miércoles, 7 de enero de 2015

Los secretos de San Gervasio de Carlos Pujol

Ser infalible o no serlo. He ahí el dilema
En la novela Los secretos de San Gervasio se realza el aspecto más existencialista de la naturaleza de Sherlock Holmes. Y lo vuelve sorpresivamente más humano de lo habitual.

Y humanizar significa debilidad.

Y para ello se entretiene en demostrar que cuando el análisis basado en el razonamiento no alcanza a encontrar la solución adecuada al problema, sobreviene la frustración.

Y los sentimientos de angustia y desesperación luchan por apoderarse del control mental a un tris del desequilibrio emocional.

Aunque un Sherlock Holmes impertérrito disuelva el delicado momento agitando la mano del mismo modo como agita el aire para disolver del humo de su pipa.

Sherlock Holmes y Watson ven turbada la paz de su domicilio londinense por una pareja de hermanas que imploran su ayuda para localizar a su padre desaparecido.

Aunque Sherlock sospecha que en el encargo hay más escondido que lo que se deja ver, y hay más mentiras que medias verdades, no duda en embarcarse, nunca mejor dicho, con Watson en este nuevo caso que tiene su nudo en Barcelona y más concretamente en un pueblecito cercano llamado San Gervasio (tan cercano que con el tiempo sería absorbido por el crecimiento de la metrópoli y anexado como barrio).

Dos ingleses muy ingleses en una ciudad mediterránea es combinar un me temo que tendré que pasar por aquí si me permite, con aparta que voy.

O el alzamiento de cejas desdeñoso como toda respuesta a un comentario impropio estando en grupo con un hablar todos a la vez empleando palabras sonrojantes y en un tono dos octavas más alto de lo que sugiere las normas más básicas de cortesía y urbanidad.

Más allá de esta controversia en formas de entender y vivir la vida, que enriquece la amplitud de miras, la parte de investigación policial queda en segundo plano; no se desarrolla en su plenitud como si hubiere falta de ideas.

Nada más lejos de la realidad, el autor juega adrede a plantear esa divergencia.

Y la lleva hasta el extremo. Pues incluso el final, decepcionantemente inesperado para un lector convencional de las novelas que tienen al tándem Holmes Watson como protagonistas; resulta en cambio sorprendentemente malicioso para quien siempre ha dudado de la infalibilidad de sus dotes detectivescas y ha deseado incluso su fracaso.

Servicio de Omnibus de Barcelona a pueblos lindantes
Los secretos de San Gervasio nada tiene que ver con santos ni con religión. Es una novela costumbrista que aprovecha la presencia de los dos extranjeros para mostrar a través de su mirada y explicar a través de su encorsetada capacidad de comprensión, el quehacer diario de las gentes que habitan en el pueblo y que tienen a Barcelona y al mar Mediterráneo a poca distancia de ómnibus.

Todo un calidoscopio arriesgado al combinar ambos géneros del que el autor sale airoso aunque tenga momentos de tensión baja con amenaza de desmayo, perfectamente mimetizados con el exceso de calor ambiental que aconseja andarse con lentitud.

El comportamiento en privado y en público, en conversaciones y en forma de vestir, los ingredientes de las comidas y su forma de ingesta en familia y con visitas, la educación de los niños, las ceremonias religiosas. Todo se expone como ropa tendida al sol, con sutil ironía británica.

Y se vale para ello de una inusitada selección de personajes secundarios a cual más extravagante para deleite de los devaneos analíticos de Sherlock Holmes y evidente desesperación de Watson. Incluso Arthur Conan Doyle se convierte en un personaje mencionado, lo que resulta inteligente y poco habitual.

El crimen, el delito sirven también para ilustrar los métodos de investigación de la policía local en contraposición a los que emplearía el inspector Lestrade.

A causa de su final o a pesar de él pero sobre todo debido a él que de alguna forma traiciona el espíritu lógico de la obra uno no sabe si enfadarse o regocijarse al completar la lectura. En cualquier caso es motivo destacado y original.

Carlos Pujol (1934-2012)
Carlos Pujol Jaumandreu, el autor, filólogo e historiador barcelonés, se vale de su experiencia como reputado traductor multilingüe para captar perfectamente el tono original de las obras del detective Sherlock Holmes y transcribir perfectamente su forma y modo de hablar cuidando al máximo el lenguaje y la construcción gramatical para hacerlo veraz en la época y en sus descripciones de situación y ambientes con rigurosidad histórica.

Nadie que lo lea sospechará que esté ante un brillante apócrifo, uno más de los tantos que alimentan la necesidad de disponer de más lectura sobre Holmes que la que dejó escrita Arthur Conan Doyle.



viernes, 2 de enero de 2015

The Wizard of gore, El mago del horror, de Jeremy Kasten

¿Y si el truco fuese el mago?

La actuación de un mago en un número de grandes efectos de escenario ha de estar perfectamente planificada, tanto en su parte mecánica, de gestos y movimientos, como en su parte comunicacional, con una oratoria comprensible y convincente.

Todo con un solo objetivo: provocar un nivel de tensión in crescendo y facilitar al espectador las claves para que suponga que sabe lo que va a pasar, buscando su complicidad, dándole pábulo a creer que es más listo que el mago, para luego sorprenderlo con un giro que no espera y aprovechar ese momento de desconcierto para aparentar un fallo, ser sorprendido en un renuncio, que de nuevo suba el ego del espectador para terminar hundiendo sus mermadas barreras de resistencia con un final apoteósico y, aparentemente, imposible e inexplicable.

El espectador viaja en una montaña rusa de sensaciones contradictorias que le mantienen atado a la silla sin parpadear y casi sin respirar porque no quiere perderse nada de lo que está ocurriendo. Y porque necesita comprender aunque sepa que no lo conseguirá. O no del todo.

Montag el Magnífico es el mago protagonista de este film. Un psycothriller, The Wizard of gore, El mago del horror, que sigue el manual a la perfección y provoca al público hasta más allá de lo que permite el buen gusto.

Ofrece un espectáculo de sangre y vísceras, una performance gore que no puede dejar indiferente y en cada actuación cosecha gritos de horror y pánico y gritos de entusiasmo y celebración a partes iguales de un público asqueado y maravillado también a partes iguales.

Una de las muchas bellezas de la magia es que la ilusión puede comenzar mucho antes de que la audiencia sepa que va a ser engañada”

The Wizard of Gore, film de 2007 absolutamente gore, como su titulo explicita, y de serie B, dirigido por  Jeremy Kasten e interpretado por Edmund Ed Bigelow (Kip Pardue), su novia Maggie (Bijou Phillips) y Montag el Magnífico (Crispin Glover) es un remake del film del mismo título de 1970 dirigido por Herschell Gordon Lewis, mucho más oscuro y siniestro que su antecesor y que no deja indiferente si se consigue aguantar hasta el final.

El inicio del film es ya un claro anticipo de lo que presagia, y a medida en que como espectadores de la película consigamos trascender a espectadores del espectáculo de magia viviremos en primera persona la sensación de ser una suicide girl (chicas jóvenes y guapas elegidas al azar entre el público por Montag el Magnífico para ser víctimas, más que colaboradoras, de sus tejemanejes vejatorios, las desnuda en el escenario, y trucos de ilusionismo, psicodelia e hipnosis) con toda la carga de sensualidad, sexualidad y horror que atesora.

La aparición de cadáveres va a propiciar que Ed Bigelow investigue la posible relación entre los asesinatos imaginarios del espectáculo de magia y los asesinatos reales.

En ese punto la película adquiere tintes de novela negra y la investigación de Ed traspasa el concepto de obsesión al desplazar cualquier atisbo de vida cotidiana para entregarse en cuerpo y alma a descubrir quien está detrás de los asesinatos sin ser consciente que está mezclando realidad y fantasía y que el precio puede suponer perder la razón.

Film turbulento de interesante guión y factura y buena interpretación que destila momentos brillantes sobre todo conseguidos con un ambiente de confusión visual (hay mucho movimiento de cámara y asiduo empleo de ángulos bajos y oblicuos) y auditiva (mucho ruido de fondo para aprovechar al máximo las distorsiones del efecto Doppler) para provocar un efecto de irrealidad y ensueño con el que se pretende, y consigue, favorecer la transición de espectador externo (del film) a espectador interno (del espectáculo), como comentábamos anteriormente.

Una experiencia que acaba confundiendo al espectador por no poder delimitar lo que es truco y lo que no, en todo el film. El mago finge, el espectador puede creer sus mentiras y la complicidad admitida de engaño transforma delirios en realidades.

¿Y si el mago fuese el truco?

Esta reseña se publica conjuntamente en el blog Magicatessen, en su sección crossover, en un entente para favorecer la divulgación de la cultura y tender puentes entre la magia y otras secciones.

sábado, 27 de diciembre de 2014

El llanto de la Isla de Pascua de Jose´Vicente Alfaro

Lágrimas de moai
¿Acaso no lloran las islas? La novela El llanto de la Isla de Pascua nos confirma que si.

Rapa Nui o Isla de Pascua, no es más que un pedacito de tierra en medio del Océano Pacífico a 3.700 kilómetros del continente sudamericano. Tiene forma de triángulo rectángulo y posiciona un volcán, apagado, en cada uno de sus vértices.

Isla de Pascua porque Jakob Roggeveen puso pie en ella el 5 de abril de 1722, festividad de la Pascua de Resurección.

Alejada de todo y de todos tiene el honor de albergar una cultura tan misteriosa y sugerente como ancestral manifestada especialmente en su arquitectura, la escultura moai, gigantesca y distinta de cualquier otra conocida y una enigmática escritura, rongo rongo, aún hoy no descifrada y por lo que parece puede no llegar a serlo nunca.

Rapa Nui tiene motivos para llorar. Su vida no ha sido nada fácil y ha sufrido violaciones, abusos y vejaciones de los que ha sabido recuperarse y erguirse con los ojos mirando al cielo, Mata ki te rangi, desafiando el destino.

Te pito o te henua, el ombligo del mundo, es como una protuberancia en la inmensidad azul. Es una isla de bolsillo única en su especie. Es un gran misterio vivo.

El llanto de la Isla de Pascua es una novela policiaca porqué tiene un asesinato, en la persona de uno de los integrantes de una expedición arqueológica sufragada desde Noruega; pero aprovecha este hecho para desgranar emociones y poner en contexto lo que se sabe y lo que se imagina de esta isla, de su historia y su cultura, todo en clave de novela de aventuras muy dinámica.

Símbolo de la tortuga
La expedición la componen Erik Solsvik, noruego y director del equipo, Hans Ottomayer, alemán, Germán Luzón de Estrada, español y Sonia Rapu, una joven arqueóloga local, ayudados por el capataz, de una plantilla de doce nativos, Reinaldo Tepano.

La investigación policial de la mano del comisario, de la Brigada de Investigación Criminal, Esteban Villegas avanza a paso de tortuga y no tiene visos de esclarecerse.

Una vez más se denuncia a los conquistadores, bárbaros que con la excusa de la colonización, son capaces de las más crueles atrocidades al considerar a los nativos poco más que animales.

Una vez más se evidencia a los religiosos, que amparados por su verdad de ser interlocutores del dios verdadero, son capaces de destruir cualquier elemento cultural de gran valor antropológico tachándolo de pagano.

El autor José Vicente Alfaro
José Vicente Alfaro ha construido una novela estructurada en tres voces narrativas. Una voz en off narra retazos de la historia antigua de los primeros habitantes; la voz en primera persona del protagonista, el arqueólogo español Germán Luzón de Estrada, narra en tiempo presente lo que va sucediendo y él mismo con voz impostada, explica a Maeva, una chiquilla nativa de 10 años con gran interés por saber de sus orígenes, aquello que los científicos han recopilado hasta el momento.

Así pues la novela ofrece diversos niveles de lectura en los que ninguno de los tres desmerece y todos atrapan la atención, cada uno por sus propias razones.

El autor escribe con la facilidad del que susurra una historia al lado de una hoguera. Y es capaz de contar cuentos y verdades sin caer en tecnicismos y manteniendo viva la atención por la aventura y el interés por lo científico en una novela rica en matices y humanidad, con enigmas del pasado y reivindicaciones del presente; relajada, curiosa e interesante.

Además de ofrecer a aventureros y viajeros impenitentes una maravillosa razón para plantearse una estancia en la isla (con la novela en el equipaje sin dudarlo para localizar los escenarios in situ).

martes, 23 de diciembre de 2014

El recién llegado de Marco Vichi

Un recién llegado lo es aunque
lleve años viviendo allí
Los usureros son vampiros de vidas, luego existen porque existe vida que arrebatar. Los usureros son el último recurso de la desesperación. No deseado. Detestado. Son el hierro candente al que agarrarse cuando bajo los pies no queda suelo y cuando el perder una mano, o el brazo entero, puede resultar más barato que perder la vida. O en el peor de los casos si ella se pierde ¿acaso no estaba perdida de antemano?

Los chantajistas son vampiros de dignidad, ladrones de momentos íntimos y que los chantajistas amenazan con revivir públicamente con toda la malsana intención que ello pueda suponer. Un chantajista nunca queda ahíto, esperar compasión o sentido del honor en uno de ellos es suponer que se puede vaciar el mar con un cubo. Es tarea imposible, cansina e inútil.

La combinación de ambas tipologías, usurero y chantajista, en un solo ser dan un ente carroñero que supone en el seno del grupo social de lo peor que se puede encontrar entre la especie humana.

Totuccio Badalamenti es un ejemplo vivo de ese tipo de espécimen despreciable, bueno, vivo ya no, ya que alguien se ha encargado de apartarlo de la circulación. Clavándole unas tijeras especialmente agudas en la nuca.

El comisario Franco Bordelli que llevaba tiempo tras él buscando la forma de obtener pruebas para enjuiciarlo se encuentra ahora con un caso cerrado que a su vez abre otro, el de descubrir quien lo ha matado y que no le apetece abordar.

Al que lo haya matado habría que darle una medalla y no perseguirlo y arrestarlo. Pero la ley es para todos y él ha jurado cumplirla, por lo que más a disgusto que otra cosa empieza a desgranar su investigación.

¿Están reñidas la compasión y la misericordia con las obligaciones de un comisario de policía?

La novela El recién llegado transcurre entre el 12 y el 31 de diciembre de 1965, y día a día se va viviendo la confrontación entre el Bordelli comisario, con el sentido del deber, y el Bordelli solo persona, con su sentido de humanitaria supervivencia, que ha de decidir cual es la mejor forma de solucionar el caso.

Château Monbazillac
Agradecido de tener amigos con quien compartir una buena charla o una buena comida o como el caso de Rosa, con quien compartir dulzura humana y la del contenido en una botella de El Monbazillac y con quien iniciarse en el mundo de la felicidad inducida (¿acaso no toda lo es?) con unas caladas  de marihuana escuchando sentados, muy juntos, en el sofá las Sinfonías célebres de Rossini.

Mientras el comisario Franco Bordelli pasea su melancolía, su escepticismo social y sus dudas existenciales por calles mojadas, Piras, convaleciente en casa de sus padres, de unas heridas de bala que podían perfectamente habérselo llevado al otro lado de la tapia del camposanto, debe tratar con el suicidio de un vecino y apoyar a los desconsolados familiares incapaces de entender las razones.

Cuando no hay motivo para el suicidio por propia mano tal vez haya que buscarlo en mano ajena y entonces deja de ser suicidio para convertirse en asesinato.

Los diálogos telefónicos entre Piras y Bordelli parecen ayudar a uno y otro en la toma de respectivas decisiones y así, aunque en la distancia, ambos, policías más allá de cualquier duda razonable, harán lo que tengan que hacer.

Marco Vichi, el autor, hace discurrir la novela por el filo de la navaja que separa lo bueno de lo justo y lo justo de lo legal, presentando un caso que a ojos de la gente de la calle tiene claro veredicto pero que a ojos de la ley tiene el veredicto contrario.

Y a su alrededor los recuerdos de Bordelli y la guerra, esa guerra cuyas sombras también alcanzan al joven Piras. Marco Vichi ha conseguido con esta tercera entrega de la serie consolidar definitivamente sus personajes y darles vida más allá del papel.

Tercera novela protagonizada por este comisario Bordelli (nacido en 1910) que cada vez que se ve en el espejo, cada vez que se mueve, cada vez que piensa, se ve, se nota, se siente, mayor.

Tal vez sean las fechas navideñas, en las que la nostalgia encuentra cobijo en los corazones y las mentes de las personas, lo cierto es que ni las luces ni los regalos consiguen animarlo. ¿Para qué sirve la vida?

Aunque disfrutar una buena cena con Bota y sus mejores amigos de siempre es algo que no está dispuesto a renunciar. Ni tampoco nosotros lo haríamos.

Procuren emular esa cena, no tanto con lo comido o lo bebido sino rodeándose de ese tipo de compañía que tiene efecto balsámico y... feliz navidad y mejor año nuevo 2015

Las dos primeras novelas de Bordelli ya se reseñaron en este blog; a esta serie (como todas) es mejor leerla por orden secuencial:

  1. El comisario Bordelli
  2. Un asunto sucio

jueves, 18 de diciembre de 2014

El sabor de Venecia de Donna Leon y Roberta Pianaro

A la mesa con Brunetti
El sabor de Venecia es un libro de recetas de cocina veneciana, que aunque esté en Italia no de se debe confundir con un libro de recetas de cocina italiana, elaboradas por Roberta Biba Pianaro (cocinera y joyera a partes iguales y mejor amiga de la escritora) acompañadas de los recuerdos y vivencias de la escritora Donna León por su Venecia y por los pasajes de las novelas protagonizadas por su comisario Guido Brunetti en donde aparecen algunos de los platos que tanto la autora como su personaje degustan habitualmente.

Donna Leon introduce cada capítulo dedicado a un tipo de comida con textos íntimos de su día a día por la ciudad aguada que dotan al libro de una particular forma de entender la comida y su elaboración como algo que ha de ser compartido y disfrutado desde el pensamiento del plato, a la compra de los ingredientes, a su elaboración y finalmente a su degustación.

Cocinar para comer es una forma de materializar cultura. Comer es un placer que no hay que enturbiar bajo ningún concepto. Como lo es también la lectura. De ahí que a cada cosa se le asigne un tiempo y un momento.

Biba e Donna
Donna Leon ha tomado prestado de Paola Brunetti, la mujer del comisario, las recetas que a lo largo de las novelas protagonizadas por su marido ha ido elaborando día a día tanto para la comida como para la cena y le ha pedido a su amiga Biba que las transcriba y complemente con otras de igual interés para que todos los lectores puedan disfrutarlas.

En este recetario, como todo libro de cocina que se precie de ser usable, encontramos los platos clasificados por categorías:
  • ·         Antipasti (Entremeses)
  • ·         Primi piatti (Primeros platos)
  • ·         Verdure (Verdura)
  • ·         Pesci e frutti di mare (Pescados y mariscos)
  • ·         Carni (Carnes)
  • ·         Dolci (Postres)

Y entre las recetas, como tropezones en una sopa, las referencias, si las hay, a las novelas en las que aparecen, con los párrafos enteros para rememorar la ocasión:
  • ·         Antipasto di mare (Muerte en la Fenice)
  • ·         Huevas de sepia (Un mar de problemas)
  • ·         Fusilli con aceitunas (La chica de sus sueños)
  • ·         Penne rigate (Vestido para la muerte) el plato preferido de Brunetti
  • ·    Tallarines con porcini (El peor remedio)
  • ·         Lasaña (Veneno de cristal) la receta de la madre de Brunetti
  • ·         Ravioli con funghi (Nobleza obliga) la receta de Chiara
  • ·         Rissotto de calabaza (Muerte en un país extraño)
  • ·         Risotto con apio y puerros (Líbranos del mal)
  • ·         Arroz con guisantes (Amigos en las altas esferas)
  • ·         Pasta con alubias (Muerte y juicio)
  • ·         Sopa de lentejas con panceta (Justicia uniforme)
  • ·         Calabacines condimentados (Amigos en las altas esferas)
  • ·         Alcachofas rellenas de jamón (Líbranos del mal)
  • ·         Radicchi ahogados (Piedras ensangrentadas)
  • ·         Rape con tomate (Veneno de cristal)
  • ·         Lenguados con alcachofa y rúcula (Piedras ensangrentadas)
  • ·         Lubina al horno (Malas artes)
  • ·         Calamares rellenos (La chica de sus sueños)
  • ·         Camarones con verduras (La chica de sus sueños)
  • ·         Chuletas de cordero (Piedras ensangrentadas)
  • ·         Filete de ternera con romero y panceta (Justicia uniforme)
  • ·         Higado con polenta (Muerte en un país extraño)
  • ·         Estofado de buey (Un mar de problemas)
  • ·         Cerdo con setas (Mientras dormían)
  • ·         Lomo de cerdo con champiñones (La chica de sus sueños)
  • ·         Conejo con aceitunas y nueces (Malas artes)
  • ·         Tarta de manzana (Un mar de problemas) la receta de Paola
  • ·         Pastel de peras con crema (Malas artes)
(Impriman y recorten este subíndice de recetas aparecidas en las novelas de la serie ya que en el libro no aparecen agrupadas)

Cocinen en Navidad la comida del comisario Brunetti y conviértanlo en un homenaje negrocriminal en la Venecia de su casa.

Y ya puestos haremos caso de las órdenes de la mamma que se nos hace la boca agua: "A tavola, tutti a tavola. Mangiamo"

domingo, 14 de diciembre de 2014

Piedras ensangrentadas de Donna Leon


La sangre de un vu' cumprà
también es roja
La Navidad llega inexorablemente cada año despertando sentimientos enfrentados pero generando siempre ilusión, aunque sea en algún lugar recondito del pensamiento. Una ilusión infantil, inquebrantable, y manifestada, quizás, a través de un imperceptible gesto.

Guido Brunetti se sorprendre a si mismo el enfrentarse al abismo que supone intentar comprender que a cada uno de nuestros gestos, de nuestros actos, a cada nanosegundo de nuestra existencia se producen igualmente más de dos mil millones de gestos y actos simultaneamente: uno por cada habitante del planeta.

Y que, logicamente, no todos responden al mismo estimulo: hay amargura, placer, dolor, hastío, ilusión, ensueño, placidez, desesperación...

En cada uno de nuestros momentos, hay otros momentos para otros. La Navidad de cada cual es distinta de la de los demás.

La Navidad supone también regalos. Darlos y recibirlos. Para unos, derroche de ostentación y riqueza añadida, para otros, un momento de ilusión robado a la realidad. Los regalos suelen ser materiales pero también los hay intangibles. No se tocan, pueden no verse,  pero se sienten.

Quien elige un regalo acude a tiendas físicas o virtuales para su adquisición. Pero los vu' cumprà también son una alternativa. Resultona y barata. Aúnque sea copia. Aunque sea ilegal. A los menos favorecidos no les importa el establecimiento donde se haya comprado.

Vu' cumprà en Venecia
Los vu' cumprà son a Italia lo que los top manta en España: vendedores ambulantes de origen africano. El neologismo proviene del sonido 'Vuoi comprare?' con que vocean su mercancia.

Los vu' cumprà extienden su manta y exhiben junto a su mercancia su soledad y su desdicha, bajo el orgullo de defender su condición de persona, de ser humano que demanda, suplica un trato igualitario.

Incluso en el acto de morir se puede ser igualitario. Como igualitaria ha de ser la investigación policial para esclarecerlo. Aunque el muerto sea un 'vu cumprà y precisamente por eso.

El comisario Brunetti deberá hacer frente a un caso de asesinato de un vu cumprà que le supone una constatación sociológica de lo que los inmigrantes, con o sin papeles, son personas que solo buscan sobrevivir un poco mejor de lo que lo harían en su entorno nativo, aunque el precio que deban pagar para ello solo lo conocen quienes lo padecen.

Y como marido y como padre también deberá hacer frente a un contraste de pareceres familiar fruto de prejuicios inducidos y asumidos sin recelar.

Piedras ensangrentadas narra la investigación de un asesinato que encierra una trama policial en una Venecia en la que los turistas disfrutan de su particular Navidad. Una Venecia llena de frío y humedad.

Donna Leon manda un mensaje navideño cargado de crítica social en una novela con distintos niveles de lectura: una apasionante novela policíaca; una interesante reflexión sobre el endogamico sentido de ser ciudadano de primera. 

miércoles, 10 de diciembre de 2014

El viaje del perdón a Glen Orchy de Anne Perry

Esta novela corta, El viaje del perdón a Glen Orchy, es la primera de la serie que bajo el nombre de 'Historias de Navidad' conforma un total de nueve novelas publicadas hasta ahora.

Anne Perry decide ofrecer su particular visión de las fiestas navideñas en las que, en abetos y estancias, lucen cadáveres además de ornamentaciones y (a menudo falsos) buenos deseos de hermandad.

En esta primera novela de la serie 'Historias de Navidad' aparece lady Vespasia Cumming-Gould (efectivamente la misma que encontramos en la saga Pitt) despierta un cierto instinto detectivesco y denota unas habilidades que, sin proponérselo, acaban teniendo resultado exitoso en destapar lo criminal.

En la mansión Applecross, en Berkshire, discurre una fiesta protagonizada por gente bien de la alta sociedad y durante su desarrollo se sucede un terrible suceso en la persona de Gwendolen Kilmuir que rompe el encanto al que se habían entregado los asistentes.

En su miopía aristocrática no atinan a ver más allá de lo que para ellos resulta ser un mero estorbo inconveniente a sus placeres.

El modo de afrontar del hecho se reduce a una especie de juego; los presentes se conjuran en un juramento medieval; la persona acusada de provocar el hecho luctuoso deberá acatar y cumplir con un encargo, so pena de ser repudiada e injuriada publicamente en caso de no satisfacerlo.

El desenlace es un imprescindible viaje, penoso y largo, al norte, a las tierras altas escocesas. Un viaje que debe emprender la responsable de lo sucedido. Un viaje redentor.

Un viaje en busca de un perdón.

Un viaje expiatorio.

Un viaje que discurre entre regiones poco habitadas, entre localidades mal comunicadas; un viaje que se inicia con una clara intención pero que adquirirá otra y es que a lo largo de las etapas se conoceran aspectos ocultos cuya trascendencia tendrá un efecto imprevisto.

Anne Perry sitúa la acción de la novela en la navidad de 1852 y presenta los banales aspectos por los que se mueven los miembros de la alta sociedad en la época victoriana, absolutamente egoístas, hipócritas y despiadados.

Una novela para leerla bien abrigado junto a una bebida caliente: el ambiente entre los protagonistas es gélido y los paisajes nevados acentúan la sensación.

Una novela para pasar un rato de recogimiento. Quizá para congratularse de pertenecer al mundo de los simples mortales sin los dolores de cabeza que los ricos sufren en silencio para no mostrarnos su debilidad. Una novela para celebrar lo que para ellos solo son miserias.

viernes, 5 de diciembre de 2014

Seis días de diciembre de Jordi Sierra i Fabra

Seis días de diciembre transcurre en Barcelona desde el domingo 4 al viernes 9 de ese frío mes del año de gracia de 1949.

El ex-inspector Mascarell coincide con un ratero menor al que otrora detenía y con el que ahora tiene una deuda de gratitud. Es por eso, por la ética, y porque tiene una especial inclinación por los perdedores, por lo que decide ayudarlo en algo que parece una nimiedad y que el destino juguetón, por decirlo de forma suave, envuelve en muertes, vigilancias, golpes y mucho suspense.

Agustino Ponce, alias Lenin, ladrón por vocación vivencial y hábil aprovechador del despiste, ha robado una maletín de un taxi abierto esperando encontrar un botín que le asegure la supervivencia de su familia, mujer y parejita de hijos, durante un buen periodo de tiempo pero, para su decepcionante sorpresa, el maletín solo contiene papeles cuya importancia, si la tienen, no logra identificar aunque la imagina.

Pero hay algo más en todo el asunto y cuando empieza a complicarse decide que Miquel Mascarell es la persona más adecuada para echarle una mano que le saque del embrollo y si de rebote agarra un dinerito no le va a hacer ascos.

En Barcelona siguen los días grises. La cacareada paz sigue siendo una mordaza de silencio. Las fotos que gritan en blanco y negro desde las portadas de La Vanguardia Española solo vitorean al régimen y al clero. El resto no existe, salvo que se salga de la línea trazada en cuyo caso despunta para desaparecer de la circulación. Dura menos que la luz de una cerilla.

Miquel Mascarell luciendo sentimientos que no cayendo en el sentimentalismo, en su faceta más humana que le conocemos de las anteriores entregas, se debe una vez más a su código de justicia para no dudar en iniciar una investigación aún sabiendo que sus enemigos son muy poderosos. Y que el peligro no juega con pistolas descargadas.

En Barcelona no solo los días son grises, también lo son las calles, las plazas y los semblantes de los transeuntes. Por eso es imposible resistirse a esa belleza pelirroja que vestida a la europea aparece de la nada con una decisión y determinación envidiables.
Imposible resistirse a no volver la cabeza para admirar a esa joven de piel blanca, a esa "...mata de pelo rojo. Un color maldito, casi prohibido en la nueva España" que desplaza su cuerpo como una llamarada de fuego y luz.

Seis días de diciembre es una historia potente, de las mejores de la serie.

Identificando el arte, como cultura que es, como una víctima más de las guerras y convirtiéndolo en objeto de tráfico ilegal descontextualizándolo para reducirlo a mero dinero.

La trama de esta quinta novela de la serie es más rica al reflejar las colateralidades existenciales que conviven con el nudo argumental policiaco. Un nuevo caso para un Miquel Mascarell completamente asentado en la historia negra de este país. En la novela negra de este país.

Jordi Sierra i Fabra vuelve con uno de sus personajes más logrado, más querido, más vital. Vuelve con su repaso a esa época turbia en la que nunca hubo paz real, solo represión, venganza, torturas, cárcel y muertes certificadas por tuberculosis o debidas a intentos de fuga. Y vuelve para que nadie olvide.

Ahora que ya sabemos que la trilogía inicial dió paso a una serie con solución de continuidad esperamos con ansiedad la próxima entrega.

Recuérden en este mismo blog las reseñas de cada una de las novelas que conforman la saga y que no deberían dejar de leer o regalar:


lunes, 1 de diciembre de 2014

Londres después de medianoche de Augusto Cruz Gacía-Mora

Es una novela que es una película 
La novela Londres después de medianoche es la historia de una búsqueda, donde es casi tan importante el viaje como el destino. El proceso como el desenlace.

Una búsqueda auspiciada por la ambición, por el afán de coleccionismo, donde los encuentros y las ausencias a los que las pistas y los datos conducen resultan tan estimulantes que el deseo es que se sigan sucediendo y no se acabe de buscar.

Toda la búsqueda está envuelta de brumas del pasado con personas rodeadas de un halo ectoplasmático que permite dudar de si son personas vivas o solo recuerdos encarnados en cuerpos de marioneta.

El misterio conduce la narración por recovecos de la memoria confusos y dubitativos y lo desconocido se apropia de la eventual realidad que supone el tiempo presente sumido en su máximo dramatismo.

El tiempo es el enemigo. El tiempo que destruye los materiales perecederos, ya sean substancias químicas por contacto con agentes incompatibles o células cerebrales acorraladas por asesinos invisibles y eliminadas una a una con el Alzheimer como arma.

A McKenzie, un exagente del FBI, le encargan la misión de recuperar una copia del film Londres después de medianoche.

Fotograma del film London after midnight

Una película real de cine mudo London after midnight (en España se tituló La casa del horror protagonizada por el mito Lon Chaney y dirigida por Tod Browning en 1927.

Algo aparentemente posible si no fuera porqué podría no existir ninguna, a tenor de los datos disponibles fruto de otras investigaciones anteriores que no dieron frutos.

Londres después de medianoche arrastra además la leyenda de ser un film maldito y aquellos que se le acercan sufren sus consecuencias. Cuando se busca una película, la atmósfera cinematográfica puede impregnar de tal modo que se corre el riesgo de confundir la realidad con un rodaje.

Forrest J. Ackermna y su casa museo
Forrest J. Ackerman es quien está detrás de la búsqueda, un Ackerman, cinéfilo y coleccionista, que efectúa un cameo de su verdadero yo (1916-2008), preciso y sentido, y que en las postrimerías de su vida necesita visionar el film como el coleccionista que necesita pegar el último cromo en el álbum.

Para completar la colección. Para justificar toda una vida.

La evolución lineal de la trama se rompe en determinados momentos en los que gira sobre si misma, como una peonza, frenando el avance, abriendo posibles subtramas a las que no da continuidad, sobre reflexiones y recuerdos de McKenzie, como cuando su familia, el asesinato de Kennedy, su anterior cargo en el FBI…

Y termina de romper su ortodoxo procedimiento de investigación policial, hacia la mitad más o menos de la obra, para que desde pasajes de razonamiento frío y lógico de la realidad se acceda a otros llenos de emotividad visceral de una ficción casi lisérgica.

Tal como es a veces la vida, pero tan poco habitual como alternar bocado de carne con otro de pescado.

Augusto Cruz García-Mora
Augusto Cruz García-Mora ha demostrado ambición y desparpajo para armar esta novela. Mezcla de novela policíaca y delirio cinematográfico. Con toques de aventura y salpimentada de fantasía onírica.

Resulta una lectura curiosa. Tal vez los amantes del cine mudo encuentren en sus páginas cierta complicidad emotiva y por ello la valoren más y mejor. Tal vez encuentren un objeto para su colección.





viernes, 28 de noviembre de 2014

El Mentalista 6a temporada

¿Quién es John el Rojo?
En esta sexta temporada de la serie de televisión El Mentalista se desvela por fin (o tal vez hubiera sido mejor que no) la identidad de su enemigo público número 1. Se desvela quien es John el Rojo.

Sin embargo John el Rojo no se merecía este final. O mejor dicho, los espectadores seguidores de los más de cien episodios hasta llegar a este momento, esperando descubrirlo, no se merecían este desenlace. Se podía, se debía haber hecho mejor.

Muchísimas preguntas sin respuesta, muchas aclaraciones y no correspondidas, muchas dudas sin resolver. La opción elegida no ha sido sin duda, valga la redundancia, la mejor opción.

En su parte externa, la del formato, la serie evidencia el cambio al prescindir de los sinónimos de rojo que empleaba en los títulos de los episodios desde su inicio (rojo, escarlata, carmesí, etc) cuando el archienemigo John el Rojo aún campaba a sus aires y su presencia teñía hasta el título.

Y llegados al episodio 8 de esta sexta temporada cuando ya sin la presencia del asesino en serie, los titulos adquieren otros colores: Mi cielo azul, Blanco como la nieve, oro, negro, gris, verde ...

Con el color entra la luz y desaparece la sombra que venía tamizando, como un velo de ceniza, la capacidad de expresar libremente sentimientos.

En su parte interna, en su estructura argumental y ritmo narrativo, los cambios son más exagerados y parecen dubitativos y tentativos. Explorando ese gran vacío que de repente se abre en toda su inmensidad.

Siete sospechosos: uno de ellos es John el Rojo
Sin la subtrama líneal de John el Rojo, sin la presencia evidente o latente de este psicópata tan elocuente, cortado ese hilo de Ariadna, las dudas se agolpan ahogando la serie. El laberinto se vuelve opresivo y se empieza a notar que falta aire.

¿Hay que continuar con los mismos personajes? ¿con el mismo esquema? ¿con el mismo sofá de ajada piel color tabaco?

Con John el Rojo finiquitado se imponía un cambio de aires, de ciudad, de protagonistas, de manera de dirigir la serie; lo malo es que está costando la reubicación y los episodios presentan altibajos y los espectadores lo notan.

Los personajes se van reubicando y los que no encajan son suprimidos casi sin opción a despedida y los nuevos son introducidos casi sin opción a presentación personalizada. Todo muy acelerado.

Mucha precipitación y poca coherencia.

Así llegamos a un episodio final de la temporada con una conclusión que tal vez no sorprenda, muchos lo han esperado durante años, pero si que resulta una salida fácil a la vez que incongruente con la línea argumental de la serie. Al igual que con John el Rojo, se debía, se podía hacer mejor.

El camino que conduce a la séptima temporada no parece de rosas, y si lo es, por la tematica dulzona, ojo con las espinas. Vamos a esperarla ansiosa y escepticamente.

En este blog ya se habló antes de esta serie. Léan: