domingo, 15 de septiembre de 2019

Asesinato en Charlton Crescent de Annie Haynes

Un whodunit más teatral que literario.
En la Edad del Oro del policial inglés surgieron diversos autores y autoras que han trascendido con mayor o menor fortuna, y entre ellas está Annie Haynes.

Asesinato en Charlton Crescent, con una edición magníficamente editada y mejor prologada por ese erudito de la literatura victoriana que es Juan Mari Barasorda, es la sexta novela de la autora, publicada en 1926.

Lady Anne Daventry tiene motivos fundamentados para sospechar que está en peligro de muerte y decide contratar a un detective privado, haciéndolo pasar por su secretario, para que desde dentro investigue y desenmascare a quien le quiere tanto mal. Alguien necesariamente cercano.

La investigación debe llevarse en secreto y los interrogatorios con sutileza, pero una muerte inesperada da al traste con toda la planificación y cuidado.

Asesinato en Charlton Crescent se estructura como un whodunit clásico. Más teatral que literario ofrece una trama policiaca salpicada de amores, romances, engaños, y estafas que resultan pueriles leídos un siglo después.

Sirve, no obstante, como la mayoría de obras de esa época, como realista fresco de una sociedad con unos prejuicios tan indefendibles como sus principios, su clasismo, su sentido del honor y su temor al qué dirán. Unas tradiciones tan encorsetadas como el cabello embutido en un sombrero cloché.

A la trama principal, la policiaca, le faltan ingredientes para darle consistencia y sabor y la comisión del asesinato, en la situación en que se produce: habitación cerrada con cinco sospechosos y la víctima, es tan arriesgada como un triple mortal sin red.

Annie Haynes
Annie Haynes (1865-1929) empezó a publicar cuatro años después que lo hiciera Agatha Christie, totalizando 12 novelas debido a su prematura muerte y sin embargo algunos críticos se empeñan, sin sonrojarse en absoluto, en considerarla como su principal rival.

Léanla si les apetece un baño victoriano o un policial ligero y háganlo con indulgencia retrospectiva. Sin ella y otras muchas hoy no tendríamos la oferta literaria policiaca que tenemos.

jueves, 12 de septiembre de 2019

Karroña de Gonzalo Palacios Goikolea

El buitre leonado es el mejor testigo.
Los turistas ornitólogos son una rara avis, tanto como las aves que observan embelesados y a las que procuran no alterar en lo más mínimo no sea que perturben su rutina y enturbien su hábitat.

Lo que los ornitólogos persiguen es admirar a las aves realizando sus tareas cotidianas: preparando nidos, alimentando polluelos, cazando e incluso comiendo, claro que si la comida es una víctima humana, una joven por más señas, no es plato de buen gusto para la vista de nadie ni buen recuerdo para la mente.

El festín es con un cadáver que evidencia muerte intencionada y que ocupa a la Guardia Civil de la zona que inicia unas pesquisas con poca información aunque tenga un golpe de suerte con la ayuda inesperada de unos amateurs.

La novela la protagoniza una pareja investigadora atípica en la novela negra convencional como son un guía ornitólogo y una activa ecologista. Y es que su temática también es atípica.

Un noir rural ecológico que se mezcla con uno de los temas noir más despreciable como es la trata de mujeres. Dos tramas que, como trochas en el monte, se acercan y se alejan y se entrecruzan para hermanar las favelas de Río de Janeiro con los bosques de Soria.

Unas pocas horas acercan dos continentes. Unos simples hechos consiguen hacer cruzar líneas rojas en un gesto que nunca se hubiera creído y es que el odio es fuerte pero el amor lo es más. Y en esta novela hay de ambos.

Gonzalo Palacios Goikolea
Gonzalo Palacios Goikolea sabe de lo que escribe y consigue dar no solo verosimilitud sino credibilidad a los hechos descritos, tanto que la novela negra, una trocha, se acerca al docudrama, otra trocha y en esta entremezcla de géneros y en su particular modo de resolución final ofrece un tratamiento literario que se aparta de los cánones.

Hay denuncia social en ambas trochas, hay rabia e impotencia también en ambas y hay crudeza en la violencia ¿acaso la violencia no es así?

Esta novela negra apunta maneras aunque por el camino el entusiasmo por contagiar el ansia de denuncia diluya la parte de ficción literaria: un poco más y es true crime; pero les va a satisfacer por igual ya que aporta un punto de vista poco habitual sobre un delito tan deleznable como el descrito, va al origen, y sobre el otro del que no he anticipado nada para no desvelar ni un ápice.

Hay que seguir este autor. Aún no ha dado ni de lejos todo lo que puede.


domingo, 8 de septiembre de 2019

La víctima número ocho, serie de televisión

La verdad es también víctima en
cualquier atentado.
“En aquel tiempo dijo Jesús a los judíos que habían creído en él: «Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres»”. (Juan 8, 31-42)

¿Cuál es la verdad verdadera? ¿Existe la verdad absoluta? Decían que con la verdad se podía ir a cualquier parte. Hoy todo está supeditado al poder, incluso la verdad; de ahí que haya tantas verdades como intereses particulares. La verdad está sobrevalorada y los políticos que lo saben, la escamotean, manipulan y adulteran en aras de su supervivencia.

En pleno casco viejo de Bilbao se produce un atentado yihadista: una furgoneta se lanza contra toda persona que encuentra a su paso y causa siete muertes y más de treinta personas heridas. La Ertzaintza, con el recuerdo aún reciente de los atentados de París y Barcelona, se lanza a la caza de los terroristas y con la ayuda de efectivos de Inteligencia pronto identifica al conductor de la furgoneta.

Desde ese momento todos los esfuerzos se centran en atraparlo, desmantelar la celula y evitar que pueda haber más víctimas.

Para Omar Jamal (César Mateo), el sospechoso, todo lo que haya vivido hasta ahora no le va a servir de nada y su huida es su nueva vida. Familia, novia y amigos están estupefactos ¿cómo reaccionas cuando la persona a la que crees conocer de repente es un temido asesino?

Y desde ese momento empieza un thriller más que interesante y que aúna todo un sinfín de emociones que generan situaciones de gran tensión.

Claro que tiene puntos de mejora ¿existe acaso la perfección? Pero el conjunto es de nota para arriba y la historia, cargada de humanidad, trata la actualidad sin dramatismo añadido.

Los protagonistas, sin sobreactuar y muy rigurosos en su papel y ajustados al perfil de su personaje, son los pilares de la trama: sin ellos no habría serie y es que siempre las acciones las ejecutan las personas aunque las provoquen las ideas. Imposible destacar a nadie de los que conforman el elenco de actrices y actores y a los que además vocalizan de tal modo que se les entiende perfectamente cuando hablan.

"La víctima número ocho": elenco de actrices y actores caracterizados en su papel

Aunque tal vez Eche, el periodista (Marcial Álvarez) y Koro, la inspectora Olaegui (Verónica Moral) sean los pilares que sostienen todos los hilos y hay que destacar el carácter batallador, solidario e incansable de Edurne (María de Nati) que da fe de lo que es la renuncia por amor.

Una serie de 8 capítulos llenos de dinamismo, escenas en Bilbao, Madrid, interiores de viviendas, pensiones, bares, supermercados, naves industriales abandonadas, exteriores en bosques, senderos y pistas forestales.

No les va a defraudar en absoluto y les pondrá sobre aviso de cómo hay que cuestionar todo lo que se oye, se diga dónde se diga y sea quien sea quien lo diga para poder esclarecer cuánto hay de verdad y cuanto de mentira. Hay medios que mienten más que hablan.

La víctima número 8 no solo es la persona que no supera las heridas muriendo en el hospital, sino que acaba siendo la verdad.


miércoles, 4 de septiembre de 2019

El ladrón de tatuajes de Alison Belsham

El ladrón de tatuajes no es un mote
sin sentido: es una macabra realidad.
Los tatuajes son, mayoritariamente, esas obras de arte que tienen vida propia. Dibujos a veces realistas, otras figurativos, otras símbolos, otras simplemente textos, algunas veces a color, que emplean la piel humana como soporte.

Y no hay que confundir las inserciones con ilustraciones igual que hay que discriminar entre firmas y grafitis.

Marni Mullins es una reconocida tatuadora de Brighton, localidad costera inglesa, que al descubrir casualmente un cadáver se ve envuelta, a su pesar pero sin desagradarle, en una investigación en la que coincide con los intereses policiales: detener al asesino es librar a un depredador de las calles que parece no tener bastante con un asesinato y que parece tener una fijación en la elección de las víctimas.

El ladrón de tatuajes no es un mote sin sentido: es una macabra realidad.

Alison Belsham estructura el argumento presentándolo con varias voces, de los principales protagonistas, incluido el asesino, que permiten el avance de la trama desde varios ángulos y siempre según las preocupaciones e intereses de cada cual.

Tatuadora e Inspector Jefe, Francis Sullivan, ambos arrastrando sus habituales fantasmas personales, de los que se podría extraer petróleo, establecen una colaboración que trasciende lo profesional y de la que se podría haber extraído aún más petróleo para enriquecer el perfil.

Alison Belsham
Al parecer la omisión no es casual ya que parece que estamos ante la primera entrega de una trilogía y por tanto hay que reservar material.

La autora elige un tema que tiene su propio hábitat pero lamentablemente no profundiza ni en el primero, historia y técnicas, ni en el segundo, etiología de los diseños y perfiles de clientes, desaprovechando así una magnífica ocasión para poner luz sobre esos maravillosos trabajos y extraerlos de esa ubicación lumpen asociada generalmente, y gracias al cine, a cárcel, delincuencia y marginación.

Pero descartado el fin didáctico hay que centrarse en su aspecto policial y de novela negra en el que cumple debidamente a cambio de limitar sus aspiraciones. Y no porqué esté mal escrito, ni mucho menos, sino porqué fuera del elemento tatuaje el resto sigue a pies juntillas la tradición y los tópicos más sobresalientes con lo que consigue una novela interesante y emocionante pero previsible.

Hasta tal punto lo es que ya en la primera página se adivina un aspecto determinante del asesino.

La prosa empleada por Alison Belsham es directa y sencilla, los diálogos ágiles y concisos, las descripciones breves y el ritmo trepidante y todo servido en capítulos cortos, ¿cómo? ¿Qué utilizo tópicos para describirla? A juego.

viernes, 30 de agosto de 2019

Crimen en el paraíso, temporada 8

Crimen en el paraíso, temporada 8, con nuevo equipo
policial en Honoré, isla de Saint Marie.
Pasan los años pero Saint Marie conserva su espíritu joven, un perpetuo verano que nos transmite color, ritmo y sabor. Colores luminosos y vivos, ritmos que incitan al contoneo despreocupado y sabores de frutas exóticas.

Pero también mantiene, afortunadamente, su alta tasa de asesinatos lo que permite que su policía sigan manteniendo un porcentaje de éxitos del 100% en la resolución de los casos. Récord Guinness.

Crimen en el paraíso mantiene su alto índice de seguimiento sin cambiar su fórmula y sin más pretensión que la de entretener con suspense e intriga. Un Whodunit (¿Quién es el asesino?) ortodoxo en contexto playero y ambiente veraniego que ocupa los dos meses de verano, esa franja que nadie quiere y que quien puede la aprovecha como escaparate.

Ciertamente la serie está perdiendo fuelle y hay un doble episodio, necesario para justificar un giro de tendencia que no se sostiene por ningún lado y son tan evidentes los desajustes de guión, por no llamarlos fallos, que no se explica como nadie se haya dado cuenta.

La subinspectora  Madeleine Dumas
y el inspector Jack Mooney
Y esto sumado a que el equipo policial sufre un nuevo terremoto y cambia, presumiblemente, dos de las piezas más significativas parece anticipar que estamos acercándonos al fin de una serie o al menos de la serie que conocimos y que empezó sin pretensiones y acabó siendo la gallina de los huevos de oro.

Es notorio que algo ha cambiado en el seno del equipo de producción ya que rigen otros principios menos exigentes con un listón tan bajo que de seguir así será apta para horario infantil.

Los diálogos fuera de la investigación son sosos, las investigaciones han perdido procedimiento y para rematar los protagonistas se están volviendo planos. Parece apostar claramente por la bis comica en detrimento de la policiaca.

La incorporación de Ardal O'Hanlon la temporada pasada en el papel del inspector Jack Mooney le ha restado espontaneidad ya que su perfil parece aún muy influenciado por la interpretación, que le dió a conocer, de un personaje del clero y su sonrisa beatifica lo posiciona en un nivel de comprensión y tolerancia del que Richard Poole abominaría y con razón.

8 episodios en esta 8ª temporada que dejan un regusto agridulce para quienes recuerden temporadas anteriores, tiempos mejores. Una serie en la que actualmente la proa no marca la dirección en la que se está desplazando el barco.

Aún y así un acierto para quien concibió la fórmula y planificó la parrilla de programas. Y aún más para el equipo de guionistas con algunas tramas policiacas emitidas que ya quisieran para sí muchos de los que se llaman escritores.

Lástima que al llegar el último episodio de la temporada suponga un aviso de que el verano también está próximo a cerrar hasta el año que viene con la 9ª temporada.

Recuerden reseñas de temporadas anteriores:

1ª Temporada (con Richard Poole y Camille Bordey)
2ª Temporada (con Richard Poole y Camille Bordey)
3ª Temporada (con Humphrey Goodman y Camille Bordey)
4ª Temporada (con Humphrey Goodman, Camille Bordey y Florence Cassel)
5ª Temporada (con Humphrey Goodman y Florence Cassel)
6ª Temporada (con Humphrey Goodman, Jack Mooney y Florence Cassel)
7ª Temporada (con Jack Mooney y Florence Cassel)

domingo, 25 de agosto de 2019

Una del Oeste de José Javier Abasolo

Programa doble, como en el cine
de antaño.
Hace como 50 años había muchos más cines que ahora, incluso en lugares centricos y hasta los pueblos más pequeños tenían el suyo.

Generalmente solo echaban películas los fines de semana. El pase empezaba a las 4 o a las 5 y se proyectaban dos películas (programa doble se llamaba), el No-Do era un bonus (no deseado pero respetado, a la fuerza ahorcan, incluso en pie y saludando al principio cuando las fuerzas del orden conminaban a ello dentro de la sala y silbado y abucheado en sus postrimerías cuando la ausencia de picoletos o grises fue manifiesta), y entre película y película había media parte, un descanso con la foto fija de Visite nuestro bar y se podía entrar a cualquier hora y repetir visionado (sesión continua se llamaba).

Una película solía ser de factura nacional (españolada la llamaban) y la otra americana (el ostracismo político al que las naciones sometían al régimen franquista afectaba también a la cultura; el cine club llegaría más tarde). La americana solía ser cine negro o del oeste o de indios o de tiros (el apodo iba por barrios).

Una del Oeste, la novela de José Javier Abasolo, rinde homenaje a ambos géneros: el western y el cine negro, y a sus altavoces culturales de la época: el cine y la novela (bolsilibros de literatura popular) y por eso son dos novelas en una. Programa doble.

Cine de autor no había (la etiqueta aún no se había acuñado) pero el autor de la novela evoca títulos inolvidables del western: Solo ante el peligro, El Juez de la Horca…; y del cine negro: El Halcón Maltés especialmente. Pero novelas de autor si había (aunque fuera seudónimo y solo años más tarde se reconocerían autorías): Silver Kane (Francisco González Ledesma), Keith Luger (Miguel Oliveros Tovar, Lou Carrrigan (Antonio Vera Ramírez), entre los más conocidos.

La novela despliega simultáneamente la evolución de tres tramas que tienen su punto de conexión en un asesinato y en las aventuras de Colt Duncan (título imaginario, no lo busquen en google, pero deudor y homenaje agradecido de aquellos autores anónimos) y en su escritor, un anodino tendero de ultramarinos que firma las novelas con el mismo nombre que su personaje.

No están escritas en primera persona (a pesar de lo que la firma pudiera sugerir) sino en una suerte de narrador omnisciente que viniera del futuro a contar una historia del pasado. Solo así se entiende que conozca hechos acaecidos mucho después que el salvaje oeste dejara de serlo.

Bolsilibros de cultura popular
Tres parejas mixtas son las protagonistas que contribuyen a resolver un caso que aúna lo mejor del western y del noir para ofrecer una historia donde hasta el romanticismo (amor y sexo) tiene cabida. Y collejea sin piedad y con razón el despotismo editorial de la época ¿pasada? ¿actual?

José Javier Abasolo ha compuesto una sinfonía agradable para todos los oídos pero especialmente agradecida para quienes, por edad y/o cultura literaria y cinematográfica, puedan apreciar sus constantes guiños y su peculiar sentido del humor: inteligente y ácido.

Magnífica novela.

domingo, 18 de agosto de 2019

Poniente de Jesús María Sáez

Poniente es tradicionalmente
el punto cardinal Oeste.
En general, en las fuerzas de orden público donde la muerte acecha hasta en los momentos más insospechados los cambios de destino suelen ir asociados a motivos traumáticos. Suelen ser soluciones terapéuticas.

Aitor Etxeazarreta, es un ertzaina que, afectado por asuntos propios, abandona el frío Cantábrico por el cálido Mediterráneo y cambia su trabajo en Bilbao por un nuevo puesto en Málaga.

Ni su especialización en criminología, ni su facilidad para definir perfiles de asesinos ni la pronunciación de su apellido es algo que sea fácilmente asumido por sus mandos: microclimas siempre reacios a admitir un nuevo habitante. Labrarse un porvenir en tierra extraña cuando lo tenía todo en su lugar natal se antoja castigo excesivo para sus quitas consigo mismo.

Condicionado por sus estudios y sus calificaciones ve motivos de sospecha en cualquier caso que entre en su jurisdicción pero topa con el recelo de una plantilla que entiende que el método de investigación debe basarse en hechos y pruebas y no en cuestionables interpretaciones.

Incluso Carmen García su actual compañera de patrulla se muestra disconforme con su modus operandi. Pero podría ser que Aitor tuviera razón y Málaga se estuviese enfrentando a un problema serio y ominoso, mucho más allá de el que ya supone de por si una población multiplicada con la llegada de turistas y por tanto de incidentes

Jesús María Sáez vuelve a crear con Poniente una novela negra dinámica y sólida tanto en su argumento como en la forma de perfilar los personajes como ya hiciera con su anterior Siberia, si bien algunas puntadas podrían ser más elaboradas.

En esta ocasión lo hace desde dentro de una comisaría, siguiendo su día a día, sus casos habituales y los más extraordinarios, relatando el funcionamiento de la cadena de mando y el trabajo de papeleo. Proyecta desde dentro hacia fuera mostrando la naturaleza humana de las personas que cada día, de uniforme o de paisano, salen a la calle sin saber si llegaran vivos a la noche.

Jesús María Sáez
Y aprovecha para enlazarlo con una trama criminal trenzada con hilo tan fino que resulta casi invisible si no se mira con ojos adecuados. Solo a vista de pájaro se puede elaborar el mapa de un territorio y apreciar esas líneas; solo una mente entrenada puede atisbar un patrón.

En los detalles están las evidencias y aunque nunca hay que dar nada por sentado de primeras y hay que abordarlo con cautela incluso el propio Aitor cae presa de la precipitación.

Poniente es una novela negra que claramente va de menos a más, tras un inicio titubeante de un viaje excesiva e innecesariamente pormenorizado alcanza rápidamente una velocidad de crucero estable y permite deleitarse con una narración sostenida que va ganando intensidad y emoción y consigue el mejor final que se le podría pedir, dándole a cada personaje lo que la vida le tenía reservado.

domingo, 11 de agosto de 2019

El violín del virtuoso de Nuria García Font

Niccolo Paganini protagoniza
esta novela policiaca.

El violín del virtuoso es la segunda novela de la saga Crónica de los barrios sin luna cuya primera entrega es El secreto del puzle.

En El violín del virtuoso el caso criminal es un robo y a medida que avanza la investigación iremos descubriendo derivadas más complejas y conoceremos la obra musical de un gran maestro, al tiempo que los jóvenes protagonistas, aún universitarios, irán descubriendo sentimientos y experimentando emociones que ayudarán en su crecimiento hacia la madurez.

En la inauguración de unas jornadas dedicadas a las artes se exponen instrumentos musicales provenientes de diversos países. Sin duda uno de los más relevantes es Il Cannone, el cañón, el violín amaestrado por el gran Niccolo Paganini.

Paganini, sus caprichos, esas cortas piezas musicales pensadas para provocar sensaciones y reacciones, Il Cannone y Génova, ciudad de origen del maestro, son los elementos que se conjuran para que Oona, Javier y Fabio tengan que volver a colaborar con la policía para el esclarecimiento de un caso que en su vertiente argumental está más que bien construido.

Núria García Font
Núria García Font es una autora novel que está dando los primeros pasos en la novela negra juvenil y sabe que le queda camino por recorrer y que no será fácil pero voluntad no le falta.

A sus novelas hay que acercarse desde una perspectiva juvenil, así se entiende y explica su bisoñez literaria en consonancia con el comportamiento amateur de sus jóvenes investigadores.

Unas obras donde prima la narración de los hechos condicionando el relato que a menudo entra en modo cronología. Los tópicos acechan y es difícil no sucumbir a la tentación pero ante el vicio de querer asomar hay que recordar ejercer sin temor la virtud de podar.

jueves, 8 de agosto de 2019

El Cazador de Estilemas de Álex Grijelmo

¿Qué es un estilema? un estilema es
el estilo personal que emplea cada cual
a la hora de expresarse.

La escritura manual ya no se lleva y la grafología, esa disciplina que pretende explicar la personalidad de un individuo a partir del estudio de sus trazos caligráficos, está desapareciendo por inanición, sin haber llegado a un acuerdo sobre su establecer su condición de ciencia o de pseudociencia.

Eugenio Pulido, un filólogo en horas bajas y mente hiperactiva, pretende que el análisis de estilemas puede  ayudar a solucionar delitos y ayudarse en su magra economía.

El Comisario Contreras, inicialmente escéptico, acaba convencido de la bondad del procedimiento y establece con el filólogo un tándem que no solo reporta éxitos policiales sino también pingües beneficios económicos.

Un punto de partida original para establecer un apasionante método deductivo. No solo las pupilas, la forma de las orejas o las huellas digitales son elementos diferenciales e identificativos de cada ser humano: el empleo de estilemas se demuestra igual de eficaz y más eficiente al no necesitar aparatos calibrados.

¿Qué es un estilema? Según el propio Eugenio Pulido, y después de ubicar el vocablo entre semantema, grafema, fonema y morfema lo describe como donde reside el estilo personal de cada cual a la hora de expresarse y que resulta relevante  para identificar a su autor prácticamente sin margen de duda ni error.

Eugenio se convierte así en una suerte de forense lingüista que, por falta de consistencia en el argumento, se queda en mero aficionado.

Álex  Grijelmo
Álex Grijelmo ha escrito una novela policiaca novedosa y ha puesto tanto empeño en sostener su tesis, o la de Eugenio Pulido, que no ha dudado en profundizar, de forma muy amena e interesante, en los resortes del lenguaje oral y escrito para darle argumentos, su oficio lo descubre, pero en su desarrollo descuida la trama criminal, que queda como un mero elemento indispensable pero no fundamental para el experimento.

Hasta tal punto el árbol no deja ver el bosque que el ritmo narrativo se ve a menudo interrumpido y hay momentos en que la novela queda varada sin solución de continuidad.

El hecho de emplear tres voces narrativas tampoco ayuda ya que no siempre una sigue a la otra avanzando en la trama sino que a menudo se repite el mismo hecho contado de forma redundante.

Los delitos elegidos, los delincuentes escogidos, quedan en mero ejemplo didáctico sin garra, cuando podrían y deberían haber tenido más calado tanto lingüista como policial y entonces la novela hubiera trascendido la anécdota para convertirse en digna de recomendación dentro de ese género negro tan faltado de apuestas arriesgadas que barran tanto cliché.

domingo, 4 de agosto de 2019

La bestia de Chabouté

Todos llevamos una bestia en nuestro interior.

Un cuerpo destrozado ha sido hallado en un bosque cubierto de nieve. Los pocos habitantes de un pueblo pequeño viven atemorizados y los hombres van armados a todas partes, incluso al bar.

La llegada de un inspector de policía encargado de esclarecer el caso no inspira confianza: los métodos policiales son demasiado neutros y parsimoniosos; ellos prefieren actuar de forma contundente y terminar con la bestia, lo que sea que sea, que ha atacado de manera tan feroz.

Se proponen batidas: se han visto lobos merodear por las lindes; incluso podría haber un oso. Hay que terminar con todo lo que suponga peligro. Hay que exterminar toda alimaña. Hay que preservar la vida de las gentes.

Cuando un nuevo cuerpo aparece descuartizado con heridas similares, nada va ya a detenerles y, estando aislados por culpa de la nieve, ni la policía va a poder llegar por lo que se encuentran solos ante esta encarnación del mal a quien pretenden encontrar y escarmentar hasta su muerte.

Nadie puede predecir lo que el comportamiento humano bajo fuerte presión es capaz de hacer. Ya casi hay más miedo al hombre que a la bestia.

Chabouté materializa una historia que extrae de las gentes sus temores ancestrales llegando a creer incluso en lo que se sabe imposible: el mal no existe como ente, si acaso como concepto ético y siempre como opuesto al bien. Y aún y así están convencidos de su materialización en esos cuerpos destrozados que les recuerdan que todos pueden morir en cualquier momento.

Chabouté "La Bestia"
Y esa incomoda e indeseada sensación, Chabouté la transmite en diálogos pesarosos y reflexiones trágicas sobre lo tremebundo de los hechos pero sobre todo con unas precisas líneas de negro sobre blanco. Sin grises ni tramas. Negro y blanco, oscuridad y luz, muerte y vida.

Los efectos lumínicos y la perspectiva se consiguen con los contrastes del contraluz y de la dirección del foco. Todo se combina para ofrecer una lectura reposada a pesar de lo escabroso del tema, su origen y su destino.

Lectura obligada de un ejemplar que no debe faltar en su biblioteca de comics noir.

martes, 30 de julio de 2019

El trío de la Dama Negra de Irene Adler

Sherlock, Lupin, Adler...
¡vaya pandilla!

Todas las persones, los personajes de ficción también, tienen un nacimiento, un desarrollo y a veces una muerte, aunque no se relate.

Esta novela es la primera de una saga de libros que con el título paraguas de Sherlock, Lupin y yo recoge el origen de una tierna e indisoluble amistad entre Sherlock Holmes, Arsène Lupin e Irene Adler, desde que traban conocimiento veraneando en Saint Maló en 1870 en esa confusa etapa entre la pubertad y la adolescencia, y que explica la procedencia y evolución de sus aptitudes.

El relato, perfectamente ajustado a la época tanto a nivel costumbrista como por el léxico empleado, es de corte infantil/juvenil, por lo que es perfectamente recomendable para quienes ronden los 10 años y más.

Es una magnífica oportunidad de introducirse en el mundo de Holmes y Lupin por lo que continuar luego con los libros para adultos con estos protagonistas es el paso natural. Y todo contado por Irene Adler, punto de vista femenino, esa gran desconocida y a la que vamos a poder conocer con el mismo nivel de detalle, o más, que sus compañeros.

El trío de la Dama Negra se inicia con el descubrimiento de un cadáver en la playa y a partir de ese momento y a ritmo de thriller se va a desarrollar una historia que si no fuera por la edad de los personajes y las concesiones inevitables al público a quien va dirigido, bien podría pertenecer a uno de los relatos intrigantes, esotéricos y misteriosos a los que nos tiene acostumbrados el Sherlock Holmes adulto.

Un gran mérito de sus creadores, ya que bajo el seudónimo de Irene Adler se encuentra un equipo formado por Pierdomenico Baccalario, director del proyecto, Alessandro Gatti, escritor y Iacopo Bruno ilustrador.

Lectura absolutamente recomendable. Léanla primero ustedes para adecuarla a sus naturales destinatarios y no se sientan mal por disfrutarla: es el niño que todos llevamos dentro y que se resiste a abandonarnos.

Si disfrutaron con Los Cinco, Los Hollister o Los Tres Investigadores, por citar algunas, esta es su serie. Con un Sherlock que ya apunta su capacidad de análisis y deducción, un Lupin que muestra sus habilidades físicas y su osadía y una Irene capaz de conquistar el mundo.

Aventuras veraniegas muy adecuadas para esta época del año donde hay que dar vida a muchas horas muertas, además esta novela tiene ahora el precio de un helado pero más contenido y con ella pueden ayudar a engrosar las filas de fans de la novela policiaca y la novela negra.

Hijos, nietos, sobrinos y primos se lo agradecerán. Si acaso pongan también el helado.

jueves, 25 de julio de 2019

Las siete muertes de Evelyn Hardcastle de Stuart Turton

Una novela negra que es un ejercicio
de virtuosismo literario.

Un enloquecedor viaje temporal que tiene por objeto descubrir quién es el asesino. Pero no se alarmen, no se trata de montar en una máquina del tiempo y viajar atrás y adelante, nada de eso: se trata de rememorar el mismo día una y otra vez.

¿Recuerdan la película Atrapado en el tiempo, conocida popularmente por el día de la marmota? pues lo mismo pero cada vez en un cuerpo distinto. Para los más jóvenes hay que imaginar una situación en Westworld donde se vive lo mismo que el dia anterior pero encarnando un personaje distinto.

Pero vayamos por partes. Aiden Bishop, el protagonista, ni recuerda quien es ni por qué está donde está ni que ha venido a hacer. Amnesia. El principio puede resultar desasosegante e intricado, no se alarmen que va a ir a más.

Las siete muertes de Evelyn Hardcastle, siete porque ese es el número de veces que Evelyn muere, transcurre en unos espacios en los que la oscuridad ha barrido la claridad; un ambiente decadente, tenebroso y ruín que alberga criaturas a imagen y semejanza y que se relacionan entre ellos de igual censurable manera no despertando ni la más mínima simpatía ni obteniendo ninguna muestra de aceptación o comprensión a sus actos.

Todo empieza en medio de un bosque, el que rodea la casa de campo Blackheath, propiedad de los Hardcastle en una celebración por el compromiso de su hija Evelyn. Hay un asesinato, un asesino y alguien, por razones en principio desconocidas, que debe resolverlo. Todo muy policiaco, excelsamente whodonit.

Solo que hay circunstancias espacio tiempo que cambian las reglas de juego y convierten la vida de los personajes y la investigación en la más intrincada, sofisticada y enconadamente difícil composición de un puzzle formado por octaedros que giran de cara aleatoriamente.

Ocho caras puesto que son ocho las que tiene Aiden Bishop para solucionar el caso y para recuperar su propia identidad que, con tantos cambios, no acierta a saber ni cuál es ni a qué pasado está atada aunque si pueda, con el tiempo, imaginar parte de su futuro.

Adelante, atrás, adelante pero distinto, atrás pero distinto, adelante pero distinto distinto, atrás pero distinto distinto y así. Cada vez un hilo narrativo distinto pero semejante. Puntos de vista distintos para una misma visión. Una enloquecedora cordura, malabarismos neuronales, inmersión en aire.

¿Les parece exagerada esta reseña? Eso es porqué aún no han leído la novela. Una novela policiaca que tanto puede ser novela negra como thriller. Como también novela de ciencia ficción, como costumbrista y de época.

Todo calificativo es válido según que camino se elija andar de los que ofrece el laberinto. Porqué ahí es donde van a descubrirse nada más empezar a leer: en un laberinto que en lugar de plantas verdes y lozanas, muestra hojas muertas, podridas y nauseabundas.

Stuart Turton
Stuart Turton no solo ha sido capaz de pensarlo sino incluso de escribirlo y de forma que se entienda aunque, eso sí, no sea una lectura fácil ni evidente. Ayuda que su prosa es limpia, comprensible y de académica composición.

Descripciones muy medidas para favorecer la acertada descripción de ambientes y lugares y la enfocada visualización del contexto y diálogos precisos con voces ajustadas al perfil de cada personaje (oírla en versión original debe ser de una riqueza extrema).

Un ejercicio de virtuosismo literario que seguro va a gustar a rabiar o va a ser abandonado a las pocas páginas de su lectura. Cualquiera de las dos opciones no les librará de que les explote, virtualmente, el cerebro.

domingo, 21 de julio de 2019

Hierro, serie tv

Hierro es una serie de televisión
que no hay que perderse.
Hierro es de esas series que puedan tener poco eco eclipsadas por las de alto presupuesto, con actuaciones mediáticas e intereses comerciales de toda índole.

Sucede como con la isla, El Hierro, donde transcurre la acción. Una isla pequeña del archipiélago canario eclipsada por las de alta oferta turística, intereses hoteleros y comerciales de toda índole.

El Hierro es una preciosa y extraterrestre isla descolgada del mapa del archipielago. La casa al final de la calle, alejada del resto, en una esquina. No está de paso a ninguna parte. Se va a ella queriendo ir a ella.

Este parcial anonimato puede ser bueno para la isla frente a sus hermanas más solicitadas, populares y populosas: Las Palmas, Tenerife, Lanzarote, Fuerteventura… preserva su identidad. Malo para la serie, cuando menos reconocimiento menos capital para nuevas realizaciones.

En la mañana en que se anuncia una boda, el novio no aparece; el padre de la novia, por sus manifiestas desavenencias con su futuro yerno, es señalado como el responsable del retraso y todos sospechan que el novio se lo ha pensado dos veces por su carácter juerguista. Ceremonia prevista en medio de los preparativos de la bajada, un acto religioso, simbólico y devoto para todos los isleños que se realiza cada cuatro años y, por si fuera poco todo se combina para suceder cuando acaba de tomar posesión de su cargo una nueva juez proveniente de la península.

Una isla es una prisión sin celdas ni muros. Sus habitantes viven encerrados en espacio abierto, una condena de libertad con poca o ninguna salida para los jóvenes.

En una isla, cuanto más pequeña más, no hay secretos y aunque se actúe a voluntad siempre hay alguien que ve, alguien que oye. Los secretos son a voces, pero la lealtad los esconde; en una isla la hermandad es lo más y la defensa ante el forastero es cerrada y orgullosa. El isleño tiende a enrocarse; a retorcerse sobre sus convicciones y sus sentimientos.

Isla El Hierro
Parece extraño que un espacio con un paisaje tan espectacular, mágico y tan abierto contenga una atmósfera tan opresiva y unas relaciones tan subordinadas como si se estuviera en el interior de una mansión victoriana.

Candela (magnífica Candela Peña), la jueza recién llegada a la isla, no entiende el universo de Hierro y poco hace para conectar; su rigidez, su ética y su carácter, cincelado como las piedras volcánicas de la isla, son el obstáculo principal, su coraza para no dejar entrever su fragilidad solo liberada con la sonrisa de su hijo Nico.

Un personaje memorable, como también lo son Díaz (Darío Grandinetti) principal sospechoso del asesinato acusado por pruebas circunstanciales y capaz de empatizar perfectamente con la audiencia y el sargento Morata (Juan Carlos Vellido), de esos guardia civiles que todo el mundo quisiera tener cerca, incluso los gitanos.

Y el resto de secundarios. Todos sin excepción, algunos con la sobriedad que confiere la veteranía otros con el desparpajo del inicio. No hay disonancia, todos suenan con el mismo tono, todos actúan de forma verosímil y todos tienen su punto atractivo e interesante. Les han dado voz para que se oiga, no para hacer ruido (una voz con acento isleño por cierto, donde las palabras flotan por su suavidad fonética). Los responsables son su director Pepe Coira y sus guionistas, el propio Pepe, Alfonso Blanco, Coral Cruz y Araceli Gonda.

Una serie comedida, nada de efectos especiales; honesta, nada de engaños al espectador para generar audiencia; humana, basada en los caracteres y no supeditándolos al argumento; respetuosa, aprovecha el entorno para enaltecer sus virtudes sin caer en vulgarismos turísticos y sobre todo incidiendo con rigurosidad en el enfoque criminal, el procedimiento policial y el posicionamiento judicial.

Hierro es una miniserie de 8 episodios que no deben dejar escapar.