viernes, 18 de marzo de 2011

La playa de los ahogados

Lo empecé hace once meses y no pude pasar del primer capítulo. Lo que en el se narra es tan vivido que me retrotrajo al ingreso hospitalario de mi padre. Y eso que, está descrito de forma tan entrañable y cariñosa que resulta divertido pero mis emociones aún estaban demasiado a flor de piel como para soportarlo.

Ahora he vuelto a el y una vez empezado ya no he podido evitar sustraerme a su lectura y he aparcado otras para dedicarle exclusividad y tiempo pausado que es lo que pide este libro.
Hay libros fast food de trago rápido. Otros, como este, son largos en boca, como una copa de oporto o de orujo, como ejemplo de proximidad geográfica.

Es una  historia que cala y deja poso. Domingo Villar es autor de sentimientos que no sentimental; al leerlo se entra en otra dimensión en la que nos movemos al ritmo cadencioso de sus protagonistas de tal modo que vivimos sus emociones y dejamos de ser espectadores para pasar a ser actores. Es así como nos gana.

Panxón, su puerto y su lonja y su letrero de prohibido escupir, y también Monteferro ya no son lugares geográficos de dudosa ubicación, son sitios donde hemos andado y que ya no olvidaremos. Son fotos en el álbum de los recuerdos.

Villar dirige a su comisario Leo Caldas y a su segundo, Rafa Estévez sin cortapisar sus iniciativas de ahí que no estén rígidos en su papel y lo desempeñen de forma harto natural.

Los secundarios están mimados para que encuentren su sitio y se sientan cómodos y transmitan credibilidad. Los paisajes y los lugares se funden con los protagonistas y nunca son simple atrezzo añadido sino que los vemos y andamos en ellos y los conocemos casi mejor que si estuviéramos de veras. Ya somos uno más en el grupo de los catedráticos, Carlos nos pone su vino y nos saluda con la complicidad de los habituales, tenemos ganas de ayudar en la poda de la viña y estamos ansiosos por ver el resultado de la nueva plantación. Extrañamos a Alba.

Salivamos cuando describe la comida, la nariz se expande y huele los aromas que emergen de los guisos y el estomago ronronea con la esperanza de que lo llenen. Y mientras esperamos, no falta ese sorbo de vino blanco fresco. No falta nunca.

¿Que estamos bebiendo, Caldas? Por Vigo se diría que albariño, pero quien sabe, igual estamos degustando alguna de esas variedades minifundistas de rico aroma y sabor, solo disponibles para vecinos privilegiados.

Hacia tiempo que una novela interrobang no me atrapaba tanto y me dejaba al acabar tan buen sabor de boca. Como un buen blanco; gallego, eso si.

Si duda alguna Domingo Villar ha pasado a ocupar su merecido espacio en la libreta de los autores refugio. Los que nunca fallan. Nada que ver con La libreta de los idiotas.

El blog amigo de Mis detectives favoritos tiene un magnífico regalo: nos explica porque un joven Leo Caldas decidió hacerse policia. Disfrutenlo aquí: El último verano de Paula Ris



viernes, 11 de marzo de 2011

¡Cómics a la vista!

Y un mar azul Mediterráneo con olas tapizadas de viñetas provenientes de los cinco continentes fondea en las playas de Barcelona a nuestros pies.

Luego, montados en ellas, cual alfombras mágicas podremos descubrir nuevos mundos que igual no están ni en este.

Muy buen cartel el de Ruben Pellejero.

Y buena ocasión para, además de novedades, encontrar ejemplares de cosecha limitada, para conseguir ejemplares firmados y para encontrar descatalogados y del género interrobang de cuando no estaba de moda y las historietas eran de tebeo.

Anótenlo en la agenda no sea que la memoria les juegue una mala pasada y codéense con frikis de todos los colores, sexos y edades.

Este año va de zombies. No se lo pierdan, se lo pasarán de miedo.

domingo, 6 de marzo de 2011

Los cuatro ríos

Fred Vargas, para quien aún no la conozca, es una escritora interrobang francesa, y desde sus inicios está empezando a aunar legión. Su particularísimo estilo está calando entre los seguidores necesitados de otro aire que no sea el frío nórdico.

Claro que, es especial. Se aleja de lo que últimamente estamos acostumbrados. Se aleja de más de lo mismo. Y a su vez le da un aire menos helado, más próximo y más humano.

No todo lector que llama a su puerta acaba entrando y si lo hace puede no acabar quedándose. Y no es que sea difícil, solo es peculiar. Distinta. Y es que nos gusta alguien capaz de enfrentarse a esquemas y replantear el género. Alguien valiente. Para lo demás ya tenemos los clásicos.

Pero hoy no vamos a hablar de sus novelas. Sino de su cómic.

Los cuatro ríos” es un cómic premiado y reconocido, escrito por ella, Fred Vargas, y dibujado por Edmon Baudoin.

Es un guión original lo que se le agradece enormemente (aunque con el habitual Adamsberg). Otros novelistas autorizan la adaptación a cómic de una novela ya publicada con lo que el resultado es incierto, mientras que cuando se escribe un guión se trabaja pensando en como será dibujado y visto, y, así, el maridaje es siempre bueno. Luego gustará o no, pero eso ya pertenece al decir de cada cual.

En sus textos en off y en sus diálogos se notan su innegable estilo narrativo y sus tics tan peculiares (por ejemplo sus colecciones de objetos sin relación aparente o aparentemente impropia).

El dibujo de Badudoin también es sui generis a medio camino entre esbozo y bosquejo que le da ese aire roto o a medio acabar, según como se mire el vaso medio vacío o medio lleno, que tienen sus emotivos y cercanos personajes, con sus vidas lanzadas como un tren en marcha.

El cómic es retazado en blanco y negro, pero aun así, con líneas que casi desdibujan más que delimitan, destila ternura y poesía. Porque Vargas es capaz de entrelazar emociones y prosa y porque Baudoin las sabe atrapar con la tinta y fijarlas en papel.

Si Fred Vargas no es fácil, tampoco lo es Edmon Baudoin y si su dibujo aparece de repente como basto y rudo, no hay más que entrar y mirar viñeta a viñeta lentamente para darnos cuenta con cuanto cariño trata a los personajes, como acaricia los rostros y como la mirada cobra vida en los ojos dibujados.

El también pertenece a este exquisito elenco de artistas capaces de innovar y es que los distintos pueden tardar en ser entendidos y aceptados.

Si antes decía que solo unos pocos comulgan con sus argumentos interrobang, también he de advertirles que no todos los anteriores comulgan con este cómic. Y es que el dibujo tal vez presente demasiadas aristas para cogerlo sin pincharse.

Pero también los erizos de mar tienen pinchos y su carne es deliciosa.

No les cuento de que va la historia, ya saben que no es estilo de este blog el informar de argumentos, solo de despertar la curiosidad para que ustedes investiguen y valoren si vale la pena explorar este territorio.

Si lo leen, lo han leído o lo piensan leer, cuéntennoslo; sus opiniones seguro que dan servicio a muchos otros. Ya saben, en comentarios.
 

sábado, 26 de febrero de 2011

Bookcrossing Febrero

Lunes, 24 de enero, 18:35 hora zulú, entro el McDonald’s de la Estación de Sants de Barcelona; es el mismo local que la otra vez pero ahora es distinto: han aprovechado desde que practiqué la última liberación para remodelar el mobiliario con un aspecto de café de road movie americana, han sustituido los asientos individuales de plástico por un banco corrido de blando material sintético fácilmente lavable de color crudo. Siguen siendo mesas para cuatro personas pero ahora hay también bastantes para dos.

Hoy hace un frío de pares de guantes y gorro por lo que paso de quedarme fuera y me siento en la mesa que ocupara la familia captora de la última entrega. Abro la novela que estoy leyendo actualmente y un bloc de notas y un bolígrafo y adopto un aire de concentración que ningún trabajador del local se prestará a discutir aunque en la mesa no haya ni comida ni bebida alguna.

Han puesto también un banco corrido donde estuviera la mesa donde se quedó “Muerte entre poetas” (pueden leer sobre esta novela aqui) con mesitas individuales y paralela a la pared de los servicios y de una entrada que indica “Privado” hay una barra de bar con taburetes de media altura.

Me fijo en el último de los taburetes en el ángulo interior de dos paredes como lugar adecuado para liberar “Señuelo”, nombre apropiado donde los haya para lo que vaya a suceder, y allí se queda mostrando despreocupadamente su cubierta posterior.

Una chica con gorra de lana de color morado, bufanda a juego y amplio abrigo de color gris pasea un cochecito con bulto inquieto y de vez en cuando se sienta en la esquina de un banco mientras le murmura sonrisas. Espera a alguien.

Sale del servicio una joven parecida pero mayor y más alta y más delgada ¿la madre de la criatura?, y toma el relevo de ¿su hermana? que al dirigirse hacia la puerta mira de reojo el libro que contrasta rectangular y oscuro sobre el cojín redondeado y claro pero no detiene su avance.

Hay que entender que las necesidades fisiológicas puedan llegar a ser más apremiantes que las culturales.

Cuando regresa parece haber olvidado el asunto y marchan fuera.

Llegan dos chicos jóvenes, veintipocos, frikis, con un iPod de nueva generación en la mano se sientan uno al lado del otro en las mesitas individuales. Patatas con ketchup y Coca-colas gigantes y retazos de conversación alrededor de aspectos tecnológicos punteros de difícil asimilación para no iniciados.


Cuando uno se levanta para vaciar las bandejas en el contenedor mira automaticamente a su alrededor y ve el libro; hace gesto de acercarse pero la urgencia de su acompañante, a medio camino ya de la salida, le hace volver sobre sus pasos y ambos se van apresuradamente. Tal vez se les está escapando el tren.

Una pareja se sienta en la mesa al lado de la cristalera exterior, paralela a la fila de taburetes y mientras comen se miran y sus manos se encuentran yendo a buscar patatas y sus dedos se entrecruzan y sonríen. No descubrirían el libro ni que lo tuvieran al lado.

Una eficiente encargada que lleva rato arriba y abajo recogiendo mesas y limpiando se acerca a la barra y mientras pasa el paño ve el libro. Sigue frotando y mira alrededor, cuando sus ojos me enfocan agacho la cabeza y me pongo a escribir como atacado por un momento de inspiración.  Pasado el peligro soy yo el que la mira y veo como coge el libro y le da la vuelta y lee como de pasada el título y descubre la invitación bookcrossing, aunque quizás no sepa que es ya que lo vuelve a dejar en su sitio.

Pasa a otra zona y continua limpiando hasta llegar a la pared del fondo y cuando regresa al punto cero coge el libro como al descuido y abre la puerta de “Privado” y entra, en un mundo vedado para el resto de los mortales, con su botín.

Pasa un buen rato y no sale. Me la imagino sentada leyendo.

Todavía no ha escrito nada en el diario. Si lo hace, lo publicaré.

 

Anuncio de próxima liberación


el lunes 28 de febrero liberaré "Shibumi" ( ¿de que va?) de Trevanian, a la misma hora y en el mismo lugar de siempre.

"Nicholai Hel es el hombre más buscado del mundo ya que con el devenir de los suceso se ha convertido en un artista del asesinato a sueldo...ahora debe enfrentarse a su enemigo más siniestro: una red de espionaje conocida como Compañía madre."

miércoles, 23 de febrero de 2011

Monge

No hay dos sin tres.  Ni cuatro.  Y ahora les explico como he llegado a esta conclusión.

UNO.

Long time ago, Montse, toda detalle, me regala por mi cumpleaños la ruta de los cómics en París. Inolvidable viaje en Talgo. Cava y cena en mesa para dos en el vagón restaurante. Tren de largo recorrido: muy propio del género interrobang.

El amanecer nos presenta un París nevado. Recorremos tienda tras tienda de la celebrada Rue Monge, Rue Danton y colindantes, ya que en esta zona se concentra el núcleo duro este tipo de preciado material. Que suerte para nosotros que hasta para los cómics sean chauvinistes.


DOS.

Años después releyendo el trepidante cómic interrobang "El caso del collar", de clara línea clara franco-belga, de Edgar Pierre Jacobs y protagonizado por sus eternos capitán Blake & profesor Mortimer, resulta que la aventura en donde se roba el fabuloso collar que perteneció a la mismísima Maria Antonieta, transcurre por la misma zona en la que paseamos y en la misma Rue Monge del mismo París.


TRES.

Estreno el apartado de TV con un post (recuerdénlo aquí) sobre la serie Monk, y sucede que la correcta traducción para apellidos no es Monje, es Monge. Igual que lo adaptan los franceses, como en la Rue Monge. Del mismo París.


y CUATRO

Y hace unos días me llega un mail con un video de un tal Monge, que muestra la performance de una obra cuyo final evoca una portada propia del género interrobang de los setenta. En blanco y negro por si quedaba alguna duda. Y el video es en francés. De París.

Ya sabía lo que Rick le quiso decir a Elsa con aquello de "siempre nos quedará París".
Lo que aún no se es lo del Monge.
Y ustedes ¿lo saben?.