miércoles, 14 de marzo de 2018

Asesino de Jacamon & Matz

Una obra introspectivamente criminal.

A veces, en la adolescencia o la juventud se descubren aptitudes que por sí mismas deciden lo que se va a ser de mayor. Y no parece cosa del libre albedrío.

¿Los asesinos nacen o se hacen?. Un asesino de verdad, no alguien capaz de matar en un momento dado, por un arrebato o un calentón, o sea alguien cuyos actos criminales le resultan tan naturales como respirar, ha de nacer así. Puede moldearse pero no se hace.

Lo que si hace es convertir esa aptitud en un oficio, del que se pasa de aprendiz a maestro al perfeccionarse con el tiempo y la casuística, o sea con la acumulación de víctimas.

Asesino es un relajado cómic que relata la vida de un profesional del arte de matar. De alguien que nació con esa aptitud y que la ha desarrollado con habilidad y buen hacer. De alguien frío, con pocas pulsaciones, paciente, metódico. Es de los pocos que no fallan y por eso está muy bien remunerado.

De alguien humano, a pesar de lo que pudiera parecer, que también tiene deseos y sueños. Sus víctimas responden a encargos; no hay nada personal en su ejecución: es la obra de un contrato. Pero todo trabajo acaba cansando y Asesino está pensando en jubilarse anticipadamente. Tiene dinero y tiene su paraíso que le aguarda: una mujer que le quiere, una casa que le cobija y un paisaje que nunca se acaba.

Pero al parecer dejar este oficio no le va a resultar fácil y va a tener que demostrar porqué es el mejor si quiere evitar ser la víctima.

Matz elabora un argumento introspectivo, con poco texto y lo emplea para poner voz a los pensamientos y disquisiciones de Asesino y para generar los diálogos necesarios que se establecen en sus relaciones profesionales y personales. Ahonda en esa dicotomía sobre la vida y la muerte y sobre los límites de la moral, al mostrar el lado humano del oficio.

Jacamon aporta unas viñetas de dibujo estilizado y delgado trazo; dinamiza los encuadres según predominen los pensamientos o las vivencias, las acciones profesionales y las personales y para ello recurre a iluminarlas de forma monocromática o con generosa paleta multicolor lo que permite entender en cada momento el estado de ánimo del personaje.

El conjunto compone una obra interesante que va desgranándose lentamente, dando tiempo a meterse en la piel del personaje principal y comprenderlo, a lo largo de los cinco primeros números, únicos traducidos, que componen el primer arco argumental.

La serie, hasta la fecha, consta de 13 entregas:

01. Tiro por la culata (Long feu) 1998
02. El engranaje (L’engrenage) 2000
03. La deuda (La dette) 2001
04. Vínculos de sangre (Les liens du sang) 2002
05. La muerte en el alma (La mort dans l’âme) 2003

06. Modus vivendi, 2007
07. Le commun des mortels, 2009
08. L’ordre natural des choses, 2010
09. Concurrence déloyale, 2011
10. Le coeur à l’ouvrage, 2012
11. La suite dans les idées, 2013
12. La main qui nourrit, 2013
13. Lignes de fuite, 2014

Matz es el autor también del guión adaptado de ‘Adiós muchachos

domingo, 11 de marzo de 2018

La muerte del censor de Jordi Sierra i Fabra

La muerte de un censor se
considera una afrenta a los valores
del régimen que representa.

En 1963, en España y en concreto en Barcelona, el régimen no presagiaba ningún final a su mandato, al contrario mostraba una fortaleza envidiable y lamentable.

En el mejor de los casos presentaba solo un atisbo de evolución que aun garantizando el cumplimiento de sus inamovibles principios fundamentales mostraría su generosidad y tolerancia al mundo abriendo rendijas en las persianas para que pareciera que había luz, nada solar, y que no todo era negrura.

Al inspector Hilario Soler, caído en desgracia en el cuerpo por denunciar a un compañero por malas praxis (a su modo de entender, pero permisivas y necesarias según otros compañeros), el comisario le encarga el caso de un asesinato con la idea de que salga tan malparado de la investigación como de la resolución judicial por la denuncia y con ello sepulte su trayectoria y desaparezca de su vista y si puede ser del mapa mejor que mejor.

Hilario Soler es un librepensandor, si eso es posible en la época, es un idealista, un humanista y por todo ello tiene un nivel de cultura más que aceptable por lo que es capaz de entender, pensar e imaginar por si mismo sin seguir los dictados del Movimiento y eso, en los tiempos que corren no solo es malo sino que es peligroso.

El cadáver de un censor ha sido encontrado en el interior de su vehículo y el cuerpo presenta tantos cortes como los correspondientes a las veintisiete puñaladas que ha recibido. Un censor tiene a su cargo velar por la observancia de la decencia en las formas y en los modos, de contemporizar las veleidades artísticas, de encauzar las opiniones escritas, de pasar el cepillo por toda arista que sobresalga. Encomiable misión la del censor, que tiene en sus decisiones la educación social y moral de toda un nación.

En otras palabras, impone la particular visión política y social de quien le paga y manda: el estado y la iglesia. La muerte del censor es pues una afrenta directa que los altos cargos no pueden dejar impune.

La investigación de la vida de la víctima y de sus conocidos y familiares sirve para mostrar de fondo la situación que vivía la cultura y la filosofía en aquella época de oscurantismo, tanto es así que los censores alardeaban de seguir empleando los criterios escritos por la Santa Inquisición.

Jordi Sierra i Fabra
Jordi Sierra i Fabra es un escritor magnífico dotado de una capacidad productiva incomparable y sin merma de calidad, varias veces alabado y reseñado en este blog; alguien capaz de dotar a sus personajes de una presencia que trasciende las páginas; la personalidad que les insufla les hace vivos y los hace partícipes de una realidad que se nos hace creíble bien porque fue, bien porque pudiera haber sido.

El autor que le tiene tomada la medida a esa etapa histórica con su carismático personaje del Inspector Mascarell, se ha buscado una nueva voz, la del inspector Hilario Soler para crear una nueva serie y ofrecer otra visión de la época que se complementa con la anteriormente citada.

Y, por si fuera poco, el tema es de triste y rabiosa actualidad; algo que consiguió soliviantar entonces y lo consigue ahora. La libertad de expresión no se pide, se ejerce.

Leánlo y disfruten de un interesante caso policiaco dentro de una intensa novela negra. De hecho de Jordi Sierra i Fabra leánlo todo.

domingo, 4 de marzo de 2018

Las lágrimas de Claire Jones de Berna González Harbour

Sin duda una gran novela negra
y la mejor de la serie de la
comisaria María Ruíz.

La comisaria, caída en desgracia, María Ruíz, ve pasar el tiempo y su vida desde las ventanas de las dependencias policiales de Soria a donde ha sido, desterradamente, reasignada.

La rutina la vence en un lugar donde poco o nada ocurre. Su trabajo se reduce a reabrir dos antiguos casos no resueltos y a evitar que ese enemigo invencible que es el tiempo no la mate de aburrimiento.

Suerte que siempre quedan los amigos y Carlos que es eso y mucho más la invita a Santander a pasar un fin de semana para que el aire marino le insufle apetito, tanto para unas anchoas como para comerse la vida. A la vida hay que entrarle con hambre sino te come ella a ti.

Y Santander le da un cadáver que pide a gritos insonoros una investigación; le da comida suficiente para despertar la pasión que inflama su profesión. Y también le da disgustos, suficientes para entender que todas las cosas son efímeras y que es relevante darles la importancia justa en cada momento. Y también alegrías, las que sirven para reencontrarse con ella misma y hacer las paces con el mundo.

Con el mundo si pero no con las personas. Hay algunas con las que mejor no descuidarse. A la vida hay que entrarle de cara: mejor recibir de frente que por la espalda. Un ataque de cara aún se puede evitar por detrás es mortal de necesidad. Y lo que no te mata te hace más fuerte. Y a la comisaria María Ruiz, a su naturaleza fuerte de por sí y que estaba en duda, los avatares le han dado vitaminas.

Berna González Harbour
Berna González Harbour llega a la tercera entrega, la más criminal, larga, densa y mejor articulada, de la serie protagonizada por la comisaria Ruiz y el resto de secundarios ya conocidos y que cobran más importancia, si cabe, al traspasar el límite de lo profesional para actuar como amigos y como tales sin ceñirse a reglamentos coercitivos.

La autora consigue una protagonista mucho más madura en la novela que la consagra en lo más alto del género.

Las lágrimas de Claire Jones es sin duda una gran novela negra y la mejor novela de la serie. La que aporta mayor contenido emocional, las cavilaciones dibujan mejor los personajes que las descripciones; la que profundiza más y mejor en las relaciones, tanto de los que conforman el bando bueno como el bando malo; la que teje una trama criminal con hilo de distintos colores y composición: histórica, sentimental, idealista, y resulta más que bien urdida; y la que es capaz de dejarte con un ¡ay! en un final donde la solución policial se revela como un trabajo diario que no hay que menospreciar pero tampoco sobrevalorar.

Al final, ¿ya lo sabemos, no? lo que importan son las personas.

Por cierto ¿qué saben de los cuáqueros? Poco ¿no? Pues van a aprender algunas cosas muy interesantes y van a tener ganas de conocerlos mejor. Es lo que tiene la buena literatura que entretiene, ilustra y te lleva de la mano a otra lectura.

Si no han leído antes nada de esta serie les recomiendo empezar por la primera, no tanto por la interdependencia, que la hay, sino por el placer de no perderse ninguna de las tres novelas:

01. Verano en rojo (2012)

02. Margen de error (2014)

miércoles, 28 de febrero de 2018

Adiós muchachos de Paolo Bacilieri y Matz

Una despedida a la francesa.

En La Habana quien más quien menos busca mejorar su nivel de confort y eso es algo que solo se puede conseguir con dinero, de ahí que quien más quien menos emplee sus habilidades y sus recursos para obtenerlo.

Alicia es una joven cuyos recursos son sus piernas, su culo, su rubia cabellera y su belleza y sus habilidades son engatusar a forasteros a cambio de sexo para recolectar regalos cuya reventa proporciona a ella y a su madre, cómplice de ese intercambio, ese dinero extra con el que vivir mejor.

Regalos, y mejor de poco monto o poco aparatosos, que no dinero es lo que la diferencia de ser perseguida o denunciada como una jinetera al uso y evita la acusación de prostitución.

Y así un día y otro hasta que el regalo de una de esas compañías accidentales conlleva algo más que resulta tan apetitoso como peligroso.

Adiós muchachos es una historia tristemente divertida y moralmente dolosa protagonizada por timadores de poco vuelo, picaresca ingenua y estafa chapucera con una impagable despedida a la francesa.

El argumento, con un planteamiento clásico en novela negra, se desarrolla en una trama que va ganando en intriga muy bien narrada textual y gráficamente y que ofrece una lectura muy fácil y satisfactoria.

Matz adapta la reconocida novela del mismo título del escritor cubano-uruguayo Daniel Chavarría, destilando su esencia para ofrecer un guión que evita el compromiso social para centrarse en el núcleo delictivo de la trama.

Avanzar al coche y esperar la oportunidad
Así, de un principio ligero y con el peso en el aspecto erótico se pasa, con unos pocos giros, a una situación más dramática cuando entra de lleno en el género negro.

Paolo Bacilieri por su parte aporta un dibujo de línea clara centrado en los personajes, poco paisaje, perfectamente complementado por una paleta de colores muy luminosa que resulta muy agradable para la vista.

Se les debe recriminar a los autores que al primar tanto el delito en detrimento del contexto social, la obra pierde identidad y al no arroparla con suficientes elementos identificativos y ambientales la acción podría desarrollarse perfecta e indistintamente en La Habana o en Mozambique.

Cómic entretenido, para pasar un buen rato y para pensar en como es de atractivo el poder del dinero y hasta donde se es capaz de llegar para conseguirlo.


domingo, 25 de febrero de 2018

Jessica Jones serie de TV

Superheroína a su pesar.
Hell’s Kitchen, la cocina del infierno, donde el sueño de sus residentes es el mismo para todos: salir de allí. Pronto. Con vida. Y con los menores traumas posibles.

En Hell’s Kitchen, ese barrio maldito de New York, es donde Jessica Jones trabaja como detective privado y cuenta con un aliado especial: unos superpoderes que le permiten elevarse del suelo, sin llegar a volar, y una fuerza y resistencia física de muy alto nivel.

Pero lejos de ser el estereotipo sexista al que parecen condenadas todas las superheroínas,  encarna el estereotipo de la chica joven normal. Sin curvas ostentosas, ni pose de mujer fatal, ni sex-appeal exuberante ni lascivia en la mirada, ni aspecto de colegiala modosita, ni de girl scout dispuesta a realizar su BO diaria. Tampoco viste mallas de colores, ni su peinado es ahuecado ni es rubia.

Jessica Jones (una magnífica y lánguida Krysten Ritter) es una superheroína que no ejerce ni hace ostentación y no es para nada mediática; viste desapasionadamente y le preocupa tan poco su aspecto o lo que opinen los demás que adolece incluso de cierta falta de higiene personal.

Su dejadez y pasotismo le sobrevino en una época de abusos y maltrato que han conformado su forma de ser: una mujer herida, borde, antisocial, noble, sincera y que abusa del alcohol. Una forma como otra de sobrellevar la carga emocional hasta que consiga redimirse de su antagonista Kilgrave (un David Tennant hierático y extremadamente convincente y aterrador en su papel).

Psicópata a partir del cual
se enuncia la psicopatía
Kilgrave es a la psicopatía lo que Tintin al cómic. Kilgrave es el villano al que cualquiera temería; es el villano por excelencia. El que todas las series de televisión quisieran para sí.

Su anodina actitud impide presagiar su enorme capacidad para el mal. Sus actos son pavorosos. Su superpoder le permite manipular la mente de las personas y hacer que hagan lo que sea aunque suponga atentar, de la forma más cruel e inhumana posible, contra su propia vida. Ríanse de la hipnosis del teatro.

Las tramas y subtramas de género noir resultan más que creíbles gracias a unos diálogos muy conseguidos que sumados a una escenografía realista y a unos diseños de vestuario, maquillaje y efectos especiales dignos de película, poco más se puede decir.

Los secundarios son todos muy sólidos y su papel, muy bien definido, arropa a la protagonista y supone el contrapunto de relajación suficiente para aflojar las mandíbulas de vez en cuando.

Una serie imprescindible para quienes disfruten con los cómics y sus adaptaciones y para quienes disfruten de ese noir sin etiquetas. Y con un final espectacular y a la altura de lo requerido. Un final inteligente y agónico. Una tensión superior a cualquier hipertensión medible en cualquier tensiómetro.

Alias, el cómic.
El 8 de marzo de 2018, no se podía haber elegido mejor día, se estrena la segunda temporada. Un vendaval de aire fresco para alejar los tópicos machistas y reivindicar la posición de la mujer en el mundo.

La serie es una traslación del cómic y respeta su desasosiego de producto adulto sin edulcorar ni potenciador de sabor. Violencia y sexo, en abundacia y a pelo, no es algo pensado para agradar al máximo de público. Ni lo busca ni lo pretende. La serie es lo que es y por esa honestidad se agradece y si gusta, se disfruta doblemente. Son 13 episodios y a partir del cuarto se ven casi sin interrupción.

El cómic original adaptado es ‘Alias’ escrito por Brian Michael Bendis y dibujo de Michael Gaydos y con una corta vida de solo 28 números editados por Marvel.