domingo, 20 de enero de 2019

Misterio en blanco de J. Jefferson Farjeon

Trama criminal en vivienda aislada
por una copiosa nevada.

Novela de intriga y misterio de ambiente navideño y lúgubremente festivo que transcurre durante el día de nochebuena y la mañana de Navidad en medio de la nada y sin nadie alrededor.

La nieve, de ahí el título Misterio en blanco, es la principal protagonista y el desencadenante de todas las situaciones. Qué duda cabe que sin su presencia esta novela no hubiera existido.

Del mismo modo que por sus escenarios: vagón de tren, campiña, casa y su jardín facilitarían enormemente su adaptación al teatro, que a buen seguro contaría con público entusiasta habida cuenta de que la novela se basa en pocos escenarios, muchos diálogos y poca acción.

6 son los ocupantes del compartimiento del tren que ve detenida su marcha por culpa de la fuerte nevada que no para de caer desde hace horas y que tiene previsto continuar bastantes más. Lejos de resignarse a pasar la noche en tierra de nadie deciden salir y emprender la, penosa y dificultosa, marcha hacía la próxima estación donde esperan encontrar medio de continuar el viaje.

Por suerte y cuando el cansancio y la dificultad para orientarse propiciarían un abandono se dan de bruces con una casa que, vacía pero acogedora, parece estar dispuesta para unos invitados inesperados.

El ambiente es inquietante y todo apunta a que sucesos trágicos han sucedido hace poco y aún pueden suceder.

Una trama criminal en vivienda encerrada y con nieve que impide el desplazamiento y que Agatha Christie bordaría y que Jefferson Farjeon se conforma con dar pespuntes.

Si en cambio presenta unas personalidades bien definidas y mejor trabajadas que brillarían más si algunos de los diálogos no resultasen confusos y algunas de las actuaciones fuesen más lógicas.

La trama se centra en la situación personal y colectiva del grupo y hacia el final parece recuperar la compostura criminal y culminar de forma cuando menos agradecida, aunque toda la explicación tienda a exponerse de modo que implique credulidad y sumisa aceptación por la parte lectora.

Obra, publicada en los años ’30 del siglo pasado, representativa del planteamiento criminal folletinesco donde prima más el entorno y la atmósfera que la trama policial. Entretiene y divierte siempre que su lectura se ponga en contexto.

Jefferson Farjeon (1883-1955) es el autor de ésta y otras sesenta novelas más de género más de misterio que policiaco, una de ellas, obra de teatro, fue adaptada al cine por Alfred Hitchock.

domingo, 13 de enero de 2019

Los Bárbaros nº12/13 Especial Género Negro

Los Bárbaros en Nueva York:
Especial Género Negro

Nueva York, New York, New York, I want to wake up..., Nueva York es La Ciudad que Nunca Duerme y también La Gran Manzana, Ciudad Ficción, Starling City, Star City, Central City, Sin City, Metrópolis e incluso, un contrasentido en contraposición a su luminosidad, la oscura Gotham City.

Nueva York siempre queda distante; aunque se esté en sus calles no hay percepción de estar en la propia ciudad y es que hay tanta disparidad que parece un conglomerado de distintas ciudades. Y es que Nueva York no es una ciudad: es un estado mental.

Lo mismo pasa con el género negro. El color negro puro no existe en la naturaleza, y por eso no hay un único noir. Matices, tonos, gradaciones hacen que haya distintos noir y la selección de quienes firman cada uno de los textos recopilados lo hace evidente.

Cada relato de Los Bárbaros, 43 en total,  proyecta su historia sobre esa gran pantalla que es la Gran Ciudad y cada personaje, como en La Rosa Púrpura de El Cairo, sale de la ficción para darse de bruces con la realidad.

Quienes escriben saben que no es fácil condensar una historia en tan pocas páginas, se requiere un cambio de registro, un sprint, economía de palabras, claridad de ideas, definición del mensaje. Aquí el medio también es el mensaje.

Con tantas voces es normal encontrar distintos enfoques y distintos modos de echar el cierre a un planteamiento. Hay relatos que relucen y se ven venir a la primera; los hay que, piedra en bruto, hay que quitar capas para llegar al meollo; los hay con final abierto, cerrado e incluso sin final y es que la mayoría son fragmentos de una realidad incierta pero veraz. Y si la vida no se acaba y aún van a presentarse muchas más de esas secuencias, tampoco se va a acabar un relato.

Relación de quienes han aportado su relato a esta recopilación Especial Género Negro:
cierren la boca, que les habrá quedado abierta, después de leer los nombres.
Improcedente comparar, elegir, clasificar o hacer listas. Cada relato tiene su qué y su aquello. Unos relatos llegan muy adentro, otros golpean muy fuerte, algunos arañan, otros muerden, unos besan letalmente y ninguno se va de vacío después de haber sido leído, todos toman algo de quien los lee.

Es el peaje por tontear con el lado oscuro: nadie sale indemne.

Por eso no es una publicación para leerla de corrido; de hecho nunca hay que hacerlo cuando hay distintas voces. Gran error lector y falta de respeto hacia quien escribe.

Hay que leer cada relato, como si fuera una larga novela, dándole su espacio y su tiempo y concediéndole un reposo asimilativo antes de la siguiente lectura. Y aunque en sobredosis no suele presentar efectos secundarios, prescribir un relato al día sería una posología adecuada y prudente.

Háganse con su ejemplar antes de que se agote y prepárense para el deleite a bocaditos.


lunes, 7 de enero de 2019

El crimen que tú cometiste de Zidrou y Philippe Berthet

El cadáver presenta 77 incisiones.

La sociedad tiene a culpabilizar con facilidad. A poco que alguien sugiera algo, si encaja en el inconsciente colectivo, la muchedumbre se lanza cual manada de lobos sobre la oveja. 

Da igual que sea o no culpable; lo importante es que lo podría ser.

Por eso, cuando la sociedad ha pronunciado su veredicto no quiere saber más del tema; teme enfrentarse a la verdad ya que esta podría evidenciar que aquel es erróneo. Y si la víctima, una mujer joven y guapa, presenta 77 incisiones, que no puñaladas ya que el arma es un formón de carpintero, aún más motivo.

La acción transcurre en Australia, algo puramente coyuntural e intrascendente para la trama, donde un pastor de ovejas, en realidad alguien en busca y captura como sospechoso del asesinato de su esposa ocurrido 27 años atrás, vive su rutina en el presente sin dejar entrever su pasado
.
Pero ahora su hermano acaba de fallecer y antes de morir ha confesado ser el autor material del crimen. Esta confesión, por inesperada e insospechada, aturde e incomoda a todos los habitantes de la localidad y a él le abre las puertas a poder regresar redimido a su anterior vida. Si es que de ella queda algo.

Los comercios, los edificios y los habitantes no son los mismos 27 años después, pero hay algo que no cambia y es la hipocresía humana. Una atractiva y emocionante historia llena de misterios y suspense, digna de Hitchcock, que favorece tomar partido por unos y otros según avanza la trama.

Una mujer cuya calentura deja en pañales las calderas del infierno. Un pueblo con más gente con misterios que con pantalones. Un asesinato atroz con un arma nada usual. Una o varias redenciones.

Línea clara para una historia que da hilo sin
que se acabe el carrete.
Zidrou (actualmente de lo mejor que le puede ocurrir a un cómic y a un dibujante) ha escrito un guión negro donde se maneja con habilidad, a pesar de que toca diversos géneros y se alía con distintos dibujantes es en el noir donde consigue transmitir esa sensación de que lo común esconde lo singular y de que las vidas rutinarias no son sino una proyección manipulada de otra realidad que las personas esconden. Él se encarga de retorcer la historia para ir abriendo frentes inesperados como generadores de sorpresas que consiguen que el interés se mantenga álgido en todo momento.

Philippe Berthet dibuja de nuevo ese género en el que tan cómodo se siente, donde la mujer tiene prioridad, ese arquetipo de belleza fatal, esa temible combinación de rostro aniñado y cuerpo ansioso, donde las miradas y los gestos han de transmitir emociones. Y su trazo fino y sin interrupciones, esa adaptación propia, tan suya, de la línea clara, se adapta como un guante a esta historia que va dando hilo sin descanso.

Un cómic con cuerpo y mente, una atmósfera plácida y turbulencias en el interior. Una historia negra de las de verdad.

miércoles, 2 de enero de 2019

La mansión de los gatos de Jirō Akagawa

Sangre, humor, gatos y algo
sobrenatural.

La mansión de los gatos es la tercera novela de la serie Los misterios de la gata Holmes del prolífico autor japonés Jirō Akagawa, un verdadero maestro del género.

El detective Yoshitaro Katayama, a quien la visión de la sangre puede ocasionarle un desmayo, y su colega Ishidzu, a quien la visión de los gatos puede ocasionarle también un desmayo, se ven envueltos en una trama que no carece ni de sangre ni de gatos ni de desmayos.

El joven agente Ishidzu pretende a Harumi, hermana de Katayama, y los invita a conocer su nuevo apartamento donde espera poder llegar, más pronto que tarde, a vivir con ella. La visita se interrumpe cuando la policía se presenta a un parque cercano advertida del accidente sufrido por un niño. Y no es el primero; podría ser que los accidentes no fueran tales.

A todo eso hay que sumar que los habitantes de una pequeña aldea cercana están siendo tentados por una inmobiliaria para vender sus terrenos y casas y beneficiarse de las ventajas de una moderna urbanización. Claro que para eso todos los habitantes han de estar de acuerdo y de momento no es así.

La trama policiaca está surtida de esplendidos giros y golpes de efecto que no permiten un respiro ni elaborar una hipótesis acerca de quién está detrás de los crímenes.

Los toques de humor y los apuntes sobrenaturales sobre seres populares en la cultura japonesa combinan a la perfección con los actos de investigación y los procesos deductivos dando al conjunto el status de la perfección de lo simple.

Todo es simple, es lo que es. La trama fluye sin nada que la estorbe o interrumpa y la lectura se completa en menos de lo que un gato tarda en maullar.

Como en la primera novela de la serie la escritura de Jirō Akagawa es ágil y no hay cabida para adjetivos pomposos ni para descripciones floridas, ni para disquisiciones mentales de los protagonistas ni para análisis psicológicos de las situaciones.

Novela policíaca japonesa pero a imagen y semejanza de la inglesa del siglo de oro. De esas lecturas agradables cuya esencia, en cuanto se destapa, impregna el ambiente y perdura en la memoria con satisfacción.

Lean aquí la reseña de la primera novela de la serie Los misterios de la gata Holmes.