fuera un curso estudiantil y los elementos antes citados las asignaturas, habría casi equilibrio entre las progresa adecuadamente y las necesita mejorar.

Es la típica novela que divide a la comunidad lectora: habrá quienes la lean enganchados desde la primera página, la vivan con el corazón en un puño, sufran con las situaciones dramáticas, se identifiquen con el dolor de la pérdida, encuentren en la protagonista una gran humanidad y no respiren ante el insospechado y desconcertante final.

Luego habrá a quienes les duela el poco contenido literario de su prosa, el estilo apresurado, las descripciones repetitivas, lo poco creíble de algunos sucesos, exceso de detalles que nada aportan, personajes tópicos y la inconsistencia de un final apresurado y previsible por eliminación.

Y ambos grupos tendrán razón. Lo cierto es que la novela es todo eso.

En una línea claramente resultadista une ingredientes indispensables de todo best-seller y consigue uno. Los personajes femeninos, una periodista de televisión (terreno en el que la autora se siente cómoda) y una inspectora de policía, copan el protagonismo en una trama donde los hombres acompañan sin brillar. Las familias y los niños, los damnificados en la novela, atrapan la parte humana y sensible de una novela donde la inocencia es la perjudicada.

Carme Chaparro ha compuesto, más que escribir, una novela con la que consigue una apariencia bien lograda pero con poco relleno, resulta comestible pero no sabrosa. Se ajusta al meme de lo que te vendían en la foto y lo que realmente te llega a casa. Promete pero no acaba de cumplir.

Carme Chaparro
Todos hemos comido apresuradamente alguna vez sin mucho miramiento a la hora de elegir, pero hacerlo alguna vez no supone establecerlo como práctica. El precocinado debería ser una excepción. En la novela negra también. En los premios ni tan siquiera eso.

La desaparición de un niño en un gran centro comercial dispara todas las alarmas por su paralelismo con otro caso idéntico, aún no resuelto, de hace tiempo.

La inspectora Ana Arén será la encargada de la investigación, algo que se toma de forma muy personal por ser quien se encargara fallidamente de la anterior. Todo hace sospechar que se enfrenta a un monstruo ¿quién, sino, se llevaría a un niño?

No soy un monstruo se repite una y otra vez quien no se cree que lo es. El monstruo, cuando se mira al espejo, habituado a verse cada día igual, se ve normal.

jueves, 14 de junio de 2018

El silencio del pantano de Juanjo Braulio

Un ejercicio de metaescritura de
novela negra.

En la política la omnisciencia y corrupción son hábil pareja de baile y quien más quien menos se apresta a formar parte de la fiesta para salir en la foto de los que esperan, desean, ansían, sacar tajada de las envilecedoras acciones de prosperidad social y urbanística. Y todos prefieren guardar silencio como lo hace el pantano donde se asientan.

En un ejercicio de metaescritura, Juanjo Braulio, arma un relato con distintos niveles donde desarrolla dos tramas de novela negra paralelas siendo una ficción dentro de la ficción al corresponderse la primera con el texto de una novela que se va escribiendo.

¿Confuso? es lo que pretende el autor habida cuenta de que hay momentos en que hay que detener la lectura para identificar si se está leyendo la novela o la realidad, dentro del plano ficción claro está. Y lo pretende para que esa ambigüedad sea referente de que todo puede ser verdad y a la vez ficción.

Todo empieza al descubrirse un cadáver a la vera del río Turia, en Valencia. El cadáver no está solo, aparece acompañado de otros cuerpos en lo que se diría una especie de macabro ritual. Al pobre lo han dado por el saco.

Q es un escritor de novela negra, antes fue periodista, de una serie protagonizada por el brigada de la Guardia Civil David Grau, mimado por el éxito y de la que está escribiendo su tercera entrega.

Esta tercera novela es la que tenemos ocasión de leer a la vez que seguir las evoluciones del propio Q no exentas de riesgo al mezclarse con gente de poco fiar y mucho desconfiar. Ambas historias narradas en tercera persona. Dos tramas con Q como nexo; personajes de ficción y de metaficción.

Juanjo Braulio
Unos personajes que aguantan la novela y que hablan y critican socialmente sin tapujos, ¿hablan los personajes o habla el autor? ya que son distintas voces pero parecen tener el mismo timbre.

En El silencio del pantano el estilo es cuidado y rico en expresiones que dicen mucho con muy poco y sobre las que hay que volver para sacarles todo el jugo; por suerte, o no, el ritmo es pausado, se puede leer sin cinturón de seguridad, y eso permite recrearse con las imágenes que constantemente acuden a la mente.

Escribir dos novelas a la vez, muy bien documentadas y cohesionarlas es tarea difícil que Juanjo Braulio resuelve satisfactoriamente. Lástima que la soltura que demuestra con esa metaestructura no se acabe trasladando con la misma brillantez al final.